Sylvia escribe y da clases de literatura en El Paso. Foto: Especial

Sylvia escribe y da clases de literatura en El Paso. Foto: Especial

Ciudad de México, 24 de abril (Sin Embargo).- Es Sylvia con “Y” y su apellido, Aguilar Zéleny. Se trata de una de las jóvenes escritores aparecidas en el panorama literario nacional, para regocijo sobre todo de los lectores adolescentes.

Muchos, como es de prever, preferirán Crepúsculo y toda esa literatura industrial, pero tal vez ese sólo el inicio del camino que lleve a los lectores primerizos a ese lugar de los libros que significa siempre un punto de partida y no de llegada.

No se trata de afirmar que Nenitas, el primer y celebrado volumen de cuentos de Sylvia Aguilar Zéleny sea sólo para jóvenes, pero hay que decir que, quizás en la misma tesitura que la afamada guionista Diablo Cody (autora entre otras de Little Miss Sunshine), la escritora nacida en Hermosillo, Sonora, en 1973, ha sabido pulsar la cuerda de la primera edad.

Contando historias para los seres que no son ni adultos ni niños y que, en este caso, pertenecen al género femenino, Sylvia se ha ganado un lugar propio, personal, en la nueva narrativa nacional.

Residente en El Paso, esta narradora, licenciada en literaturas hispánicas por la Universidad de Sonora y maestra en estudios humanísticos por el ITESM, ha tomado talleres de creación literaria con Abigael Bohórquez, Héctor Manjarrez, David Martín del Campo y Cristina Rivera-Garza.

Formó parte del Laboratorio Fronterizo de Escritores de Tijuana-San Diego 2006. Ha colaborado en Altanoche, La Tempestad, Las Hojas de la Mancuspia, Milenio, Néctar, Picnic, entre otras publicaciones.

Mención honorífica en el Concurso del Libro Sonorense 2000, en el género de ensayo. Ganadora del Concurso Sonorense en el género de cuento en 2003. Ganadora del Concurso de Cuento Cristina Rivera-Garza 2005, Toluca, Edo. de México, parte de su obra se incluye en las antologías Romper el hielo: novísimas escrituras al pie de un volcán, Bonobos, 2005, y Sin límites imaginarios, antología de cuentos del norte de México, UNAM, 2006.

Nenitas, su primer libro sola, es fruto de la unión con la editorial Nitro Press, que dirige el incansable editor y escritor Mauricio Bares. Se trata de un libro que obtuvo antes de ser editado el Premio Regional de Cuento de la Ciudad de la Paz 2012.

Las nenitas de los cuentos de Aguilar Zéleny son dulces y un poco bobas, pero a no dejarse engañar; a menudo pierden la paciencia y realizan acciones implacables o juicios demoledores hacia sus semejantes.

“Lo pienso y lo pienso y caigo en la cuenta de que la infancia y la adolescencia son temas a los que voy a regresar”, dice la escritora en diálogo con SinEmbargo, al admitir que se trata de un campo difícil de explorar, de narrar.

“Las cosas que para los adultos son más sencillas o intrascendentes, en la adolescencia cobran un estatus de drama genial”, dice Sylvia, quien antes de Nenitas escribió Gente menuda, donde cobra preeminencia la voz infantil.

El libro fue editado por Nitro Press y ha agotado ya varias ediciones. Foto: Especial

El libro fue editado por Nitro Press y ha agotado ya varias ediciones. Foto: Especial

– ¿Por qué “Nenitas?

– Es una palabra que siempre me ha gustado mucho. Es tan dulce. Por otro lado, me gusta la sonoridad de la palabra, con esas dos “n” y esa “t”. Por otro lado, algo tan tierno puede volverse de pronto agresivo. Nenitas hasta puede ser un insulto.

–  Y un insulto de género, además…A uno le divierte mucho decirle a algún amigo, “te viste muy nenita”, pero el fondo de eso es tremendamente discriminatorio…

– Absolutamente. Lo ves en el cuento “El día que murió papá”. Mientras lo trabajaba, el personaje era un chico gay. Y ese insulto de nenita pesaba mucho más. Finalmente, cambié de género el personaje y se convirtió en una chica.

Con respecto al estilo narrativo, fluye una gran facilidad para transitar por el género. A veces siento que para hacer cuentos, tienes la técnica o no la tienes…

– Exacto. Creo que esa sensación viene de la brevedad de los cuentos. Hay uno o dos que son más largos, pero en general son relatos breves, donde si no tienes la idea clara al principio, si no jala la historia en los primeros renglones, el lector enseguida cambia de página. El cuento construye un microcosmos muy cerrado, de mucha exigencia en la escritura, tienes que trabajar mucho lo que físicamente se expresa en apenas dos páginas. Si un capítulo en una novela te queda flojo, tienes muchos más para ir mejorando, pero en el cuento es todo lo que hay, unas pocas líneas.

– Ese reto literario, ¿te dejó satisfecha, cómo te sientes ante el libro ya editado?

– Me dejó con ganas de más, con cuentos que también me hubiera gustado incluir en el libro. Ahora escribo una novela y muchas de las obsesiones que no pude resolver en Nenitas las estoy viendo acá, en este territorio de la novela.

– ¿Qué significó para ti el encuentro con Nitro Press?

– Uy, mucho. Primero fue muy divertido. Ellos se habían enterado de que había ganado el Premio de Ciudad de La Paz y me lo dijeron. Mauricio lo quiso inmediatamente porque sentía que era un trabajo que se ajustaba mucho a la editorial. Otra de mis obsesiones son las formas y realmente el libro salió como yo quería, desde todos los aspectos. Han sido muy fieles  a lo que yo tenía en la cabeza. Por otro lado, ha sido muy importante la promoción que dieron a Nenitas.

– ¿Qué significa la escritura en tu vida?

– Me encantaría poder decirte que desde pequeña quise ser escritora, que siempre me gustó este oficio, pero no es así. Empecé a estudiar Letras con el afán de convertirme en traductora. En la carrera tuve que comenzar a escribir algunas composiciones y cuando menos me di cuenta, ya estaba tomando notas, tal como hago ahora, en una libreta: las cosas que veo, las que oigo, para luego volcarlas en un cuento. Y así fue como me dediqué a esto, que es lo que me gusta hacer. Me interesa tanto escribir como la enseñanza de la escritura y eso es lo que hago en El Paso.