Economía

Europa vuelve al carbón y raciona el gas. El frío está cerca y Rusia tiene la sartén

20/07/2022 - 8:03 pm

Europa depende del gas natural ruso y los altos precios de la energía afectan las fábricas, los alimentos y la gasolina, planteando la posibilidad de una recesión justo cuando las economías se recuperaban de los efectos de la pandemia de la COVID-19. Países como Alemania, Francia y Austria han vuelto a la energía contaminante como parte de una estrategia para reducir su dependencia al gas ruso, del cual ahora hay carencia en la zona del euro.

Ciudad de México, 20 de julio (SinEmbargo).- Los países de la Unión Europea se encuentran cada vez más afectados por la  guerra en Ucrania, con reducciones en las importaciones de granos básicos esenciales y con problemas en las cadenas de suministros, lo que se suma a su dependencia al gas que proviene de Rusia, una situación que ha generado tensión en el continente al tiempo que ha orillado a muchos países a tomar medidas extremas como recurrir a energías contaminantes y racionalizar sus reservas de cara al invierno.

En los últimos días, y luego de la histórica caída del euro —con la que primero se emparejó con el dólar estadounidense y después se posicionó por debajo de éste— la reducción gradual que dispuso el Kremlin del suministro de gas natural que mantiene funcionando las fábricas europeas han provocado una crisis energética en Europa, que ahora plantea la limitación de la energía de forma general, y en algunos países incluso la regresión al carbón.

Ante el panorama que enfrentan los países miembros de la Unión Europea, y a tan sólo cinco meses de que inicie la temporada invernal, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, propuso este miércoles que los estados miembros reduzcan en un 15 por ciento su demanda de gas durante los próximos meses para asegurar que cualquier corte del suministro ruso no afecta de forma drástica a la industria en la temporada de frío.

Si bien los primeros recortes serían voluntarios, la Comisión Europea también pidió competencias para imponer restricciones obligatorias en todo el bloque en caso de una alerta en toda la Unión Europea “cuando haya un riesgo considerable de un grave desabastecimiento de gas o se produzca una demanda excepcionalmente alta de gas, que resulte en un deterioro significativo de la situación de suministro de gas”.

La ejecutiva de la Comisión calificó como “un chantaje” por parte de Rusia e insistió en que dicho país está usando “la energía como un arma” ante la que debe estar preparada cualquier movimiento de parte del Kremlin. En esa misma línea, los estados miembros abordarán las medidas en una reunión de emergencia de ministros de energía el próximo martes 26 de julio. Para que se apruebe, los 27 gobiernos nacionales tendrían que considerar si ceden competencias en política energética a Bruselas.

De acuerdo con Europa Press, entre las medidas anunciadas la Comisión ha propuesto reducir el consumo de calefacción y aire acondicionado para lo cual plantea impulsar campañas nacionales de sensibilización pública, la reducción del consumo de los edificios públicos así como de centros comerciales, oficinas y espacios públicos. Para poner en marcha estas medidas, las autoridades públicas establecerán nuevos umbrales de temperatura y horarios de calefacción.

Además, la titular de la Comisión precisó que en la situación actual los países pueden adoptar medidas que incluyan a los hogares, “por el potencial de ahorro”, sin embargo en caso de llegar a situación de emergencia los hogares serán considerados “consumidores protegidos”. La Comisión Europea considerará sectores socialmente “críticos” el de la salud y el farmacéutico, el de alimentación, el de medio ambiente, así como seguridad, defensa y refinerías.

Asimismo, la propuesta de Von der Leyen plantea incentivar, a través de ayudas de Estado, que tanto la industria como las empresas de producción de electricidad cambien sus combustibles habituales por fuentes alternativas como la energía solar, la biomasa de origen sostenible o el biometano procedente de deshechos, así como el uso de oxígeno en lugar de gas en algunas instalaciones industriales.

Además, llamó a crear sistemas de subasta o licitación a través de los cuales los gobiernos promuevan la reducción del consumo de gas de los grandes consumidores industriales, y que los consumidores industriales establezcan contratos de intercambio de gas, o el uso de contratos interrumpibles de consumo de gas.

“Asumiendo que hay un corte total del gas ruso, debemos ahorrar gas, llenar nuestras reservas de gas más rápido, y para hacerlo debemos reducir nuestro consumo de gas. Sé que es pedir mucho”, dijo la presidenta de la Comisión.

Las naciones de la UE y la Comisión han estado diversificando sus fuentes de gas natural más allá de Rusia, pero aun así se espera que no lleguen a cubrir la demanda de negocios y hogares en los meses más fríos. Aunque ahora mismo la UE tiene gas suficiente para mantener las luces encendidas y las fábricas en marcha, lo hace a precios dolorosamente altos que han impulsado la inflación disparado y provocado indignación pública.

FRANCIA YA APLICA “SOBRIEDAD ENERGÉTICA”

Aunque la noticia de propuesta que esta mañana se dio en la Comisión generó sorpresa, Francia ya aplicaba un plan similar con la cual el concepto de “sobriedad energética” cada vez gana mayor terreno, luego de que el pasado 14 de julio su Presidente, Emmanuel Macron, publicara el plan de compromiso social para reducir el consumo de energía –apagando las luces callejeras de noche y tomando otras medidas– y así disminuir la dependencia al gas ruso.

Según Radio Francia Internacional (RFI), en una semana diferentes empresas –como la federación Perifem, que reúne diversos actores de la gran distribución– se han sumado a esta iniciativa. La federación anunció, entre otras medidas, que comenzarán a apagar sus luces desde el momento de cierre de las tiendas.

De la misma forma, diferentes supermercados han previsto “sistematizar el descenso de la intensidad lumínica” reduciendo al 50 por ciento la iluminación de las zonas de venta o “cortar la renovación de aire en la noche”. Todo ello para hacer frente a la elevación del costo de la energía.

No obstante, el medio francés recalcó así como en las grandes plazas y super mercados se hace lo posible por seguir la regla y ahorrar dinero, ya eran medidas aplicadas por las pequeñas tiendas, que sobrevivieron a las olas de COVID-19, pero que ahora intentan optimizar sus procesos para poder recuperar las pérdidas tras la pandemia.

“Ahora las facturas de energía están muy caras, antes pagábamos entre 500 y 600 euros y ayer recibí una factura por más mil 900 euros, el triple de lo normal. Esos son los efectos de la crisis del coronavirus que se sienten ahora”, contó a RFI el encargado de la panadería Ben, Jediane Khalifa, en los alrededores del Parque de Exposiciones de la Puerta de Versalles en el barrio 15. “He apagado algún refrigerador, pero yo hago esto también por la economía y para ahorrar. Antes hacíamos los panes hasta las ocho de la noche, pero ahora detenemos todo a las siete”, agregó el panadero.

Otros, como el señor William Garay, responsable del LatinoMarket, cuenta que sabe que tienen que ahorrar en electricidad pero que “con tanto calor no se puede”. “Estamos dejando la climatización todo el día prendida y eso lógicamente va a suponer un costo mayor y no colaboramos con el planeta”, reconoció Garay.

Ambos pequeños comerciantes ven sobre todo los estragos de la pandemia e intentan hacer lo posible para continuar trabajando a pesar del calor y ofrecer un servicio que atraiga clientes. Sin embargo, reducir el consumo de energía es muy difícil en temporadas de calor intenso como se vive en París con temperaturas que el pasado 19 de julio llegaron a los 41 grados. “Esto es un mercado público y la gente tiene que estar a gusto, tranquila, si hay mucho calor se incomoda, no entra y no compra”, finaliza el señor Garay.

UE MÁS AFECTADA QUE RUSIA

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió sobre el poder que podría tener el Presidente del Kremlin, Vladimir Putin, al esgrimir como un arma las exportaciones energéticas y asfixiar al bloque de 27 naciones, reportó Associated Press.

“El corte parcial de entregas de gas ya afecta al crecimiento europeo, y un corte total sería considerablemente más grave. El Producto Interno Bruto en estados miembros como Hungría, Eslovaquia y República Checa podría reducirse hasta un 6 por ciento, añadió el IMFBlog.

Italia, un país que ya atraviesa dificultades económicas importantes, “también podría enfrentar impactos significativos”.

Las previsiones económicas de la UE publicadas la semana pasada indicaban que se espera que la guerra de Rusia afecte a la recuperación económica durante el futuro próximo, con un crecimiento anual más bajo y una inflación récord. Las interrupciones en el comercio energético ruso amenazan con provocar una recesión en el bloque justo cuando se recuperaba del bache de la pandemia.

Un cliente compra verduras en el mercado Maravillas de Madrid, el 12 de mayo de 2022. Foto: AP.

Los altos costos energéticos asociados con la guerra benefician a Rusia, un gran exportador de petróleo y gas natural, cuyo activo banco central y años de experiencia lidiando con sanciones han logrado estabilizar el rublo y la inflación a pesar de su aislamiento económico. Sin embargo, los economistas dicen que a largo plazo Rusia pagará un precio muy caro por la invasión: una fuerte paralización de su economía al suspenderse las inversiones y una merma en los ingresos de la gente.

Por el contrario, los retos que enfrenta Europa son a corto plazo: combatir una inflación récord del 8.6 por ciento y pasar el invierno sin que haya cortes energéticos graves.

“Reina la incertidumbre en sectores muy dependientes de la energía, como las planas siderúrgicas y la agricultura, que podrían sufrir racionamientos del gas natural para proteger las viviendas si la crisis se agrava”, suscribe AP.

Pero mientras Europa sufre, Rusia consiguió estabilizar la tasa de cambio de su rublo, la bolsa de valores y la inflación, mediante una amplia intervención del gobierno. El petróleo ruso encontró más compradores en Asia, aunque a precios rebajados, compensando en parte la pérdida de clientes en Occidente.

La zona del euro teme que Putin corte el gas natural para remecer la economía y la política europeas este invierno. Foto: Mikhail Klimentyev, Sputnik, Kremlin Pool Photo vía AP.

Y es que luego de sufrir sanciones por la toma de Crimea en el 2014, el Kremlin impulsó una economía a prueba de balas, reduciendo la deuda y presionando a las empresas a que consigan partes y alimentos en la misma Rusia.

Si bien empresas como IKEA se fueron del país y Rusia dejó de pagar su deuda externa por primera vez en un siglo, no hay una sensación de crisis en Moscú y se ve gente comiendo alegremente en los restaurantes, aunque no es una sensación generalizada, ya que en las zonas lejos de la capital la población ha dicho que sí ha tenido que ajustar un poco su bolsillo, dejando la recreación y los gustos por aparte.

Aún con la “estabilidad” de Rusia, los economistas dicen que la tasa de cambio del rublo –que vale más en relación con el dólar de lo que valía antes de la invasión– y una inflación más baja son datos engañosos, pues el Gobierno está impidiendo la salida de dinero del país y obliga a los exportadores a convertir sus ingresos en rublos, lo que constituye una manipulación de las tasas de cambio.

La tasa inflacionaria, por otra parte, “no significa nada”, según dijo Janis Kluge, experta en la economía rusa del Instituto Internacional de Asuntos de Seguridad de Alemania, en un informe reciente. Dice que ello se debe a que no toma en cuenta los bienes occidentales que desaparecieron del mercado ruso. Agrega que la baja inflación probablemente refleje una reducción en la demanda.

-Con información de AP, Europa Press y RFI

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