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Alejandro De la Garza

26/11/2022 - 12:03 am

De marchas, manifestaciones y mítines

“Las concentraciones del lopezobradorismo también han inundado la plancha del Zócalo más de una vez, y seguro lo seguirán haciendo. No obstante, para el escorpión la verdadera novedad son las marchas feministas, su dolor e indignación, y a pesar de ello, sus consignas, su música, su combatividad, su ingenio (…)”.

Un nutrido grupo de feministas marcharon en 2021 al Zócalo de la Ciudad en contra de la violencia a las mujeres. Foto: Victoria Valtierra, Cuartoscuro

El sino del escorpión lo ha llevado a infinidad de manifestaciones, marchas y mítines desde sus días universitarios, allá por los años setenta del siglo viejo. Teatralización de la protesta, escenificación de la inconformidad, performance político del reclamo iracundo, el apoyo irreductible o la solidaridad expresa, esa multitudinaria puesta en escena de la combatividad, la indignación o el dolor, es una tradición con antecedentes desde inicios del siglo XX en México y aún antes, pero cobró mayor importancia y peso político a partir de los conflictivos años treinta, con la afiliación a los partidos y movimientos políticos (PCM, PNR, Sinarquismo) y con la organización corporativa de las masas obreras y campesinas en las grandes centrales CTM (1936) y CNC (1938).

Con el eco de las marchas del 68 y apenas después del “Halconazo” de 1971, en los siguientes años setenta se desatan intensas movilizaciones del sindicalismo universitario tanto en el país como en la UNAM, donde los trabajadores exigen el reconocimiento de sus derechos de contratación colectiva, organización sindical y huelga, negados de manera sistemática por las autoridades laborales y las universitarias. Las marchas y protestas enmarcadas por el clásico “¡goya, goya…”, llevaron a una huelga universitaria culminada con el registro de varios sindicatos, como el STEUNAM, y de otras asociaciones como las APAUNAM. Las marchas de aquellos años iniciaron al escorpión en los recorridos por Reforma y las llegadas al Zócalo.

Seguirían las bien organizadas marchas de la Tendencia Democrática de los electricistas, encabezados por su indiscutible líder histórico, Rafael Galván. Marchas donde la organización era impecable, con “la descubierta” a la cabeza y los contingentes bien estructurados se protegían de los frecuentes intentos de agresión por los grupos de provocadores. El grito de “¡Este puño sí se ve!”, hacía retumbar las calles del Centro Histórico. Siguieron las formativas marchas a favor del Sindicato Único de Trabajadores Nucleares (SUTIN), las del grupo democrático de telefonistas en lucha contra el charrismo sindical encabezado por Salustio Salgado, las de los maestros del SNTE, e incluso el alacrán recuerda alguna marcha de apoyo a los periodistas del viejo Excélsior, luego del golpe del Presidente Echeverría a la cooperativa del diario. En aquellos combativos años setenta se vislumbraba al sindicalismo independiente como punta de lanza del movimiento de transformación del país. Una ilusión, sin duda, aunque la década finaliza con las marchas a favor de la Reforma Política y la amnistía a presos políticos, finalmente otorgada por el Presidente López Portillo.

En los años ochenta surge la CNTE, desprendida con afanes democráticos del sindicato oficialista de maestros y comienzan sus amplias y extendidas movilizaciones en buena parte del país y la capital. Igualmente, a partir de 1981 se realiza con regularidad la marcha del orgullo LGBTTT+, una marcha alegórica, festiva y transgresora cuyas consignas expresan la identidad colectiva de los contingentes de manifestantes, quienes construyen así su presencia espacial y temporal en la calle por efímera que sea. Por esos años hubo también marchas de damnificados por el sismo de 1985 y la agitación, apenas oculta por un Gobierno de Miguel de la Madrid anestesiado e inútil, culmina en 1988 con la gran protesta-manifestación conocida como “El Zócalo Rojo”, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, en la cual la revuelta ante el fraude salinista saturó la explanada y estuvo a punto de tornarse violenta por la presión de los manifestantes deseosos de entrar a Palacio Nacional. Una concentración memorable.

En los noventa las marchas de apoyo al EZLN dieron el tono de la protesta y rompieron la supuesta unanimidad y aceptación ante las políticas del neoliberalismo rampante impuestas por la tecnocracia. La llegada de los Zapatistas al Zócalo, acompañados por uno de los mayores contingentes vistos hasta entonces, inició el nuevo siglo. Pero aún vendría la marcha contra el desafuero, gigantesca, inconmensurable, y luego aquel extendido plantón instalado a lo largo de Reforma, de Chapultepec al Centro Histórico, hasta llegar al pie de Palacio Nacional. El venenoso estuvo también en dignas marchas del SME: “¡Aquí/ se ve/ la fuerza del SME!” / “¡Esta marcha no es de fiesta/ es de lucha y de protesta!” / “¡Educación primero/al hijo del obrero/educación después/ al hijo del burgués!”.

La consigna es fundamental en las marchas, contiene entre uno y cuatro versos en una línea melódica sencilla compuesta de uno o dos tonos, el efecto sonoro de la reiteración es el de un recitativo: “¡Si Fox/ pudiera/ a Martha la vendiera/ pero no hay quien compre/ esa chingadera!” / “¡Lucha, alegría, batalla/ arriba, la prepa de Tacubaya!” / “Marchistas/callados/parecen acarreados” / “¡Pulque, tequila, aguardiente/ arriba, el CCH Oriente!”

Acaso la mayor marcha en la que ha participado el arácnido, una de las más conmovedoras y llenas de rabia, fue la primera en reclamo por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la columna seguía en Reforma cuando el Zócalo ya estaba repleto de bote en bote: “Vivos se los llevaron / vivos los queremos”, resonaba el grito por las calles del Centro. Las concentraciones del lopezobradorismo también han inundado la plancha del Zócalo más de una vez, y seguro lo seguirán haciendo.

No obstante, para el escorpión la verdadera novedad son las marchas feministas, su dolor e indignación, y a pesar de ello, sus consignas, su música, su combatividad, su ingenio, expresan una renovación que ya urgía a las movilizaciones y marchas en México, por lo demás, siempre encabezadas por mujeres. “Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal” / “Mujer, hermana / Si te pega no te ama” / “Mujeres contra la guerra / Mujeres contra el capital / Mujeres contra el machismo / Y el terrorismo neoliberal” / “Y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni cómo vestía ¡El violador eres tú!”.

Alejandro De la Garza
Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx
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