El Presidente López Obrador durante su primera llamada con Joe Biden. Foto: Twitter, @lopezobrador_

Washington, D.C.— No pasó desapercibido el amañado comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores informando que el “gobierno de Estados Unidos” había otorgado el beneplácito a Esteban Moctezuma Barragán para embajador de México (Comunicado No. 042, 22 de enero 2021). Al no especificar qué gobierno lo otorgó ni la fecha en que se otorgó, dio lugar a que se asumiera que fue el gobierno Joe Biden, quien llevaba dos días en el poder el día del comunicado.

Nada más lejos de los hechos. El beneplácito para Moctezuma se concedió el martes 19 de enero, la noche antes de la toma de posesión de Biden, me confirmaron fuentes estadounidenses. Fue autorizado por el todavía secretario de Estado Mike Pompeo, como parte de la batería de polémicas decisiones de política exterior que tomó a última hora, precisaron.

La Cancillería solicitó el beneplácito al gobierno de Trump en diciembre. Era de esperarse que fuera ese gobierno el que lo otorgara antes de marcharse.

¿Por qué la SRE reservó la información tres días y emitió un aviso a destiempo? La verdad casi siempre se sabe. Moctezuma palomeado por el presidente que intentó deponer al presidente ante el cual representará a México. Vaya paradoja.

Tras dos semanas en las que Estados Unidos estuvo al borde del abismo, en las que no estaba claro si la democracia iba a sobrevivir la más feroz embestida interna en su contra desde la Guerra Civil, Biden tomó posesión en una ciudad militarizada. Blindado por la resiliencia de las instituciones, inició su desafiante mandato el miércoles pasado con una serie de proclamaciones dirigidas a revertir cuatro años de desgobierno interno y externo.

Además de reincorporar a Estados Unidos a la Organización Mundial de Salud y al Acuerdo Climático de París, entró en contacto con socios y aliados en el mundo. Su primera llamada el viernes fue a Justin Trudeau, seguido de Andrés Manuel López Obrador. Biden revivió la tradición interrumpida por el anterior gobierno de reservar las primeras deferencias diplomáticas para los vecinos.

En una declaración dada a conocer minutos después de la conversación con Trudeau, la Casa Blanca dijo que los líderes “resaltaron la importancia estratégica” de la relación y “revitalizaron” la cooperación en una “amplia y ambiciosa agenda” que incluye combatir la pandemia del Covid-19, el fortalecimiento de lazos económicos y militares, y el liderazgo mundial. Quedaron de volver a hablar en un mes.

La puntualidad y el tono del texto contrastó con el de México. El sábado a las 9:39 de la mañana, casi 12 horas después del comunicado de Canadá, la Casa Blanca finalmente informó sobre la conversación con AMLO. Señaló que los presidentes revisaron los temas bilaterales y regionales de la agenda particularmente migratoria. Biden abordó su plan para reducir la migración regional a partir de atacar sus causas en los países del llamado Triangulo del Norte Centroamericano. Ambos reconocieron la importancia de la coordinación en el combate al COVID-19. Nada sobre una próxima plática. Árido.

Los comunicados que siguieron a las conversaciones telefónicas de Biden con Emmanuel Macron y Boris Johnson, el fin de semana, y con Trudeau, el viernes, resaltaron el lugar preferencial que Estados Unidos confiere a sus respectivos países. Francia, “nuestro más viejo aliado”; Gran Bretaña, país con el que tenemos una “relación especial”; Canadá, “nuestro socio estratégico”. México, ningún guiño.

Para Trudeau, la conversación con Biden, que fue dinámica y sustanciosa debido a que comparten idioma e intereses, marcó la reconciliación con el aliado y vecino. Tras cuatro años de ser insultados, amenazados, ignorados y traumatizados, los canadienses celebraron la llegada del demócrata. El relevo no sólo de protagonistas sino de políticas en Washington trajo un profundo sentido de alivio para los canadienses. Pocos lamentaron el fin de Trump (The New York Times 23 de enero 2021).

Trudeau fue de los primeros en felicitar a Biden por su triunfo electoral, en cuanto alcanzó el número necesario en el Colegio Electoral cuatro días después de los comicios del 3 de noviembre. “Compartimos una relación que es única en el mundo”, dijo el mandatario canadiense tras hacer votos por una mayor cercanía en el futuro inmediato.

Semanas después, cuando una turba violenta instigada por Trump irrumpió en el Capitolio, Trudeau culpó al ahora ex presidente de haber ayudado a incitarla. Advirtió que la democracia no es algo que se da en automático (The Star 8 de enero, 2020). “Los canadienses están profundamente molestos y tristes por el ataque”, dijo (CTVNews 6 de enero 2020).

López Obrador esperó seis semanas para reconocer y felicitar a Biden tras su elección. Para AMLO, la toma de posesión de Biden fue la aceptación de una realidad que resistió reconocer: la salida definitiva del “amigo” autoritario en el que encontró afinidades. Al margen del halago que pudo haber sentido López Obrador, el afecto de Trump fue tan simplista como farisaico.

AMLO no condenó el asalto violento al Capitolio que pretendía revertir el triunfo de Biden a favor de Trump. En lugar, acusó a las empresas dueñas de las redes sociales de “censurarlo” y afirmó que el intento de golpe de estado era un conflicto entre los estadounidenses (Reuters 7 de enero 2021).

La posición del gobierno de México no sólo contrastó con el posicionamiento de Canadá sino con el de la mayoría de países que, con diversos matices, reprobaron puntualmente la embestida contra el orden institucional estadounidense.

Por todo lo anterior, Biden y AMLO difícilmente tendrán una relación personal afable. No hay bases. Más bien será un trato pro forma. Adherido al protocolo. Cordial, pero tibio. Nada más. Biden evitará abordar con él temas conflictivos como procuración de justicia y seguridad. Limitará la interlocución a áreas donde hay coincidencias como migración.

Temas boutique–DEA, Cienfuegos, carteles y extradiciones–así como de la agenda política–derechos humanos, impunidad, corrupción y Estado de Derecho–serán tratados por el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia, entre otros. Una vez que se integre el equipo completo en las dependencias a cargo del trato cotidiano con México, se conocerán las prioridades hacia el vecino del sur.

Biden toma las riendas del país del que México depende económicamente y con el que tiene la relación más trascendental para millones de mexicanos, sin afán de crear conflictos. Pero tampoco de ignorarlos. Habrá interacción fluida porque está en el interés nacional de Estados Unidos, pero el nuevo gobierno no dejará de cuestionar y confrontar decisiones y políticas de que considere contenciosas y perjudiciales a sus intereses.

Twitter: @DoliaEstevez