“López Obrador perdonó desde el inicio de su Gobierno a los criminales, les propuso una amnistía improcedente y difusa, les prometió no capturarlos, se dijo “conmovido” por la condena a ‘El Chapo’ Guzmán en EU”. Foto: Omar Martínez, Cuartoscuro

+ El Ejército, enojado

+ El narco, complacido

“Yo no estaba informado (del operativo para detener al hijo de “El Chapo” Guzmán). No me informan en estos casos. Cuando me enteré, les pido que se reúnan, que tomen una decisión y yo lo avalo…”, dijo López Obrador. Graves, y preocupantes, sus palabras.

Graves, porque se están tomando decisiones de alto riesgo a sus espaldas y sin consulta obligada, sobre todo cuando en el fracaso gubernamental en Culiacán intervinieron agentes de la DEA. Aún más: el Presidente de México aislado durante tres horas por su terquedad de viajar en vuelo comercial, que en nada abona a la tranquilidad nacional. Un mandatario rebasado por su equipo y por la inseguridad.

Preocupantes, porque tenemos un Presidente desinformado, que cuando viaja se desconecta literal de la realidad del país. Mientras se toma selfies con algunos pasajeros, abajo, en el mundo real, la seguridad nacional es arrodillada y el crimen organizado demuestra quién es el que manda en México.

Un Presidente puede cometer errores, pero jamás estar desinformado.

Calderón desató una guerra contra el crimen organizado sin estrategia eficaz, a punta de balazos, y el país se convirtió en un campo de batalla. Perdió.

Peña Nieto censuró la palabra “violencia” de la narrativa oficial, la eliminó del discurso gubernamental, la ignoró en la praxis, y México se erigió como una tierra sin Ley. Perdió.

López Obrador perdonó desde el inicio de su Gobierno a los criminales, les propuso una amnistía improcedente y difusa, les prometió no capturarlos, se dijo “conmovido” por la condena a “El Chapo” Guzmán en EU, amenazó a los sicarios con acusarlos con sus mamás, lanzó un gallardo y atemorizante “fuchi, guácala” contra la delincuencia, y ha puesto al país de rodillas ante el crimen organizado. Y va perdiendo.

¿Hay un antes y un después tras el fracaso gubernamental y la humillación personal a AMLO, tras ser obligados a liberar a Ovidio Guzmán, “El Chapito”, hijo menor de Joaquín Guzmán Loera, en Culiacán? La respuesta es sí. Será una cicatriz que AMLO lleve en los próximos cinco años. Una rendición vergonzante ante las armas de los criminales. ¿Por qué? Por la falta de estrategia y eficacia del gabinete de seguridad integrado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Defensa y la Marina. Por la ausencia de inteligencia. Por la carencia de coordinación.

Liberación de “El Chapito”, para que todos sepan quién manda en México.

Gobierno y ciudadanos, postrados ante los criminales.

Ese es el México que observa el mundo con azoro y que gobierna – hoy, es un decir -, Andrés Manuel López Obrador.

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“(Se liberó a Ovidio Guzmán) porque se decidió proteger la vida de las personas. No se trata de masacres”, justificó AMLO la capitulación de su Gobierno en Culiacán. Maniquea, esa postura presidencial. Inclusive, manipuladora. ¿Por qué?

Por una razón de fondo:

Porque es la consecuencia directa de una irresponsabilidad mayúscula de AMLO y de su equipo de seguridad: haber minimizado, desde el arranque del actual Gobierno, el poderío, la presencia y la repercusión del crimen organizado en territorio nacional. Consecuencia de haber soslayado sus alcances reales.

Consecuencia de ignorar la dinámica del narco, que se apodera de territorios. Consecuencia directa del lenguaje y postura chabacanos por parte del Presidente de la República, que en lugar de enviar un discurso de firmeza, serio e inteligente – nadie le ha pedido que le declare la guerra armada al narco-, se limitó a lanzar chistoretes, cuchufletas y frasecitas domingueras contra los criminales, que en unos cuantos meses se dieron cuenta que tendrían manga ancha y le perdieron el respeto a la figura presidencial.

No, ciudadano Presidente. El riesgo para las vidas de los ciudadanos se encendió desde el momento mismo en el cual López Obrador decidió dejar de capturar a los barones de la droga, no perseguirlos ni castigarlos, ordenar a militares y marinos no defenderse y creer y querer hacer creer que con un lenguaje suave y hasta vacilador, los haría entrar en razón. No ocurrió así. Fracasó. Muy al contrario: con esta actitud irresponsable, aumentaron en este año la violencia, la inseguridad, la venta de droga, las ejecuciones, las extorsiones, los secuestros, y todos los derivados de la actividad criminal que hoy permea en el país. Así que esas vidas que AMLO dijo proteger en Culiacán, en realidad, las ha expuesto en todo el país durante más de diez meses con su ausencia de estrategia de seguridad desde el inicio de su mandato, dejando el terreno libre al empoderado narco mexicano.

Abandono del Gobierno, y furia del Ejército.

“Ellos (los militares), reconocieron que no actuaron con precaución…”, reprochó AMLO el lunes pasado. Declaración que no cayó nada bien en la Sedena.

Porque después del fracaso en Culiacán – el Secretario Alfonso Durazo fue desmentido ante todos por el Presidente. Durazo se mostró titubeante, errático y que tras lo sucedido, ha declarado no tener problema en buscar otros horizontes -, soldados y marinos han quedado muy mal parados ante la opinión pública. El Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas (AMLO), ni siquiera ha lamentado la muerte de los soldados caídos en el operativo fallido. Ni palabras de reconocimiento a los militares. Apenas el lunes pasado, cuatro días después de los hechos, la SRE emitió un comunicado ofreciendo su pésame a las familias de los soldados muertos. Y ese abandono gubernamental ya tiene consecuencias:

En la página “Militares-Sedena” en FB que registra casi 750 mil likes – y no desmentida ni desautorizada por el gobierno mexicano -, se lanzan consignas de este tipo:

“El Ejército, Marina, policía y Guardia Nacional cumplieron con su misión en Sinaloa. Soportaron durante horas el fuego, abrieron caminos, quitaron bloqueos, resistieron los enfrentamientos, defendieron su unidad cuando el narco intentó tomarlo. Cumplieron con detener al hijo de “El Chapo”. Soportaron la primera oleada de ataques. Quien no cumplió, fue el Estado…

“¿Y AHORA QUÉ VA A PASAR?

“¿Vamos a hacer como si nada de esto hubiera pasado? Militares exigimos que se haga justicia y sobre todo que se exija una Ley donde nosotros podamos defendernos, no puede existir tanta impunidad. Por dios…

“Necesitamos que aprueben una Ley donde nos dejen utilizar nuestras armas si es necesario para salvaguardar nuestra integridad. Si no se va a llevar a cabo, entonces les exigimos REGRESAR A NUESTROS CUARTELES”.

Hasta aquí, los reclamos castrenses en dicha página. Llama la atención que ni la Defensa Nacional ni el Gobierno mexicano, hayan aclarado si es o no es una página que realmente exprese el sentir de los soldados mexicanos.

Nadie, absolutamente nadie la ha desmentido.

Aún más:

En un video atribuido a la Sedena, que circula entre militares y que tampoco fue desmentido, se destaca la actuación de los soldados en Culiacán y se lanza una frase que despeja dudas: “Los militares cumplimos con nuestra misión. Nosotros sí tenemos principios. Nosotros sí amamos a México…”.

El Ejército está enojado por lo ocurrido en Culiacán.

De eso, no hay duda.

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De acuerdo al conteo del diario Reforma basado en cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 2019 es el año más violento del que se tenga registro: 25,890 homicidios dolosos. (Antonio Baranda – 20/X/2019). Más que hasta septiembre de 2007 con Calderón, durante su primer año de Gobierno. Más que en 2013 con Peña Nieto. Con AMLO: 2 mil 600 ejecutados cada mes. 90 diarios en promedio.

Y más:

¿Qué hace AMLO cuando se le cuestiona por la falta de una estrategia eficaz? Prefiere seguir con su cada vez más desgastada cantaleta de regañar a la prensa que lo critica, en lugar de enfrentar de manera más eficiente a la criminalidad y atender el conflicto de fondo. El lunes prefirió hablar de la Serie Mundial de Beisbol (¿?) cuando se le preguntó en concreto por Culiacán. Así se la ha pasado en más de diez meses de Gobierno. Y allí los resultados: violencia fuera de control.

Nadie le pide a AMLO masacres ni guerras ni represión. Es descabellado plantearlo siquiera. Esa retórica solamente ha sido utilizada por el Gobierno de López Obrador para encubrir y justificar la falta de seguridad durante el tiempo de la mal llamada Cuarta Transformación.

Lo que se le pide, sí, es estrategia, no chistoretes. Eficacia, no palabrería. Seriedad, no pantomima.

Cruenta, la guerra con Calderón.

Equivocado, el disimulo de Peña.

Arrodillado, el Gobierno de AMLO.

Ni para dónde hacerse.

TW @_martinmoreno

FB / Martin Moreno

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