Australia. Foto: Especial

El 2020 inició con dos terribles sucesos que nos han mostrado las dos caras del cambio climático: las inundaciones en Indonesia y los incendios en Australia.

Las cifras actuales indican que en Indonesia las inundaciones se han cobrado la vida de más de 67 personas, mientras que en Australia han muerto 26 personas y mil millones de animales y se han quemado 10 millones de hectáreas, una área equivalente a la superficie de Hungría. Ambas tragedias son solo una muestra de nuestras acciones están devastando al planeta y que este una vez más vuelve a recordarnos que son necesarios cambios profundos.

Aunque es innegable que desde sus inicios nuestro planeta ha transitado por diferentes ciclos climáticos, sería una inmensa irresponsabilidad seguir ignorando lo que avala el 97 por ciento de la comunidad científica: son los humanos los que están provocando el cambio climático.

En efecto, es la indiferencia de los políticos ante esta realidad lo que está y continuará desatando catástrofes si no se comienzan a tomar medidas de inmediato. Un estudio publicado en la revista Science del 2006 concluyó que el cambio climático – inducido por las emisiones de gases de efecto invernadero – está prolongando la sequía y, en consecuencia, la temporada anual de incendios. Luego de analizar 34 años de incendios forestales en el oeste de Estados Unidos, cuyo clima es muy similar al de las zonas de Australia donde los incendios son más intensos, concluyeron que los incendios y el cambio climático son inseparables.

Científicos del Met Office Hadley Center de Gran Bretaña han definido como “Clima de Fuego” el aumento en severidad y frecuencia de estas condiciones y encontrado que estos efectos también han sido identificados ya en en el oeste de los Estados Unidos y Canadá, en el sur de Europa, Escandinavia, el Amazonas y Siberia. De hecho, a nivel mundial, las temporadas de incendios se han extendido en aproximadamente el 25 por ciento de la superficie del planeta.

De acuerdo con El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, actualmente la máxima autoridad en el tema, es inútil dirigir nuestros esfuerzos hacia reducir las emisiones de carbono que generan los automóviles e industrias si seguimos produciendo alimentos a partir de la ganadería industrial ya que la manera más efectiva para combatir este fenómeno es optar por una alimentación basada en vegetales.

El primer ministro de Australia, Scott Morrison, ha sido fuertemente criticado por hacer caso omiso a las advertencias del reporte del 2018 de la Oficina de Meteorología que alertaba que el cambio climático había provocado un aumento en las temperaturas y agravado desastres naturales como la sequía, así como que 23 ex jefes de bomberos y líderes de emergencias comunicaron su preocupación sobre “los cada vez más catastróficos eventos climáticos extremos”.

Después de semanas de críticas feroces, Morrison anunció que propondrá que se realice una investigación minuciosa sobre esta catástrofe que incluya el impacto del cambio climático. Y mientras que las evacuaciones continúan en el sudoeste del país, un atisbo de esperanza renace al ver a los bomberos cargando helicópteros con kilos de vegetales para lanzarlos desde el aire a los animales que han logrado sobrevivir a los incendios.

Es vital tener presente que todo lo que está ocurriendo es sólo un anticipo del tipo de condiciones climáticas que podrían convertirse en normales, ya que el aumento de la temperatura global podría alcanzar los 5 grados en este siglo – más de 3 veces el límite acordado en el Acuerdo Climático de París 2015 – si no hacemos nada por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Es difícil e igualmente dura de asimilar la tragedia que ha tenido lugar en un área tan grande y con la rapidez en que todo ha ocurrido como en Australia. Ha sido monstruoso porque mil millones de animales murieron de forma terrible, muchos otros están gravemente heridos y otros no podrán sobrevivir debido a la pérdida de sus hábitats.

La mayoría de nosotros piensa que poco podemos hacer para ayudar en este tipo de catástrofes, y la realidad es que, al menos en lo inmediato, es real y resulta frustrante. Pero si pensamos en que nuestras acciones pueden prevenir, más que atender, estos desastres ambientales, la frustración se convierte en motivación. Sobre todo si son acciones sencillas y al alcance de nuestras manos, que no requieren inversión y no necesitan nada más que la voluntad, como lo son los cambios en nuestra alimentación hacia una alimentación basada en vegetales.

No olvidemos estas palabras del profesor Chris Dickman de la Universidad de Sydney y quien registró la cifra de animales que han muerto: “A veces se dice que Australia es el canario en la mina de carbón, y que los efectos del cambio climático se ven aquí de manera más severa y temprana… Probablemente estamos viendo cómo puede ser el cambio climático para otras partes del mundo en las primeras etapas en Australia en este momento”.