Es difícil pensar en palabras más críticas a Rosario Robles que las pronunciadas por la propia Rosario Robles. Los discursos proclamados por la activista de la izquierda a ultranza o por la combativa Diputada perredista contra el PRI son las más duras palabras que se le podrían asestar a la colaboradora electoral y Secretaria de gabinete en el regreso del partido “corrupto”, “represor”, “comerciante de la pobreza”, en sus mismos dichos. § Si se le toma un poco prestado a José Emilio Pacheco podría afirmarse: todo político de oposición se convierte justo en lo que despreciaba –o que decía despreciar– cuando accede al poder.  § Como si se tratara de dos personas diferentes: “Rosario Robles no habría dejado que Rosario Robles pusiera un pie en el Ho Chi Minh”, dice un joven estudiante comunista de la Facultad de Economía en referencia al candente foro de reflexión y discusión política del que surgió la colaboradora del regreso del PRI a Los Pinos.

Eran otros años. Foto: Cuartoscuro

Eran otros años. Foto: Cuartoscuro

PRIMERA DE DOS PARTES

Ciudad de México, 29 de abril (SinEmbargo).– Carlos Salinas de Gortari estaba atónito. Sus ojos brillaban. Cerca del tartamudeo, repetía en la biblioteca de su casa, en el Camino a Santa Teresa del Distrito Federal: “Es muy, muy bueno”. “Con esto están acabados”. Frente a la pantalla era testigo de la secuencia en que René Bejarano, el hombre de las confidencias de Andrés Manuel López Obrador, buscaba bolsas en sus ropas para meterse más y más fajos de billetes. Hasta la liga se llevó.

Esa noche de noviembre de 2003, Salinas pretendía la calma, pero la emoción lo rebasaba. Rosario Robles había preferido quedar afuera de la biblioteca donde Salinas y Carlos Ahumada contemplaban el derrumbe de López Obrador, acérrimo enemigo mutuo.

Rosario, que había llegado a la residencia de noche con lentes oscuros y una enorme mascada para pasar inadvertida, estaba en territorio del hombre que, según ella misma, pero años atrás, había robado la presidencia de la República a su mentor Cuauhtémoc Cárdenas.

Rosario, que había renegado en su juventud de la vía electoral estaba ahí para que la cabeza de López Obrador rodara antes de acercarse más a Los Pinos.

La siguiente escena, contada con detalles de guion cinematográfico, aparece en las páginas 142 y 143 del libro Derecho de réplica, escrito por Ahumada (Grijalbo, 2009).

“En la madrugada, antes de despedirnos, surgió una de las escenas más impactantes que he visto en mi vida. Salinas le mostró su biblioteca a Rosario. Había condecoraciones y fotografías, entre otros recuerdos. Cuando llegamos a la vitrina donde conserva sus bandas presidenciales, Rosario le comentó que debía ser un gran honor y un orgullo portar la banda presidencial. Salinas inmediatamente tomó una escalerita para poder subir por la vitrina y sacó una de las bandas presidenciales. Yo creía que nos la quería mostrar, y en efecto así lo hizo, pero no fue sólo eso, sino que la tomó y se la puso a Rosario cruzándole el pecho y le dijo: ‘Te luce muy bien’”.

LA ALUMNA ROSARIO

María del Rosario Robles Berlanga nació en la Ciudad de México en 1956. Es la segunda de seis hijos nacidos del matrimonio celebrado entre Francisco Robles y Rosario Berlanga, ambos coahuilenses y avecindados en la capital por el trabajo de Francisco en la industria vidriera del Grupo Monterrey. La familia se asentó en Naucalpan, Estado de México, cuando Rosario Robles tenía seis años de edad. Creció en la próspera colonia de Echegaray, colindante con Ciudad Satélite, ambas bastiones históricos del panismo mexiquense.

Francisco Robles fungió como funcionario de casilla de Acción Nacional en los tiempos que, según la propia política en su libro Con todo el corazón. Una historia personal desde la izquierda (Plaza Janés, 2005), las familias conservadoras del rumbo distinguían sus autos con la leyenda “cristianismo sí comunismo no”. Rosario estudió la primaria y la secundaria en escuela de monjas y cantaba en el coro de la iglesia.

“Ninguna de nosotras nos imaginábamos un futuro que no fuera el de ser esposa o madre. Por eso fue toda una sorpresa para mis maestras que yo hubiera escrito una composición en la que deseaba ser presidenta de México.

“El movimiento estudiantil de 1968 –me tocó vivirlo cuando estaba en la secundaria– sólo existió para mí porque las monjas a raíz de los acontecimientos nos sacaron de los salones para rezar en el patio, y gracias a mi padre que nos llevó en su carro a Ciudad Universitaria para que viéramos la infamia que significaba que el ejército hubiera tomado las instalaciones de la máxima casa de estudios”.

Estudió el bachillerato en el recientemente creado Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Naucalpan, donde experimentó el giro de la escuela religiosa a las asambleas rebosantes de consignas del 68 y críticas al sistema político y económico mexicano al cual, no cabía duda, se le debía cambiar por uno de inspiración marxista, así que Rosario decidió estudiar Economía en la UNAM.

El auditorio Ho Chi Minh de la facultad de Economía es el alma máter de todos los políticos provenientes de la izquierda universitaria mexicana. El auditorio funcionaba de manera regular como sede de las asambleas plenarias del CEU y el STUNAM. Los estudiantes activistas acudían al auditorio Ernesto Che Guevara de la cercana Facultad de Filosofía y Letras cuando revivía el movimiento estudiantil, pero la base era el Ho Chi Minh. La imagen del revolucionario vietnamita preside aún el salón.

Robles en su libro:

“Al ingresar a la Facultad, tuve otra vez una marcada influencia de una generación de jóvenes profesores, en su mayoría comprometidos con la izquierda y de manera significativa de los que habían tenido que salir de sus países, sobre todo de Argentina y Chile, por la persecución de sus respectiva dictaduras. Ahí también me casé por primera vez, y después de divorciarme me uní al hombre con el que compartí más de 20 años de mi vida, Julio Moguel, el padre de mi hija y en ese entonces mi maestro en la Facultad. Parecía telenovela pues la alumna había conquistado al profesor. Yo lo admiraba y me sentía profundamente orgullosa de que se hubiera fijado en mí”.

Esta relación sentimental sentaría otro frente de críticas a Rosario, de quien se diría que aprovechaba los asuntos del amor para hacer política.

Sea lo anterior relevante o no, Robles se formó ideológicamente bajo el amparo de Moguel, a su vez influido de manera fundamental por Adolfo Orive Bellinger, maoísta de familia cercana a Lázaro Cárdenas e ingeniero civil por la UNAM y con estudios de doctorado en Ciencias Políticas y Economía en Estados Unidos e Inglaterra; paso por París –fue alumno de Charles Bettelheim–, y cursos de posgrado en Economía-Política Marxista y Planeación en la República Popular de China.

Orive Bellinger, ex militante del PRI, tuvo entre sus discípulos, además de Moguel, a los hermanos Raúl y Carlos Salinas de Gortari.

A fines de los 80, los maoístas universitarios se separaron luego de abandonar la izquierda social apartidista y adoptar la postura electoral que invalidaran años atrás. Rosario Robles, Julio Moguel y otros caminaron a la fundación del PRD y Orive Bellinger creó, en 1990, el Partido del Trabajo cuando este era entendido como un satélite del salinismo y una mascarada para debilitar la izquierda. Asesoró al Programa Nacional Solidaridad con Carlos Salinas de Gortari, llevó el secretariado técnico del gabinete de Desarrollo Social con Ernesto Zedillo y fue Secretario de Desarrollo Agropecuario del Estado de México con Arturo Montiel.

Sigue Robles en Con todo el corazón:

“Creíamos que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Para nosotros existía la utopía de un país mejor, peros siempre con referencia a la Unión Soviética, Cuba o China y en el modelo socialista a seguir se centraban nuestros debates.

“La izquierda partidaria tenía una preocupación estrictamente electoral y la sentíamos muy alejada. Por eso me incliné más por participar con la izquierda social, que aunque era igual de dogmática, por lo menos privilegiaba el contacto con la gente (…) Era una izquierda antielectoral. El trabajo era de organización y de vínculo con los sectores menos favorecidos, no de escaños en un sistema que había que transformar.

“Por eso sorprendió mucho cuando conjuntamente con otros compañeros universitarios, como Armando Quintero y mi propio hermano Paco, decidimos incursionar en el terreno electoral en alianza con el sector que sentíamos menos burocratizado de la izquierda partidaria y que además había postulado a doña Rosario Ibarra de Piedra a una diputación plurinominal”, explica Robles.

Después vino la lucha del Consejo Estudiantil Universitario, dirigido por tres jóvenes: Antonio Santos, Imanol Ordorika y Carlos Ímaz. El movimiento estudiantil salió victorioso. Frenó las intenciones del rector Jorge Carpizo de eliminar el pase automático y de aumentar las cuotas, y arrancó el acuerdo de la realización de un Congreso Universitario.

La Jefa de Gobierno no era nada mal vista. Cuartoscuro

La Jefa de Gobierno no era nada mal vista. Cuartoscuro

LA MAESTRA ROSARIO

La primera vez que Rosario Robles visitó el Valle del Mezquital, el semi desierto de Hidalgo envenenado con agua muertas al norte de la Ciudad de México, fue en 1989, al siguiente año de que Cuauhtémoc Cárdenas perdiera las polémicas elecciones presidenciales ante Carlos Salinas de Gortari, “el villano favorito” –solía decir Salinas de sí mismo– de la izquierda mexicana.

Robles llegó contratada para realizar una evaluación a la Asociación Civil de Servicios de Educación de Adultos y a la Unión de Comunidades del Valle en relación a financiamientos que recibían de para diversos proyectos de desarrollo comunitario campesino e indígena en esa región otomí.

Rosario acompañó durante años la consolidación de las organizaciones y el fortalecimiento de su perspectiva de género. La experiencia fue el tema de su tesis de maestría en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana. Robles tituló su documento Voces de mujeres. La experiencia de las campesinas e indígenas del Valle del Mezquital.

Afirmó en el contexto general de su trabajo académico:

“Las políticas de combate a la pobreza aplicadas en nuestro país en los últimos años no lograron revertir esta situación. Muy por el contrario, de acuerdo a estudios de destacados investigadores, en el periodo de 1984 a 1992 los pobres rurales no sólo no disminuyeron sino que aumentaron en la escandalosa cifra de dos millones más”.

Vehemente, Robles denunció los graves problemas ambientales y de salud ocasionados al Valle del Mezquital por el vertido de las aguas negras producidas en la Ciudad de México, pero cuando gobernó la capital no promovió de manera alguna el saneamiento de esas descargas.

El trabajo de Robles quedó centrado, en una parte, en la demanda que hacían indígenas del Valle del Mezquital de servicios públicos básicos en sus comunidades, financiamiento para la instalación de talleres artesanales, una quesería, un taller de costura, molinos y tortillerías, y, de manera complementaria, en la resistencia de los gobiernos estatal y federal, concretamente de la Secretaría de Programación y Presupuesto, el Instituto Nacional Indigenista y el Programa Nacional Solidaridad de la Secretaría de Desarrollo Social (Pronasol). Todas estas dependencias y el mismo programa serían encabezados por Carlos Rojas Gutiérrez.

Respecto al presente de la Secretaria Rosario Llama poderosamente la atención el subcapítulo de Rosario, aspirante a al grado de maestría, Por la ruta perversa del Pronasol, el proyecto social estelar de Salinas.

“La desconfianza generada por la corrupción e ineficiencia de las instituciones y, en particular, por el patrimonio indígena era un argumento muy importante para evitar cualquier contacto con las dependencias oficiales.

“Durante varios meses las negociaciones permanecieron estancadas en gran medida por la decisión de la delegada estatal de la Secretaría de Programación y Presupuesto y del gobernador hidalguense de no apoyar a COVAC porque no se trataba de una organización afiliada al partido oficial.

“En la concepción patrimonialista que empezó a caracterizar este programa, otras organizaciones relacionadas con el partido oficial debían ser beneficiadas para asegurar las clientelas políticas y, en todo caso, era más necesario inyectar recursos de la entidad con el objetivo de comprar votos y neutralizar descontentos y disidencias que pudieran traducirse en derrotas significativas para el Revolucionario Institucional”.

Robles presentó su tesis en agosto de 1995. ¿Qué ocurría en la política hidalguense de la primera mitad de los noventa? Jesús Murillo Karam gobernó el estado entre 1993 y 1998, mientras que Miguel Ángel Osorio Chong ocupó cargos públicos en el ayuntamiento de Pachuca y dirigió al PRI estatal durante 1993 y 1994.

Hoy, ambos son compañeros de gabinete de Robles, Secretaria de Desarrollo Social. Murillo es procurador general de la República y Osorio Chong es el influyente Secretario de Gobernación de Peña Nieto. Por su parte, Carlos Rojas, el poderoso ingeniero de la pobreza del salinismo está de vuelta, ahora como director del Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas de Solidaridad que en los próximos meses se transformará en el Instituto Nacional de Economía Social y quien llevará de la mano de Robles la política antipobreza de Peña Nieto.

A propósito de la reciente demanda de juicio político contra Robles Berlanga por uso electoral de los recursos destinados al combate de la pobreza en Veracruz, cabe mencionar la cita que con orgullo hizo la estudiante Rosario Robles en su tesis de una mujer pobre enfrentada con dignidad al poder del Estado priista:

“Señor gobernador, sé que viene a inaugurar unos trabajos que algunas comunidades ni siquiera han recibido y que dice usted que nos ha dado. Pero no. Este programa que se está llevando a cabo es un programa nacional. Este este es un apoyo que está recibiendo toda la República. Esto usted no nos lo dio de su presupuesto. Lo dio la federación y este dinero es un impuesto que nosotros hemos dado. Aparte de eso, este dinero Solidaridad está saliendo de las ventas paraestatales, eso es a lo que usted llama Solidaridad. Pero sabe qué, señor gobernador, la verdadera solidaridad la estamos llevando nosotros en nuestras comunidades, porque estamos trabajando unidas, con faenas, con cooperaciones, eso es solidaridad…”.

LA MILITANTE ROSARIO

A principios de los noventa, la geografía básica del sol azteca, nación con más mapas que años de vida, tenía dos territorios fundamentales.

Uno era habitado por la corriente democrática salida del PRI –Cárdenas y, en ese momento, Porfirio Muñoz Ledo presidiendo el partido– más la mayoría de los ex comunistas más la mayoría de Punto Crítico –por ejemplos, Raúl Álvarez Garín y Javier González Garza– más algunas organizaciones sociales como la Asamblea de Barrios.

La otra región estaba ocupada por “La Trisecta”, un conglomerado que comenzó con tres grupos de la izquierda social, no electoral y sindical a la que luego se sumarían otros más. La componían la Unión Popular Nueva Tenochtitlan, una agrupación surgida tras los sismos de 1985 e impulsada por dos activos maestros, René Bejarano y Dolores Padierna; Asociación Cívica Nacional Revolucionaria que derivó en el Movimiento Cívico, y, a la izquierda de la izquierda, la Organización de Izquierda Revolucionaria Línea de Masas, de inspiración maoísta y de donde surgió Rosario.

“Rosario era muy activa, muy entrona, muy inteligente, muy solidaria”, dice un compañero de aquellos días. “Su pedigrí, como decíamos para referirnos al origen político e ideológico de cada compañero que buscara distinguirse, era muy bueno. Muy duro. Muy maoísta La Chayo”.

***

En 1993, años previos al zapatismo chiapaneco, la izquierda universitaria ya no estaba integrada solamente por la Asamblea Estudiantil y la plenaria del CEU, sino también por grupos académicos y sindicales, a los que se había adherido Robles, miembro del Sindicato de Trabajadores de la UNAM.

Los debates estaban protagonizados, entre otros, por Martí Batres, entonces dirigente de un grupo llamado la Tercera Fuerza del CEU; Armando Quintero, también dirigente sindical; Salvador Martínez della Roca, proveniente de la generación del 68, y algunos liderazgos emergentes de la segunda generación del CEU: Adolfo Llubere, Inti Muñoz y Fernando Belauzarán.

En las reuniones de ese momento, las discusiones giraban alrededor del 25 aniversario de la matanza de Tlatelolco, pero, más importante, de las nominaciones a las candidaturas para las elecciones federales de 1994 a cuya cabeza iría, nadie lo dudaba, Cuauhtémoc Cárdenas en su segundo intento por la presidencia. Tanto peso tenía la izquierda universitaria que en esa legislatura, la LVI que comprendió los años 1994 a 1997, fueron diputados plurinominales Martínez della Roca, Quintero y Robles.

LA DIPUTADA ROBLES

El martes 29 de noviembre de 1994 la Diputada Rosario no perdió la oportunidad de subir a tribuna y despedir al Presidente. Se burló de “el modernizador Salinas de Gortari, hijo de Harvard”. Era la última sesión en San Lázaro coincidente con el sexenio de 1988 a 1994, el sexenio que marcaría definitivamente a la izquierda mexicana, a la izquierda de Rosario Robles.

Los perredistas estaban adoloridos y Salinas sería uno de los temas recurrentes de Robles. Había ganado de manera fraudulenta, a decir de Robles y el partido que había fundado, la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas, máxima figura del perredismo en general y de Rosario en particular.

Enérgica, decidida, Rosario insistiría una y otra vez en que la Procuraduría General de la República debía iniciar un proceso penal contra el ex Presidente por el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

“Tres presidentes de México compiten en el siglo, con su impopularidad, por su autoritarismo y por su capacidad para desatar procesos generalizados de violencia, dos de ellos y sin ser parientes, de apellido Díaz; el tercero se llama Carlos Salinas de Gortari, quien deja tras de sí 300 muertes del perredismo, varias decenas de periodistas victimados, un país convulsionado y al borde de la guerra civil, una pobreza generalizada y humillante.

“Carlos Salinas de Gortari pudo haber escogido otros caminos, los había, pero su soberbia y su entrega a determinados núcleos del poder económico en el país, cancelaron otras opciones. Enfermizo fue sin duda su interés por aniquilar al perredismo y al cardenismo, como enfermiza fue la orden presidencial que el 2 de octubre masacró a los estudiantes de Tlatelolco; ignorante y racista fue su opinión y forma de enfrentar la rebelión indígena de Chiapas, como racista e ignorante fue la manera en que Díaz Porfirio enfrentó durante décadas a los valientes yaquis de Sonora.

“En su último informe de gobierno, Salinas de Gortari habló de algún otro país, no de México. En este país, el nuestro, varios millones de mexicanos se debaten en el margen de la sobrevivencia. Para citar cifras oficiales recientes, el 40 por ciento de nuestros compatriotas sufren graves índices de desnutrición, entre éstos, son las mujeres y los niños los más afectados. Aristocratizante y frívola fue la forma en que Salinas quiso enfrentar los males de la pobreza, pues separó a los pobres de toda política de desarrollo. El Programa Nacional de Solidaridad, no pudo evitar que se diera un crecimiento absoluto de pobres y miserables en el medio rural entre 1989 y 1994”.

Rosario siguió la tunda:

“La pretendida modernización política terminó por ser una caricatura de reforma con la aplicación, el 21 de agosto, de un fraude descomunal que expropió una vez más a los mexicanos el sentido y la fuerza transformadora de la esperanza y la acción de los mapaches y demás delincuentes electorales, se extendió hacia el sensible espacio social y político de Chiapas, se extiende ahora hacia Veracruz y se reafirma en Tabasco, como si el objetivo de este gobierno hubiera sido declarar a voz en cuello que en México no hay, ni habrá jamás tiempo, ni espacio para la democracia.

“También pretendió aniquilar y exterminar al cardenismo y al Partido de la Revolución Democrática. Se lo planteó como una cruzada personal. No lo logró. Nosotros aquí seguimos y él pronto se embarcará en su Ypiranga”, nombre del barco en que Porfirio Díaz partió al exilio.

“Hoy Salinas de Gortari nos deja un país dividido, hipotecado, ensangrentado y humillado, pero habrá que reconstruir a la nación, empezar en muchas cosas de nuevo. Separemos y hagamos ese compromiso definitivamente al PRI de su relación con el gobierno. Generemos una reforma política que sea digna de nuestros tiempos; liquidemos las mentiras televisivas y rechacemos las palaciegas captaciones de nuestras mentes ilustres. Eliminemos el gasto clientelar y asistencial hacia los pobres”, dijo la futura Secretaria de Desarrollo Social colocada, según algunos priistas y casi todos los perredistas, por el propio Salinas para quien, claro está, nunca hubo un Ypiranga.

***

El 5 de noviembre de 1996, el ánimo en San Lázaro estaba caldeado por las próximas elecciones locales en Coahuila, Hidalgo y Estado de México. Robles levantó la mano para pedir uso de la voz y abrió su discurso comparando al Secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet con Rasputín. ¿Qué credibilidad y confiabilidad podía tener si a la vez de arbitrar las elecciones era el principal operador priista?

“Lo que observamos en estas tres entidades y en particular en el Estado de México, es el uso del presupuesto público a manos llenas para favorecer a los candidatos del partido oficial. Las despensas, los camiones de los municipios apoyando las pintas y las campañas de los candidatos del PRI. El personal contratado en los municipios, apoyando las candidaturas de los candidatos del PRI. El ramo 26 raquítico de combate a la pobreza, apoyando las campañas de los candidatos del PRI.

“En el caso de Netzahualcóyotl en el Estado de México, en donde estamos dando una fuerte pelea los partidos de oposición, se destruye la propaganda, se utilizan los recursos públicos, se hace la guerra sucia, todo, porque no se puede tolerar que la oposición de este país conquiste la zona conurbada de la Ciudad de México y se perfile con toda claridad hacia 1997 como una opción del gobierno”, sentenció Robles, mexiquense por adopción, subrayando una vez más su filia cardenista.

El contexto político mexiquense al que criticaba Rosario resultaría de primera importancia para el presente político mexicano. Emilio Chuayffet ganó la gubernatura en 1994 tras un cuestionado proceso en que se impuso a Alejandro Encinas, contemporáneo en la Facultad de Economía de Robles y, al igual que ésta, orgulloso izquierdista sin pertenencia pasada al PRI.

Chuayffet designó como Secretario de Desarrollo Económico a Juan José Guerra Abud quien nombró como su secretario particular, su hombre de más confianza, a un joven priista oriundo de Atlacomulco, Enrique Peña Nieto.

El gobernador dejó el despacho en Toluca para ocupar el de Bucarelli por órdenes de Ernesto Zedillo.

El gobierno federal y el Grupo Atlacomulco convinieron que la encomienda del gobierno estatal recaería en César Camacho Quiroz, quien mantuvo en el cargo a casi todo el equipo designado por Chuayffet, incluido Guerra Abud. Arturo Montiel había dirigido a su partido en el estado durante un periodo y lo haría por uno más antes de que Camacho Quiroz resolviera convertirlo en su sucesor. Y Montiel decidiría que Enrique Peña Nieto fuera el suyo.

Chuayffet tenía en ese tiempo como secretario particular a otro promisorio muchacho del Valle de Toluca y, como él, de ascendencia libanesa, Ernesto Javier Nemer Álvarez quien sería uno de los principales operadores políticos en las siguientes elecciones del Estado de México, todas cuestionadas por Rosario Robles al menos hasta 2005.

Este es el árbol genealógico mexiquense al que criticaba Rosario y al que se integraría Rosario.

A la Secretaria de Desarrollo Social le toca convenir parte de la agenda educativa con el Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, y ambientales con el Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan José Guerra Abud. A Robles le toca defender el gobierno de Peña Nieto, como desde la barrera partidista lo hace el presidente nacional del PRI, Camacho Quiroz.

Y Robles designó, al menos en las formas, a Nemer Álvarez como su subsecretario de Desarrollo Social.

Arengaba la Diputada Rosario el 5 de noviembre de 1996:

“Las ciudadanas y los ciudadanos nos dicen que se les informa que si gana ahí el PRD no va haber Procampo, no va haber becas de Solidaridad, no va haber recursos para el municipio. Que si votan por la oposición no van a tener para las obras públicas, que si votan por la oposición ya no los va a apoyar el gobernador del estado ni el Presidente de la República.

“Estamos a punto de llegar a un nuevo milenio y en este México de la ‘democracia’ –entrecomillado original de la versión estenográfica de la sesión–, se sigue intimidando, se sigue chantajeando y se sigue traficando con la pobreza de los mexicanos y con el hambre de los mexicanos, a cambio de los votos para un partido que no es capaz de ganarse legítimamente sus triunfos en la contienda electoral”.

“¡Ahorita que estamos discutiendo la reforma electoral y ahorita que vamos a las elecciones el próximo domingo, el Presidente de la República y en particular, insistimos, el Secretario de Gobernación, están obligados a la imparcialidad, a la justeza y a la sanción de todos aquellos que están utilizando los recursos públicos para beneficiar sus candidaturas y beneficiar sus campañas!”, dijo la Diputada Rosario Robles como si lo hiciera de la Secretaria de Desarrollo Social Rosario Robles.

Mañana segunda y última parte