Los productores pequeños y marginados, esos que están entre lo ilícito y lo lícito, podrían integrarse a la industria con la legalización de la marihuana, plantea Armando Ríos Piter, el tercero que logró ganar un amparo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para hacer uso lúdico del cannabis.

En su nuevo libro, Derecho al cannabis: La marihuana a debate en México, el ex Secretario de Desarrollo Rural en Guerrero enlista los retos y posibilidades que se abren si se le da el sí a la planta. 

Ciudad de México, 28 de junio (SinEmbargo).– La legalización de la cannabis podría tener impactos positivos en el sector salud y en la economía mexicana, señala Armando Ríos Piter, político y académico.

“En las últimas dos décadas, el debate sobre la legalización de las drogas en muchos países ha estado sometido a intensos forcejeos. De manera particular, en México han sido dos circunstancias las que han incentivado la polémica: el incremento evidente en el consumo de drogas –principalmente de marihuana– entre la población adolescente, y las tasas cada vez mayores de muertes violentas relacionadas con la lucha contra el narcotráfico.

“A lo largo de los años, la legalización de la marihuana en México ha generado extendidas discusiones. La complejidad del fenómeno merece que se expongan detalladamente los puntos a favor y en contra de la legalización de una tercera sustancia adictiva, además del alcohol y el tabaco. La mayoría de los argumentos parte de un enfoque en la salud, no obstante, poco han influido en la controversia”, introduce Ríos Piter, ex Subsecretario de la Reforma Agraria a nivel federal y ex Secretario de Desarrollo Rural en Guerrero, en el libro Derecho al cannabis: La marihuana a debate en México.

En 200 páginas, Ríos Piter explica la situación de la cannabis en México y el mundo. Además, plantea los retos y las oportunidades de la legalización de la droga.

En entrevista con SinEmbargo, el que buscó ser candidato independiente a la Presidencia de México habla sobre los planteamientos en su texto y la política.

Portada de Derecho al cannabis. Foto: Océano.

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–En el libro describes cómo en otros países han cambiado sus políticas públicas. Hablas sobre cómo se libra el debate sobre la legalización de la marihuana. ¿En México funcionaría?

–Sería equivocado ver la discusión de la cannabis desde una perspectiva sólo mexicana. Muchos países están realizando una discusión sobre este tema: Tailandia, Nueva Zelanda, Israel. Algunos lo están haciendo a través de un referéndum, algunos a través de decisiones de los poderes ejecutivos y legislativos. Algunos plantean el tema medicinal, por ejemplo. Otros, aquí en América Latina, han dado un paso importante para la parte lúdica. Canadá y Estados Unidos han tenido pasos importantes. Hay estados en la Unión Americana en la que ya tienen una nueva forma de entender, desde sus leyes, el tema de la cannabis. Canadá dio un paso importantísimo, se abrió hacia la parte medicinal y la parte lúdica. Creo, y es lo que buscamos en el libro, que el marco de referencia… ¿Cuál es el lugar de México en el mundo, siendo que el tema de la producción de cannabis ha sido tema importante en nuestra historia? 80 por ciento del mercado norteamericano lo llenó la producción mexicana durante mucho tiempo. Es indispensable tener una discusión seria, a la mexicana, pero tomando en cuenta los debates que se llevan a cabo en el resto del planeta. Creo que es un buen momento. Hay oportunidades que podemos aprovechar, entendiendo lo que se ha hecho en otros países.

–¿Cuál es tu opinión del México de hoy? Ha pasado casi un año desde la elección.

–Fue una elección importante, trascendente en términos de participación. Obviamente implicó un cambio en muchos de los ejes de las decisiones. Hoy lo que tiene este país es una serie de retos en materia de políticas públicas, se van aterrizando propuestas de campaña. La evaluación habrá que hacerla conforme vaya pasando el tiempo de la administración pública. A unos días de que se cumpla un año de la elección, me parece que el resultado sigue siendo trascendente por la gran participación, la gran expectativa que generó el nuevo Gobierno. Habrá que ver los resultados cuando cumplan un año en el Gobierno.

–¿Notas cambios en Andrés Manuel López Obrador?

–Creo que Andrés Manuel, el Presidente, ha sido consistente con sus planteamientos, con su discurso, con sus propuestas, que podemos compartir o no. Ha sido consistente. Ha sido bastante vertical en plantearlas y al tratar de ejecutarlas. Cuando hablo de la necesidad de estar pendiente a que se cumpla, el 1 de diciembre, un año, pues se podrá hacer una evaluación más a conciencia de cuáles son los retos. El problema que tenemos hoy en el país es que todo lo queremos resolver en un día. Tenemos que tener paciencia para analizar lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho. Hay que ser lo más objetivo que se pueda. México tiene retos en materia de seguridad, que son abismales. Tiene retos en materia de pobreza, en desigualdad, en empleo. Se requiere paciencia y no vivir en el día con día. Queremos que todo se resuelva en un día. Hay que estar atentos. Hay que ser críticos en lo que se tenga que ser críticos y celebrar lo que se haya avanzado. Es por el país.

–Te noto positivo.

–Hay que ser objetivos. Yo he sido crítico de las cosas que no me gustan, no sólo ahorita, lo he sido antes. En esa crítica, lo que merece la opinión pública es que los que nos dedicamos a la vida pública ofrezcamos una visión objetiva dentro de lo subjetiva que es el comentario de una persona. Siempre hay cuestiones positivas y cuestiones que se pueden mejorar. De este Gobierno rescato su ambición por transformar el país. No comparto algunos de los planteamientos, otros me parece que hay que verlos por lo positivos que pueden ser. En esa tesitura estaré. He sido crítico en materia de seguridad, etcétera. Aquí vivimos. Queremos que las cosas funcionen de la mejor manera posible.

Armando Ríos Piter. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

–Eres el tercero que logró ganar un amparo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para hacer uso lúdico del cannabis. ¿Por qué te amparaste?

–Cuando se dio la discusión en el Senado de la República sobre la posible legalización, yo era Senador. En ese momento solamente nos quedamos en la parte medicinal, en la parte científica, y me parecía que la discusión debería ser mucho más amplia. Yo soy del estado de Guerrero y el tema de la cannabis es importante, pero tal vez se debía abrir la posibilidad para que algo que es tan impactante para Guerrero, pueda tener otras ópticas de análisis y otro tipo de políticas públicas, con las cuales el Gobierno mexicano y la sociedad enfrentemos las problemáticas que tenemos en comunidades en las que personas están condenadas a ser productores porque faltan caminos, porque faltan servicios, porque no hay otras opciones o posibilidades. A mí me parecía que el debate no solamente debía hacerse en el ámbito medicinal o científico. Quise hacer uso de mi derecho ciudadano de acudir al poder judicial, estuvimos por un largo trecho con nuestros abogados dando seguimiento al tema. Fue el tercero en lograr un amparo. Cinco ganamos la jurisprudencia, y hoy se tiene en el Congreso una discusión muy sana, una discusión ejecutiva. Debemos ser una sociedad que le apueste a la prevención, a la información, a educar nuestro niños y jóvenes, y que en esa lógica veamos a la cannabis como un asunto de salud social. Le apuesto a que el libro sirva a la sociedad y a los actores de la vida pública con información. Planteo el marco en México; cómo está el marco internacional y qué opciones tenemos para que esto se apruebe.

–Uno de los puntos que se ponen sobre la mesa al discutir sobre la cannabis, es que legalizarla podría ayudar a reducir la violencia. México lleva años sumergido en la violencia.

–Creo que hay que ver la discusión de manera multisectorial. El impacto puede ser en muchos ámbitos. Creo que se comete el error de sobrevender el impacto que podría tener en materia de seguridad. Puede tener un impacto en la parte de seguridad, sin duda alguna, pues estamos hablando de un mercado ilícito que ha estado ligado en la materia de estupefacientes, y que incide en la violencia. Sin embargo, la cannabis es cada vez más pequeña de esa incidencia. Se utiliza un discurso que nos impide ver lo positiva que puede ser la legalización en otros marcos que no son de seguridad. La salud, por ejemplo. La posibilidad de que muchos pacientes puedan tener acceso a productos de cannabis para combatir problemas de sueño, problemas psicomotores, en fin, distintos tipos de problemas en los que la cannabis puede ayudar. Es un tema de salud que nos mete en otra lógica, una lógica un poco más profunda y positiva. Yo prefiero tener una sociedad informada que una sociedad que tiene a papá Gobierno encima y donde la lógica prohibicionista te marca qué tipo de persona debes ser, en lugar de que tú debas definir qué es bueno o malo.

También está la parte económica, desde los pequeños productores, esos que yo conozco en Guerrero y que conocí en otros lugares del país cuando era Subsecretario de Reforma Agraria, pues que puedan tener otras opciones y que se incorporen a cadenas productivas. El tema de la cannabis, como lo decimos en el libro, está interactuando con asuntos industriales. De la planta de la cannabis se puede extraer el cáñamo, fibras para telas, fibras para celulosa, papel. Está la posibilidad de hacer plástico. Estamos hablando de casi 2 mil 500 productos, que es la cifra que investigamos, que dan opciones a los pequeñitos productores, esos que están marginados, entre lo ilícito y lo lícito. Es una área de oportunidad importante.

Otro tema: si esto lo legalizamos, los regularizamos y tenemos un modelo mexicano que nos garantice pasar a un contexto regulado por el Estado, pues se puede ver cómo esto genere ingresos al Gobierno que se puedan invertir en campañas de salud, de información, de capacitación para los adolescentes. Creo que ahí están las áreas de oportunidad.

–¿Buscarás ser Presidente?

–Sin duda. Todavía a los 46 años puedo pensarlo. No sé si cuando sea viejo tendré energía para ello, pero todavía a los 46 años sin duda.

–¿Por qué decidiste subirte a un barco que parecía ya hundido, el de José Antonio Meade Kuribreña?

–Me parecía pertinente, dada la cercanía que tengo con alguien que conozco desde hace mucho tiempo, y que comparto la visión que tenía y tiene para el país, pues tomé esa decisión. Los barcos no se hunden por un proceso electoral. Si tú crees en algo y lo persigues, pues puedes estar toda tu vida luchando por eso. Yo lucho por lo que creo. Así ha sido mi carrera personal y en ese sentido no soy de coyunturas, no soy el que se va con el que va a ganar.

–¿Se vale todo para alcanzar la silla?

–Al contrario: no. Si tus planteamientos e ideas son convergentes con un grupo de personas, con una forma de entender la transformación de la realidad, pues hay que estar en eso, no dependiendo de la coyuntura. A veces te toca ganar, a veces te toca perder. A mí me han tocado ambas cosas. Lo que me hace sentir contento de hacer política, es la posibilidad de seguir convocando gente, seguir conversando con la gente, seguir siendo crítico y propositivo. Seguir sumándome a las tareas que ahora tiene un nuevo Gobierno y apoyarlos en lo que converjo con ellos, y tratar de ofrecer soluciones diferentes, propuestas distintas. A final de cuentas lo que está en contexto es la política del lugar en el que vivo.

–A un año del proceso electoral, ¿quién es hoy Armando Ríos Piter?

–Sigo siendo el mismo de antes. Sigo siendo un padre de familia que se dedica… ya no a la política. Antes decía que era un padre de familia que se dedicaba a la política. Ahora, con este libro, estoy en una nueva fase de mi vida, haciendo investigación, trabajando en temas de seguridad nacional como investigador y como alguien que desde la iniciativa privada está tratando de dar aportaciones para que esto funcione mejor. Si le va bien al Gobierno en materia de seguridad, nos irá bien a todos. Si tengo experiencias o conocimientos que ayuden, lo aportaré. Me interesa que a México le vaya mejor.