En una mezcla de thriller de espionaje y periodismo de investigación, Ronan Farrow relata cómo consiguió sacar adelante un reportaje sobre los abusos sexuales de Harvey Weinstein, uno de los productores más poderosos de Hollywood protegido por dinero y por una conspiración de silencio.

Esta es la historia de las tácticas de vigilancia e intimidación desarrolladas por hombres ricos y poderosos para amenazar a periodistas y silenciar a las víctimas. Aporta además una serie de historias demoledoras de mujeres que arriesgaron todo para revelar la verdad y alentar un movimiento global.

Por Carmen López

Ciudad de México, 11 de julio (ElDiario).- En el primer capítulo de la cuarta temporada de la serie The Good Fight, la protagonista se despierta en una realidad que no comprende. Todo le indica que la presidencia de Trump fue una pesadilla demasiado vívida que había tenido la noche anterior y que Hillary Clinton es la auténtica inquilina de la Casa Blanca. Diane Lockhart descubre al llegar a su bufete que es la nueva representante de Harvey Weinstein, el famoso productor de cine.

En esa dimensión, no existe el movimiento #MeToo, ni se toman demasiado en serio los rumores sobre acoso sexual que apuntan al magnate de Hollywood. Horrorizada, menciona como argumento el trabajo del periodista Ronan Farrow y su socio le pregunta incrédulo si se refiere a la investigación chapucera de la NBC. En esa realidad, Weinstein se ha salido con la suya y las mujeres no pueden decir nada: ya tienen una Presidenta ¿qué más quieren?

Afortunadamente para las víctimas y, por qué no decirlo, para el periodista, esa historia es solo ficción aunque podría no haberlo sido. Farrow lo cuenta en su último libro titulado Depredadores que la editorial Roca acaba de publicar en España traducido por María Enguix Tercero. Un relato al detalle de cómo consiguió sacar adelante el reportaje sobre los abusos sexuales de Weinstein y otros poderosos estadounidenses como Matt Lauer (presentador del programa televisivo de la NBC Today Show), pese a muchas dificultades.

La información sobre el escándalo de Harvey Weinstein publicada en la revista The New Yorker y que le valió el Premio Pulitzer a Farrow en 2018 —compartido con otros periodistas de The New York Times que también cubrieron la historia— es mundialmente conocida. De hecho, la última acusación de abusos sexuales al productor, que ya está en la cárcel con una condena de 23 años, se presentó hace apenas un mes.

El público ya sabía antes de que saliese el libro que la investigación de Farrow fue el detonante del movimiento de denuncia #MeToo, iniciado por las mujeres de Hollywood en 2017 y que después se extendió a trabajadoras de otras industrias. También conocía los nombres de las implicadas, las vejaciones a las que fueron sometidas y demás detalles escabrosos del escándalo, así que el libro tenía que ofrecer algo distinto. Y el periodista, ya convertido en estrella, hizo una apuesta segura: contar su propia historia.

Con buen olfato comercial o muy buenos asesores editoriales (posiblemente ambos), supo transformar lo que podría haber sido un informe solo interesante para periodistas aún creyentes en su profesión en un libro superventas. Un thriller de más de 400 páginas sobre espionaje, periodismo, víctimas y pudientes magnates, que tiene como héroe a un famoso que se humaniza, aunque él ha dicho que no debe ser el foco de atención.

Según declaró en el programa de televisión de Rachel Maddow, haciendo alusión a su trabajo y al de la periodista Jodi Kantor de The New York Times: “al final nosotros estamos al servicio de esas mujeres, que están haciendo algo muy duro, y espero que la gente oiga sus voces y se centre en eso”.

Su intención posiblemente fuese esa, pero inevitablemente en el libro el protagonista es él, un joven y aguerrido periodista que lucha junto a su compañero Rick McHugh por sacar una verdad a la luz. Contra ellos está el malvado poderoso que intenta tumbar la historia con dinero, presiones e incluso espías israelíes. Alguien le recomienda que se compre una pistola, una amiga le deja un piso seguro y guarda documentos en una caja fuerte. Cuando la compañía de televisión le da vía libre para llevarse la historia a otro medio, entra por las puertas de la prestigiosa The New Yorker y da el salto de gracia. La serie basada en el libro está tardando en llegar.

Aunque puede haberle metido algo de literatura a la trama para hacerla un poco trepidante, constantemente deja claro que los hechos y las declaraciones fueron debidamente contrastados antes de la publicación del artículo. Junto a él trabajaron el editor de la revista David Remnick, su equipo de verificadores y su departamento jurídico. No se pueden dejar flecos sueltos en una historia de tal calibre y la publicación neoyorquina goza de una reputación intachable.

Sin embargo, el pasado 17 de mayo, The New York Times publicó un artículo firmado por el columnista Ben Smith titulado ¿Es Ronan Farrow demasiado bueno para ser verdad?. En él se intenta desmontar el libro de Farrow, poniendo en duda la verificación de algunas fuentes y dejando la duda de que quizás algunas cosas no pasaron exactamente como las narra.

“Mr. Farrow, 32, no es un cuentista. Sus informaciones pueden ser confusas, pero no se inventa cosas. Sin embargo, su trabajo revela la debilidad de un tipo de periodismo que ha prosperado en la era de Donald Trump: si los reporteros nadan hábilmente siguiendo las mareas de las redes sociales y producen información perjudicial sobre las figuras públicas que no gustan a las voces más potentes, las viejas reglas de equidad y mentalidad abierta pueden parecer más impedimentos que imperativos periodísticos esenciales”, sentencia Smith.

La reseña revela bastante inquina contra el periodista, aunque no es de extrañar que suscite recelos o envidias. Actualmente es uno de los periodistas de investigación más famoso de Estados Unidos, tiene un contrato de tres años con HBO para producir documentales y se codea con famosos. Además —y aunque Smith puntualiza que él no trabajó en él— el artículo del Times sobre Weinstein quedó sepultado por el de Farrow.

De hecho, el autor cuenta en el libro cómo el miedo a que el periódico lo publicara antes, se desvaneció al ver que aportaba una información más floja que la suya. Poco después, The New Yorker lanzó el de Farrow y se llevó la gloria. Quizás la herida aún escueza.

UNA VIDA EN PRIMERA PLANA

La trayectoria de Ronan Farrow es excepcional, aunque eso también se sabía antes del boom de su artículo y posterior libro. Hijo biológico de Mia Farrow y Woody Allen (aunque en 2014 su madre reveló que quizás su padre fuese Frank Sinatra y la red está llena de fotos comparándolos), ha sido famoso desde que nació en 1987.

Acudió a un colegio para niños superdotados, con 15 años se licenció en filosofía y posteriormente en derecho por la Universidad de Yale. Trabajó para el Departamento de Estado en Pakistán y Afganistán y fue asesor de Hillary Clinton. Antes de trabajar para la NBC en el departamento de reportajes de investigación había escrito para medios como The Washington Post y había tenido su propio programa de televisión.

Su nombre ha salido en los tabloides más de lo que él habría querido. Su hermana Dylan acusó a Woody Allen de haber abusado de ella cuando tenía siete años e inevitablemente el caso se publicó en todos los medios. Y, para colmo, el director de cine se casó con otra de sus hermanas, Soon Yi, hija adoptiva de Farrow.

Las acusaciones de Dylan nunca llegaron a probarse —el proceso fue largo, estuvo lleno de reproches públicos, abogados, detectives y demás enredos— y hasta hace unos años, Ronan intentó desvincularse de toda la historia. Como cuenta en el libro, le pidió varias veces a Dylan que pasara página y lo olvidase todo.

Sin embargo, cuando empezó a hablar con las fuentes de su reportaje sobre Weinstein y el resto de depredadores, se puso en contacto con su hermana para pedirle consejo y según avanzaba en su trabajo, más empatizaba con ella. Tanto, que la animó a retomar la historia y llevarla a los medios.

El último encontronazo público con su padre —en el libro sólo lo refiere como Woody Allen—, fue con motivo de las memorias del cineasta. La editorial que las compró en un principio, Hachette, es la misma que publicó el libro de Farrow, quien expresó públicamente su incomodidad. Además, un grupo de trabajadores amenazó con dimitir si la empresa seguía adelante, así que fue Arcade Publishing la que finalmente se hizo con ellas.

La editorial Roca tiene pensado publicar próximamente War on Peace, otro superventas que escribió antes que Depredadores. Él sigue escribiendo en The New Yorker, trabajando con HBO y ganando seguidores en Twitter. Mientras tanto, su público está a la espera de una nueva exclusiva sobre algún famoso acusado de abusos sexuales, su especialidad.

ESTE CONTENIDO ES PUBLICADO POR SINEMBARGO CON AUTORIZACIÓN EXPRESA DE EL DIARIO.ES. VER ORIGINAL AQUÍ. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN.