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Alejandro Calvillo

16/03/2024 - 12:05 am

La Guerra de la Tortilla

“El maíz transgénico es un maíz diseñado con dos objetivos: como alimento para animales destinado a aumentar su peso, y como grano para la producción de azúcar (jarabe de maíz de alta fructuosa). De ahí, que introducirlo a nuestra tortilla, como testimonian varios agricultores estadounidenses, significa degradarla por tratarse de un producto no para alimentar, un producto de muy mala calidad”.

Entre la guerra de los pasteles contra los franceses y la guerra de la tortilla contra los estadounidenses han pasado 185 años. En la primera llegaron 26 navíos de guerra franceses a nuestras costas veracruzanas, en la segunda, el Gobierno estadounidense amenaza con severos castigos comerciales a México, los nuevos tanques de guerra son las sanciones comerciales para proteger a las grandes corporaciones globales.

La primera fue bautizada como la guerra de los pasteles por un panadero francés que exigía se le indemnizara por los daños que había sufrido por el levantamiento armado en años anteriores, demanda levantada contra el Gobierno mexicano por un grupo de franceses que viviendo en México exigían indemnización por los daños sufridos.

La segunda, la guerra actual, la guerra de la tortilla, surge por años de resistencia contra la introducción del maíz transgénico en nuestro territorio, y, en especial, contra su uso en la elaboración de nuestra tortilla. Un maíz transgénico cuya siembra se ha prohibido en varias naciones, un maíz que contiene altas cantidades de residuos del herbicida glifosato por el cual la compañía Monsanto-Bayer ha tenido que pagar millones de dólares en indemnizaciones por sus afectaciones en salud a agricultores en los propios Estados Unidos.

Pero no se trata de una demanda del Gobierno mexicano al estadounidense por su responsabilidad de introducir a nuestro país una semilla transgénica con altos residuos de glifosato, no se trata por el hecho de que estas semillas han llegado a contaminar variedades criollas en este país que es centro de origen de este cultivo. El reservorio genético de maíz que representan las variedades criollas es un patrimonio de la humanidad, ya que se trata del maíz que es el cultivo de mayor importancia en el mundo por la cantidad en que se produce.

Una y otra vez, el Gobierno estadounidense y sus aliados mexicanos, que en realidad se trata de aliados de las grandes corporaciones de agroquímicos y semillas, que son las mismas, argumentan que no hay evidencia científica para prohibir la entrada de maíz transgénico a México, que no hay evidencia de sus daños en salud. Lo dicen sobre una semilla y un herbicida ligado a esa semilla íntimamente, porque la semilla no se puede cultivar sin ese herbicida, producidos por una empresa, Monsanto, que tiene una muy larga lista de productos introducidos al mercado que han tenido que salir por severos daños a la salud y los ecosistemas. Y el retiro de estos productos del mercado se ha dado después de muy largos procesos en que la empresa y sus aliados seudocientíficos y funcionarios, negaron sus daños a la salud y el medio ambiente.

Reclaman que no hay evidencia científica cuando la autorización de estas semillas y agroquímicos se han dado sin evaluaciones independientes, sin que las autoridades regulatorias estadounidenses hayan realizado las evaluaciones necesarias, cuando sus autorizaciones se han dado a partir de información proporcionada por las propias empresas, cuando a los investigadores independientes que han advertido sus daños se les retiran los fondos para evitar que continúen con sus trabajos.

El Gobierno mexicano ha entregado una respuesta a esta disputa comercial entablada por el Gobierno estadounidense contra el mexicano por la decisión de prohibir la importación de maíz transgénico para la elaboración de la tortilla. Llama la atención que en este proceso no hayan mencionado nada con relación a la prohibición de la importación del glifosato. El Gobierno estadounidense, al no volver a mencionar el tema del glifosato muestra claramente que no quiere tocar el tema por la evidencia abrumadora sobre los graves efectos que provoca este herbicida en la salud, teniendo como telón de fondo las mencionadas multas millonarias que Bayer-Monsanto ha tenido que pagar en los propios Estados Unidos a agricultores por los daños en salud que les ha provocado y, teniendo también como telón de fondo el anuncio de Bayer de que está desarrollando un sustituto al glifosato, aunque vuelve a repetir que es seguro: ¿por qué entonces paga multas millonarias aafectados? ¿Por qué anuncia un sustituto?

El tema aquí, en otro momento se puede hablar de los riesgos del maíz transgénico en la salud y el medio ambiente, es la exclusión que está haciendo el Gobierno de Estados Unidos de la discusión del glifosato. La organización Friends of the Earth presentó una postura sobre el caso señalándolos riesgos potenciales a la salud del consumo de maíces transgénicos que contienen proteínas insecticidas (maíces que contienen la toxina Bt) y/o que presentan residuos del herbicida glifosato. La respuesta del secretariado del Panel al respecto llamó a: “excluir cualquier discusión sobre herbicidas a base de glifosato y endotoxinas Bt; que es una cuestión de hecho que no está ante este Panel, y centrarse únicamente en los impactos a la salud humana y el medio ambiente del maíz transgénico”.

La evidencia científica, presentada por el Gobierno mexicano al Panel, incluye 66 referencias a artículos científicos publicados en revistas revisadas por pares sobre el maíz transgénico resistente a insectos BT. Las referencias a 74 artículos académicos publicados en revistas científicas sobre el riesgo potencial del consumo de maíz transgénico con residuos de glifosato, residuos que se han comprobado estar presentes en la tortilla en México. Esta situación se da a pesar de que está prohibida la siembra de maíz transgénico en México y a que cultivamos suficiente maíz blanco para elaborar la tortilla, por lo cual se justifica plenamente la prohibición en la elaboración de la masa para la tortilla que se da principalmente por las grandes harineras como Maseca.

Entre la evidencia presentada sobre los riesgos potenciales del consumo de maíz transgénico se encuentra las propias advertencias de la comunidad científica estadounidense libre de conflicto de interés. Un ejemplo es el de la Academia Americana de Pediatría que por su naturaleza es cauta en cuanto a evaluar efectos a mediano y largo plazo. “No existen estudios epidemiológicos a largo plazo que hayan sido publicados para evaluar el potencial impacto en salud de los alimentos transgénicos y la exposición a los herbicidas asociados, así que las conclusiones acerca de la salud se realizan en ausencia de datos disponibles”.

El consumo de maíz es diez veces mayor en México que en los Estados Unidos, esto significa, en el caso del consumo de maíz transgénicos, que nuestra exposición puede ser mucho mayor. Por otro lado, el maíz transgénico es un maíz diseñado con dos objetivos: como alimento para animales destinado a aumentar su peso, y como grano para la producción de azúcar (jarabe de maíz de alta fructuosa). De ahí, que introducirlo a nuestra tortilla, como testimonian varios agricultores estadounidenses, significa degradarla por tratarse de un producto no para alimentar, un producto de muy mala calidad.

La guerra de la tortilla, es una guerra entre: de un lado, la defensa de nuestro principal cultivo, nuestro principal alimento, nuestra semilla resultado de 9 mil años de agricultura; y del otro, las grandes corporaciones de los agroquímicos y las semillas que devastan la tierra y la salud.

Alejandro Calvillo
Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador de Greenpeace México donde laboró en total 12 años, cinco como director ejecutivo, trabajando temas de contaminación atmosférica y cambio climático. Es miembro de la Comisión de Obesidad de la revista The Lancet. Forma parte del consejo editorial de World Obesity organo de la World Publich Health Nutrition Association. Reconocido por la organización internacional Ashoka como emprendedor social. Ha sido invitado a colaborar con la Organización Panamericana de la Salud dentro del grupo de expertos para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia. Ha participado como ponente en conferencias organizadas por los ministerios de salud de Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Chile, así como por el Congreso de Perú. el foro Internacional EAT, la Obesity Society, entre otros.

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