Mientras en el mundo se debate sobre el reconocimiento que las nuevas grandes empresas tienen que hacer a los derechos básicos de los trabajadores, en México la idea es que es mejor estar así, sin nada, a enfrentarse al desempleo. Las condiciones de informalidad y de bajos salarios ofrecen pocas opciones a los trabajadores en México que ven manejar o rentar un cuarto de su hogar, una vía para tener mejores condiciones económicas, aunque eso no les permita gozar de derechos.

Los problemas que ha tenido Uber en el país, por ejemplo, son más de legislación para poder realizar el servicio que por otorgamiento de derechos laborales. La ausencia de una relación laboral no sólo se debe a que las leyes mexicanas lo permiten, sino a que estas empresas nacieron con un esquema en el que la palabra “trabajador” no está contemplada y fue reemplazada por “socio” o “contratista independiente”.

Ciudad de México, 26 de julio (SinEmbargo).– Las empresas emergentes conocidas como startups han sido motivo de noticia por operar con costos mínimos y obtener ganancias exponenciales, por cómo han modificado actividades diarias o porque el ambiente en sus oficinas centrales es excelente y colorido. Uber y Airbnb son dos ejemplos de empresas que han llegado a revolucionar el mercado al ser sólo una plataforma tecnológica, pero en el éxito y en los millones de dólares ganados, han abierto el debate sobre los derechos laborales que merecen quienes realmente operan esos servicios.

Son esas empresas que surgieron como pequeñas ideas y hoy son figuras de talla internacional, razón por la que sus fundadores dan charlas a emprendedores para motivarlos a crear.

México es siempre uno de sus grandes mercados. En el caso de Uber, tiene registrados a 39 mil conductores, mientras que su modalidad Uber Eats, que en octubre próximo cumplirá su primer año, aún no tiene números fijos. En la Ciudad de México es evidente que son los jóvenes los que encontraron en este servicio o en Rappi, su competencia, una forma de obtener ingresos.

Las ofertas de “gana dinero manejando”, “sé tu propio jefe” y “trabaja cuando tú quieras”, tuvieron una gran respuesta que se materializó en 220 mil conductores y 7 millones de usuarios.

Raúl de 45 años quedó desempleado y Uber fue la gran opción que tuvo para levantarse. Él considera que estaría bien tener seguro social, pero prefiere, con mucho, no estar desempleado.

Las condiciones laborales en México tienen al 56.6 por ciento de los trabajadores en la informalidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de junio de este año; son 29 millones de mexicanos laborando sin seguridad social, cobertura de riesgos ni pensión.

En el caso de los 37.9 millones de jóvenes de 15 a 29 años, unos 12.2 millones son “vulnerables” a enfrentar dificultades para acceder a un trabajo “decente” –con posibilidades de desarrollarse, con buen salario y seguridad social­– muestran cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que seis de cada 10 jóvenes mexicanos laboran en la informalidad, de los cuales un 34 por ciento gana de uno a dos salarios mínimos. Otro un millón 209 mil ni siquiera cuentan con un empleo.

Encima de todo, el salario real de los trabajadores formales ha caído -0.7 por ciento tan solo en este año.

En el esquema de estas empresas no está contemplada la relación laboral. Quienes están dispuestos a ofrecer sus servicios no son trabajadores, son “socios” o “contratistas independientes” y todas las características que les brindan las empresas a estas personas las alejan de la definición de trabajo.

Es el mismo diseño el que no permite exigir un salario mínimo o pedir pedir vacaciones y aguinaldo. Legalmente ellos se amparan bajo el argumento de que son una empresa de tecnología que tiene una plataforma en Internet que conecta clientes con choferes.

Travis Kalanik, funcionario de Uber, dijo hace unos meses a The New York Times que “los conductores valoran su independencia. Prefieren presionar un botón que cumplir un horario, usar Uber y Lyft al mismo tiempo y poder decidir si van a manejar toda la semana o solo unas horas”.

Raúl tiene 10 meses trabajando en Uber y llegó ahí por el desempleo. Antes tenía una empresa en la que administraba unos camiones de Gas LP, pero le cometieron un fraude que lo obligó a vender todo. Vivió en Acapulco y trabajó como taxista y retornó a la Ciudad de México con el objetivo de ingresar a Uber.

“Luego de 10 meses sé que Uber es un gran negocio y es mejor no tener seguridad social a estar desempleado. Sí me gustaría tener seguro, porque tenemos familia y necesidades. Las prestaciones realmente serían buenas para todos pero bien sabíamos que Uber era un empleo que no daba muchas garantías”, comentó en entrevista con SinEmbargo.

“Sí hay campo en el que Uber puede mejorar, pero sabemos que no hay otra opción.

“Yo creo que Uber fue diseñado para la gente que está desempleada. Estamos viviendo en el país una etapa económica muy difícil y por eso el impacto de Uber fue tan fuerte, porque nos abrió las puertas a quienes estábamos en el desempleo. De ahí se agarraron, de la necesidad y de la urgencia de trabajo y nos aventaron al ruedo con el toro”, agregó.

LAS FORMAS LEGALES

Hay elementos que hablan de una relación laboral, pero otros que van en línea contraria, señala la investigadora del IIJ. Foto: Cuartoscuro

“Haz viajes durante unas horas por la mañana, todas las noches o solo los fines de semana. Tú decides. Eres tu propio jefe y puedes elegir cuándo y cuánto trabajas” o “Ayuda a mejorar las economías locales, a que las calles sean más seguras y a llevar millones de oportunidades a mujeres y hombres en todo el mundo”, son unos de los mensajes con los que Uber invita a unirse a la plataforma.

Quienes trabajan ahí cubren el gasto del automóvil y gasolina y también el seguro del vehículo que de entrada es un requisito; es eso o “desea comprometerse a trabajar en el horario de otra persona y tener menos flexibilidad en su vida cotidiana”, dice Uber.

De acuerdo con la doctora María del Carmen Macías Vázquez, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el caso de México hay elementos que hablan de una relación laboral, al existir una especie de oferta de “ven a trabajar conmigo bajo mi sistema y bajo mis reglas”.

Por ese lado, explica, estaría la puerta abierta para hablar de una relación de trabajo. Pero cuando se desarrolla el mismo, hay elementos que distancian lo que podría ser una relación típica de trabajo; es decir, que no les da los instrumentos de trabajo como patrón, sino que es el propio trabajador el que tiene que aportar los insumos. En este caso, su coche.

Este tipo de situaciones hace pensar en un vínculo jurídico, pero no del todo del ámbito laboral.

Uber ofrece planes de telefonía con descuentos de 15 a 18 por ciento al mes, música gratis en Pandora a través de la app Uber Driver, un programa de tarjetas de combustibles con “descuentos” y otro 15 por ciento de rebaja en cambios de aceite o neumáticos. Además da la opción de un plan de seguro médico con Stride Healt, una empresa estadounidense.

Airbnb sólo ofrece ingresos adicionales, “nada que perder”, “ninguna inversión inicial” y un “Puedes volver a rentar sólo si quieres”.

En Uber se pueden ganar 15 mil y 20 mil pesos mensuales, menos la gasolina, el Internet, todos los servicios y menos el 25 por ciento que Uber se queda. En los meses recientes se popularizó la subcontratación en la que se estima que el socio le paga a otra persona entre 20 y 25 por ciento del costo total del viaje.

En Uber Eats se gana entre 150 y 200 pesos en tres horas). Las entregas cuestan 40 pesos, Uber se lleva el 35 por ciento de comisión y se pueden gozar de propinas. Rappi cobra a 30 pesos la entrega de cualquier producto.

“Estamos ante trabajadores no dependientes sino independientes, que trabajan por su cuenta. Desafortunadamente tendríamos que reunir los elementos para reconfigurar esta figura tan especial que se está dando en México como en todo el mundo. Los requisitos para ser considerados como un trabajo subordinado y regulado por nuestra Ley son muy específicos y cuando se va seccionando en las partes que componen este tipo de relaciones nos vamos dando cuenta que hay elementos que sí podrían caber pero otros que lo alejan”, comentó la doctora Macías Vázquez.

Sin embargo, enfatizó en que el hecho de que sean trabajadores independientes no quiere decir que no tengan derechos, por el contrario, se debe reconocerlos y regular su situación para que cuenten con un mínimo de derechos, porque finalmente son trabajadores que aportan en una relación jurídica su trabajo personal.

El pasado 5 de junio, un chofer de Uber fue asesinado durante el robo del automóvil que manejaba en los Héroes Tecámac. Él no era dueño del vehículo.

Hasta el momento no se tiene información de la ruta desde el inicio, sólo fue encontrado en la sexta sección de la unidad por la noche. Recibió un balazo y fue trasladado a una unidad médica de Ecatepec. Ahí llegaron sus familiares y los dueños del automóvil, quienes de acuerdo el testimonio de una vecina que estaba presente, se deslindaron de responsabilidades al afirmar que con el chofer no había ningún contrato.

“Una de las cosas que ha estado pregonando la OIT es que todo aquel que presta su esfuerzo personal, que es trabajador, debe tener derechos mínimos o básicos. Y en este caso ojalá existiera más conciencia, no solo de los trabajadores, sino también los legisladores y quienes toman las decisiones de políticas públicas para no dejar fuera a un sector que quizá ahora no fuera tan significativo, pero que a la larga podría generalizarse y podremos encontrar a muchas personas que van a estarse ocupando pero que van a estar sencillamente a la suerte del día porque no tienen derechos como los de un trabajador común”, concluyó la investigadora.