En su casa de Chimalistac. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

En su casa de Chimalistac. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Ciudad de México, 25 de noviembre (SinEmbargo).- Cuando el martes 19 de noviembre sonó el teléfono en la casa de Elena Poniatowska eran menos de las 7 de la mañana. Al otro lado de la línea una voz le dio una información que la autora de La noche de Tlatelolco y Tinísima no entendió muy bien.

Se había ganado el Premio Cervantes, considerado el Nobel español. Un poco más repuesta del shock que le había causado la noticia llamó a su amiga querida Marta Lamas, pero ella no estaba.

“Sale como a las 6, se acuesta a las ocho de la noche, tempranísimo ya está en pie”, explica Elena con tono didáctico.

Así que llamó a su hijo Felipe, que vive cerca y que quedó de igual modo demudado por la noticia que le daba su madre.

Cuando la mañana del martes ya había desplegado su sol entero en el generoso limonero que no para de entregar frutos en el jardín de la calle San Sebastián, a la puerta de la casa de Poniatowska se agolpaban amigos y colegas.

“Todos conocen esta casa, a menudo los periodistas vienen a tomar café”, dice la escritora enfundada en un coqueto traje de dos piezas intensamente rojo, mientras pasea un poco distraída por el mar de flores de todos colores que le quitan espacio en la sala.

Hay tensión en el ambiente. Los asistentes de Poniatowska cuidan la entrada como verdaderos guardias pretorianos, decididos a hacer esperar en la calle a los reporteros citados para una larga jornada de entrevistas.

No hay café y eso le preocupa a Elena, que se deshace en disculpas. El perro, un hermoso labrador negro, sufre en silencio por un dolor de oídos cuyas causas no ha logrado todavía establecer la veterinaria. El ama de llaves de Elena no está de acuerdo con la veterinaria, que es a la sazón la hermana de la conocida periodista Denise Maerker.

“No me lo revisó bien, centímetro a centímetro, como si fuera un bebé”, explica la muchacha en tono de reproche.

Llega una amiga de Elena. Es de Perú y pronto tomará el vuelo de regreso a Lima. Habla de un pariente que viajó a Camboya para investigar sobre el Khmer Rojo y las posibles líneas de coincidencia con la experiencia de Sendero Luminoso en el Perú.

La escritora recibe a SinEmbargo. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

La escritora recibe a SinEmbargo. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

En uno de los sillones, brilla un cojín con la cara de Andrés López Obrador bordada en todos los colores. AMLO, dice una leyenda en mayúsculas. De pronto, como si Poniatowska no tuviera los 81 años que denuncia su biografía sube presurosa las escaleras. Va a buscar un libro para dedicárselo a su amiga limeña.

Se trata de El universo o nada, la biografía del astrónomo Guillermo Haro (1913-1988), padre de sus hijos y para quien había escrito en 2001 la novela La piel del cielo.

Escribe una leyenda en la primera página. Se sienta en uno de los sillones. Comienza la entrevista.

–          ¿Estuvo pensando mucho en El universo o nada? ¿Siempre tuvo claro que iba a escribir este libro?

–          Pensé en hacerlo cuando me empezaron a decir que La piel del cielo era la vida de mi marido. No era así, sólo tomé su infancia. Es horrible que piensen que sólo eso podía ser su vida. Así que con el archivo de mi esposo, que está aquí, en la casa, y la ayuda de una excelente escritora argentina, Sonia Peña, comencé a armar El universo o nada.

Poniatowska y su nuevo libro. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Poniatowska y su nuevo libro. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

–          Una vez me quedé despierta hasta la madrugada y vi en la televisión un documental dedicado a Guillermo Haro…

–          Ese lo hizo Felipe, mi hijo. Era un hombre severo, Felipe dice que lo conoció poco. Exigía mucho, sobre todo a sus hijos. Había una gran diferencia de edad entre él y sus hijos más pequeños. Prácticamente quería que leyeran casi al nacer…

–          ¿Lo quiso?

–          Lo quise mucho, sí. Con el paso del tiempo, cada vez más valoro lo que él significó, su lucha. Quizás, como era tan severo y regañón, en el momento sentía un poco de rebeldía contra él. También sentía en esa época que era un privilegio que un hombre así me hubiera elegido. Ahora, cada vez lo admiro más.

–          El estilo de El universo o nada es muy ameno, como si usted se sentara en esta sala dispuesta a contarnos la vida de su esposo…

–          Eso es porque soy periodista. Los periodistas tienen que escribir para que se entienda lo que dicen. Además, nunca he sido nada elaborada. Soy casi simple, como dicen. Entonces, las cosas tal como sucedían, sin muchos adjetivos, sin mucha elucubración mental…así escribo…

–          ¿Cómo es meterse en la vida de otra persona para luego narrar esa vida?

–          Tuve la ventaja de que pasara mucho tiempo, el necesario para asimilar, para digerir, lo que viví junto a Guillermo Haro. No puse todo, claro. No puedes hacer libros enormes, de difícil lectura. Así que fui seleccionando lo que consideré más importante.

–          ¿Está contenta con el resultado?

–          Para mí es todavía un libro difícil. Hubiera querido que fuera más sencillo aún. No domino muchos temas y aquello demasiado ligado a la ciencia que no podía traducir, ni siquiera entender, no lo puse. Lo quise hacer un libro accesible, pero me salió uno que no se lee de un sentón.

–          ¿Sus hijos leyeron el libro sobre su padre?

–          Sobre todo Mane. Su padre estuvo encima de él todo el tiempo, nunca lo soltó. Él es físico especializado en rayos láser, muy bueno y reconocido en su campo. Estuvo en España y ahora se va a Alemania, por dos años.

“ME FALTAN OCHO LIBROS”

Prepara un libro sobre Lupe Marín.  Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Prepara un libro sobre Lupe Marín. Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

Cuando Elena Poniatowska, nacida en París el 19 de mayo de 1932, dio a conocer Leonora, su novela dedicada a la pintora surrealista Leonora Carrington, en 2010, dijo a la prensa que su objetivo era escribir 10 libros para sus 10 nietos.

El universo o nada es el segundo de ese proyecto y está dedicado a su nieta mayor, Inés.

“Me faltan ocho libros”, dice mirando al techo. El próximo será una biografía novelada sobre Lupe Marín, primera esposa de Diego Rivera y el siguiente un trabajo sobre sus antepasados, los Poniatowski, de quienes todo desconoce.

–          ¿Siente la necesidad de hablar de esos personajes de la cultura pasada de México?

–          No sé, pero me gustaría por ejemplo dedicarme a Nahui Ollin, al Dr.Atl, nadie se ocupa de ellos. Aunque Adriana Malvido acaba de escribir un libro muy bueno sobre Nahui Ollin y también rescató las cartas de José Clemente Orozco a una niña de la cual estaba enamorado. Fue una historia como la de Lolita, de Nabokov.

–          ¿Hubo mejores tiempos para la cultura mexicana?

–          Sí. Creo que México es inferior a su pasado. Que no se le da a las mujeres el lugar que deberían tener. Rosario Castellanos, por ejemplo, murió de manera súbita y triste…hay que rescatar a esas mujeres escritoras, ayudar a las escritoras de ahora, para que no dejen de trabajar por falta de apoyo, no me refiero al económico sino al emocional…para que crean más en sí mismas.

–          Sandra Lorenzano habló la semana pasada en la televisión de Josefina Vicens…

–          Escribió dos libros muy buenos, pero ella sí tuvo el apoyo de otra escritora, Aline Peterson, que la acompañó toda la vida. También Lupe Marín hizo dos libros, pero se burlaron mucho de ella.

–          ¿De usted se han burlado?

–          Sí, supongo que sí. Las críticas fueron mucho más severas, pero hay que seguir adelante a pesar de las críticas.

–          ¿Alguna crítica le ha dolido más que otra?

–          ¡No! Como soy periodista, conozco mucho el medio y lo que dicen unos y otros. Eso ayuda mucho para no ser golpeado por la crítica. Además, si uno recibe demasiados elogios, luego hay un proceso malsano por medio del cual uno sólo se fija en la crítica adversa. No hay que caer en eso. Uno no debe decidir leer sólo lo bueno que dicen de uno y descartar lo malo.

–          ¿Usted es muy crítica?

–          Soy muy crítica de mí misma, pero en general, soy muy querendona.

HABLANDO DE POLÍTICA

–          Hablando de política, la renuncia del ingeniero Cárdenas a la jefatura del Partido es obra de un hombre experto en renunciar…

–          Sí, puede ser, pero él es un hombre extraordinario de la política mexicana. Me gusta mucho su seriedad, su cara, su actitud… Me gusta también mucho la actitud de su mujer, Celeste, que odia la política. Le tengo mucha admiración y mucho aprecio a Cárdenas.

–          ¿Cómo está viendo a la izquierda mexicana?

–          El problema de la izquierda mexicana es la división, la crítica, es terrible la falta de apoyo de los izquierdistas entre sí. Además, se ve todo ese tejido tan burdo de “si me apoyas yo te apoyo” que sucede muchísimo en la política…

–          Enrique Peña Nieto canceló el Premio Carlos Fuentes…

–          ¡Pero porque no hay dinero! Es un premio altísimo, de 250 mil dólares, Conaculta tiene muchos problemas de presupuesto. No fue una decisión política, sino de economía. Además, Carlos Fuentes ya tuvo sus homenajes cuando cumplió 80, creo, no me acuerdo bien qué festividad era…entonces (Felipe) Calderón echó la casa por la ventana. Mario Lavista hizo una ópera en su honor y tuvo más reconocimientos, más fiestas, cenas y banquetes que ningún otro escritor mexicano. Este gobierno no tiene nada contra Carlos Fuentes, sencillamente no hay dinero para un premio tan cuantioso.