¡Absolutamente no!

El capitalismo es un sistema económico dirigido por la obtención de ganancias incrementadas, en el marco de procesos de acumulación y concentración de la riqueza

¿Acaso no han sido esos los resultados que se tienen en la actualidad?  ¿Acaso la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) no ha denunciado el incremento de la riqueza mundial en un marco de concentración?

“Actualmente, el ingreso promedio del 10 por ciento más rico de la población de los países de la OCDE, representa nueve veces más, el ingreso promedio del 10 por ciento más pobre” afirma el estudio ¿Por qué la desigualdad continúa ascendiendo? (Why Inequality Keeps Rising, Diciembre 2011).

El capitalismo se encuentra en un proceso de despliegue de la revolución tecnológica en la informática y las telecomunicaciones; proceso que está modificando todo el aparato productivo y organizacional en una magnitud paralela, históricamente, a la revolución fordista de mitad del siglo XX. Hoy más que nunca el capitalismo cumple, por la vía de la innovación y la competitividad, con su objetivo de generar beneficios. La distribución de éstos es competencia de fuerzas ajenas a los espíritus animales que guían el sistema económico. El capitalismo no ha fallado, lo que ha fallado son sus instituciones.

Fuente: OCDE Base de Datos sobre la distribución del ingreso de los hogares y la pobreza

El coeficiente de Gini es un indicador estándar de la desigualdad del ingreso que oscila entre cero y uno. El coeficiente es cero cuando todos tienen el mismo ingreso, uno cuando todos los ingresos se concentran en una sola persona. En la mitad de la década de los ochenta, el coeficiente de Gini promedio para los países de la OCDE fue de 0.29; a finales de la primera década del siglo XXI, se había incrementado a 0.316. El país más desigual en este grupo es México, como se observa en la gráfica anterior, mientras que el más equitativo es Dinamarca.

El ingreso de los hogares crece en promedio 2 por ciento anual para los países de la OCDE; la distribución de éstos, por medio de transferencias e impuestos, a cargo de los gobiernos, ha sido ineficiente. La intervención institucional estimula la disparidad en los sueldos y salarios, de acuerdo el estudio antes citado.

Se observa paradójico, en la figura que presentamos, que en el periodo analizado por el estudio de la OCDE, sea Grecia uno de los países que redujo la desigualdad. No lo es. La disponibilidad de fondos prestables se tradujo en gasto social; algunos gozaron, otros tendrán que pagar. En este sentido es importante destacar que la desigualdad del ingreso viene convirtiéndose en una generalidad, afectando a países desarrollados –Inglaterra, Estados Unidos e Israel- así como a países en desarrollo como México y Chile. Sin embargo, la novedad es el crecimiento acelerado de este fenómeno en países tradicionalmente equitativos como Alemania, Suiza y Dinamarca.

 

LA CONVULSIÓN

La crisis de 2007-2009 podría ser el punto de partida para explicar la situación económica actual, principalmente en Europa y Estados Unidos, como lo hemos señalado ya en artículos anteriores. No obstante, para responder a la pregunta que nos hemos planteado en el titulo, debemos ir más allá en el tiempo.

De forma general, el capitalismo  se constituye de dos grandes fuerzas que se nutren mutuamente. La primera, conceptualizada como estructura económica, se asocia a elementos como el estadio tecnológico, productivo, organizacional, competitivo, etc; la segunda fuerza, en palabras de Carlos Marx, se refiere a “un edificio jurídico y político” que se eleva sobre la base real,  contemporáneamente estudiado bajo el concepto de instituciones. Cuando la estructura económica convulsiona, el edificio sobre ella se tambalea.

Después de la era gloriosa o dorada del capitalismo fordista, el contrato social no ha sido restablecido en términos favorables y generales para la clase trabajadora, teniendo como referencia al periodo de posguerra. La crisis de 1973-1975 inauguró el cambio de marea en diferentes aspectos. En el plano productivo,  la producción flexible a partir de la informática y las telecomunicaciones, permitió la desagregación de las actividades económicas a lo largo del Globo, aprovechando ventajas competitivas de costo sin restricción aparente. La desagregación de la gran empresa, o para usar un término más conocido, el desarrollo del outsourcing, presionó la tendencia a la flexibilización del empleo, en un marco ampliado de oferta laboral, deprimiendo los sueldos y salarios de los trabajadores no especializados.

Los sueldos y salarios representan el 75 por ciento de los ingresos de los hogares. La OCDE sostiene que el 10 por ciento de los trabajadores mejor pagados ha visto incrementados sus ingresos relativamente más rápido, alejándose de la media, que el 10 por ciento de los trabajadores peor pagados, a los cuales se les ha dificultado acercarse a la media. La explicación de lo anterior es la diferencia de capacidades y el nivel de educación. ¿Es el progreso económico la causa de la desigualdad?

La globalización es definida como una etapa en la que la integración y la interdependencia de los países se han incrementado significativamente, gracias a las nuevas posibilidades tecnológicas. Dichas posibilidades detonan nuevas oportunidades de negocios, que requieren nuevas habilidades y conocimientos. Aquellos que previeron el cambio y se prepararon para él, fueron invitados al banquete, el resto sólo puede observar tras el cristal.

La ventana de oportunidad requirió apertura comercial, capacitación y formación de una nueva clase trabajadora, así como liderazgo institucional para conducir la transición.

El nuevo contexto, define una gobernabilidad corporativa global, que se coordina con los gobiernos insertos en la nueva lógica, y subordina a aquellos que aún se preguntan qué es lo que está pasando a su alrededor.

La globalización significó en estos términos, la consolidación de grandes empresas que dirigen la producción mundial desde los centros financieros y tecnológicos, externalizando las actividades de producción industrial y de materias primas a los países en desarrollo. Esto, en un marco político en el que el éxito de la inserción parece definirse por el entramado institucional, verbigracia China, y como ejemplo más próximo Brasil.

Oficina de empleo en Madrid, España

En teoría, lo que debíamos esperar cuando la revolución tecnológica estalló con la aparición del chip en la década de los setenta, era un proceso de expansión tecnológica y financiera que generara los fondos suficientes para impulsar  una nueva estructura económica. La estructura económica renovada redefiniría el edificio jurídico y político que restablecería el orden social, mediaría la lucha de clases, y tendría como consecuencia una nueva era de desarrollo capitalista con beneficios mejor distribuidos. Esto no ha sucedido a pesar de que los elementos para ello están presentes.

Tanto la OCDE, como el gobierno de los Estados Unidos, han señalado que, de los setenta del siglo pasado a la fecha, la desigualdad en el ingreso se ha incrementado. Los señalamientos llegaron al grado de validar la consigna global del movimiento Indignados –Occupy “Somos el 99 por ciento”, al mostrar la concentración del ingreso en el 1 por ciento más rico de la población mundial en diferentes países.

Hasta cierto punto, la desigualdad es un elemento necesario posterior a una crisis de gran magnitud, así como el desempleo. Estos elementos permiten que el capital se acumule y se concentre, esto a su vez sienta las bases para procesos distributivos futuros en épocas de expansión, de otra forma no habría nada que distribuir. Aunque, por supuesto no de forma automática.

En la situación actual, el flujo financiero que en teoría impulsaría dicha etapa de desarrollo, fue utilizado para otros fines. Gobiernos, empresas y consumidores, efectuaron erogaciones que consolidaron la resistencia al cambio en lo general. En Europa, el destino del gasto expresó la resistencia al abandono del Estado de Bienestar, que ha tenido consecuencias desastrosas que no asoman su final; las empresas especularon en lugar de innovar, los gobiernos incrementaron su gasto corriente y su deuda, en lugar de invertir en la reforma del Estado y la educación de su clase trabajadora, los consumidores, por su parte, compraron casas, autos y viajaron en lugar de ahorrar y educarse.

En Estados Unidos, el centro de la revolución tecnológica, la exportación de empresas ha deprimido el empleo y la rentabilidad de los negocios nacionales y locales, fortaleciendo la senda de la concentración. Las grandes corporaciones norteamericanas concentran sus actividades más lucrativas en dicho país, y exportan aquellas intensivas en trabajo al exterior. En algunos países de América Latina, como México, las bondades de la apertura fueron secuestradas por dinámicas rentistas en mercados oligopólicos.

En este contexto, el progreso tecnológico avanza, las corporaciones globales se concentran y empoderan, el mercado laboral se polariza. Los más aptos sobreviven ante la ausencia de intervenciones gubernamentales adecuadas.

No, el capitalismo no falló, lo que fallaron fueron las instituciones. Instituciones ineficientes e inadaptas, miopes ante la inminencia del cambio.

 

PERSPECTIVAS: DAVOS 2012

La pregunta que encabeza este artículo se refiere al tema inaugural del Foro Económico Mundial, llevado a cabo en Davos los días 25-29 de enero del presente año. El análisis de la gran transformación, tema central del foro de Davos, llega tarde aunque aún pertinente.

En respuesta a la pregunta planteada, los participantes diagnosticaban a la desigualdad y el desempleo como los síntomas de un capitalismo que falla y necesita ser reformado. Las vías de la reforma: educación, innovación y creatividad liderada por la población joven, especialmente los jóvenes emprendedores.

Frente a esta participación, la agenda de Davos para el 2012 propuso como prioridad resolver la crisis de la eurozona; fortalecer la relación entre gobiernos y corporaciones, ubicar al sector de Internet como uno de los sectores líderes del siglo XXI, tanto en producción de empleos como en participación en el Producto Interno Bruto –El sector de internet en 13 países, ha sumado 7 por ciento al crecimiento del PIB global en los últimos 15 años-. Finalmente, el tema energético llega para quedarse, no sólo en materia de volatilidad de precios, sino en la búsqueda de fuentes de energía renovable.

Atemos algunos cabos. Como mencionamos antes, la desigualdad y el desempleo son consecuencias naturales de la transformación en la estructura económica en primer lugar. La prolongación de éstas, atiende, en la mayoría de los casos, a la incapacidad de las instituciones y empresas para evolucionar, transformarse y en esa medida, satisfacer las nuevas necesidades del contexto económico. En este sentido, destaca, como centro de la reforma del capitalismo, la relación entre gobiernos y corporaciones.

La lección es simple, o los gobiernos se coordinan con las corporaciones globales que se ostentan como rectoras de la producción y el comercio mundial, o las corporaciones gobernarán sin ellos. Aquí, consideramos otra de las recomendaciones: las vías de la reforma. La educación y la innovación requieren de sistemas educativos de calidad que permitan el acceso masivo de conocimientos que constituyan la base de la nueva formación de la clase trabajadora. En este sentido, la tarea es doble, superar los rezagos estructurales en alfabetización y cerrar la brecha digital; así es como los países en desarrollo podrían insertarse en sectores de punta como el Internet y otros que le siguen.

Concuerdo que en el corto plazo la crisis de la eurozona es prioridad para establecer una arena de juego estable. Sin embargo, más allá de esta particularidad, la estrategia deberá considerar un espectro más amplio. De otra manera, la senda en la concentración de los beneficios será una realidad que se consolide. Tendríamos que esperar nuevas oportunidades, en las que el capitalismo, a través de un marco institucional eficiente, pueda mostrar su rostro humano”. Después de todo, en palabras de David M. Rubenstein, del grupo Carlyle, el capitalismo puede ser el peor de los sistemas económicos, excepto por todos los demás.

El estudio de la OCDE que hemos mencionado, demuestra el efecto de la política económica y el cambio institucional en el contexto económico que aquí hemos descrito. Por un lado, la liberalización de la política económica, impulsa el desarrollo tecnológico, y en general, estimula el empleo. Por otro, la misma política tiene como consecuencia central la polarización de los sueldos y salarios. El estudio, muestra que los efectos tienden a anularse. La solución al dilema es el incremento en los niveles de educación y capacitación como medios para transformar la oferta laboral.

El mundo ha cambiado. La sociedad del conocimiento llegó para quedarse. Estamos presenciando nuevas formas de producción, organización, competencia y consumo. La posibilidad de avanzar dependerá de los logros anteriores, de la capacidad para entender, asumir y adaptar el cambio, y la habilidad para diseñar una estrategia de suma positiva.

La estrategia diseñada por países y firmas con base en sus recursos internos definirá una inserción activa o pasiva en las redes del comercio mundial, que expresan la nueva división internacional del trabajo. Una inserción activa podría permitir una dinámica de escalonamientos sucesivos que conduzcan a la participación creciente en las ganancias del comercio, en caso contrario la inserción pasiva implicaría regresión o estancamiento, en un contexto de crecimiento empobrecedor.

El diagnóstico está hecho, quedamos en espera de la voluntad política.