Vida y milagros de la crónica en México presenta 12 años de trabajo e investigación por parte de una estudiosa de los géneros y sus contenidos. Este, más que un libro polémico, obliga a entrever los conceptos que tenemos de crónica y a rever de qué manera observamos la realidad respectiva.

Ciudad de México, 18 de noviembre (SinEmbargo).- Vida y milagros de la crónica en México contempla que como es la crónica literaria un género al que no muchos han prestado atención, ha transitado por caminos de crecimiento e independencia, teniendo su origen casi en el uso del español, nuestra lengua.

No hablamos sólo de crónica del narco, como los que dan premios a algunos periodistas nos quieren hacer ver, sino de crónica de todo, contar el país cuándo nos pasa. Crónica frívola, crónica de espectáculo, crónica deportiva, crónica como casi toda “la literatura mexicana funciona como tal”, dice Sara Sefchovich.

“Una carta de Hernán Cortés que un poema de Bernardo de Balbuena, un recuerdo de Guillermo Prieto que una novela de Rafael Delgado”, quien incluye como parte de la crónica tanto la descripción de una calle de Luis González Obregón como el recuento de una cena de intelectuales de Alfonso Reyes o bien “los intentos de comprensión del indio de Ricardo Pozas que los análisis de tipos urbanos de Carlos Monsiváis: todo apunta a cumplir con los objetivos y funciones de la crónica. ¡Hasta las canciones y poemas!”.

De esta manera, marca que no existen fronteras de género claras y definitivas, donde incluye como crónicas los textos de José Joaquín Fernández de Lizardi y Vicente Riva Palacio, Mariano Azuela y José Revueltas, José Emilio Pacheco y José Joaquín Blanco. “Y las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, el Duque Job y Elena Poniatowska son, además de lo que se proponen, novelas y poemas.”

Sara Sefchovich es articulista en El Universal, con una obra traducida a siete idiomas y llevada al cine, teatro y radio, es autora de los libros de ensayos La suerte de la consorte, País de mentiras y El cielo completo. Mujeres escribiendo, leyendo, así como de las novelas Demasiado amor, La señora de los sueños y Vivir la vida.

–Tú dices que la crónica literaria es lo mejor de la literatura mexicana, ¿por qué lo dices?

–Tenemos grandes novelistas, grandes poetas, pero el tema del conjunto, como género, el que más ha sido importante y que más ha desarrollado todo lo que pasa en México, el que más ha lucido en términos de narrar, es la crónica. En la novela encuentras pésimos trabajos, como decía Max Aub, como decía Rosario Castellanos: “el mundo se está cayendo y la novela mexicana no da una”. Por supuesto rescatamos a los grandes, pero en términos de la crónica puedes rescatar a los grandes y a los chiquitos porque la crónica funcionó todo el tiempo. Es un género que tuvo mucha libertad, por el simple hecho de que nadie le hizo caso. Salía en periódicos y en revistas que morían al día siguiente, no en sacrosantos libros y los escritores pudieron aprovechar esa libertad.

–Tú hablas de un abanico bastante amplio de cronistas

–Lo que quise hacer es un recorrido en cierto sentido histórico, para demostrar cómo ha sido importante en determinados momentos y para demostrar como en ciertos momentos no le dimos importancia. Mucha de la literatura mexicana que no es oficialmente crónica, como un poema, una novela, una canción, también puede funcionar como crónica. La preocupación de los escritores mexicanos ha sido siempre hablar de qué es este país, cómo somos, ha funcionado como crónica siempre. En esa voluntad recorrí los momentos más significativos y me quise detener en el momento de esplendor de la crónica literaria, que es el último cuarto del siglo XX.

–Es realmente sorprendente lo que haces

–Sí se puede demostrar que todo en la literatura mexicana funciona como crónica.

Todo en la literatura mexicana funciona como crónica. Foto: Cuartoscuro

–Cómo son los mexicanos y qué diferentes son entre sí

–Es cierto. Los mexicanos no existen, las mujeres no existen, no existe la cultura. Hay cosas que sí nos unen, podemos decir como decía Carlos Monsiváis que no somos iguales a los paraguayos, la diversidad es muy importante. Hubo momentos en que se buscaba lo que nos une, en otro lo que nos separa y momentos en donde quieres contar hechos frívolos, otros en los que quieres narrar hechos profundos. Lo más emocionante de verlo tan ampliamente.

–Tú rescatas mucho la tradición oral, ¿qué sentido tiene en la crónica?

–Toda. Lo que la crónica trata de hacer es que está recogiendo la realidad tal cual es, eso no se puede, cuando llegas como cronista y lo reúnes y lo organizas, estás reconstruyendo esa realidad. Pero lo que sí permanece es esa voluntad y lo haces como si lo contaras a alguien. En México es muy importante, hay mucho más de tradición oral que de escrito. Me pregunto en determinado capítulo del libro para qué se escribe todo eso en un país donde tan poca gente lee. Qué estamos esperando de eso.

­–Existe eso sí el afán de educar en la crónica

–Por supuesto, existe el afán de educar y el afán de decirle a la gente cómo lo tiene que leer y cómo lo tiene que entender. La gente que me pintas aquí a mí no me parece tal héroe, es algo que la gente puede decir. Lo importante es el debate y la perspectiva de que no hay símbolo para ser neutrales. Siempre debes tomar un lado en la partida, tal como decía Monsiváis. La crónica que nosotros más valoramos es la que fue liberal en el siglo XIX y de izquierda en el siglo XX, pero también en México tenemos crónicas que son efectivamente lo contrario y quiso enseñar a la gente otra manera de ver el país.

–Hablas de crónicas frívolas, políticas, no necesariamente las crónicas tienen que contar un hecho del narco o de un crimen…

­–Por supuesto que no. Lo terrible de la crónica de hoy y de la novela de hoy es que están haciendo eso. Eso es terrible, pero no es todo lo importante de México, no es lo único que está pasando. Así pasaba con la novela de la revolución, tal como decía Solana, “100 mil personas están pasando por el mismo pasto como si no hubiera otra cosa”. Todos lo miran de una misma manera, que se ha vuelto un lugar común y me parece que es importante destacar que hay otras maneras de contar y otros hechos tan importantes como ese. El problema somos los escritores. Cuando Gabriel García Márquez se volvió famoso, todos empezaron a escribir como el “boom” y hoy estamos en lo mismo. Ha llegado a un punto esto de que sólo están buscando llamar la atención, hoy es la violencia supuesta o imaginada del narco.

­–Es un libro necesario y útil

–Es un libro para que el que estuve trabajando 12 años de mi vida, con el primer curso que di, no es un libro totalmente académico y tiene una visión amplia general, que puede ser contrarrestada o no, pero que ayuda a pensar las cosas de una manera más abierta y diferente.