Aunque el Presidente enfatiza e insiste en que son las mujeres mexicanas las que cuidan los hogares, y que en la crisis del COVID-19 tendrán que ser ellas las que mayormente se encarguen de esto, el trabajo de cuidados que históricamente recae en ellas por su sexo y es una problemática a nivel mundial.

Ciudad de México, 13 de abril (SinEmbargo).- Nos podemos imaginar en varios escenarios: uno, en el que usted ya está en casa, con su familia, sin salir a trabajar ni llevar a los hijos a la escuela; otro, en el que en un hogar con hombre jefe de familia, debe salir a trabajar y en casa se queda la mujer y los hijos; un hogar en que la mujer es jefa de familia y debe dejar a sus hijos en casa mientras no tienen clases, o uno más: un hogar en el que viven personas de la tercera edad y/o personas con alguna discapacidad.

Si identificó su hogar en alguna de esas categorías, piense ahora: ¿quién se está haciendo cargo de la limpieza?, ¿quién se hace cargo de hacer la comida?; ¿quién se hace cargo de lavar la ropa?, ¿quién se hace cargo de las necesidades particulares de las personas que necesitan otro tipo de atención?

Y ahora piense: esa persona que se hace cargo de estas tareas en esta contingencia, ¿lo ha hecho desde siempre, de manera casi natural?

MUJERES-CUIDADOS-HOGAR

El 63.7 por ciento de las mujeres ocupan su tiempo al cuidado de integrantes del hogar de 0 a 14 años. Foto: Cuartoscuro.

No es una cuestión de percepción ni tampoco un invento: de acuerdo con los últimos datos de la Encuesta Nacional del Uso de Tiempo (ENUT) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), son las mujeres las que se hacen cargo de estas tareas y no desde hace algunos años, sino que históricamente han sido su responsabilidad, lo que desemboca también en otro problema como la pobreza de tiempo.

Los datos de la ENUT señalan que el 63.7 por ciento de las mujeres ocupan su tiempo al cuidado de integrantes del hogar de 0 a 14 años; el 5.6 por ciento de las mujeres se ocupan al cuidado de integrantes del hogar de 60 y más años y el 9.8 por ciento de las mujeres realiza cuidados especiales a integrantes del hogar por enfermedad crónica, temporal o discapacidad.

En los tres tipos de cuidados anteriores el porcentaje total de mujeres que ocupan su tiempo es del 79.2 por ciento.

Por horas de trabajo de cuidados, la distribución es la siguiente: cuidados especiales a integrantes del hogar por enfermedad crónica, temporal o discapacidad: 26.6 horas; cuidado a integrantes del hogar de 0 a 14 años: 24.9 horas y cuidado a integrantes del hogar de 60 y más años: 17.7 horas.

Esta industria tiene un valor, en 2018 el trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados registró un nivel equivalente a 5.5 mil millones de pesos, el equivalente al 23.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de México; las mujeres aportan un 17.7 por ciento, lo que equivale a 4.1 mil millones de pesos.

“Las mujeres destinan más horas a las labores domésticas y de cuidados, con 65 por ciento de su tiempo de trabajo total, y 32.3 por ciento, a aquellas actividades por las que regularmente se recibe un ingreso monetario”, señala el Instituto Nacional de las Mujeres Inmujeres).

“Lo que es una realidad es que este trabajo de cuidado no es equitativo, no es igualitario, las mujeres en general en nuestro país trabajan tres veces más en cuidados domésticos y cuidado de personas que los hombres, que pasan 39 versus 14 horas semanales […] es un tiempo de reconocer que estas actividades son de todas y todos, que no es un tema sólo de las mujeres, que no le podemos cargar la mano ahora que vamos a estar todas y todos en casa [no] esperar que ellas hagan todo”, comentó al respecto la actual titular del Inmujeres, Nadine Gasman Zylbermann, en conferencia de prensa con motivo de la contingencia por COVID-19 (coronavirus).

Los trabajos de cuidados son todas aquellas actividades que se realizan para el bienestar físico, psíquico y emocional de las personas, de acuerdo con la información compartida la semana pasada por el Inmujeres. Todas estas labores de cuidado suelen recaer de manera desproporcionado en las mujeres y niñas, sin importar su grado académico ni su edad.

EI Inmujeres hizo un llamado a que hombres, padres o tutores y niños deben ser corresponsables en los cuidados en estos días en los que la indicación es no salir del hogar.

“El tiempo en casa puede desgastar a las personas que se hacen cargo de los cuidados y de las labores domésticas. Seamos conscientes de que ellas y ellos también merecen descanso para poder realizar estas actividades. […] Todas las personas tenemos derecho a dar y recibir cuidados”, agrega uno de los documentos del Instituto.

Sin embargo, en dos ocasiones, el Presidente Andrés Manuel López Obrador normalizó que estas tareas sean asignadas a las mujeres. Dijo ya en dos conferencias de presa que son las mujeres las que más se encargan de esas tareas y que “los hombres son más desprendidos”.

POBREZA DE TIEMPO 

En entrevista con SinEmbargo, las especialistas Carmen Ponce Meléndez y Lilián Cruz Moctezuma, coincidieron en que a lo largo de la historia esas tareas se le han asignado a la mujer por el solo hecho de ser mujer; sin importar la edad, son las niñas las que tienen la responsabilidad de cuidar y sin tomar en cuenta la educación, porque incluso las mujeres profesionistas, después de su jornada laboral, reportan que en el hogar deben dedicar tiempo a los cuidados.

Para Carmen Ponce, economista y feminista, este tipo de prácticas tienen un valor y además, soluciones. Por ejemplo, la licencia de parternidad que aún no tiene éxito por el machismo que rodea a un hombre que pudiera solicitarla.

“En el hogar, con la limpieza de la casa, no se trata de que ayuden, porque así le llaman. Los hombres y los niños deben colaborar, porque el del hogar es un trabajo compartido […] El Presidente normalizó ese machismo que obliga a las mujeres a hacerse cargo de esas tareas”, comentó.

Lilián Cruz, administradora y maestrante en Estudios de la Mujer por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), dijo por su parte que lo que se observa es que aunque hay una participación mayor de las mujeres en las actividades remuneradas no se ha disminuido la carga de los cuidados o las responsabilidades de cuidar de los miembros de la familia y del sostenimiento diario del hogar con las actividades domésticas.

“Esta contingencia nos está encontrando en un momento en el que cada vez tenemos trabajos con menos prestaciones y eso hace que mucho del trabajo regrese a los hogares”, dijo.

Entre las tareas que habrá en esta contingencia están, Cruz Moctezuma enlistó:

-La contención de salud, para reducir el contagio entonces hay que estar vigilantes, que es algo extra a lo que ya se realiza en los hogares y que hacen las madres, es decir, estar atentas de la sintomatología de la familia

-Vigilantes de los adultos mayores al ser la población más vulnerable.

-Vigilantes de la educación con la escuela y las clases en línea

-Las labores domésticas

-Trabajo de contención emocional, de anticipación y control de crisis.

Entonces es lógico hablar de pobreza de tiempo, “ya que no es solo una pobreza en términos económicos y financieros netamente, sino una pobreza de tiempo para realizar actividades de recreación, atención a la salud, incluso para cuestiones como realizar terapias o actividades de prevención”, explicó Lilián.

Entonces, al ser los cuidados una tarea mayoritaria para mujeres, son ellas las que están ya en esa otra condición de pobreza.

“Hay autoras que hacen ya el recuento de cómo llegamos a la crisis de cuidados, porque implica cadenas globales de cuidados. Dicen que es el asunto de incorporar a las mujeres a la vida laboral remunerada, entonces esta cuestión de ingresar hace que disminuya el tiempo que se dedica al trabajo de cuidados del hogar, pero hace que éstos recaigan en el tiempo libre”, agregó.

El hecho de que se hable de una crisis de cuidados, enfatizó Lilían, es porque se trata de toda una cadena que lleva a problemas más y más graves, con las mujeres como el personaje central.

“Hay sectores que lo resuelven contratando personas para que trabajen en sus casas particulares, como las trabajadoras del hogar remuneradas. Eso hace que recuperen algo del tiempo a las mujeres de esos hogares, pero a su vez ¿qué pasa con las mujeres que trabajan al llegar a sus casas? Hay un sesgo racial, colonial que hace que sea un trabajo asignado a cierto tipo de población. También hay un componente  de migración, entonces ya hay una cadena global de cuidados y una crisis global, porque son las mujeres del sur global las que van a trabajar al norte global con trabajos que se le tienen asignados, socialmente desde luego”, señaló.

“Es una cadena interminable, porque a su vez, las familias de esas mujeres migrantes son cuidados ¿por quiénes? Otras mujeres: la hermana mayor, la abuela, la hermana. Es una cuestión muy compleja en donde son diferentes aristas de la pobreza de tiempo. El impacto es diferenciado de acuerdo a las implicaciones por sexo-género-raza y clase social”, concluyó Moctezuma Cruz.