Magan Rapinoe (izq), con su novia, la basquetbolista Sue Bird. Foto: AP

Tienen razón: si yo pudiera, también votaría por ella. Como el 42 por ciento de los ciudadanos de aquel país, yo también votaría por Megan Rapinoe para presidenta de los Estados Unidos.

“Si los candidatos para Presidente el próximo año fueran la demócrata Megan Rapinoe y el republicano Donald Trump, ¿por quién votaría?”, preguntó la empresa Public Policy Poll en una encuesta nacional publicada hace apenas un par de días, y me lo cuenta a mí mi amigo Fran Ruiz, periodista especializado en política internacional. El resultado fue que la capitana de la selección que acaba de obtener la copa del Mundial de Futbol Femenino ganaría con el 42 por ciento de los votos, mientras que Trump lograría el 41 por ciento y el restante 17 por ciento no sabría a quién votar. Tenemos que seguir trabajando compañera Megan, pienso, para convencer a ese porcentaje de indecisos.

La verdad es que sería una gran cosa que Rapinoe, o Pinoe, como la llaman, se presentara a las elecciones, aunque muy probablemente no suceda. Lo que sí ha sucedido es la fuerza arrolladora que ha alcanzado el futbol femenino, con su carga de reivindicaciones de género, económicas y políticas.

Creo, como lo dice el título de un libro de Victoria Camps, que el XXI será el siglo de las mujeres. Cuando me desanimo –algo que me pasa bastante seguido, no se olviden que soy una melancólica nata y que, como el Angelus Novus de Benjamin, suelo mirar el “progreso” como una “acumulación de ruina sobre ruina”- recuerdo los movimientos de mujeres que hoy cubren el planeta: la marea verde con su demanda fundamental sobre la despenalización del aborto (“Mi cuerpo es mío”), el #MeToo (“No es no”), los feminismos sabios de Abya Yala, las reivindicaciones LGBTTI+ en las que las lesbianas y trans de todo tipo comparten el camino, las mujeres que han quebrado el techo de cristal en círculos usualmente misóginos de enorme poder (empresas, partidos políticos, bancos, organismos internacionales), las que lo han roto en su cotidianeidad doméstica… y ahora: el futbol.

Hago una confesión: soy “pambolera” (como decimos en México) únicamente cuando se me juega lo afectivo en un partido. Es decir, si miro jugar a la selección mexicana, o a la argentina, o si juegan los Pumas de la UNAM. Quizás también con un partido de Boca o del Deportivo Las Palmas (este último equipo simplemente porque mis amigas me contaron que, como usan camiseta amarilla, para animarlos la porra grita “pío pío”. ¿Cómo no volverme su fan?).

Por eso también miro los partidos que sé que en otro país, en otra ciudad, en una casa que tiene las huellas de la vida familiar que tanto extraño, mi padre y mis hermanos también están mirando. Para sentirme su cómplice a la distancia. La nostalgia corre a veces detrás de una pelota.

La Selección mexicana de futbol. Foto: Twitter @miseleccionmx

Y en estos días mi parte a la que le gusta el futbol se entusiasmó viendo jugar a las chicas en los estadios de Francia, y ahí casi no hice distinción geográfica –aunque siempre mi corazoncito es tercermundista y late a la izquierda, ¡a mucha honra!- porque cada gol lo sentía como un gol de todas. ¡Miren que han peleado para llegar ahí, chavas! (pibas, chavalas).

El futbol de las mujeres, aún no acaparado por el millonario mercado que rodea al de los hombres, es un escenario de mucha mayor libertad y compromiso que aquel. En el tema género, por ejemplo, la apertura con que muchas de las jugadores hablan de sus opciones sexuales diferentes a la hegemónica ha marcado la pauta para las adolescentes y jóvenes que las tienen como modelos. Vuelvo al caso de Megan Rapinoe, quien es una conocida activista por los derechos de la comunidad LGBTTI+, está casada con la jugadora de basquetbol Sue Bird, cuatro veces campeona olímpica con el equipo de Estados Unidos. Además forma parte de la demanda colectiva contra la Federación de Futbol de su país en la que ella y otras veintisiete futbolistas demandan pago equitativo para la rama femenil del futbol estadounidense.

También vale la pena recordar los casos de la chilena Fernanda Pinilla, activista contra la homofobia, y de la sudafricana Janine Van Wyk, que fundó en su país un programa integral de futbol para niñas, entre muchas otras jugadoras comprometidas con las reivindicaciones de las mujeres.

Por su parte, las mexicanas de la Selección Nacional,  Stephanie Mayor y Blanca Sierra que hicieron pública su relación amorosa, debieron abandonar el país en 2017 para poder continuar sus carreras lejos de los prejuicios homofóbicos.

La instrucción que nuestras jugadoras reciben por parte de la Federación Mexicana de Futbol es: “Calladita te ves más bonita”.

Hay que decirlo con todas sus letras, como lo escribió la periodista mexicana Érika Paz, “ser mujer y ser futbolista implican una posición política en el mundo”. Una posición política que exige un trato igual al de los hombres, en términos económicos, mediáticos, de espacios (a las mujeres se les dan los peores lugares y horarios de entrenamiento), entre otras reivindicaciones. Por ejemplo, “la bolsa del Mundial masculino de 2018 fuera de 400 millones de dólares en tanto que la de las mujeres este año fuera de apenas 30 millones, es decir ¡ellas ganan tan sólo el 7.5 por ciento de lo que ganan los hombres en la justa mundialista! (1)”.

Mientras los jugadores hombres prefieren no hacer declaraciones políticas, las mujeres aprovechan la visibilidad que están ganando para hacer pública su perspectiva.

Pero ni las preferencias ni el activismo de ningún tipo ni los reclamos salariales se perdonan tan fácilmente.  Todavía es difícil que las jugadoras reciban un trato similar al de sus compañeros hombres.

En la Argentina tienen entrenamientos “en canchas de pasto sintético, cuando los torneos internacionales se juegan en césped natural, botines gastados, ropa deportiva de talles más grandes, incluso, usada –la que sobraba de los planteles masculinos, lo que les llegaba a ellas–, tener que pagar para jugar, giras de partidos amistosos en bondi, con pernocte en el mismo bondi (autobús) porque no les pagaban hotel: son postales de la historia reciente (2)”.

¿Y en México? Aunque los comentarios misóginos y machistas en contra de las jugadoras de futbol no son exclusivos de nuestro país, lo cierto es que mucha más gente de la deseable sea hace eco de ellos: la escasa cobertura mediática, los bajos salarios, el hostigamientos son el resultado. Como todo lo que consiguen nuestras mujeres, se dejan la vida para lograrlo: tienen varios trabajos para completar los vergonzosos sueldos que ganan, entrenan en los ratos libres, no tienen apoyo para viajes… para qué seguir enumerando. Estamos a años luz de los países verdaderamente interesados en sus deportistas de alto rendimiento. Y sin embargo, las futbolistas siguen dando lecciones de grandeza y humildad.

Cada vez que las veo jugar, pienso en esas vidas difíciles que tienen para poder hacer, como las protagonistas de la película británica “Bend it like Bekham”, aquello que aman.

Y sí, como el 42 por ciento de los estadounidenses le daría mi voto feliz de la vida a Megan Rapinoe. Entre otras cosas porque no tiene reparos en decirle a Trump lo que piensa: que es un misógino, homofóbico, que fomenta una política de exclusión y represión al diferente, sea migrante, mujer, homosexual o afroamericano. En resumen: un ser humano execrable.

Poco a poco, más lentamente de lo que quisiéramos pero con paso firme, las mujeres seguimos avanzando. Las más jóvenes vienen pisando fuerte y están abriendo así caminos para millones de niñas que podrán seguir soñando hacer lo que de verdad deseen hacer; muchas de ellas seguramente ya no elegirán jugar como Bekham sino como Rapinoe, o como Charlyn Corral, o como Nayeli Rangel.

¡Gracias, chicas! “Y dale alegría, alegría a mi corazón, es lo único que te pido al menos hoy… (3)”.

(1) Érika Paz, “Mujer y futbolista, una posición política”, en Rompeviento TV
https://www.rompeviento.tv/mujer-y-futbolista-una-posicion-politica/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=mujer-y-futbolista-una-posicion-politica

(2) En https://www.pagina12.com.ar/193213-futbol-y-mujeres-tras-la-marea-feminista

(3) Canción de Fito Páez que se ha utilizado para apoyar a la selección argentina de futbol y para hacer referencia a Diego Armando Maradonna.