La familia de Alizadeh decidió venderla a una familia afgana por 9 mil dólares, agobiada escribió el rap “Hijas a la venta”, que denunciaba las tradiciones arcaicas en las que se sustenta el matrimonio forzado. A sus 20 años, habla sobre cómo la música le salvó la vida y espera ayudar a más mujeres.

Por Alexis Chemblette / traducido por Álvaro García

Ciudad de México, 29 de abril (SinEmbargo/ViceMedia).– Hasta que cumplió 16 años, Sonita Alizadeh sabía pocas cosas aparte de la guerra, la pobreza y la segregación. Ella creció bajo el gobierno talibán, y su familia huyó de Afganistán, asolado por la guerra, hacia Irán cuando cumplió ocho años. Al no tener derecho a asilo, Alizadeh no tuvo acceso a una educación formal en Teherán. Asistió a la escuela en una ONG dedicada a educar refugiados, donde también trabajó limpiando baños. En su tiempo libre le gustaba escuchar rap y desarrolló una fascinación por el potencial revolucionario de las canciones de protesta.

La vida de Alizadeh dio un giro dramático cuando su madre anunció que la venderían a una familia afgana por 9 mil dólares para obtener la dote que su familia necesitaba para la novia de su hermano. En Afganistán, la edad legal de matrimonio para las mujeres es de 16 años, pero se puede desde los 15 con el consentimiento del padre. Agobiada por una decisión familiar que muy probablemente la sentenciaría a una vida de subordinación y arruinaría sus ambiciones artísticas, Alizadeh escribió el rap “Hijas a la venta”, que denunciaba las tradiciones arcaicas en las que se sustenta el matrimonio forzado. Luego lanzó un video musical con la ayuda del documentalista iraní Ghaem Maghami, quien pagó a su familia para postergar la boda. The Strongheart Group, una organización sin fines de lucro de relaciones públicas para la defensa de los derechos escuchó su historia y le ofreció una beca para la Academia Wasatch de Utah. Hablé con Alizadeh, ahora de 20 años, sobre cómo la música le salvó la vida y cómo espera que también salve la de los demás.

– ¿ Cuando empezaste a escuchar rap, reconociste inmediatamente que este podía ser una plataforma para iniciar un cambio social?

– Me atrajo la influencia del rap en el cambio social. Es un género que enaltece la importancia de los problemas que aborda. También es el medio más efectivo para contar mi historia y atraer al público.

– ¿Estabas involucrada socialmente antes de empezar a rapear?

–Siempre he sentido la necesidad de hablar en contra de las injusticias que he presenciado en la sociedad. Comencé a presentarme en obras de teatro sobre trabajo infantil. Me jaba en mis amigas que llegaban a la escuela con moretones y el espíritu roto por rogarles a sus familias que no las vendieran para casarlas. Así que escribí poemas y los convertí en raps.

– Tenías otro destino en puerta si no hubieras escrito “Hijas a la venta”. ¿Cómo mides el impacto de tu canción?

– Mi música y mi historia han inspirado a mis amigas a enfrentarse a sus familias y escapar del matrimonio forzado. Desafortunadamente, para cuando llegué a los Estados Unidos, la mayoría de las personas que conozco ya estaban casadas y tenían hijos. Viendo el lado positivo, estas amigas quieren marcar un camino diferente para sus hijas y educar a sus hijos sobre los problemas que causa el matrimonio infantil. Personas de todo el mundo me dijeron que mi música ha impactado sus vidas y las han inspirado a hacer cambios en sus comunidades.

– Las mujeres en contra del matrimonio infantil suelen enfrentar represalias. ¿Las animas a participar en la vida pública a pesar de esto?

– Las figuras femeninas en las sociedades conservadoras están amenazadas por desafiar el status quo, pero renunciar a la defensa de los derechos no es una opción. Sólo las mujeres que levantan sus voces pueden provocar un cambio real. Nuestros oponentes pueden intimidarnos, pero no pueden silenciarnos. Haremos eco de las voces de las mujeres y niñas en peligro real. Mi consejo para las jóvenes activistas es mantener vivas las esperanzas y los sueños de estas niñas.

– El matrimonio infantil afecta la condición de las mujeres en todo el mundo. ¿Cómo se ve tu activismo hoy en día, y cómo le ha dado forma tu nueva vida en Estados Unidos?

– Cuando vine por primera vez a Estados Unidos, la mayoría de mis compañeros no podía entender el predominio global del matrimonio infantil. Yo estaba dedicada a acabar con el matrimonio infantil, pero no lo estaba poniendo en contexto. Al tener acceso a más información, exploré las raíces del matrimonio infantil a nivel local y nacional. Compartí mi historia con expertos y líderes, y enfaticé el ambiente económico y social que sustenta el matrimonio infantil, y también la falsa narrativa de que el matrimonio infantil es el camino más seguro para las niñas. Estoy trabajando con Strongheart Group y organizaciones como Girls Not Brides para promover políticas y cambios de conducta, con un enfoque en la educación.

– ¿Puede avanzar la causa de las mujeres y las niñas sin que cambien las normas y los valores?

– El progreso social no puede imponerse; tiene que canalizarse a través de la sociedad civil. El matrimonio infantil está profundamente arraigado en la pobreza y la falta de educación y seguridad. Pero necesitamos educar a todos: a los afectados, a quienes no conocen mucho sobre el matrimonio infantil y a los líderes que pueden reformarlo. Pero nada cambiará si las familias no se involucran desde la raíz.

– ¿Cómo imaginas tu vida después de graduarte de la preparatoria?

– Quiero ir a la universidad, producir música, y continuar mi trabajo de defensa de los derechos. Estoy escribiendo una nueva canción sobre la unión de Afganistán. Quiero inculcar a los jóvenes una visión que les brinde fortaleza en el futuro. Estaré lanzando un desafío global de rap, para que los jóvenes de todo el mundo escriban y rapeen sobre el n del matrimonio infantil.

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