De 2008 a la fecha, las agresiones contra trabajadores de la salud han aumentado 200 por ciento, de acuerdo con sus propias organizaciones. El gremio atraviesa por un duro momento en el que están en tela de juicio por errores que pacientes y familiares le achacan a su comunidad.

Por otro lado, quienes laboran en el sector público tienen que enfrentarse a largas jornadas de trabajo, en la mayoría de los casos, con un exceso de pacientes, falta de insumos y medicamentos para otorgar una atención adecuada.

Otro frente es el tema de la seguridad: los pasantes y residentes de medicina se han convertido en víctimas de los delincuentes, a tal grado que ya existe un mapa de focos rojos, que incluye a estados del norte, centro y sureste del país, a los que ya no se envía a este tipo de personal.

Ante este panorama, la comunidad lanza una advertencia a sus altos mandos: “Se les está viniendo un problema encima y no hay respuesta”.

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Médicos y enfermeras también se quejan de los escasos recursos con los que trabajan diariamente por todo el país. Foto: Cuartoscuro

Por Shaila Rosagel, Daniela Medina y Juliana Fregoso

Ciudad de México, 21 de julio (SinEmbargo).– En México la suerte no sólo debe estar del lado de los pacientes para salir bien librados cuando acuden a una clínica del servicio médico público. Los santos y los cielos deben estar también en la otra trinchera: la de los médicos que deben trabajar sin insumos, con equipo obsoleto y a veces hasta con la amenaza de la inseguridad, como lo manifiestan algunos integrantes de esta comunidad.

“Lo cierto, es que cada vez que va uno a trabajar se persigna. Se ve muy fácil el aspecto del paciente, una de las cosas que más vende políticamente hablando es la salud. Qué pasa cuando un médico no tiene los recursos, cómo opero a alguien si no tengo anestesiólogo, como curo a un niño, si no hay pediatra”, dice Gerardo Gilabert Chávez, doctor de una clínica del Seguro Popular en una localidad de Jalisco.

Gilabert es uno de los 277 mil médicos por los más de 120 millones de habitantes que actualmente existen en México y que en este momento enfrentan por un lado acusaciones de negligencia y falta de cuidado en la atención a sus pacientes, por el otro una ola de inseguridad en que la se reportan trabajadores de la salud desaparecidos y amenazados.

Gerardo labora desde hace seis años en el Hospital Regional de Lagos de Moreno, en la zona de Los Altos; un lugar considerado como de segundo nivel, en donde se reciben pacientes de los municipios de Encarnación de Díaz, Ojuelos, Teocaltiche y San Juan de Los Lagos.

“El Seguro Popular nace en Jalisco y se extiende a todo el país. En algunos estados funciona bien, pero aquí, es terrible. En el hospital donde trabajo a las enfermeras les deben hasta cuatro meses de sueldo. Hay desabasto de todo, imagínese yo tengo que llevar mi propia bata para operar”, dice.

El médico relata en entrevista que en el hospital donde labora, sólo hay 12 camas y el resto son “pasillos y pasillos”.

“Tenemos un ultrasonido de la segunda guerra mundial. No tenemos terapia intermedia, ni Rayos X”, dice.

En el hospital, los familiares de los pacientes pernoctan a la intemperie, pues no hay albergues. Tampoco hay medicamento suficiente.

“No puede uno recetar un analgésico de más. Por ejemplo, para problemas mentales, un antidepresivo trae 10 pastillas el frasquito, lo tengo que recetar por tres meses durante el primer episodio. Ni modo que no le recete porque ya no hay, se las tengo que dar y el paciente las debe comprar”, relata.

“Les digo aquí está la receta. El Seguro Popular no las tiene, hay que comprarlas”.

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Los hospitales están llenos hasta el tope y para los profesionales de la salud es complicado ofrecer servicios de calidad. Foto: Cuartoscuro

CONTRATADOS, PERO CON CARENCIAS

La doctora Miriam López Basilio, coordinadora de la Comisión de Seguridad de la Federación Nacional de Colegios Médicos (Fenacome), dice en entrevista con SinEmbargo que “el Sistema Nacional de Salud está enfocado a garantizar que el paciente quede satisfecho con los servicios que oferta, pero desafortunadamente la satisfacción no únicamente es para el paciente, la satisfacción tiene que ir enfocada también al personal de salud. ¿Qué tan satisfecho está el personal de salud para laborar en la institución donde está siendo contratado con tantas carencias?”.

La falta de instrumental médico es una de las situaciones más frecuentes en provocar estas insatisfacciones dentro del gremio. Julio Bueno Ledesma, anestesiólogo y coordinador de #YoSoy17, movimiento nacido en junio de 2014 para defender la causa de 16 médicos de Guadalajara, también en Jalisco, acusados de negligencia, señala que es un panorama común enfrentar desabasto de medicamentos en las unidades de salud, falta de guantes e instrumental en los quirófanos, incluso, las enfermeras –quienes atienden alrededor de 11 pacientes, cuando lo ideal serían cinco– se ven obligadas a reusar jeringas con el mismo paciente para suministrarle distintos tipos de medicinas.

“Los pacientes tienen citas cada seis meses, se quejan de que les suspenden mucho sus cirugías porque no hay insumos o porque hay muchos pacientes por operar y sin embargo, todo eso no lo ves en el periódico […] Y eso es lo que exigimos, nosotros exigimos tener para trabajar por bien de todos, no nada más de nosotros.

También vemos que los hospitales están llenos, están hasta el tope, del doble de lo que debería de atender un hospital, es lo que tiene un hospital ahorita, el doble de pacientes y los mismos médicos y el mismo personal de enfermería”, dice el doctor Bueno en entrevista.

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La violencia es otra de las problemáticas que ha afectado a los profesionales de la salud en México. Foto: Cuartoscuro

OJO POR OJO

Eduardo Gómez Sánchez, coordinador de la Carrera de Medicina de la Universidad de Guadalajara, entidad en la que surgieron los movimientos para defender al gremio, expresa que en el seno de la Asociación Mexicana de Escuelas y Facultades de Medicina ya se tienen definidos focos rojos a los que no se pueden enviar practicantes y residentes ante los altos índices que violencia que se registran en contra de esta comunidad.

Estas poblaciones estás ubicadas principalmente en entidades del norte y sureste del país como Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa, Guerrero, Morelos y en su momento Michoacán.

Y aunque todavía no existe un pronunciamiento institucional sobre el tema “no tardarán más de dos meses en que haya una postura formal en el ánimo de vigilar a nuestros pasantes”, dice.

Al respecto, Bueno Ledesma recalca que los representantes de su movimiento, que sobrevive a base de presión en sus redes sociales, en donde alcanzan hasta cinco millones de usuarios semanalmente, han tenido reuniones con autoridades de la Secretaría de Salud (SSa), Procuraduría General de la República (PGR), con legisladores y senadores, “sin embargo no ha habido respuesta”.

“Lo único que tratan de hacer es callarnos, decir ‘saben qué, no hagan alboroto porque de todos modos vamos a hacer lo que nosotros queramos’ o seguir haciendo las cosas como las venían haciendo y yo creo que el país tiene que cambiar, tiene que mejorar, siempre a mejora, no podemos seguir igual que antes porque no ha servido”, afirma el médico.

Desde 2012, distintas cuerpos de salud han alertado que el gremio es víctima de amenazas, extorsiones, secuestros y asesinatos por parte del crimen organizado, principalmente.

Pero en los últimos meses se ha recrudecido la violencia contra el gremio. Si se da seguimiento a los últimos meses, el 18 de marzo, un grupo que se hace pasar por pacientes asesina a un médico adentro de una clínica, el 8 de junio un pediatra neumólogo de Culiacán, Sinaloa fue hallado muerto, con disparos en la espalda y cabeza y su automóvil calcinado, 20 de abril, un médico fue levantado y asesinado en Chihuahua, el 23 de junio desaparecieron tres médicos en Guerrero, el 27 de junio un grupo armado mató a una enfermera e hirió a un médico en la Sierra Tarahumara, el 30 de junio asesinaron a un médico cirujano en Cuernavaca.

La representante de la Fenacome destaca que el Colegio Médico de México dará a conocer próximamente una encuesta nacional con datos desde 2008 a la fecha, con los casos de personal de salud que han sido víctimas de algún tipo de agresión o violencia. Menciona que las cifras se han incrementado exponencialmente al 200 por ciento.

La extorsión telefónica, el asalto a mano armada y el robo de vehículos son las agresiones más comunes que dicho estudio encontró.

López Basilio es cauta para señalar culpables: “Nuestra intención es tener una evidencia que les dé la pauta a las autoridades de que algo está sucediendo con el gremio médico que estamos siendo lacerados con esta situación de violencia. Definitivamente no podemos aseverar que esto es producto del crimen organizado, porque esto obviamente le corresponde a la autoridad competente definirlo, pero sí, nosotros como personal de salud tenemos la obligación de denunciar y demandar nuestras necesidades de protección”.

Y continúa: “El hecho de que el médico atienda con los insumos y el instrumental que escasamente le proporciona la institución, genera que exista un margen de error no voluntario, y esto en una sociedad como la nuestra, en donde el familiar del paciente ejerce la ley del talión, si su paciente fallece pues fallece también el médico, es lo que sucedió en Sinaloa con el caso de un médico subespecialista, como en el país hay muy pocas subespecialidades, que es pediatra neumólogo […] hizo lo que estuvo en sus manos y el desenlace no fue el esperado, eso conllevó a que lo privaran de la vida en el cumplimiento de su deber pretendiendo salvarle la vida al paciente.

Ante esta situación “hay propuestas como que en las cabeceras municipales se brinden servicios médicos todo el año en todos los turnos y así las poblaciones que están al interior vayan al centro de salud grande con médicos de distintas áreas que se concentren en municipios y no ahorita que tiene que ir a diferentes comunidades”, expresó Gómez Sánchez.

Para garantizar la seguridad del personal médico, según el académico, se ha hablado de insertar unidades de medicina familiar del IMSS en áreas conurbadas de las ciudades y destinar a estas zonas médicos de base y enfermeras.

“Mi perspectiva es que está sobrerregulada la profesión médica y sólo nos toca ser el doble o triple de cuidadosos porque en el ejercicio no actúas con dolo, pero ante cualquier error sí estás sujeto a la parte jurídica y ahora la parte mediática”, concluye.

Los autodenominados “Médicos 17” han propuesto a la SSa hacer una evaluación de los lugares que, estadísticamente, ya saben que son conflictivos y decidir si es seguro mandar pasantes o doctores ahí, enviarlos en parejas y sobre todo, realizar antes evaluaciones psicológicas para establecer las capacidades que tienen para enfrentar un ambiente de este tipo.

Para la Fenacome, una de las soluciones que servirá como autoprotección de los servicios de salud públicos y privados es establecer un emblema universal, “de tal modo que la ciudadanía lo identifique y sepa que el personal que acude en estas ambulancias o en estos vehículos a algún siniestro es personal de salud que va a atender a pacientes independientemente de la situación social o legal que esté desempeñando, eso es algo que hay que dejar claro, el médico tiene como precepto ético-legal atender a sus pacientes sin distinción de género, de condición social, de religión”, dice la doctora Miriam López.

Otra sugerencia es que las instituciones de salud inviertan en sus programas de tecnología, para que de manera alternativa, el médico pueda brindar el servicio de telemedicina a través de la asistencia a distancia, garantizando la seguridad del profesional y la atención a la población

“Si se atenta contra la vida de este médico estamos lesionando el derecho que tiene el ciudadano a la salud”, dice.

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Los pasantes de Medicina enfrentan guardias maratónicas, pagos simbólicos e inseguridad. Foto: Cuartoscuro

#NIUNPASANTEMÁS

Dentro de un gremio de por sí vulnerable, los pasantes ven un panorama todavía más obscuro, al enfrentar guardias maratónicas, pagos simbólicos y la inseguridad, motivo del año de servicio social que tiene que ejercer en una comunidad del interior del país.

El pasado 15 de junio, María Teresa Adona Ponce fue encontrada colgada de un árbol en Guanajuato. La pasante de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara daba su servicio social en la comunidad de Romita y pese a que existían reportes de allanamiento previos al hecho, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) concluyó que se trató de un suicidio.

En caso de que tal pronunciamiento sea cierto, Bueno Ledesma responsabiliza a las autoridades sanitarias de la salud mental de los pasantes y personal médico.

“No es el primer caso, hay muchos, los médicos somos, de todas las profesiones, los que más tendemos al suicidio y tampoco ahí se ha dado atención por parte de ninguna autoridad, llámese Secretaría de Salud, Derechos Humanos, nada”, afirma.

Una encuesta del Colegio Médico de México incluyó a estudiantes de Medicina, Enfermería, Odontología y Psicología, entre otros, y encontró que después de los médicos y de los familiares directos, la siguiente población más afectada son justo los aprendices.

“Para el sector la prioridad es llevar la salud precisamente a esas localidades más alejadas, entonces los médicos en el servicio social acuden a estas unidades de salud rurales a prestar sus servicios, lo cual los pone como una población con mayor vulnerabilidad para poder ser objeto de algún tipo de violencia”, dice López Basilio.

Por su parte, Julio Bueno culpa el rezago existente desde las primeras etapas de la carrera de medicina. Primero, para poder entrar a la Universidad, luego para estudiar la especialidad, donde según sus datos, de 50 mil aspirantes, sólo 6 mil obtienen un lugar.

Después, la dificultad para encontrar empleo, sumado a los horarios, que de acuerdo con el médico pueden ser de 120 horas a la semana cuando se hace una especialidad, los sueldos y falta de condiciones propicias para desarrollar su profesión, lo hace peor.

“Piensan que somos obreros, y no, somos pasantes del servicio social, ni siquiera trabajamos en la Secretaría de Salud”. Como pasante te pagan 425 pesos a la quincena y ahí arréglatelas como puedas”, denuncia Bueno.

“La relación médico-paciente está quebrada, cualquier paciente llega y dice: ‘hágame esto porque yo ya lo leí’, ‘no, es que usted no sabe’. Te ponen a ti entre la espada y la pared. Por un lado, el paciente te exige que lo atiendas, y por el otro el administrativo también te está diciendo que hagas tu trabajo con lo que tienes, entonces esto causa una presión grande para los trabajadores de salud que ha venido a que haya más demandas, ha incrementado el número de quejas, errores, todo, porque es una cascada que viene arrastrándose de muchos años, desde las etapas formativas hasta las etapas laborales y que no se ha atendido, ni se ha querido atender ni se quiere atender que es lo peor, no hay interés”, continúa.

“Yo creo que el Sistema Nacional de Salud es bueno, es un buen sistema, pero desafortunadamente no se ha tenido la sensibilidad por parte de los tomadores de decisiones de aplicarlo correctamente. No es una cuestión financiera, es una cuestión organizacional y de empoderamiento en todos los niveles”, opina la doctora Miriam López.

El anestesiólogo, por su parte, confía en la fuerza de su movimiento y sobre todo, de la comunidad médica unida.

Y advierte a los altos mandos: “Se les está viniendo un problema encima y no hay respuesta, no sé qué esperan para hacer algo las autoridades, no sé qué pretendan con este silencio”.

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