Por Katherine Brooks, especial para SinEmbargo

Ciudad de México, 12 de octubre (SinEmbargo/HuffPost Voces) La enfermedad de Alzheimer es una condición de largo alcance, uno que afecta no solo las vidas de quienes fueron diagnosticados con el mal, sino también la vida de los familiares, amigos y cuidadores que se enfrentan a ella. Puede transformar a un ser querido en un extraño, escarbando en las relaciones, recuerdos y rutinas hasta que la persona cae tristemente en lo desconocido. Un hermano, una abuela o un esposo se hunde en la demencia y se convierte en otra entidad. Ya no son ellos mismos; son cautivos de la enfermedad.

El fotógrafo Alex ten Napel, con sede en Ámsterdam, Holanda, quedó cautivado con la disolución de la dignidad que comúnmente se liga a la demencia. En su serie de retratos en blanco y negro, titulada sencillamente “Alzheimer”, el artista intenta explorar la experiencia de “desintegrarse”, con el objetivo de ponderar la existencia en ese estado. Los resultados son igualmente conmovedores y bellos, y colocan los reflectores sobre las cualidades humanas de usurpar la mortalidad.

“La opinión pública sobre la demencia en el momento [en el que comencé la serie] era que hombres y mujeres sucios, solos y abandonados, se desintegraban en asilos”, le explicó Napel a The Huffington Post. “La fotos muestran a personas con baberos de bebé, baba en la boca y restos de una cena en su ropa. ‘¡Eso no es vida!’ es el pensamiento que prevalece en la gente”.

Sus fotografías no están adornadas. Durante una hora o más se sentó con pacientes que viven en un asilo cercano en Holanda, retratándolos como retrataría a cualquier persona. “Esperaba el momento que los fotógrafos de retrato esperan. El momento especial en el que la postura y la expresión facial se unen para crear una foto significativa”, comentó. “Eso muchas veces representó una larga espera”.

Algunos retratos capturan breves momentos de euforia, otros parecen encarnar la preocupación y el malestar, pero la mayoría contienen momentos de contemplación. Como individuos enmarcados ante nosotros mirando hacia el vacío, nosotros –los espectadores– vemos sus expresiones como si fuera un espejo, y ambas partes se preguntan sobre el destino, el futuro y la evolución del espíritu humano.

Consciente de las obvias diferencias entre él mismo y un paciente del mal del Alzheimer, quiso crear imágenes que mostraran los terrenos más similares. “Todos estamos familiarizados con la tristeza, la alegría, el miedo, la desesperación, la depresión y el entusiasmo”, agregó. “Y la gente con Alzheimer se siente de la misma manera. Infortunadamente las emociones los confunden… y a nosotros también”.

“La desintegración de la vida interior golpea el corazón de la existencia humana. Toda nuestra vida y corazón se dedican a desarrollar nuestra personalidad”, explicó Napel. “Una confrontación con gente que sufre demencia puede ser aterradora porque su existencia plantea preguntas sobre nuestras propias vidas. Ellos nos muestran que la vida puede evolucionar de una manera distinta y su destino nos hace sensibles a eso”.