México
Una madre soltera con sus tres hijos prefiere no trabajar en el campo con horarios esclavizantes.
Zeta

Los hijos quedan solos. La calle “educa”… con droga. Jornaleros de San Quintín viven una tragedia

09/09/2020 - 3:30 pm

Menores sin ocupación ni vigilancia debido a la ausencia de sus padres por trabajo abre la puerta a las drogas, niños que desde los 8 años son consumidores, otras veces el maltrato a los hijos se debe a la adicción de los mayores.

Por Lorena Lamas

San Quintín, 9 de septiembre (Zeta).– Una parte de la comunidad jornalera de San Quintín tiene sus hogares en situación de abandono por cumplir con el esclavizante horario de diez hasta 12 horas de trabajo diario. La nueva generación de hijos de campesinos, hombres y mujeres, están expuestos al alcoholismo, drogas y mayor participación con grupos del crimen organizado, coinciden líderes de jornaleros y un estudio hecho por el Colegio de la Frontera Norte (El Colef).

Han pasado cinco años del mayor movimiento de jornaleros agrícolas en el Valle de San Quintín, donde más de 30 mil trabajadores del campo lograron aumentos salariales de entre 145 hasta 300 pesos al día, pero la situación social es la misma.

En San Quintín las zonas se dividen en dos: el lado norte, hacia la colonia Vicente Guerrero, donde hay un margen de economía diferente denominada H2A; y al sur, denominada el área pepino, donde se gana sustancialmente menos.

Laura Velasco Ortiz, profesora-investigadora del Departamento de Estudios Culturales de El Colef, autora del libro De jornaleros a colonos, trabajó junto a un equipo de profesionistas que realizó un estudio en San Quintín.

El “Diagnóstico sobre no asistencia escolar de niños y adolescentes en riesgo y deterioro del tejido social en el Valle de San Quintín, Ensenada, Baja California”, se hizo a solicitud de la clínica 69 Imss-Prospera 69.

Familias y profesores tenían preocupación por las adicciones y deserción escolar en menores de edad, debido a que no hay estrategias para retener a estos jóvenes entre 14 y 17 años en un lugar seguro, indicó la doctora.

Un niño de cuatro años lleva la llave de su casa colgada en el pecho.
Un niño de cuatro años lleva la llave de su casa colgada en el pecho. Foto: Enrique Botello, Zeta

La pregunta que realizan es dónde sacan dinero estos menores que incurren en adicciones, cuando es un sector de la población que tras la reforma laboral se quedó sin posibilidad de empleo. “Es ahí cuando se extienden las redes del narcotráfico en todas las colonias”, apuntó Velasco.

Lamentó el que dejar a este sector de jóvenes sin ocupación ha generado más problemas familiares o deserción escolar; además coincidió que en las jornadas largas de los padres y los hijos deben ir a la escuela solos, y sin quién les de comer. “La dinámica familiar de nadie en casa, es una combinación que empuja a las calles”, opinó.

La doctora aseguró que los padres valoran mucho la escuela, pues existe la ideología que es una vía de ascenso social muy importante y hacen esfuerzos tremendos por darles educación.

VIOLENCIA, NARCOTRÁFICO Y ALCOHOLISMO

Como parte de la investigación, las familias detectaron que la operación de “tienditas” o “narcotienditas” generaba inseguridad en las colonias.

Hay casos de mujeres adictas menores de edad, quienes nacieron en Baja California, pero por su condición de hijas con padres indígenas muestran un fuerte desarraigo y falta de identidad.

En general el consumo de estupefacientes inicia a los 13 años, pero hay casos de menores de hasta ocho años de edad, sostiene la investigación.

Se considera que los padres son en ocasiones generadores de violencia debido al abuso en el consumo de alcohol, que deriva en maltrato, gritos y golpes.

Detectaron en su muestra que un 13 por ciento de los niños entrevistados (de entre 6 y 14 años de edad) no asiste a la escuela, y de ese total, 23 por ciento está casado o vive en unión libre.

Es evidente un deterioro de la autoridad paterna y materna por las largas ausencias y dificultades económicas para apoyarlos con los estudios, así como desconocimiento en cambios de la adolescencia, señalan los científicos.

En las escuelas hacen falta espacios y áreas verdes para lectura y deportivos. De acuerdo con los participantes, no se cumple con los programas de trabajo y hay casos de ausentismo de profesores.

Las jornadas de los trabajadores son de hasta doce horas sin derecho a guardería por parte del IMSS.
Las jornadas de los trabajadores son de hasta doce horas sin derecho a guardería por parte del IMSS. Foto: Enrique Botello, Zeta

EL EFECTO DEL TRABAJO INFANTIL

Un ejemplo de trabajo infantil lo narró Lucila Hernández, recordó cuando a los 11 años ya recolectaba uva en los estados de Sinaloa y Sonora, donde la temperatura supera los 46 grados centígrados.

De acuerdo con su experiencia el trabajo infantil afecta tarde o temprano el desarrollo del menor, sin embargo, reconoce que con los cambios legislativos hay un mayor número de embarazos y delitos.

Durante su jornada de niña estuvo expuesta a polvos de químicos, en ese entonces, usados para eliminar las hormigas llamadas mochomos porque dañan la hoja de la vid.

“Usaba chanclas con ese calor abrasador y el cuerpo se acostumbra; no piensas en el calor, sino en que en el fin de semana hay un cheque”, narró. A los 18 viajó a San Quintín para trabajar en el tomate y ahí formó una familia.

Lucila fue un personaje que sobresalió en el movimiento de jornaleros del 2015, cuando unos 30 mil empleados protestaron a lo largo de la carretera Transpeninsular desde Camalú hasta San Quintín.

En ese año, junto a otros dirigentes, Fidel Sánchez tuvo un diálogo directo con autoridades federales para tener mejoras salariales y prestaciones.

La dirigente sigue trabajando en el campo, es defensora de los derechos de las mujeres indígenas y está en cabeza del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) en esa región.

PARALIZAN PROPUESTA DE BAJAR HORARIOS A MUJERES

Una alternativa al problema social en jóvenes en San Quintín es reducir el horario laboral a quienes estén a cargo del cuidado de los menores de edad, informó el dirigente social Fidel Sánchez.

Recordó que, en 2017, durante la caravana de jornaleros, entregaron una propuesta al Senado de la República donde solicitaron disminuir el horario a trabajadores del campo, en específico a mujeres; sin embargo, no ha prosperado esta petición.

Jornaleros de San Quintín.
Jornaleros de San Quintín. Foto: Enrique Botello, Zeta

“Nuestros argumentos fueron, en primera, porque se nos están muriendo mujeres por las químicas que les caen en la piel, pero no pueden dejar de trabajar; es por ello que las compañeras prefieren trabajar, aunque se sientan mal y estén enfermas”.

SE REÚNEN EN LA PLAYA O CASAS ABANDONADAS

En la comunidad Triqui de la Colonia Vicente Guerrero, donde El Colef realizó su estudio, Mirari y Sonia describieron cuál es el ambiente en los centros de estudios de la zona.

Ambas alumnas del Colegio de Bachilleres (COBACH) respondieron preguntas mientras esperaban el transporte público en la calle 1 de Mayo y Misión Calamajué.

Desconfiadas, contestaron que sus padres trabajan en el campo y hay compañeros de salón que han desertado de seguir estudiando debido a la desatención de los padres. “Uno de mis compañeros de 16 años dejó de ir a la escuela porque se juntó a otros muchachos más grandes y no le fue nada bien”, comentó intimidada Mirari.

Comentaron que en repetidas ocasiones han sido invitadas a no ir al colegio para asistir a una reunión por la mañana.

El lugar de reunión de los alumnos es la playa, a menos de un kilómetro de la zona, donde no solo consumen bebidas alcohólicas, sino que además usan drogas.

ABUELAS AL CUIDADO

Steven es un menor de cuatro años de edad, que está al cuidado de su abuela de más de 70 años; tiene otro hermano, quien hace poco cumplió los 18 años y de inmediato fue a trabajar al campo.

La familia García es procedente del estado de Pueblo y mientras la abuela Josefa está al cuidado del menor, la mamá y el hijo trabajan de lunes a sábado de las seis de la mañana a las cuatro de la tarde.

“Yo lo cuido mientras mi hija trabaja, no tengo problemas ahorita, todo me obedece; pero deje que crezca más y no me hará caso. Ese es mi temor”, completó la mujer.

Los cuatro viven en un terreno propio en La Cali, una colonia ubicada en la zona sur de San Quintín; es una pequeña habitación de madera y plásticos, con servicios básicos como agua, luz y drenaje.

“La luz apenas nos la van a poner, el agua la compramos cada semana y la almacenamos en tambos, el baño pues son solo letrinas”, detalló Josefa.

Steven trae en su cuello un colguije con la llave de su casa y en caso de un incidente podrá entrar a su domicilio y esperar a su madre o hermano.

CRUZ ROJA, AL SERVICIO DE MENORES ENFERMOS

El traslado urgente de adolescentes entre 13 y 17 años de edad por embarazos, casos de sobredosis por consumo de drogas y hasta suicidios entre niños son parte de las emergencias atendidas por paramédicos de la Cruz Roja Mexicana.

De acuerdo con un reporte de la Policía Municipal, hace un par de semanas un joven intentó suicidarse mientras se encontraba detenido en la barandilla de la delegación policiaca.

El lavamanos de la celda estaba quebrado y el detenido aprovechó para tomar un trozo de cerámica, hizo un corte profundo en su brazo y se cortó las venas. Se recuperó días después en un hospital.

La situación sorprendió a los paramédicos, que detectaron un abuso en el consumo de drogas en una persona de tan corta edad.

En San Quintín no todos los reportes los recibe Cruz Roja, sin embargo, de acuerdo a la experiencia de la institución la mayor parte de las llamadas de emergencia en menores son de mujeres por ingesta de alcohol o de pastillas para suicidarse.

Respecto al tipo de pastillas que consumen, explicaron que “lo que encuentran. No es un medicamento específico, pero sí hemos detectado el clonazepam y diazepam por ser un medicamento que tienen a la mano porque los papás lo consumen, pese a ser un medicamento controlado. Aquí han caído en la madrugada niñas desde 14 hasta 16 años y hemos hecho todo los necesario para rescatarlas”.

“MIS HIJOS SON BASTANTES INTELIGENTES”

Las actividades productivas en el valle se han diversificado con el paso de los años, las mujeres no solo viven del campo, sino ahora son comerciantes o trabajadoras domésticas.

María trabaja en la colonia Santa Fe y en la Graciano limpiando casas, es nativa de Santiago Naranjas, Oaxaca, y llegó hace más de diez años.

Su sueño era quedarse en Estados Unidos, pero no lo logró; entonces viajó con su hijo a San Quintín, a casa de su hermana, quien trabajaba como jornalera en la empresa Los Piños pizcando chícharos.

Siempre se negó a trabajar en el campo por no dejar a su hijo solo, así que cuidó a su hijo y sobrinos.

“A veces no hay opción y deben trabajar en el campo, para mí cuenta mucho la comunicación; yo hablo mucho con ellos, son bastante inteligentes a diferencia de lo que yo sabía a la edad de ellos. Están más abiertos de mente por eso uno platica y enseña las cosas”, respondió orgullosa.

Los tres están inscritos en la escuela, el menor, Efraín; está en cuarto año de primaria, la de en medio, Yulín, a quinto; y el más grande, Álvaro, pasó a segundo de secundaria.

Los jóvenes entrevistados expresaron deseo por ingresar a las fuerzas policiacas como el Ejército o la Marina, mientras otros aspiran “irse al otro lado” -Estados Unidos- y los menos dijeron querer negocio propio.

TRAGEDIAS POR TRABAJO

El 5 de mayo del 2015 la familia Pacheco García, de la colonia Vicente Guerrero, sufrió una tragedia cuando su vivienda hecha de madera se incendió.

Antes de las cinco de la mañana los padres encendieron una fogata para cocinar el desayuno, creyeron apagar el fuego y se fueron a laborar al campo; no obstante, dejaron un encendedor cerca de las brasas.

Cuando uno de los hijos, de nueve años, intentó calentar sus alimentos, el encendedor explotó, generando un incendio que cobró la vida de sus hermanos de tres y cinco años; él se recuperó meses después.

Como este, hay más casos donde los menores de edad sufren accidentes mortales por estar solos en casa.

Las actividades de los trabajadores inician a las cuatro de la mañana para hacer el lonche; a las cinco se van al trabajo y regresan a las seis de la tarde. Son más de 12 horas de ausencia de padres, y en ese lapso los niños se han acostumbrado a comer alimentos fríos.

Una cuidadora cobra una tarifa de entre 40 a 50 pesos por día, que contrastado con un salario de entre 165 a 185 pesos por día en temporada baja, hace casi imposible recurrir a este servicio.

Si el Gobierno Federal ofreciera los servicios médicos completos a los jornaleros, estos tendrían guarderías subrogadas; se calcula que unos 33 mil jornaleros tienen servicios del Imss.

*ESTE REPORTAJE FUE REALIZADO CON EL APOYO DE LA FUNDACIÓN THOMSON REUTERS

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