Territorios impunes, publicada en 2010, es una novela de Alfredo Espinosa, escritor originario de Delicias, Chihuahua. Ambientada en Ciudad Juárez, la novela narra las vivencias de Alfonso Mitre ocurridas durante, aproximadamente, quince días, en los cuales, vive experiencias nuevas y extraordinarias en su vida profesional y personal. El protagonista labora como un psiquiatra encargado de presentar casos clínicos de partícipes en crímenes de violencia familiar.

Por Gibrán Lucero

Ciudad Juárez, Chihuahua, 24 de octubre (JuaritosLiterario).- Territorios impunes, publicada en 2010, es una novela de Alfredo Espinosa, escritor originario de Delicias, Chihuahua. Ambientada en Ciudad Juárez, la novela narra las vivencias de Alfonso Mitre ocurridas durante, aproximadamente, quince días, en los cuales, vive experiencias nuevas y extraordinarias en su vida profesional y personal. El protagonista labora como un psiquiatra encargado de presentar casos clínicos de partícipes en crímenes de violencia familiar.

En la primera parte de la obra aparecen los personajes principales: Ábrego, jefe de la penitenciaría que le facilita la entrada al lugar y el acercamiento a los reos y A., amante de Mitre, muchos años menor que él. Asimismo, aquí se mencionan personajes inspirados en asesinos no ficcionales de la localidad, por ejemplo, el Tolteca y Abdel Latif Sharif.

El primero se conoce en la historia de la ciudad por fungir como jefe del grupo de asesinos seriales “Los choferes” o “Los ruteros”, quienes se dedicaban a secuestrar, torturar, violar y asesinar a mujeres a mediados de los noventas. De manera similar, Sharif, asesino serial nacido en Egipto y con antecedentes en Estados Unidos, fue sentenciado en Ciudad Juárez, lo cual no lo detuvo pues pagaba a otros por continuar asesinando mujeres y desviar la atención de su caso. Así, los primeros diez capítulos de la novela se sostienen con fuerza debido al acercamiento que se hace a estos personajes y el retrato de una sociedad en crisis que ha normalizado el feminicidio: “Menchaca no tenía remedio. Hablaba de las mujeres asesinadas de la misma manera que trataba el asunto de las vacas muertas por la sequía”. Lo casos de Lomas de Poleo, entre otros, también aparecen en la trama de la obra.

El resto de la novela de casi doscientas páginas, se concentra en el pasado oscuro del protagonista, quien sufre recuerdos asociados a la muerte de su hermano menor, en el deseo de experimentación sexual que quiere tener con A., y en un relato de un paciente llamado P. H. No obstante, la historia cierra pobremente con un ripio constante a manera de voz del inconsciente del Dr. Mitre y largas acotaciones redundantes. Considero que el texto de Espinosa debió reducirse a las narraciones mencionadas en el párrafo anterior, la cuales muestran la crudeza de una realidad todavía presente. Por ejemplo, el momento cuando el Tolteca toma las riendas del relato “¡A terreno! —me ordenaron mientras ataban y amordazaban a la muchacha. Y luego la empezaron a desnudar. Estaban bien jariosos. Mientras me dirigía a Lomas de Poleo, yo los miraba, desde el retrovisor, montarse en ella. El primero fue el Kiany, luego el Gaspy. Yo tuve que llover sobre mojado”.

Uno de los espacios más característicos que aparecen retratados en la novela es el desierto, paisaje que se ha convertido en un baldío de desperdicios: “A pesar de las sombras que empezaban a alargarse, se podían observar, entre los matorrales y mezquites, esqueletos de televisores, llantas requemadas, lavadoras, catres, zapatos curtidos y agujerados”; pero también en un “territorio impune” que ha albergado miles de crímenes: “El calor, el aire que revolvía el polvo, el tufo a perro muerto y el silencio propiciaban una atmósfera insoportable. Estos son, me dije, los territorios impunes”.  El desierto, entonces, se vuelve testigo de cuerpos sin vida en esta ciudad, clasificada en determinado momento como la más violenta a nivel internacional: “Comenzaban a encenderse a lo lejos, en el Paso, Texas, las primeras luces. Desde aquí las cosas se miraban más claras: Ciudad Juárez estaba catalogada como una de las ciudades más peligrosas del mundo y su frontera con Estados Unidos era mucho más que una herida incicatrizable”.

Todo Ciudad Juárez es un desierto, sin embargo, en ciertos lugares de la ciudad, como Lomas de Poleo, el Lote Bravo o el centro histórico, este ecosistema realmente se convierte en una zona de desesperanza, terror y obscuridad. Miles de personas tienen que caminar cerca de ellos cuando van a su trabajo, regresan a sus casas o salen por alguna necesidad. El crecimiento desmedido de la ciudad ha creado nuevos territorios impunes, además de los que siempre han existido, situación que aumente drásticamente la probabilidad de sufrir alguna agresión. Las escenas de elementos de las corporaciones policiacas acordonando un baldío ya resulta una postal común ante la población, acostumbrada a los hechos violentos de la frontera; sin embargo, eso no significa que haya perdido el temor, sobre todo las mujeres quienes cada día arriesgan su vida en estos espacios sin luz y lejos de cualquier auxilio posible. Reconocer y nombrar este problema, como lo hace la novela de Espinosa y de ahí su valor, ayuda a la reducción de hechos violentos y puntos vulnerables, ya que cosas tan sencillas como un alumbrado público inviable propician un sinfín de territorios impunes en Ciudad Juárez.

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