Diversos estudios preliminares indican que la respuesta del organismo al coronavirus es diferente de acuerdo con el tipo de sangre del paciente, un fenómeno que ya conocíamos en otras enfermedades infecciosas

Por Esther Samper, periodista especializada en salud y biomedicina

Madrid, 6 de julio (ElDiario.es).- Para la mayoría de las personas, la infección por coronavirus supone una simple anécdota en sus vidas. Para otras, se convierte en un punto final. Las razones que determinan la gravedad de la COVID-19 son múltiples, diversas y muchas de ellas aún desconocidas. La edad avanzada, ser hombre y la presencia de diferentes enfermedades cardiovasculares y respiratorias son factores asociados a un mayor riesgo de COVID-19 grave que se identificaron con rapidez al comienzo de la pandemia. Con el paso del tiempo, las investigaciones científicas nos están ayudando a aclarar poco a poco este complejo entramado de factores que marcan la diferencia entre pasar la infección sin pena ni gloria o terminar conectado a un respirador.

Desde un principio, ya se sospechaba que la genética influía en el pronóstico de COVID-19, pues tiene un gran peso en diferentes aspectos del sistema inmunitario. La mayor parte de los pacientes con una infección por coronavirus grave sufren una respuesta inmunitaria inapropiada y descontrolada que desencadena complicaciones serias. Hace unas semanas, un estudio de asociación genética de COVID-19 grave con fallo respiratorio, publicado en The New England Journal of Medicine, nos mostró una nueva pieza del puzzle: ciertas regiones del cromosoma 3 y 9 poseen genes cuyas variantes (alelos) influyen en un mayor o menor riesgo de infección grave por COVID-19. Esta investigación internacional se realizó sobre pacientes de siete hospitales de España e Italia.

Las razones que determinan la gravedad de la COVID-19 son múltiples, diversas y muchas de ellas aún desconocidas. Foto: Twitter vía @NIAIDNews

Uno de los genes que podría influir sobre el riesgo de COVID-19 grave (aún no está claro qué genes concretos participan) es el SLC6A20, situado en el cromosoma 3. Este gen produce una proteína que interactúa con la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), una molécula que el coronavirus utiliza para infiltrarse en diversas células humanas. Por otro lado, en el cromosoma 9 se encuentran genes que determinan los grupos sanguíneos y los investigadores observaron que, efectivamente, aquellas personas con el grupo A contaban con un 45 por ciento más de riesgo de sufrir COVID-19 con insuficiencia respiratoria. Por otra parte, aquellos del grupo O poseían cierta protección: tenían un 35 por ciento menos de riesgo de padecer esta enfermedad con insuficiencia respiratoria. En España, alrededor del 45 por ciento de la población posee el grupo sanguíneo O y el 42 por ciento el grupo A.

Estos resultados europeos son complementarios a los de otros estudios preliminares de asociación genética en otras poblaciones como la china o la estadounidense. Un estudio llevado a cabo en hospitales de Wuhan y Shenzhen (China), aún en fase de preprint (y no revisado todavía por pares) observó que las personas de grupo sanguíneo A tenían un riesgo mayor de sufrir COVID-19 en comparación con otros grupos sanguíneos. Además, aquellos individuos con grupo O también tenían menor riesgo de infección con respecto al resto de grupos. Por otro lado, en otro artículo preliminar, realizado por investigadores de la Universidad de Columbia, explican que encontraron una proporción mayor de pacientes en el Hospital presbiteriano de Nueva York con grupo A y menor proporción de pacientes con grupo O, aunque sólo era significativo cuando el Rh era positivo.

ANTECEDENTES DE OTRAS INFECCIONES

Para los profanos en la materia puede resultar sorprendente que el grupo sanguíneo incremente o disminuya el riesgo a sufrir una determinada infección o que esta se complique. En realidad, ya sabíamos por otras enfermedades infecciosas y desde hace tiempo que este rasgo biológico puede desempeñar cierto papel en la susceptibilidad individual a enfermedades infecciosas.

Ya se observó en 2005 que entre los pacientes que padecieron síndrome respiratorio agudo grave (SARS), una infección provocada por un coronavirus similar al actual, las personas con grupo O eran menos habituales de lo que cabría esperar según su frecuencia en la población analizada.

Uno de los genes que podría influir sobre el riesgo de COVID-19 grave (aún no está claro qué genes concretos participan) es el SLC6A20, situado en el cromosoma 3. Foto: Flavio Gasperini/SOS Mediterranee vía AP

Otras infecciones en los que también se ha detectado la influencia del grupo sanguíneo son aquellas provocadas por la bacteria Helicobacter pylori (causante de úlceras gastroduodenales), por norovirus (gastroenteritis) o por el Plasmodium falciparum (protozoo que provoca la malaria).

Los grupos sanguíneos reflejan la presencia de azúcares característicos (oligosacáridos) en la superficies de diferentes células (entre ellos los glóbulos rojos). Se trata de uno de los rasgos biológicos imprescindibles para saber la compatibilidad (además del Rh) en las transfusiones y evitar reacciones de rechazo inmunitario. Esta característica biológica también influye sobre diferentes mecanismos de la coagulación. Pero ¿cómo se explica que el grupo sanguíneo incremente o disminuya el riesgo de una COVID-19 grave?

VARIAS HIPÓTESIS QUE TODAVÍA NO ESTÁN CLARAS

Por el momento, sólo contamos con diversas hipótesis y todavía no está claro que el mayor o menor riesgo de COVID-19 según el grupo sanguíneo sea debido a un efecto biológico directo o indirecto. Aunque los azúcares que determinan los grupos sanguíneos se conocen desde el año 1901, aún hay muchas facetas de sus efectos biológicos que desconocemos.

Una posible explicación tiene que ver con la formación de coágulos sanguíneos. Las personas con el grupo O tienen un riesgo notablemente inferior que los grupos A y B de padecer trombosis venosa (51 por ciento menos de riesgo) o embolismo pulmonar (47 por ciento inferior). Precisamente estas son dos complicaciones que pueden aparecer en los pacientes más graves de COVID-19.

Otra posible explicación es que las personas del grupo O cuentan con anticuerpos contra las moléculas del grupo sanguíneo A. Se ha descrito que, in vitro, estos anticuerpos interfieren la unión del virus SARS-CoV (el coronavirus que afecta a humanos más cercano al pandémico SARS-CoV-2) con células que poseían el receptor ACE2. Quizás estos anticuerpos también interfieran con el nuevo coronavirus cuando se encuentra en el cuerpo de las personas de grupo O, aunque no explicaría por qué no se ha observado este efecto protector en las personas del grupo B (que también cuentan con anticuerpos contra el A).

Los grupos sanguíneos reflejan la presencia de azúcares característicos (oligosacáridos) en la superficies de diferentes células (entre ellos los glóbulos rojos). Foto: Damian Dovarganes, AP

Por otro lado, si los anticuerpos que se generan contra ciertos coronavirus pueden reaccionar también contra las moléculas del grupo A (un fenómeno llamado reacción cruzada), existiría la posibilidad de que el propio sistema inmunitario atacase a diversas células de las personas con el grupo A desencadenando complicaciones. Por el momento, son simples conjeturas. Como suele ocurrir en ciencia, nuevos hallazgos suelen llevar a todavía más preguntas y el virus SARS-CoV-2 está rodeado de ellas.

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