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Melvin Cantarell Gamboa

28/06/2023 - 12:05 am

La derecha o cómo mentir sin hacer gestos

México está, pues, lejos del dogmatismo, doctrinarismo y el pensamiento único que definía a nuestro pasado reciente y a la sociedad neoliberal que impusieron el PRI y el PAN y que hoy la derecha está queriendo rescatar, en complicidad con organizaciones como Va por México y otras organizaciones asesoradas inclusive por partidos extranjeros como Vox de España.

“Los discursos de la derecha son falaces”. Foto: Pedro Anza, Cuartoscuro

“Mentir es vicio maldito. Solo somos hombres y solo nos creemos los unos en los otros por la palabra. Sí conociésemos el error y el peso de la mentira, lo perseguiríamos hasta la hoguera con más justicia que a otros crímenes”

—Michel de Montaigne. Ensayos, libro primero, capítulo IX.

La derecha política mexicana hace circular a través de los medios  (prensa, televisión, radio, redes sociales, etc.) miles de mensajes de odio que contradicen lo que exige el pensamiento correcto en el ámbito de una democracia que defiende la soberanía del pueblo y el derecho; lo reprochable es que insulten a quienes no comparten sus ideas, se mofan de ellos, los  maldicen y ridiculizan; cierto que históricamente los de derecha han sido antipueblo, darwinistas sociales, profascistas y autoritarios, es decir, una clase divorciada de la población,  esto implica que no hay inocencia en sus discursos, sus actos y declaraciones y urge desenmascararlos.

Lo que difunden con tanta rabia y agresividad atenta contra las formas de la vida en común al basar sus tesis en conjeturas, historias inventadas, relatos distorsionados y argumentos que no guardan consonancia con la verdad porque quienes los suscriben en ningún momento se ajustan al decir veraz; todos ellos, sin excepción, con elaborada intensión generan inquina, aversión, resentimiento y repulsión hacia el presidente de la República y la 4T. Lo único claro es su objetivo de recuperar el poder político sin contraer ningún compromiso con la sociedad, excepto restablecer el estatus quo anterior a 2018.

Lo inequívoco es que sus mentiras los obligan a escalar, con actitudes abiertamente cínicas, uno de los territorios éticos más escarpados, pues atropellan las libertades ciudadanas y se violan las reglas de la competencia democrática; están convencidos que la sagacidad está por encima de la honestidad. Se miente, desde el punto de vista ético para ocultar las cosas malas que se hicieron   o se están haciendo y las cosas buenas que pudieron hacer y que no está en sus planes hacer, ya que decir la verdad exige lo que no tienen: franqueza, sinceridad e integridad. En este sentido, al mentir niegan a quienes dicen importarles, acceso a la realidad, al mismo tiempo que quebrantan su libertad.

La retórica, en el discurso político, es el arte de persuadir con la mentira. Es un recurso eficaz para “ganarse” la voluntad del receptor y hacer con el lo que se quiera. Se trata de una técnica que incumbe a la manera de decir las cosas sin que en modo alguno signifique compromiso entre el retórico o especialista en el convencimiento y quien recibe el mensaje, pues lo más probable es que el discurso ni siquiera sea en absoluto coincidente con lo que piensa el profesional de la mentira, sino un mero cálculo cuyo propósito es producir en el receptor determinada conducta o  efecto que induzca su comportamiento a la adopción de posiciones y creencias según los intereses del emisor del mensaje.

La retórica que la derecha usa implica el abandono del ejercicio dialéctico que confronta argumentos contrarios para descubrir la verdad, en el ámbito de las políticas pública, sobre los grandes problemas nacionales, con perfiles nítidos y veraces.

La derecha sabe perfectamente lo que quiere, no es estúpida, los estúpidos somos nosotros si creemos que los males del país se concentran en una persona y que eliminándola, automáticamente se van a resolver todos nuestros problemas: pobreza, desigualdad, inseguridad, delincuencia, justicia, desempleo, corrupción, incluyendo aquellos que están fuera de las posibilidades humanas: sequía, escasez de agua y, su consecuencia directa, insuficiencia alimentaria ¿Por qué la derecha no nos dice cual es su “proyecto” de nación y como planea resolver y superar los mencionados problemas concretos con propuestas que rebasen  lo que está haciendo el gobierno actual? ¿Por qué menosprecia la inteligencia de los ciudadanos? ¿Por qué al no tener nada que ofrecer recurre a la mentira, la retórica y la palabrería de sus sofistas, que han tomado el lugar de las ideas para explotar el campo del engaño a través de estratagemas cuya función es convencer a los ingenuos de que tienen razón? Si somos medianamente exigentes veríamos que no proponen nada ni ofrecen soluciones.

Los discursos de la derecha son falaces (los argumentos utilizados quieren pasar por verdaderos pero no lo son), la forma en uso más socorrida es el paralogismo, un manera de pensar que se esconde tras la careta de simples confusiones o errores mentales y cognitivos que se espetan sin ofrecer evidencias de lo que se afirma; el paralogismo atenta contra la lógica viva pero resulta muy efectivo cuando de lo que se trata es de dar órdenes e inducir comportamientos mediante simples conjeturas; útil también para describir un objeto, relatar suceso inexistentes o inventar historias sin demostrar que correspondan a cosas o hechos concretos.

Ahora bien, en las sociedades democráticas el papel de los medios de comunicación es contribuir, a través de la información, a que estos elijan a sus representantes con conocimiento de causa ¿Por qué en el escenario presente la derecha prioriza la mentira, engaño y la falsedad por encima de un proyecto alternativo de país? Muy sencillo: porque está incapacitada para construirlo y prefieren abandonar la racionalidad, el diálogo libre y la promoción del consenso voluntario con propuestas veraces y creíbles para que, sin pudor intenten imponer sus prédicas, comprando con poder y dinero de empresarios ricos a los más caros mercenarios entre la élite pseudo estudiosa generadora de opinión pública que han puesto al servicio de sus intereses.

Nuestro país pertenece al grupo de las sociedades modernas, complejas y abiertas, que según Henri Bergson, filósofo francés, son aquellas en que los gobiernos son tolerantes y responden a las inquietudes de sus gobernados; Karl Popper,  a su vez,  considera que las democracias modernas, en tanto sociedades abiertas y democráticas son sociedades complejas y, como tales, se caracterizan por proporcionar el marco institucional que permite al ciudadano elegir, sin coacción de ninguna naturaleza a sus gobernantes, así como permitir que el legislativo lleve a cabo las reformas necesarias y suficientes para resolver problemas  políticos y sociales en un entorno sin violencia.

La derecha y el poder judicial han mostrado su anacronismo al adoptar, frente a las propuestas de modificación y cambio de algunas leyes, acciones mal meditadas, desactualizadas y peor utilizadas; esto pone a descubierto no solo su descolocado arcaísmo, sino su profunda crisis civilizatoria, así como su desesperación ante el fracaso anunciado de sus aspiraciones; el problema puede ubicarse en su incomprensión de la complejidad que presenta hoy la sociedad mexicana. Hoy México ya no es el país de un solo hombre; el poder (aunque cierren los ojos para no ver) es policéntrico, descentralizado, domina la poliarquía, es decir, el poder es compartido con diferentes fuerzas sociales representadas por el pueblo organizado, distintivo propio de la democracia participativa; los individuos gozan de amplias libertades y autonomía, existen múltiples sistemas de comunicación y relaciones entre los grupos y organizaciones, con intereses y competencias diferentes; impera la tolerancia, el respeto a la disidencia, al pensamiento abierto con amplitud de criterio y muestra enormes posibilidades evolutivas; aunque es solo el principio de lo mucho que queda por hacer.

México está, pues, lejos del dogmatismo, doctrinarismo y el pensamiento único que definía a nuestro pasado reciente y a la sociedad neoliberal que impusieron el PRI y el PAN y que hoy la derecha está queriendo rescatar, en complicidad con organizaciones como Va por México y otras organizaciones asesoradas inclusive por partidos extranjeros como Vox de España.

Invito a mis lectores a comprender nuestro presente político y cerrar el paso a quienes añoran y desean revivir el centralismo, la jerarquía del poder, la coerción, el control de los sujetos, la represión, los dogmas, la falta de libertades y su egipticismo (el término es nietzscheano), una forma de realidad social estática, unívoca y definitiva, propia de las sociedades de baja complejidad. No permitamos que la derecha nos vuelva a convertir en un país de “quinta”, es decir, un pueblo al que es fácil mentir, engañar, manipular y asustar con retórica, sofismas y demagogia. Que la derecha no vacíe nuestros   derechos. Unamos nuestras pequeñas fuerzas y constituyamos finalmente una potencia formidable que permita construir el país que merecemos. Insistiré sobre el tema en mis próximas colaboraciones.

Melvin Cantarell Gamboa
Nació en Campeche, Campeche, en 1940. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es excatedrático universitario (Universidad Iberoamericana y Universidad Autónoma de Sinaloa). También es autor de dos textos sobre Ética. Es exdirector de Programas de Radio y TV. Actualmente radica en Mazatlán, Sinaloa.
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