El pasado 2018 se cumplió medio siglo de su primer disco y, para celebrarlo, el veterano periodista y amigo de la banda Mick Wall publicó una completa biografía con todos los detalles tras la legendaria formación de rock. Aunque la efeméride ya ha quedado atrás, Cuando los gigantes caminaban sobre la tierra llega ahora a las librerías traducido al español por Alejandro Tobar de la mano de Alianza editorial.

Por José Antonio Luna

Madrid, 8 de diciembre (ElDiario.es).- Nueva York, 30 marzo de 1968. The Yardbirds es una de las bandas más virtuosas de Gran Bretaña. Por ella han pasado tres de los guitarristas más importantes del rock: Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page. Son venerados como prometedores artistas emergentes, estrellas que apuntan a ganarse un hueco mayúsculo en la historia de la música. Sin embargo, a pesar de estar en la cresta de la ola, esa noche en el Anderson Theatre ya todos los integrantes tenían claro que dos meses después anunciarían su disolución.

Pero lo que para algunos era un punto final, para Jimmy Page significó el comienzo de una nueva odisea musical en la que embarcarse. ¿Su fantasía? La de hacer un grupo de grandes estrellas y revolucionar el mercado. Fue entonces cuando se empezaron a poner los cimientos para una formación que acabaría marcando el camino del rock de los 70: Led Zeppelin.

El pasado 2018 se cumplió medio siglo de su primer disco y, para celebrarlo, el veterano periodista y amigo de la banda Mick Wall publicó una completa biografía con todos los detalles tras la legendaria formación de rock. Aunque la efeméride ya ha quedado atrás, Cuando los gigantes caminaban sobre la tierra llega ahora a las librerías traducido al español por Alejandro Tobar de la mano de Alianza editorial.

Como si de un vistazo al backstage se tratara, el autor cuenta a través de entrevistas y curiosidades cómo pasaron de ser una banda a rebufo de la estela marcada por The Yardbirds para alzarse como algo único y con nombre propio dentro de la industria. Pero no fue fácil.

The Yardbirds era el ejemplo de la excelencia musical. Un grupo a la última y lejos del alcance de otros. De hecho, sus conciertos eran al mismo tiempo denominados “raves salvajes” en los que las drogas y el rock no tenían parangón. Un pequeño ecosistema entre cuatro paredes. No obstante, ya en 1967 era complicado no ver a aquel grupo como una especie de proto Led Zeppelin.

Page estaba acreditado como coletrista de seis de las siete pistas de Little Games, el álbum de su última gira. Además, en sus directos hacían un número consistente en solos de guitarras sueltos que posteriormente se convertirían en un tema de Led Zeppelin: Dazed And Confused.

Una prueba de sonido de Led Zeppelin 14 de marzo de 1969. Foto: Facebook Led Zeppelin

Entonces, ¿por qué abandonar esta banda? El productor Mickie Most se negaba a sacar a The Yardbirds de su zona de confort en las listas de éxitos y modificó muchos de los temas ideados por Jimmy Page. Con ello no solo coartó la libertad creativa de los músicos, sino que hizo que Little Games se despeñara en las listas de éxitos.

Con tales precedentes, no es de extrañar Jimmy Page no viera el cambio de como una mala noticia, sino como una oportunidad. “Sabía exactamente el estilo que buscaba y también con qué tipo de músicos quería tocar”, declara Page en el libro. Quizá desde el punto de vista musical lo tuviera claro, pero lo cierto es que reclutar a los integrantes del grupo no fue tarea fácil.

Un gran precedente lo marcó la reunión de 1966 para grabar el tema Beck’s Bolero junto al guitarrista Jeff Beck. Allí además estaban Keith Moon (batería de The Who), el bajista John Paul Jones y el teclista Nicky Hopkins (que participó en algunas de las canciones más importantes del rock con grupos como The Beatles o The Rolling Stones). Todos se reunieron en los estudios IBC de Londres, y fue en ese momento cuando, casi a modo de broma, Page sugirió que podrían unirse para formar un grupo.

De hecho, en aquella conversación también nació el nombre. Keith Moon, entre risas, sugirió que esa formación caería como un lead zeppelin (un zepelín de plomo). Sin quererlo había dado al nombre del futuro grupo, al que luego eliminarían la ‘a’ de su palabra inicial para simplificar la pronunciación. La idea se esfumó, pero Jimmy Page no la olvidó del todo.

Finalmente, tras barajar diferentes opciones, los integrantes de la nueva formación fueron Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham. Juntos se pusieron a trabajar para preparar la gira escandinava que estaba prevista con The Yardbirds. Pero adoptaron un nuevo apodo: The New Yardbirds.

“Con la palabra ‘new’ en el nombre sabías que algo turbio debía de haber. ¿Alguien se imagina a una banda llamada The New Beatles?”, dice en la biografía el fotógrafo danés Jorgen Angel, que les vio por primera vez con 17 años. Era un nuevo nombre que en realidad hacía que sonara a viejo: el público quería “los originales”.

Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page formaron parte de The Yarbirds. Foto: Facebook The Yarbirds

El cambio se produjo cuando Chris Dreja, exguitarrista de The Yardbirds, envió una carta amenazando con tomar acciones legales si seguía utilizando ese nombre. Los antiguos miembros les dieron permiso para emplearlo durante la gira por Escandinavia, pero no para continuar con este una vez acabada. Aquella polémica, sin embargo, fue la excusa perfecta para buscar algo más original. Fue cuando Jimmy Page recordó la broma de Moon y nació la denominación por la que serían reconocidos mundialmente: Led Zeppelin.

A finales de septiembre de 1968 empezaron a grabar su debut en el estudio londinense Olympic 1, el mismo donde los Rolling Stones hicieron el álbum Beggars Banquet (1968). Todos los gastos de grabación y de diseño, unas mil 782 libras, corrieron a cargo de Page. Y no porque el resto de los integrantes no pudieran ayudar, sino porque veía aquel disco como una especie de retoño sobre el que quería tener el control total. Nueve días más tardes, pese a tener un total de solo treinta horas de estudio, el álbum fue grabado y mezclado con éxito de principio a fin. Listo para ser volcado en un disco remasterizado.

El LP, del mismo nombre que el grupo, estaba compuesto por 9 canciones pensadas para su entrada en Norteamérica. En realidad se trató de un trabajo muy poco original en su material, ya que se basaba en versiones antiguas y algunos refritos de The Yardbirds como “Smokestack Lightnin”, que fue retitulado “How Many more times”. Las acusaciones de plagio darían prácticamente para otro libro, pero de lo que no hay duda es de que en aquellas canciones como mínimo mostraban ser unos magníficos catalizadores de ideas preexistentes.

Abría con “Good Times Bad Times”, uno de los tres únicos temas originales junto a “Communication Breakdown” y “Your time is Gonna Come”. Es un tema pop construido sobre un estribillo pegadizo con una batería explosiva, todo ello con una ráfaga de acordes de guitarras. Marcó el camino a seguir en el rock de los 70, a base de riffs decrecientes de guitarra. No contentó a todos.

Ciertos periodistas seguían refiriéndose a ellos como “los renovados Yardbirds” y, entre otras cosas, también se quejaban del alto volumen de los conciertos. El crítico y publicista musical Keith Atlham, por ejemplo, recuerda haber visto uno de los primeros bolos de Zeppelin en un pub de Londres y marcharse tras tres temas porque le pitaban los oídos. Keith Richards dijo que la voz de Plant “empezaba a resultar irritante”. Incluso Eric Clapton comentó que le parecían “innecesariamente ruidosos”.

No obstante, con el tiempo la historia les quitaría la razón. En 2003 la revista Rolling Stone acabaría colocando el álbum debut en el puesto número 23 de los 500 mejores discos de todos los tiempos, un crédito que acabó siendo compartido por otras publicaciones especializadas. Quizá lo importante no fuera tanto el LP en sí mismo, sino lo que significó: el comienzo de una banda que haría historia.

“Demasiados grupos se acomodan tras haber sacado su primer disco y en el segundo no alcanzan el nivel. Pero yo quiero que cada álbum que publiquemos supere al anterior”. Así ocurrió con Led Zeppelin II, un trabajo todavía más sustentado en el blues, rock y el folk, una batidora de géneros que, sin pretenderlo, acabaría dando lugar a uno nuevo: el heavy metal.

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