“Es un problema doloroso y complejo porque buena parte de esa violencia se queda en cifra negra”, Foto: Cuartoscuro

“Le dije a mi amiga, ¡corre!, y ya corrimos, en eso cuando se dio cuenta que corrimos se dio la vuelta el vehículo y se siguió atrás de nosotras, pero a unos metros estaba la puerta y nos alcanzamos a meter a la escuela y ya ellos se siguieron derecho”.

Es el testimonio de una alumna de medicina de la UAS quien contó a Gabriel Mercado, reportero de Noroeste, cómo estuvo a punto de ser víctima de un rapto junto a una compañera. Expuso que llamó al 911, pero no le quisieron aceptar la denuncia.

Y luego explica: “Hubo presencia policiaca, pero eso se hizo más que nada por los rumores que había que habían ‘levantado’ personas ayer, y que había muertas incluso, ellos minimizaron las cosas (las autoridades) y dijeron que no había pasado nada, como yo le comenté al director: no ha pasado nada de que se hayan llevado a alguien porque no hay demandas, pero de que han intentado, han intentado”.

El caso se inscribe en un clima de temor y psicosis en redes sociales sobre presuntos ataques contra mujeres en Culiacán. Pero, ¿qué tanto es real y qué tanto es desinformación? Muy difícil saberlo pero es muy obvio que el miedo está allí.

Empiezo con los hechos y los hechos son los siguientes:

Primero, existe la denuncia contada anteriormente y los testimonios de integrantes de colectivos feministas que afirman conocer a más víctimas. Dichos colectivos se manifestaron en las instalaciones de la Fiscalía para exigir el alto a la impunidad en las agresiones contra mujeres.

Reclamaron además la escueta respuesta de “Ánimo” que el Gobernador Quirino Ordaz les dio en twitter a sus reclamos. Lo que luego Ordaz Coppel reconoció como un “error de dedo”.
Segundo, el Secretario de Seguridad Pública Cristobal Castañeda Camarillo realizó un recorrido por la UAS junto a autoridades universitarias y enfatizó que no tenían ninguna denuncia formal sobre ese tipo de hechos e invito a realizarla para darle seguimiento al caso. Llamó también a no propagar rumores vía redes sociales.

Y tercero, más allá de esta coyuntura específica, hay que mirar el bosque y no el árbol: en Sinaloa las mujeres son víctimas constantes de violencia intrafamiliar, desaparición, violación y homicidio. Eso es innegable y los datos duros lo confirman:

El año 2018 registró 187 casos de violación, la cifra más alta desde 2011 y enero del 2019 cerró con 21, tres veces más que el año pasado, según datos de la Fiscalía General del Estado.

También, en enero de este año la cifra de feminicidios fue del doble de la del año pasado con 6 casos y las denuncias por violencia intrafamiliar pasaron de 206 a 344 casos.

Además cada vez tenemos más reportes de desaparición de personas en Sinaloa. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), se cuentan en Sinaloa más de 3 mil personas y las mujeres no escapan a esa realidad.

Es un problema doloroso y complejo porque buena parte de esa violencia se queda en cifra negra debido el temor a denunciar y a la ineficacia y desdén de las autoridades; lo que redunda en más impunidad y una re-victimización constante de quienes tienen el valor de denunciar.

Sobre el tema, Ricardo Jenny del Rincón, Coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), llamó al gobierno del estado a implementar medidas urgentes para remediar la situación.

En conclusión, las redes siempre serán caldo de cultivo para el rumor y la desinformación, pero no es allí donde las autoridades estatales y municipales deben concentrar sus energías, sino en atender los problemas concretos de inseguridad que son su principal responsabilidad.

Por eso, el Gobierno de Quirino Ordaz no puede negar la situación de violencia creciente que viven las mujeres sinaloenses y debe aprovechar la crisis actual para atenderlo de inmediato. No en las redes, sino en la realidad.