Una de las protestas del pueblo Mapuche en Chile. Foto: Alberto Valdez, EFE.

“Nosotros no reconocemos fronteras, nuestro pueblo abarca de mar a mar”
– Facundo Jones Huala

Había escuchado sobre el tema de la “rebelión mapuche” en la parte más al sur del continente americano, es decir, en la Patagonia argentina y la zona austral de Chile—o simplemente, la Patagonia. No conozco mucho sobre este tema en particular, pero sí he estado monitoreando con frecuencia las recientes movilizaciones sociales en los dos países localizados más al sur de nuestro continente. Recientemente, tuve la oportunidad de revisar una presentación virtual impartida por el Capitán Gustavo Breide Obeid, ex-militar, politólogo, fundador del llamado Partido Popular de la Reconstrucción, y representante del nacionalismo argentino. Sin juzgar los antecedentes políticos, ideológicos y castrenses del ponente, puedo decir, con toda certeza, que su presentación ha sido una de las más importantes que he revisado en los últimos meses, precisamente porque algunos de los resultados que aquí se mencionan coinciden con mis propias observaciones sobre algunos movimientos sociales en el continente y en otras partes del mundo.

El Capitán Breide Obeid describe procesos y modus operandi de movimientos sociales que parecen manifestarse bajo lógicas similares en otras latitudes. Pienso, por ejemplo, en los “protectores del agua” en Standing Rock, Dakota del Norte; el movimiento independentista catalán; el movimiento zapatista en Chiapas; la resistencia que los nahuas, totonacos, ñahñus y tepehuas de la Sierra Norte de Puebla libraron contra los proyectos de la industria extractiva minera y de hidrocarburos en la Sierra Norte de Puebla en 2017; la oposición de la Nación Wet’suwet’en a la construcción de un gasoducto en Canadá; la resistencia contra la construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos por parte de miembros de la Nación Tohono Oʼodham del sur de Arizona; así como el activismo sui géneris contra la industria extractiva en Texas y la construcción del muro por parte de supuestos miembros la Tribu de Texas de los Carrizo/Comecrudo (no reconocida federalmente). Todos estos movimientos parecen presentar características comunes que combinan la presencia de pueblos originarios, deudas históricas con estos grupos, elementos de control territorial, presencia de recursos naturales estratégicos, y demandas de autonomía o independencia de los estados-nación. Para aquellos que entienden de geopolítica y control geoestratégico, la presentación del Capitán Breide Obeid podría resultarles sumamente interesante. Por ello, me doy a la tarea de resumir este análisis que considero fundamental.

En su presentación sobre la denominada “rebelión mapuche”, Breide Obeid explica los orígenes de la hoy denominada “Nación Mapuche” desde la perspectiva de sus propios ancestros y los primeros pobladores de algunas ciudades importantes en la Patagonia. Él explica cómo los mapuches no son pueblos originarios de Argentina, sino que tienen su origen en el lado chileno: “son indios araucanos que vinieron, cruzaron y esclavizaron a los tehuenses y [otros pueblos] que estaban del lado argentino y eso no fue hace muchos siglos”. En otras palabras, “no fueron nativos”. También afirma que los “mapuches no se llamaban mapuches sino araucanos. El término ‘mapuches’ lo utilizan para dar un sentido al ‘tema mapuche’ y así entonces no tener límites, ni un lugar de origen concreto. Ellos hablan de sus derechos a las tierras de casi toda la Patagonia, de los dos lados: del chileno y del argentino”. Pero el excapitán explica cómo los mapuches, que son originarios de la parte chilena, “ingresan a Argentina transformándose en cazadores y sometiendo a las poblaciones originarias de ese país”. Por lo tanto, nos aconseja “redefinir el tema de pueblo originario” en este caso. “Se habla de Mapuches que han sido una civilización, una cultura que ha sido dominante en los siglos pasados, pero se olvida que ellos sometían a los pueblos originarios que vivían en el territorio patagónico argentino”.

Breide Obeid describe también los vínculos entre el movimiento de resistencia mapuche y otras organizaciones ubicadas en el extranjero, particularmente en el Reino Unido. Es importante comprender cómo este movimiento de corte indigenista es apoyado por los ingleses y cómo se realiza la internacionalización del proyecto mapuche. De hecho, el llamado Comité Exterior Mapuche operó “internacionalmente desde 1978 a partir de su oficina ubicada en Bristol” (no. 6 de Lodge Street). “El objetivo perseguido [era] contribuir al pleno desarrollo de los pueblos indígenas y, en última instancia, conquistar el derecho a la autodeterminación” (Peiró 2017).

El Comité es reemplazado el 11 de mayo de 1996, cuando “un grupo de mapuches y europeos comprometidos con el destino de los pueblos y naciones indígenas de las Américas, y en particular con el pueblo mapuche de Chile y Argentina, lanzaron la Mapuche International Link (MIL)” también en Bristol (Peiró 2017). El secretario general de esta organización es un “cacique chileno que lo llaman Su Excelencia Reynaldo Mariqueo, encargado de los asuntos exteriores del ‘Reino’, Conde de Lul-lul Mawidha y Caballero de la Orden Real de la Corona de Acero”. Es el werken, es decir, vocero o representante ante la Unión Europea. ¡Vaya personaje!

Para Breide Obeid todo esto—incluyendo las acciones de resistencia en la Patagonia—forma parte de una maniobra internacional muy compleja y afirma que “Inglaterra históricamente ha permitido la instalación de movimientos de [este tipo] como Sendero Luminoso, que se fueron instalando y recibían apoyos y reconocimiento a nivel internacional, [además de que] hacían presentaciones en Naciones Unidas [expresando] sus reclamos”. Según el exmilitar, “el plan para lograr la constitución de la ‘Nación Mapuche’ consiste en romper la República Argentina y romper Chile; este proyecto independentista abarcaría casi todo lo que es la Patagonia argentina y el sur chileno. Esto tiene connotaciones internacionales muy fuertes”.

Entretanto, en el sur del continente americano, grupos mapuches vinculados a este proyecto internacional como la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) en Argentina y la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) en Chile, “le declaran la guerra a Argentina y Chile, y protagonizan actos de sabotaje, incendios y amenazas”. Para la MIL, la Nación Mapuche tiene derechos históricos sobre las tierras del “Cono Sur de Sudamérica, en el área actualmente ocupada por los Estados argentino y chileno” (Peiró 2017). Esto me recuerda a la frase usada cada vez más frecuentemente por grupos radicales en Estados Unidos que llama a devolver la tierra robada (“stolen land”) a los pueblos nativos-americanos.

Justificándose en ese pensamiento y en una deuda histórica con los pueblos originarios, se da la más reciente rebelión mapuche. Cabe destacar que el “problema con las ocupaciones mapuches lleva ya algunos años y se manifiesta en acciones como privación de la libertad, incendios, saqueos, abigeato, sabotaje del tendido eléctrico, entre otras”. Dichas acciones han mantenido a algunas poblaciones en la Patagonia en “pánico absoluto”, como lo afirma Breide Obeid, quien además reconoce dos etapas del proyecto de la Nación Mapuche.

La primera etapa para el Capitán Breide Obeid es la creación de la Nación Mapuche como tal, que abarcaría, entre otras regiones, “la Pampa y territorios estratégicos del lado chileno, desde el Atlántico hasta el Pacífico”. Dichos territorios se muestran en mapas que los dirigentes mapuches han presentado ellos mismos en la Organización de las Naciones Unidas [un jugador clave en todo este proyecto, por cierto]. Así, el exmilitar nos describe como “la batalla se daría en un paraíso, en lugares donde hay turismo y riqueza.” Por cierto, “en esta ‘Nación’ que quieren crear está Vaca Muerta”. Para quienes no saben, Vaca Muerta es la joya petrolera de Argentina. Gracias a Vaca Muerta, este país “es el segundo…con más recursos de gas de esquisto y el cuarto en petróleo no convencional” (Rivas Molina 2020).

En segundo lugar, Gustavo Breide Obeid considera al “indigenismo como maniobra segregacionista”. En este sentido, comienza destacando las implicaciones que tiene este conflicto en el sur del continente americano, es decir, en Sudamérica, y se refiriere específicamente al Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla. En estos dos grupos políticos y diplomáticos de lo que hoy se denomina izquierda, “se insiste en la creación de los estados plurinacionales”. Según el exmilitar, experto en geopolítica, “el objetivo estratégico del indigenismo en América del Sur es crear estados plurinacionales al estilo de los creados en Bolivia por Evo Morales y García Linera”. Así se divide a la sociedad y se procede a la “ocupación de territorios con recursos naturales estratégicos; caben destacar las zonas de producción de alimentos, reservas acuíferas y otras zonas con gran valor estratégico”. Este parece ser el caso de una porción importante del territorio reclamado por los mapuches.

Breide Obeid, reconociendo además una maniobra de subversión internacional, identifica contactos entre yihadistas, sunitas y mapuches. Además, señala que estos últimos “tienen un acuerdo con el anarquismo moderno para hacer reclamos violentos en las ciudades argentinas”. En este sentido destaca que “cada vez que hay una manifestación de lo que sea, se ve el signo anarquista pintado en las paredes. En efecto, donde se ve un reclamo de movimientos sociales, se ve el símbolo anarquista”. Y algo muy importante, según el exmilitar, “el punto de unión ideológico es el ambientalismo”. Mi propias observaciones e investigaciones apuntan en la misma dirección.

Y prosigue diciendo: “Así como sectores de la izquierda se han apoyado en los derechos humanos para denostar y cambiar la verdad en otros hechos”, ahora, bajo el régimen del ambientalismo, poderosos grupos de interés priorizan el cuidado del medio ambiente y el proteccionismo de las especies (que son cosas buenas), utilizan estas banderas, y las hacen propias. Pero detrás del ambientalismo y la creación de estados plurinacionales con pretensiones indigenistas, Gustavo Breide Obeid ve “una maniobra estratégica regional potenciada por actores o países hegemónicos que alimentan apetitos intervencionistas, afectando las integridades territoriales y ciertos intereses vitales de las naciones comprometidas”.

Según el exmilitar experto en geopolítica, no estamos hablando de una sublevación de algunos pueblos indios pobres y explotados “que quieren tener alguna tierra porque sus ancestros tenían derecho”. Primero, según Breide Obeid, los mapuches “no tenían derecho porque no eran de acá [no son originarios de Argentina] y, en segundo lugar, ellos sí persiguieron a los pueblos originarios que les corresponde que se les considere y que se les de tierra, porque el Estado lo puede hacer”. Entonces, como dijo antes, “parece ser que aquí hay una maniobra muchísimo más grande”.

Entonces la rebelión de los mapuches dirigida desde Bristol, Inglaterra, afecta a los pobladores en comunidades clave en Chile y Argentina. Curiosamente, estamos hablando de los lugares turísticos y económicos más importantes que hay en la Patagonia. Lo interesante es destacar la actitud de los gobiernos nacionales en los dos países. Según nos cuentan Breide Obeid y otros críticos de la ocupación de tierras por parte de la auto-proclamada Nación Mapuche, los pobladores de la Patagonia en el lado chileno y argentino “pelean por sus propiedades mientras el gobierno de Alberto Fernández y Sebastián Piñera les dan vía libre a los supuestos mapuches para tomar tierras de ambos lados de la Cordillera de los Andes”.

Así pasó supuestamente cuando se dan las protestas por los disturbios perpetrados por los mapuches en Villa Mascardi. Los vecinos se manifiestan contra la ocupación y los gobiernos nacionales no tomaron acción. Por el contrario, Breide Obeid nos cuenta cómo a través de un show mediático/periodístico y la presencia de grupos parapoliciales se convierte a las víctimas (a los pobladores y dueños de las tierras) en victimarios. Sobre estos incidentes nos recomienda el artículo en Infobae firmado por Claudio Chaves y titulado “Mapuches de Papel: Un Negocio Ilícito basado en una Tergiversación Histórica que el Gobierno Avala”.

Según este análisis se interpreta que “con el discurso de los pueblos originarios, el kirchnerismo promueve la toma de tierras en Villa Mascardi”. La pregunta más importante es “¿quiénes están detrás de las usurpaciones?” En este contexto, desde hace un par de años “se evidencia el conflicto con los mal-llamados ‘mapuches’ en Río Negro y Chubut”. Además, se “debate sobre el derecho que tienen estas poblaciones de descendencia indígena sobre las tierras que ocupan”. Al conflicto se suman la CAM en Chile y la RAM en Argentina, quienes intentan reivindicar “la lucha armada y la constitución de una Nación Mapuche, reclamando un pedazo [de territorio] a la Argentina y otro a Chile para construirla”. Bajo este esquema, los mapuches “aspiran a quedarse con los pozos petrolíferos de Vaca Muerta, zonas turísticas de alto rendimiento económico, y bosques proveedores de maderas bien cotizadas”.

Pero ¿quiénes son los manifestantes? En principio, son “mapuches de papel”. Es decir, “originarios de los barrios pobres de El Alto de Bariloche, donde La Cámpora ha ingresado con su discurso disruptivo a favor de tomar lo ajeno y ofrecer planes”. Al parecer, a los mapuches “los organizan fuera de las comunidades. Ya no son estudiantes de clase media alta que empuñaban las armas montoneras; ahora buscan jóvenes cuasi-marginales, hippies o anarquistas que encuentran en la fantasía de los ancestros, el viejo ideal de lo absoluto”.

El Capitán Breide Obeid termina su presentación explicando lo que para su juicio son los objetivos ocultos de la llamada “rebelión mapuche” y sus consecuencias. Según él, “detrás de todo esto, y de casi todos los conflictos como estos, hay causas aparentes y causas reales. La causa aparente es el derecho de los pueblos originarios a recuperar sus territorios—que ya hemos demostrado que de originario tienen poco los mapuches (que son araucanos). El objetivo en realidad es dividir a las naciones y quedarse con sus recursos naturales no renovables. Es preciso recordar que los manifestantes no eligen cualquier lugar de la Patagonia; están eligiendo lugares ricos en recursos naturales estratégicos como el petróleo, el litio, el cobre, el zinc, etc., además de los lugares turísticos que hay en esa región; esto [no parece ser] casual. Detrás de esta maniobra están las grandes potencias también. No es solamente una cuestión organizada por la gente de la RAM o de la CAM, las dos organizaciones mapuches. Tampoco son los más importantes aquí los latinoamericanos de la llamada nueva izquierda que están detrás del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo”. Participan “porque tienen sus intereses, pero detrás de ellos parece haber grandes intereses económicos, grandes grupos de poder, y por eso encontramos que el centro o la sede de muchos de estos movimientos se encuentra en el Reino Unido. Esta región parece ser paraíso de los movimientos indigenistas y guerrilleros que están transformando al país en un estado anárquico. Nadie sabe quién manda; nadie sabe quién conduce; nadie sabe cómo solucionar los problemas o no quieren solucionar los problemas, o quieren que esto pase para que parezca que somos un Estado fallido’. Por lo tanto, hay que mantenerse atentos, vigilantes, y no entrar en ningún juego”.

Lo que sucede en la Patagonia, como dije anteriormente, me recuerda a otros movimientos que me encuentro estudiando actualmente. Pienso sobre todo en lo que fueron las protestas de Standing Rock y la solidaridad de algunos de estos manifestantes con indígenas y campesinos mexicanos en la Sierra Norte de Puebla. Me parece clave comprender mejor el origen, financiamiento y apoyos de estos movimientos por parte de ONGs y otros grupos políticos. También quisiera comprender mejor el papel de los Tohono Oʼodham del sur de Arizona en la resistencia anti-muro fronterizo, y los verdaderos orígenes del activismo y los miembros que dicen formar parte de la (no reconocida federalmente) Tribu de Texas de los Carrizo/Comecrudo.

Ahora que está de moda ponerle Inc. a los títulos de libros o artículos que reconocen el papel de las empresas o gran capital transnacional en ciertos fenómenos de corte político o social, pienso en los Pueblos Originarios Inc., los Anarquistas Inc., o los Movimientos Ambientalistas Inc. En la “nueva izquierda internacional” parece haber mucho de Inc. Aún son especulaciones, falta hacer más investigación sobre estos fenómenos Inc. Asimismo valdría la pena comprender mejor el papel que juegan la nueva “Internacional Progresista” (https://progressive.international/) y la Naciones Unidas (con su agenda 2030) en estos procesos.

Finalmente me llama la atención la frase utilizada por el dirigente Mapuche Facundo Jones Huala—hoy preso en una cárcel en Chile—que dice lo siguiente: “Nosotros no reconocemos fronteras, nuestro pueblo abarca de mar a mar”. Esta frase emblemática me recuerda a los ideales de los representantes del movimiento de “fronteras abiertas” o a los conceptos básicos del llamado globalismo o proyecto hegemónico global. En efecto, Facundo Jones Huala y Nick Estes parecen tener mucho en común.


Referencias:

Chaves, Claudio. 2020. “Mapuches de Papel: Un Negocio Ilícito basado en una Tergiversación Histórica que el Gobierno Avala”. Infobae, 7 de septiembre. https://www.infobae.com/opinion/2020/09/07/mapuches-de-papel-un-negocio-ilicito-basado-en-una-tergiversacion-historica-que-el-gobierno-avala/.

Peiró, Claudia. 2017. “The Mapuche Nation, El pueblo Originario con Sede en Bristol, Inglaterra”. Infobae, 8 de agosto. https://www.infobae.com/politica/2017/08/08/the-mapuche-nation-el-pueblo-originario-con-sede-en-bristol-inglaterra/.

Rivas Molina, Federico. 2020. “La Crisis Paraliza Vaca Muerta, la Joya Petrolera de Argentina”. El País, 28 de febrero. https://elpais.com/economia/2020/02/27/actualidad/1582832498_041823.html.