VÍCTOR FLORES: TODO EL PODER, TODO EL DINERO

15/04/2013 - 12:02 am
En una fiesta de 2013, con cadenas de oro, y reloj de oro con diamantes. Foto: Cuartoscuro
En una fiesta de 2013, con cadenas de oro, y reloj de oro con diamantes. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 15  de abril (SinEmbargo).– En 1996, Ferrocarriles Nacionales de México empezó su proceso de privatización y miles de trabajadores fueron liquidados a través de un fideicomiso. Ese año, Víctor Félix Flores Morales, dirigente del sindicato, dejó su casa de 50 metros cuadrados y adquirió un edificio completo de departamentos, de acuerdo con una investigación de SinEmbargo.

Sin mostrar preocupación por la acusación de utilizar el fondo de los trabajadores, construyó una biografía meteórica. Pasó a conformar la triada de los dirigentes más poderosos de México, junto con Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps. Incluso entre ellos, Flores Morales se distingue: el cúmulo de 14 mil denuncias en su contra en la PGR, que van desde desfalcos hasta fraudes, supera todos los récords.

La siguiente es su historia.

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17 de julio de 1993. Madrugada:

Como muchas otras noches, un hombre desciende de su automóvil Grand Marquís en el estacionamiento del hotel Pontevedra de Santa María la Ribera en la ciudad de México. Lo acompaña la misma mujer de las otras tantas noches.

El hombre tiene planeado hablar en la explanada de Buenavista ante miles de trabajadores. Este día se conmemorará la nacionalización de los ferrocarriles mexicanos, una celebración pospuesta un mes pues el decreto del ex Presidente Lázaro Cárdenas es de junio de 1937. El discurso del hombre está anunciado para las ocho de la mañana.

Pero alguien sale de la penumbra. Y ese alguien –aún protegido por la sombra del anonimato veinte años después- inmoviliza al hombre con dos disparos certeros, uno en la nuca y otro en la parte baja de la espalda.

El hombre se queda solo.

El sicario aborda un coche. La mujer se sube al Grand Marquís y empieza a perseguirlo por Insurgentes Norte, casi hasta el Monumento a La Raza. No lo alcanza.

El sol se desploma sobre la ciudad de México y ella regresa al hotel. El hombre está tendido, cubierto todo con una manta blanca, inmóvil, sin halo de vida, bañado en su propia sangre.

Los periódicos matutinos preparan la noticia: “En riña de borrachos, muere Praxedis Fraustro Esquivel, secretario general del Sindicato Nacional de Ferrocarriles de México”. “Asesinan a Praxedis”. “Abatido en hotel, el líder ferrocarrilero”.

Pasarán veinte años. Y nada se sabrá de este asesinato.

En un evento del PRI en 2011, con un discreto reloj de correa de cuero. Foto: Cuartoscuro
En un evento del PRI en 2011, con un discreto reloj de correa de cuero. Foto: Cuartoscuro

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Antonio Castellanos Tovar sustituyó a Praxedis Fraustro Esquivel en la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (SNTFRM). Bajo el rigor de los estatutos, no tenía derecho: a sus 85, estaba jubilado dos veces, una por Ferrocarriles Nacionales de México (FNM) y otra, por el sindicato de un cargo en Previsión Obrera.

En las elecciones en las que se encumbró Praxedis Fraustro, Castellanos Tovar fue suplente en la planilla opuesta, Héroe de Nacozari, que postuló a Jorge Peralta Vargas (mensajero, boletero en Veracruz; y secretario general de 1986 a 1989). Pero Castellanos Tovar ocupó la silla unos meses. En 1995 habría votaciones de nuevo. Y un joven nacido en Veracruz, apodado “el hombrecillo” por su baja estatura y complexión delgada, bigote estilo Zapata y tesorero del sindicato, ganó sin oposición.

Su nombre: Víctor Félix Flores Morales y a partir de entonces, integrante de la triada de los dirigentes más poderosos de México, junto con Elba Esther Gordillo del gremio magisterial y Carlos Romero Deschamps, de los petroleros.

Los tres se consolidaron como seres del poder. Sus signos, a la luz de las décadas, son inconfundibles. Reelecciones en votaciones internas con batallas a palos, botellas rotas o balazos; vidas ostentosas y cúmulos de demandas en la Procuraduría General de la República (PGR). Los tres quedaron unidos por un conocimiento demostrado de las reglas de la negociación política y los vericuetos de las leyes.

Pero el de los ferrocarrileros se distingue. El cúmulo de demandas en su contra supera a las de los otros dos con creces: 14 mil, según una fuente de Averiguaciones Previas de la PGR. Víctor Flores Morales está acusado del saqueo del fideicomiso para la jubilación en el proceso de privatización de FNM entre 1995 y 1996, la ficticia venta de casas del Infonavit en Azcapotzalco y Tlalnepantla en 2001, y el fraude a pensionados de Empalme, Sonora en 2006, entre otras cosas. En cada historia hay dinero. Más de 700 millones de pesos, si se sigue el rastro que dejan las demandas.

A él no le gusta hablar. No concede entrevistas. Diputado federal tres veces (1997-2000; 2003-2006 y 2009-2012) jamás subió a la tribuna. Sólo dos eventos lo dibujan como legislador: le regaló un reloj Cartier a una Diputada y le arrebató la máscara de marrano a Marco Rascón. Nada más en ese escenario.

Tampoco en el sindicato o el Congreso del Trabajo –instancia que presidió tres veces- se lució por dotes oratorias. En la lectura del discurso de su reeleción de 2006, dijo: “El páis en el que vive el líder tiene problemas que se están superando y las gentes que jueron ya regresaron”. Aquella vez, abandonó el micrófono entre las risas de los trabajadores.

Ese mutismo no le ha impedido hacer amigos. Al grado que lo reconocen en público. Así lo hizo el ex Presidente Ernesto Zedillo poco antes del anuncio de la privatización de FNM y más tarde, Francisco Salazar, quien fuera secretario del Trabajo durante el foxismo.

Su estrategia corporativa ha sido crecer a toda costa. Casi a contracorriente. Contado por número de agremiados, Víctor Flores Morales sólo representa a 45 mil trabajadores, una cifra muy lejana a los millones de maestros o petroleros. Pero, por lo menos hasta 2018, se mantendrá en su puesto de secretario general del sindicato ferrocarrilero debido a la modificación que él mismo hizo de las cláusulas del organismo. Desde que asumió, el Contrato Colectivo adelgazó tanto que de un plumazo pasó a tener, de tres mil 35 cláusulas a sólo 208. Hoy, en 2013, el documento tiene 38.

“Estamos ante el dirigente con mayor habilidad política en cuidar la camisa. Ante un hombre del sistema que se sabe protegido. Conoce bien que el momento político tampoco es para que él sea criticado o examinado”, lo resume Alfonso Bouzas, especialista en sindicalismo mexicano del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Marco Leyva Piña, investigador del sindicato ferrocarrilero, por la UAM Iztapalapa, piensa que la alianza con el gobierno del gremio de los rieleros permitió la privatización de la industria. Desde entonces, hay un pacto irrompible entre el líder y las autoridades.

CÓMO NACE UN LÍDER

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“(Agradezco) en especial al liderazgo firme, combativo y comprometido con las mejores causas de México y de su gremio, ¡el compañero, Víctor Flores!”. Fue la frase emocionada del ex Presidente Ernesto Zedillo el 7 de noviembre de 1995, al conmemorar el Día del Ferrocarrilero.

Pocos meses después, Zedillo anunció la privatización de FNM. En forma paulatina, en un proceso que aún no concluye, el Estado empezó a retirarse de la operación de la empresa creada por Porfirio Díaz en 1910 y escenario de una de las huelgas de comunistas más emblemáticas, la de Demetrio Vallejo en 1959.

Un equipo de expertos trazó la nueva política de los rieleros, que los sacó de sus viejos cuarteles y los puso frente a la disyuntiva de la liquidación voluntaria, no siempre con éxito. En 1995, el gobierno presentó al Congreso una iniciativa para modificar el artículo 28 de la Constitución, que reservaba al Estado la exclusividad de explotación de los ferrocarriles. No tardó mucho la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario de la que se desprendieron las bases para la entrada del sector privado. Una empresa extranjera no podía disponer de más del 49 por ciento de la compañía y las concesiones fueron otorgadas por 50 años. Hoy, FNM continúa en liquidación.

“En esa época, Flores estaba jodido”, abona un ferrocarrilero jubilado, avecindado en la colonia Guerrero de la ciudad de México. “No se cambiaba de ropa. Siempre con una gabardina vieja, hiciera calor o frío. Le llegaba hasta los pies, casi la arrastraba. Él se veía más chaparro, con el perdón”.

El reflejo de aquellos tiempos es la casa de 50.65 metros cuadrados, en el condominio número 215 de la calle Guerrero en la colonia del mismo nombre. Ahí vivía quien hoy dirige a 49 mil trabajadores de trenes y cuyo poderío por número de agremiados se ha extendido a los 11 millones del Congreso del Trabajo del que ha sido presidente tres veces. Grafitti –con mensajes de amor- cubre la fachada de la unidad habitacional. El número, pintado en negro a plumón, se desdibuja al lado de una gigantesca cara feliz.

Víctor Flores Morales no habita más ahí. 1996 fue un año bendito. Por lo menos para él. El dirigente compró al contado un edificio de departamentos en la calle Edison, número 165 de la colonia San Rafael. Las viviendas estaban hipotecadas y saldó los adeudos al contado. En diferentes transacciones, pagó un millón 431 mil 118 pesos (Folios 474776, 686358, 9441469, 9441469 del Registro Público de la Propiedad del Distrito Federal, de acuerdo con una búsqueda a cargo de SinEmbargo).

Quién le iba a decir a Flores Morales cuando fue guardacrucero en 1974 que veinte años después ayudaría a dar los cambios de señales en el proceso de privatización. Sólo en los talleres de la región de Benjamín Hill, logró la renuncia voluntaria de ocho mil trabajadores, aunque a la postre, los mismos se pusieron en su contra por la falta de liquidación.

De poco le valían los claroscuros. El restaurante Angus de la Zona Rosa se volvió el sitio más recurrente para cerrar acuerdos. Los coches BMW su forma de transporte por la ciudad de México. Y las joyas de oro su adorno. Llegó a pagar cuentas de cien mil pesos. Manuel Castillo Alfaro, un líder exferrocarrilero, hoy con residencia en el puerto de Veracruz, descubrió en 1995 que en el sindicato había un desfalco por 25 millones de pesos. Este ex dirigente admite que pudo constatar que Víctor Flores había sustraído en 1994 esa cantidad en varios cheques con el argumento de que serían para la campaña de Ernesto Zedillo. En la PGR está archivada la denuncia ACO/17/DO/95 por ese hecho. Jamás se le dio cauce.

De esa época, bajo su nombre, hay otra acusación: el saqueo del fideicomiso creado después de la venta de FNM, para asegurar la pensión de 52 mil ex trabajadores. De los 416 millones de pesos que el gobierno federal aportó, Flores habría desviado hacia sus cuentas personales 400 millones de pesos, según la averiguación previa número AP/PGR/SON/HER-1/1180/2006. Jamás se le dio cauce.

UN ABANICO DE DENUNCIAS

Las denuncias ante la PGR se desgranan.

 2001.- El dirigente gestionó ante el Infonavit créditos a nombre del sindicato de ferrocarrileros para la construcción del Fraccionamiento Democracia Sindical, en Avenida Ceylán, en Azcapotzalco. Un año después, la Delegación clausuró la obra por no contar con permisos. En Tlalnepantla, estado de México, ofreció otros 74 edificios de viviendas que tampoco entregó.

 2003.- Desfalco de fondos de Sociedad Mutualista Previsión Obrera.

 2004.- Irregularidades en el proceso de liquidación de FNM (Diferentes a las del fideicomiso).

 2006.- Utilización a su favor de los recursos de un fideicomiso creado para la jubilación de los trabajadores de Empalme, Sonora. 400 millones de pesos.

 ¿QUÉ CORRE POR TU SANGRE?

“Para entonces, Flores Morales era considerado traidor por ayudar en la venta de FNM. Lo acusaron de haber mostrado una actitud cobarde”, expresa Fernando Miranda Servín, uno de los biógrafos de los dirigentes del sindicato ferrocarrilero y quien estuvo a cargo de la edición de una revista informativa para los trabajadores en el proceso de privatización.

Pero el estigma no impidió el avance de su carrera. El mismo 1996 llegó a la vicepresidencia del Congreso del Trabajo y al año siguiente lo presidió. Sus elecciones empezaron a inscribirse en la historia con el signo de las prácticas desesperadas en un sindicalismo que poco a poco, perdía clientela, pero no poder. El 18 de febrero de 2006, cuando el movimiento obrero organizado, cumplía 40 años, hombres armados con palos y alcoholizados –según el reporte de ese año de la policía capitalina- resguardaron el edificio del CT. Víctor Flores Morales era reelegido por tercera vez. Poco después, en la ceremonia del 99 aniversario del trabajador ferrocarrilero, rindió protesta por otro periodo de seis años en la dirigencia del sindicato y se otorgó a sí mismo el premio Víctor Félix Flores Morales por méritos laborales. El premio es una réplica de un tren en cristal y oro.

SER NIÑO EN EL PUERTO

Hijo de Faustino y Genoveva, vio la primera luz el 6 de marzo de 1939 en el puerto de Veracruz. Su niñez la pasó con un par de zapatos y unas chanclitas. Su padre tuvo varios oficios. La casa era de madera y teja, en la colonia Centro, en el 1140 de Vicente Guerrero. Con el tiempo, esa vivienda también cambió de rostro. Hoy tiene circuito cerrado. Ya es de material firme.

Otras cosas han cambiado. A Flores Morales lo llaman “patrón” o “Rey Midas”. Nunca está solo. Va en medio de guardaespaldas, con zapatos de marca.

Pocos quieren hablar de él. No del Víctor Flores de ahora. No del ex Diputado ni del dirigente sindical. No del tipo que “todo lo que toca lo convierte en oro” y por eso tiene ganado el apodo. Cuando lo hacen, los mayores de 60 años coinciden en los recuerdos. “Era maestro de baile. A varias les enseñó a bailar el vals de quinceaños. Era flaquito, muy prietito. Pero eso se le pasó”.

Un vecino dice: “Era una familia muy buena, de veras buena. Las hermanas eran secretarias”. El hombre se refiere a Mercedes y Consuelo. Víctor tiene otros dos hermanos varones, Faustino y Ramón.

Su juventud también transcurrió en el puerto. La experiencia operativa en trenes la acumuló de 1970 a 1974, periodo en el que fue llamador de tripulación y guardacrucero. Hasta ahí fue rielero. En cambio, su carrera sindical se encarriló desde que ese año consiguió un puesto en la sección 28 de Veracruz. Para 1975 ya era secretario de ajustes y de 1977 a 1980, auxiliar del secretario general.

Ese fue el primer capítulo de la extensa biografía sindical que se iría construyendo con los meses y los años. En 1986 llegó el parteaguas. Jorge Peralta fue electo como secretario general y desde entonces, Flores Morales no se le despegó.

Peralta había pisado la cárcel. En 1962 lo acusaron de la muerte de un ferrocarrilero en un hotel de Veracruz. Cuando recuperó la libertad, en el trienio de la presidencia municipal de su primo, Mario Vargas Saldaña, se convirtió de inmediato en comisionado del sindicato.

El escritor Miranda Servín, cercano y crítico del abatido líder Praxedis Fraustro, recuerda que Flores Morales se convirtió en alguien que hacía “de todo”. Incluso, a veces, le sirvió de caballito al hijo de Peralta.

“A SUS ÓRDENES, SEÑOR”

La otra clave en esta carrera política es la identificación del momento preciso. Salir a la luz de los reflectores o protegerse de ellos en el momento adecuado. En veinte años, el dirigente nacional de los ferrocarrileros, Víctor Flores Morales se ha hecho visible, pero a la vez se ha cubierto con el enigma. Una de las imágenes más descritas por los trabajadores jubilados es cuando paró de tajo al ex Presidente Vicente Fox el 4 de julio de 2000, dos días después de las elecciones.

Lo interceptó en un hotel. Se cuadró. Le diría: “¡A sus órdenes, señor!”

El escritor Fernando Miranda piensa que fue el miedo y el manejo del miedo lo que forjaron la personalidad férrea de Víctor Flores Morales. “A Praxedis Fraustro, le tenía mucho miedo. Miedo del de a de veras. Pavor. Al grado que como tesorero del sindicato, dejó de ir a sus oficinas. Praxedis Frausto era un tipo muy violento. Y en tamaño, lo doblaba. Víctor no hacía nada. Se escondía”.

Los guaruras han sido una característica del líder ferrocarrilero. A la Cámara de Diputados jamás llegó sin ellos. Lo custodiaban incluso cuando iba al baño.

PRAXEDIS FRAUSTRO

En realidad, Praxedis Fraustro era temible. De 1.85 metros de estatura, corpulento, no pensaba antes de irse a los golpes, dibujan algunos excolaboradores. En los días previos a su asesinato, había tenido altercados sobre todo, con Jorge Peralta Vargas. Ambos, se acusaban de corrupción, de robarle al sindicato, de tener ventajas ilegítimas.

Un año antes, disputaron la secretaría general. Las señales indicaban que Peralta repetiría en el cargo. Pero Praxedis Fraustro Esquivel, candidato de la planilla Solidaridad, nacido en Nuevo León, apoyado por el entonces Presidente de la República, Carlos Salinas, y el secretario general saliente, Lorenzo Duarte, se encumbró en segunda instancia. En la primera elección había ganado Peralta. Su triunfo fue anulado en medio de una violenta discusión. “Jamás se repuso de la afrenta”, reconstruye Miranda.

Por la muerte de Praxedis Fraustro pagaron Efraín García Torres, secretario particular, y Vicente Valencia Saavedra, maquinista y colaborador cercano. Fueron encerrados en el Reclusorio Preventivo Norte. Para la aprehensión, la PGR se basó en que ellos lo acompañaban siempre. Pero cuando lo mataron, no estaban.

Un año más tarde salieron libres, absueltos por falta de pruebas.

RÓBATE UN SOLO CENTAVO…

En 1993, el dirigente nacional del sindicato de Ferrocarriles, Praxedis Fraustro colocó cámaras de video en las oficinas del tesorero Víctor Flores Morales.

Él lo sabía. Praxedis Fraustro se había encargado de hacérselo saber. Con frecuencia, le preguntaba a su guardaespaldas: “¿Sí o no le dije? Mira, Víctor, róbate un solo centavo y te parto la madre, te ando dando una madriza, me vale madre que seas un pinche enano y échame a tu papá Peralta, con él si me puedo dar en la madre porque somos del mismo peso”.

La madrugada del 17 de julio de 1993, todo cambió. Praxedis Fraustro cayó en el charco de su propia sangre. Dos años después, Víctor Flores Morales se encumbró como nuevo dirigente sindical. No ha dejado ese puesto.

Opinión