Economía

¿Sabía que la STPS recibe dinero para mejorar el salario de las mexicanas? Pues sí, y no lo ejerce

22/12/2017 - 10:00 pm

A pesar de los compromisos internacionales que México ha firmado para erradicar la violencia en contra de las mujeres, el día a día y las cifras muestran un avance lento. Violencia de género no son sólo son golpes, gritos o feminicidios; está también la violencia económica y laboral y es una realidad en casi todo el mundo, aunque en unos países está más pronunciada que otros.

El problema tiene varias raíces y se refleja en desempleo y/o en bajos salarios en comparación con el que recibe un hombre por hacer las mismas tareas.

Y las causas, que también son varias, se complementan: están las empresas que no las contratan en las mismas condiciones que a un hombre “porque se embarazan”; una madre que debe aceptar un trabajo mal pagado porque es flexible y le permite cumplir con su otro trabajo –no remunerado– de cuidar la casa y la familia, o que a pesar de tener estudios de doctorado, no ocupan puestos directivos porque un hombre tiene más capacidad.

Para que una mujer pueda ganar el salario que un hombre recibe en 12 meses, tendría que trabajar 15. De acuerdo con la IOT, erradicar estas condiciones tomará, por lo menos, 70 años.

Ciudad de México, 22 de diciembre (SinEmbargo).– Las brechas de género, salariales y económicas, son una realidad en el mundo y en el caso de México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el ingreso promedio mensual de una mujer, es de 4 mil 788 pesos, mientras que el de un hombre es de 6 mil 204 pesos.

En las últimas décadas, el reconocimiento de ese comportamiento auspiciado por Estado y empresas y en conjunto, por razones culturales, ha orillado a México a firmar tratados internacionales para poner fin a esa brecha.

Sin embargo, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación, durante la administración de Enrique Peña Nieto, el programa “Fomento de la equidad de género y la no discriminación en el mercado laboral” sólo figuró en los primeros tres años y luego desapareció y contó con un presupuesto total de 60 millones 209 mil 264 pesos, ejercidos por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

Esa cantidad representó el 0.05 por ciento del dinero que se ha destinado como Erogaciones para la Igualdad entre hombres y Mujeres.

Tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y más recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Cariba (Cepal), han alertado sobre las condiciones laborales de las mujeres en México y ubican al país como una de las naciones en las que poco se ha avanzado y dentro de los mayores índices de gravedad del problema.

Las cifras muestran que en México, una mujer es más propensa a tener un menor sueldo que un hombre, aunque ambos realicen el mismo trabajo y aunque ella tenga más preparación académica; es más propensa a recibir puestos de trabajo que no sean directivos, porque se duda de sus capacidades o porque puede decidir ser madre y optará por el cuidado de la familia; es más propensa a tener que aceptar trabajos mal pagados y con pocas o ninguna prestación, porque suelen ser más flexibles y como aún el trabajo del hogar no se considera una labor compartida, tiene que destinar parte de su tiempo a esas tareas.

Esta práctica, además de dejar en desventaja a cientos de personas sólo por su sexo, es un tope económico para los países, ya que se desperdicia la mitad de la fuerza laboral, y a la larga es un multiplicador de la pobreza, ya que el trabajo es la entrada a la participación económica y a los derechos básicos.

En los últimos cinco años, México ha destinado en total 118 mil 342 millones 623 mil 672 pesos en Erogaciones para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, de los cuales, la STPS ha recibido mil 172 millones 027 mil 486 pesos; es decir, sólo el 0.99 por ciento de ese dinero.

Los programas que la Secretaría del Trabajo, dirigida por Alfonso Navarrete Prida desde 2013, son Procuración de justicia laboral, Ejecución de los programas y acciones de la política laboral y Programa de Apoyo al Empleo.

La Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, por sus siglas en inglés) a la que México está adscrito, establece en su Artículo 11 que “los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera del empleo a fin de asegurar a la mujer, en condiciones de igualdad con los hombres, los mismos derechos”.

En México hay 61.4 millones de mujeres y representan el 51.4 por ciento de la población total del país. En la formalidad, las mujeres tienen cuatro de cada 10 empleos registrados en el IMSS, pero su salario es 14 por ciento menor.

El 20 por ciento de las mujeres gana el salario mínimo y sólo 4.6 por ciento tiene una remuneración mayor a cinco salarios mínimos. En hombres, 10.7 gana un salario mínimo y 7 por ciento, más de cinco.

En el estudio “La Evolución de la brecha salarial de género en México”, los investigadores Eva Arceo Gómez, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y Raymundo Campos Vázquez, de El Colegio de México (Colmex), exponen que de entre los 56 países evaluados en el Índice de Brechas de Género Globales, México se encuentra en el número 52, sólo por encima de India, Korea, Jordania, Pakistán, Turquía y Egipto. De ese conjunto, México se encuentra el último lugar de América Latina en cuestiones de igualdad de género.

LAS CIFRAS DE UN PROBLEMA MUNDIAL

De acuerdo con datos de la OCDE, en 2016 se registró un incremento en la brecha salarial entre hombres y mujeres en. México se ubicó por arriba del promedio de los países miembros, que está en 15 por ciento; México está en 18 por ciento.

Esto, agregó el organismo, no se debe a que las mujeres tuvieran menos grado de estudios, ya que incluso la brecha salarial es evidente en mujeres que tienen cargos más altos que los hombres y/o más educación, pero el problema es que son subestimadas y tienen otros “compromisos”, como las tareas que una mujer “debe” hacer sin paga alguna, lo que obliga a las mujeres a que busquen trabajos más flexibles.

De entre las propuestas que se han generado para erradicar este problema están dar un periodo de maternidad de 14 semanas, aumentar el periodo de paternidad y hacerlo obligatorio, instaurar programas de estancias infantiles y guarderías gratuitas.

La misma OCDE ha señalado que esto no se trata de un tema de feminismo, sino de desarrollo económico.

En el estudio “Alcanzando la Equidad”, elaborado por la consultora Accenture, a nivel mundial, por cada 100 dólares que gana una mujer, un hombre gana 258 dólares, es decir 61 por ciento menos.

Otro estudio, elaborado por PwC, “Mujeres Ejecutivas: lo que ellas quieren de las empresas en México”, señala que 52 por ciento de las mujeres tienen estudios universitarios, 53 por ciento tienen estudios de posgrado, pero sólo 13 por ciento ocupa puestos directivos o de alto rango en empresas.

La diferencia salarial entre hombres y mujeres persiste en todas las áreas sociales y económicas. Foto: EFE

UNA SOLUCIÓN DE 70 AÑOS

Para la OIT, las mujeres siguen experimentando dificultades para acceder a empleos decentes y los logros al respecto han sido mínimos.

“La desigualdad entre mujeres y hombres persiste en los mercados laborales mundiales, en lo que respecta a las oportunidades, al trato y a los resultados. En los dos últimos decenios, los notables progresos realizados por las mujeres en cuanto a los logros educativos no se han traducido en una mejora comparable de su posición en el trabajo”, plantea en uno de sus informes al respecto.

Una de las principales causas de este problema, es el reparto desigual de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas entre las mujeres y los hombres y entre las familias y la sociedad.

Entre 1995 y 2015, la tasa mundial de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo cayó del 52.4 al 49.6 por ciento. Las cifras correspondientes a los hombres fueron del 79.9 y del 76.1 por ciento, respectivamente. A escala mundial, la probabilidad de que las mujeres participen en el mercado laboral sigue siendo casi 27 puntos porcentuales menor que la de los hombres.

El problema se agudiza si se trata de mujeres jóvenes, que según la OIT, continúan estando excesivamente representadas como trabajadores familiares auxiliares.

“La brecha de género en la distribución de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas significa que las mujeres tienen más probabilidades de menos horas a cambio de una retribución o beneficios”, dice el informe.

Agrega que en particular las mujeres empleadas, ya sea como trabajadoras autónomas o como trabajadoras asalariadas o a sueldo, tienen unas jornadas de trabajo más largas en promedio que los hombres empleados; concretamente, la brecha de género es de 73 minutos y de 33 minutos por día en los países en desarrollo y desarrollados, respectivamente, aun cuando las mujeres están empleadas, siguen asumiendo la mayor parte de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas, lo cual limita su capacidad para aumentar sus horas en un empleo remunerado, formal y asalariado.

“Si prevalecen las tendencias actuales, se necesitarán 70 años para colmar la brecha salarial por razón de género. A escala mundial, la brecha salarial entre hombres y mujeres se estima en el 23 por ciento; en otras palabras, las mujeres ganan el 77 por ciento de lo que ganan los hombres.  Estas disparidades no pueden explicarse únicamente en términos de diferencias de edad o educación, sino que también están vinculadas con la infravaloración del trabajo que realizan las mujeres y con las calificaciones que se requieren en los sectores u ocupaciones dominados por mujeres, con la práctica de la discriminación, y con la necesidad de que las mujeres interrumpan su carrera profesional para asumir responsabilidades de cuidado adicionales, por ejemplo, tras el nacimiento de un hijo”, sostiene la OIT.

Daniela Barragán
Es periodista por la UNAM, con especialidad en política por la Carlos Septién. Los últimos años los ha dedicado al periodismo de datos, con énfasis en temas de pobreza, desigualdad, transparencia y género.
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