Una tira de pastillas, justicia, una tuerca, una bata azul, flores secas, mi nombre no se olvida, azulejos rotos, precaución, coronas secas, el escombro es el gobierno, tu nombre es el mío, vasos de velas, unicel que antes fue pared, escobas, dos altares, una etiqueta, kids time pelota, una bandera que sólo pende de un hilo, ¿a cuántas dejaron sepultadas?

Eso es lo que queda y lo que puede verse en las paredes y en el piso de lo que era el edificio ubicado en el número 168 de la calle de Bolívar esquina con Chimalpopoca en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Fue uno de los sitios que más generó dudas y hasta el momento persisten. A un mes de distancia hay poca información certera sobre lo que sucedía ahí adentro: las empresas, las y los empleados y las condiciones laborales que habrían hecho de las personas víctimas potenciales ante un sismo de tal magnitud.

Ciudad de México, 18 de octubre (SinEmbargo).- El edificio de cuatro pisos ubicado en el 168 de la calle de Bolívar no tardó en derrumbarse luego del sismo de las 13:14 horas del 19 de septiembre pasado, de hace un mes.

La noticia tampoco tardó en regarse y la ayuda tampoco tardó en llegar. La reacción inmediata fue empezar a quitar escombros, salvar vidas.

El punto de inmediato se convirtió en tragedia. Era un centro de trabajo y a esas horas estaba lleno.

La información comenzó a fluir y de repente, ese derrumbe se convirtió en una noticia que se escuchó y que dolió otra vez como hace 32 años, también un 19 de septiembre: otra vez eran mujeres costureras las que estaban bajo los escombros.

Desde ese día los voluntarios acudieron a un llamado que nadie hizo, pero que estaba en el aire. Así transcurrieron los siguientes días, mañana y noche. Estaban los que quitaban escombros, los que traían camiones para llevarse lo que fueran sacando, los que repartían comida, los que repartían electrolitos, los que inyectaban contra el tétanos…

Pero en este punto, como en el resto, la información verídica no fluyó de manera oportuna, tanto por el lado de las autoridades de gobierno que daban datos a cuenta gotas, como de los patrones y de un sindicato que hasta el momento no se han pronunciado ni ha dado la cara.

Organizaciones civiles documentaron el predio de Chimalpopoca desde las primeras horas luego del sismo y de inmediato saltaron una serie de irregularidades y falta de información respecto al sitio de desastre y del actuar de las autoridades. No había, ni hay todavía, respuestas de sobre las condiciones del inmueble, el motivo del colapso y cuántas personas estaban ahí en el momento del derrumbe, cuántas murieron, cuántas fueron rescatadas, cuántos heridos, si hubo desaparecidos, quiénes son los dueños, qué empresas estaban ahí. Las dudas siguen.

La incertidumbre provocó una oleada de especulaciones que terminó incluso en enfrentamientos de civiles con elementos de la policía el 22 de septiembre.

Luego del sismo de 1985 se hizo público que las mujeres que trabajaban en la calle de Belisario Domínguez del Centro Histórico, no lograron salir porque estaban encerradas con un candado. En Bolívar, la salida era a través de un escáner por el que tenían que posar su huella digital.

El edificio de Bolívar 168 funcionaba como fábrica de telas, tienda de ropa, de bisutería. Estaba una bodega de New Fashion del empresario de origen israelí, Jaime Azkenaz; se maquilaba ropa para mujer y el dueño era el empresario José Lee, y estaba la bodega de juguetes ABC Toys, que era operada por coreanos.

Con la tragedia encima, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong llegó ahí y fue repudiado. Le chiflaron y le gritaron que se fuera. Y se fue.

Un mes después, quedan dudas y reclamos plasmados en las paredes que rodean el predio que ahora está vacío. “¿A cuántas dejaron sepultadas?”. Conforme pasaban las horas desde el 19 de septiembre, primero se dijo que se habían sacado 21 cadáveres; que había mujeres asiáticas entre las rescatadas. Luego que se estimaba que adentro había 200 mujeres.

Hubo poca certeza desde el primer minuto.

Ahí siguen tres coches destruidos, paredes de unicel, coronas que ya están secas, cubetas, pedazos de columnas que costaron la fuerza de hasta 20 personas para retirarlas en busca de vida, botellas vacías de electrolitos, una escuela sin niños y consignas: “ni una más sepultada por la corrupción”, “vivas o muertas, nuestros cuerpos no son desecho”, “la vida de una costurera vale más que todas sus máquinas” y “tu nombre es el mío”.

Y también continúan ahí las responsabilidades, porque a un mes, no se sabe quién es el dueño del edificio, quiénes son los dueños de las empresas, cuántas personas había adentro en el momento del derrumbe, cuántos murieron.

Hay preguntas por parte defensores laborales de costureras que siguen sin respuesta: ¿quién o quiénes era los dueños de las empresas que operaban en Bolívar 168?, por ejemplo. Foto: Sandra Sánchez, Galdoz, SinEmbargo

LAS IRREGULARIDADES Y LAS DUDAS

De acuerdo con el seguimiento realizado por Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales AC (ProDESC), desde las primeras horas saltaron varias versiones “confusas y contradictorias” provocadas en gran medida por la falta de información oficial.

En entrevista con SinEmbargo, Norma Cacho Niño, coordinadora de Procesos Organizativos de Prodesc, contó que esta organización, junto con Poder y Serapaz, realizaron una misión de observación para empezar a analizar lo que sucedía, porque por toda la información que salió sobre el predio de Chimalpopoca se crearon confusiones. Al llegar a corroborar dicha información, se dieron cuenta de la opacidad que permeó el punto desde el primer día.

“El predio de Chimalpopoca ha sido uno de los casos en medio de todo lo que ocurrió, que nos han dejado muchas preguntas. Lo que a nosotros nos preocupaba muchísimo era la falta de información certera sobre cuántas razones sociales había ahí, cuántas trabajadoras y trabajadores había en ese lugar ese día a esa hora, cuántos cuerpos de encontraron, cuántos sobrevivientes hubo, cuántas personas heridas, cuántas estaban desaparecidas y también estaba el tema de las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras”, explica.

Ofrenda para las víctimas en el predio de Bolívar y Chimalpopoca, donde aún no se sabe oficialmente cuántas personas murieron tras el terremoto del 19 de septiembre pasado. Foto: Sandra Sánchez Galdoz, SinEmbargo

Agregó que en Bolívar 168 fue evidente la falta de información y omisión de las autoridades del Gobierno de la CdMx que estaban al mando de las acciones de rescate. Hubo gente en el lugar con la idea de poder ayudar en las labores de rescate, pero la información no ayudó a eso. Hubo diferencias entre lo que decían las brigadas civiles y luego las autoridades.

Como en los otros puntos, la presencia de la sociedad civil no organizada fue la que ayudó en las labores de rescate y estuvo ahí cuando fue necesario. Fueron los que hicieron la diferencia en muchos de los puntos de desastre en la recolección de víveres, mantuvieron organizados a los brigadistas en labores de rescate, organizaron la alimentación.

“En Chimalpopoca se generó la gran presencia de colectivos feministas y además de brigadas solidarias. El punto llamó la atención y llamó a la acción porque toda la información que llegaba era que había mujeres atrapadas en la línea de trabajo textil. Eso movilizó muchísimo porque históricamente ha sido parte de las demandas del movimiento feminista, la cuestión de evidenciar las condiciones de precarización del trabajo de las mujeres en general”, comentó Cacho Niño.

La presencia de muchas personas y la información a cuenta gotas, provocó que la información no se verificara; se dijo que ahí había una maquila, que había más de 100 personas en ese lugar, pero hasta el momento no se ha podido constatar y entonces, persisten las dudas.

Fue en ese momento cuando se dijo que había un sótano en el que podría haber mujeres.

“Cuando ocurre lo del sótano, fue porque se insistió mucho. Fue una situación colectiva de mucha desesperación, porque nadie había corroborado si estaba o no. Ninguna autoridad se apersonó en ese momento para deslindarse de esa información y en todo caso de responsabilidades. Dejaron a la gente golpeando el piso buscando el sótano y eso fue muy irresponsable y genera preguntas”, agregó Norma.

Leyenda que exige justicia para las costureras que operaban en el edificio que colapsó en la colonia Obrera, donde se calcula trabajaban unas 100 personas. Foto: Sandra Sánchez Galdoz, SinEmbargo

LOS PENDIENTES

Finalmente, Prodesc consideró varios puntos que a un mes del sismo y de la tragedia de Bolívar y Chimalpopoca no deben perderse de vista.

Uno de ellos es sobre quién pesa la responsabilidad de todos los que estaban trabajando en el edificio y si tenían seguro social; de la existencia un sindicato que las protegía y que hasta el momento no se sabe nada de él ni del líder sindical que no ha hecho ninguna declaración pública.

“El espacio generó mucha suspicacia y reclamamos información. Debemos tener la certeza de cuáles eran las condiciones laborales de estas trabajadoras antes del sismo que las convirtió en víctimas potenciales, más vulnerables en un sismo. No sabemos si tenía las salidas de emergencia pertinentes, extintores, escaleras óptimas, protocolos de emergencia. Y si no existían, esas mujeres estaban en riesgo de muerte. La autoridad del trabajo tiene que insistir en lo que era antes y tenemos que ver qué pasó con las que sobrevivieron”, concluyó Cacho.