El campamento en Matamoros cuenta hoy con unas 700 personas pero llegó a albergar más de 2 mil.

Por Abraham Pineda-Jácome

Matamoros (México) 21 ene (EFE).- Tras meses soportando penurias en México, los migrantes varados en la fronteriza ciudad de Matamoros a la espera de recibir asilo por Estados Unidos abrazan la esperanza de un cambio radical con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, mientras que miles de kilómetros al sur se desmanteló una fallida caravana migrante que partió desde Honduras.

En la actualidad es complicado proveer comida a los migrantes de diversas nacionalidades que se aglomeran en Matamoros, tanto en el campamento como en albergues, tras el colapso económico que ha originado la pandemia del coronavirus.

Una crisis sanitaria que en el inicio del 2021 se ha agudizado en México y suma casi 1.7 millones de casos y más de 144 mil muertos.

El tiempo apremia porque han pasado casi dos años desde que el entonces Presidente Donald Trump, quien dejó este miércoles el poder, impulsó los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, en inglés), también conocido como “Remain in México” (Permanecer en México).

Ropa de migrantes sobre reja de seguridad. Foto: Abraham Pineda-Jacome, EFE

Este programa obligó a cerca de 70 mil migrantes a quedarse en México, muchos durante meses, mientras esperan la resolución de su solicitud de asilo por parte de una corte estadounidense.

En su primer día de Presidente, Biden anunció la suspensión de este protocolo, aunque pidió a los migrantes que ya forman parte de él quedarse “donde están” y a la “espera de más información oficial”.

VIENTOS DE CAMBIO

En el campamento, que cuenta hoy con unas 700 personas pero llegó a albergar más de 2 mil, resuenan las noticias acerca de las medidas migratorias de Biden.

“Hay que tener paciencia, no hay que ceder, la fe y Dios lo van ayudar a uno. Sí, escasea la comida, pero nunca nos ha faltado” del todo, declaro este jueves a Efe la guatemalteca María Guadalupe.

Tiendas de acampar en albergue de Matamoros. Foto: Abraham Pineda-Jacome, EFE

Desde hace un año y nueve meses ella habita en una casa de campaña a un lado del Río Bravo junto con su esposo, que usa muletas. Ellos no tienen como alternativa cruzar ilegalmente a territorio estadounidense a través del río, y tampoco piensan regresar al país del que les costó tanto salir.

María, que ha visto el florecimiento y la decadencia del asentamiento de solicitantes de asilo en Matamoros, espera paciente que haya más noticias a favor de los que aguardan en México encapsulados todavía bajo el programa estadounidense.

Un protocolo que ha sido fallido, según han denunciado en multitud de ocasiones los activistas.

“Aquí todos están contentos, los cubanos oyen las noticias, brincan, hacen de todo. Primeramente Dios vamos a estar adentro, hay que tener paciencia”, señala la mujer.

Biden envió este miércoles al Congreso un proyecto de ley de inmigración con la que aspira ofrecer una vía hacia la ciudadanía a 11 millones de indocumentados que residen en el país.

LA LUZ DE BIDEN

Los migrantes que no viven en el campamento y deben ganarse cada día su sustento han tenido que enfrentar el abuso de patrones, que a veces han incumplido con pagarles por su labor.

“Es difícil para los que estamos viviendo fuera (del campamento). Aquí somos explotados por los patrones que no quieren pagar”, lamenta el salvadoreño Roberto Hernández.

Ha acudido al campamento de migrantes porque una compatriota le regalará un poco de comida que varias entidades civiles les donan cada quincena. Afuera del sitio se tiene que trabajar para pagar la renta y los servicios básicos, y apenas sobra para los víveres.

“Estamos felices de que llegue un Presidente (Biden) que sea razonable, que conozca de humanidad, y eso lo sentimos. Con base de lo que se siente nace la confianza”, argumenta.

Roberto espera, como el resto, que Biden cumpla su palabra de regularizar a los migrantes y ponga interés en resolver las solicitudes de asilo estancadas desde que comenzó la pandemia.

SOLUCIÓN INMEDIATA O CRISIS

Los activistas también han sufrido un desgaste al cubrir durante casi dos años las necesidades básicas de los migrantes, ante la indiferencia de las autoridades mexicanas.

“Estamos pasando por condiciones criticas y también el migrante, porque si antes comían tres veces al día, ahora solo lo hacen dos veces”, reveló Juan Antonio Sierra Vargas, coordinador de la Casa del Migrante de Matamoros.

Las organizaciones que apoyan a los extranjeros y mexicanos que esperan una oportunidad de cruzar de manera legal a Estados Unidos también tienen su esperanza puesta en el nuevo Gobierno estadounidense que ha prometido dar un giro radical en el tema migratorio.

“Es muy pesado, sobre todo cuando no hay apoyo lamentablemente por parte de ningún nivel de Gobierno”, sostiene el activista.

Caravana migrante. Foto: Isabel Mateos, Cuartoscuro

LA CARAVANA FALLIDA

Mientras en Matamoros esperan con ansias la consolidación de los cambios en materia migratoria, miles de hondureños retornaron esta semana a su país apesadumbrados tras un fallido intento por llegar en caravana a Estados Unidos, que fue imposibilitado por las políticas migratorias y sanitarias de Guatemala.

Solamente pequeños grupos llegaron a Tecún Umán, en la frontera entre Guatemala y México, buscando el momento para cruzar de país clandestinamente.

Aunque para los hondureños cumplir con su sueño americano, y pese a los cambios en Estados Unidos, se vislumbra muy complicado en este ocasión. Porque México también desplegó centenares de fuerzas de seguridad en su frontera sur para frenar su avance.