Ante el creciente poder de los cárteles, el Gobierno no puede garantizar la seguridad de nadie. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Washington, D.C.—Tras diez días de gran drama, finalmente el viernes pasado Trump emitió su veredicto: por ahora no va a etiquetar a los carteles mexicanos como grupos terroristas. El tramite ya está listo, amenazó vía Twitter, pero “suspenderé temporalmente” hacerlo por petición y respeto a López Obrador, y para dar oportunidad a “redoblar esfuerzos conjuntos” contra los criminales.

El anuncio se dio 24 horas después de la visita del Fiscal General William Barr a la capital mexicana para abordar la idea de Trump contra los carteles. Acompañado por el Embajador Christopher Landau, Barr sostuvo entrevistas con AMLO, Ebrard, Gertz y Durazo. Ambas partes emitieron comunicados con más paja que información. Resaltaron el interés de fortalecer la cooperación en términos generales en materia de seguridad. No mencionaron la designación de carteles pese a que fue el centro de las discusiones.

AMLO y Ebrard agradecieron a Trump la decisión de aplazar la amenaza, con sumisas expresiones de respeto y aprecio recíprocos. López Obrador dijo que “celebra” que Trump tomó en cuenta su opinión, al tiempo que le agradeció su “política de buena vecindad”. Ebrard adelantó que “habrá buenos resultados”. No dijo en qué, pero se presume que en las demandas que hizo Barr a cambio de la postergación. En entrevista televisiva negó que México dio algo a cambio.

Trump no precisó el término del aplazamiento ni las concesiones que pidió a México. Una fuente de alto nivel del Gobierno estadounidense me dijo que es un error creer que la opción de etiquetar a los carteles está cerrada.

Trump amenaza. Chantajea. Lanza ultimátums. Así negocia. Los países sumisos, como México, se vuelven vulnerables. Quedan a merced de su voluntad. Lo vimos en el verano con el amago de los aranceles si México no frenaba el tránsito de centroamericanos. México cedió. Hizo lo que se le pidió. La advertencia del etiquetado de carteles son los nuevos aranceles.

En México, me dicen que Barr planteó una serie de demandas. Arriba de la lista está acelerar las extradiciones de capos con cuentas pendientes con la justicia estadounidense y dar garantías de que los ciudadanos estadounidenses que viven o visitan México serán protegidos. Para tales efectos, el Gobierno de Trump quiere que AMLO permita una mayor participación de las agencias policíacas y de inteligencia en México. Desde la llegada de AMLO, la cooperación se ha venido abajo.

Estados Unidos pide que, como ocurrió con “El Chapo” Guzmán y otros capos de gran calado, las agencias estadounidenses intervengan en los operativos de captura. Y que México se comprometa a extraditarlos. Hasta ahora, el Gobierno de AMLO no ha enviado a un solo pez gordo a Estados Unidos.

De hecho, la idea de la clasificación surgió tras el vergonzoso fracaso de las fuerzas de seguridad mexicana para capturar a Ovidio Guzmán y extraditarlo a Estados Unidos y no, como se dice, a raíz de la masacre de mormones en Sonora el mes pasado. Paradójicamente, el hijo menor de “El Chapo” no tiene cargos en México.

Mientras que la petición de las extradiciones es viable, la otra no. Ante el creciente poder de los cárteles, el Gobierno no puede garantizar la seguridad de nadie.

Al interior del Gobierno de Trump no hay unanimidad respecto a la conveniencia de poner a México en el costal de países donde operan grupos extremistas enemigos de Estados Unidos como Afganistán y Siria. Los carteles no son necesariamente antiyanquis. De hecho, no parecen tener ideología política.

Varios departamentos—entre ellos Estado y Tesoro–presuntamente no están a favor de la designación. El principal promotor de la idea parece ser Mauricio Claver-Carone, actual director de la Oficina para el Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Originario de Miami, Claver-Carone es considerado un halcón, militarista, partidario del endurecimiento de la política hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Jared Kushner, a quien Trump recientemente encomendó el colosal encargo de completar la construcción del muro antes de las elecciones de 2020, se ha concentrado más en lograr la reelección de su suegro que en el día a día con México. Con todo, en su oficina en la Casa Blanca tiene enmarcados el Águila Azteca y el correspondiente certificado que recibió de manos de Enrique Peña Nieto. Souvenirs de sus tiempos de gloria.

Los nubarrones se han alejado, pero no desaparecido. Tony Payan, director del Centro México del Instituto Baker en Texas, no descarta que Trump vuelva a usar a México como piñata electoral como lo hizo en 2016. “Evidentemente el país era vulnerable entonces; y evidentemente el país es vulnerable hoy. Ni Peña ni López, por razones estructurales, han podido resistir la andanada político-diplomática de Washington contra México”.

En cuanto a quienes dicen que con la designación México puede exigir que se trate de la misma manera a la delincuencia organizada que opera en Estados Unidos, Payan opina que Estados Unidos nunca va a dejar que la guerra al terrorismo llegue a casa. “Esa se pelea en México–como la Guerra Fría se peleó en Vietnam y El Salvador, y como la guerra contra el terrorismo se pelea en el Medio Oriente”.

La sumisión de México, una vez más, a prueba. Si no cumple, volverán las tempestades. Eso es, claro, si Trump no está blufeando.

Twitter: @DoliaEstevez