Foto: Antonio Cruz, SinEmbargo

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Ciudad de México, 29 junio (SinEmbargo).- Difícil imaginarse el movido ambiente cultural del Distrito Federal sin la presencia de la incansable Sandra Lorenzano, novelista, poeta, docente universitaria, ensayista y devenida desde hace tres años, para su placer y el de sus oyentes, en una sagaz conductora de radio al frente del programa En busca del cuento perdido, que transmite todos los lunes radio Horizonte, del IMER.

Nacida en Buenos Aires y residente en México desde hace más de dos décadas, la vicerrectora de la Universidad del Claustro Sor Juana presentó en 2012 su novela Fuga en Mí menor (Tusquets), la segunda de una producción que incluye Saudade y el poemario Vestigios, entre otros.

Ganadora en 2001 de una Mención Especial en el Premio Nacional José Revueltas por su trabajo Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura, Sandra fue elegida una de las 100 mujeres líderes de México en una lista confeccionada por el periódico El Universal, en reconocimiento a una labor intelectual que no conoce descanso ni fisuras.

LA PASIÓN Y LA OBSESIÓN DE LA ESCRITURA

En 2008 se llevó a cabo el IV Encuentro Latinoamericano de Escritores organizado por la Universidad del Claustro de Sor Juana y el apoyo del Fondo de Cultura Económica, en memoria de Octavio Paz, de quien se conmemoraban 10 años de su fallecimiento.

Foto: Especial

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El encuentro reunió a creadores como Mario Bellatin, Geney Beltrán Félix, Pablo Boullosa, Adolfo Castañón, Álvaro Enrigue, José María Espinasa, Bernardo Esquinca, Anamari Gomís, Darío Jaramillo, Lina Meruane, Eduardo Antonio Parra, Claudia Posadas, José Ramón Ruisánchez, Ignacio Solares, Jorge Volpi, Heriberto Yépez, Myriam Moscona, entre otros.

Los textos escritos y leídos por cada uno de ellos durante el suceso, fueron compilados por Sandra Lorenzano, dando origen a Pasiones y obsesiones. Secretos del oficio de escribir, obra publicada por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad del Claustro de Sor Juana.

“Y ¿cuáles son las pasiones de los escritores? ¿De qué se enamoran perdidamente, peligrosamente, violentamente? ¿Qué odian? ¿A qué le temen?”, cuestiona Lorenzano en la introducción del libro, con preguntas que siempre han rondado a su alrededor y que aún hoy definen su dedicación al oficio de las letras.

–      ¿Cuándo empezaste a pensar en la obsesión de escribir?

–      La escritura fue para mí durante muchos años la obsesión de sentir que era mi deseo último y al mismo tiempo la imposibilidad de cumplirlo. Me parecía que nunca iba a poder escribir nada que valiera la pena y que hay tantas cosas que valen la pena en las bibliotecas, que para qué hacer algo.

–      Suele pasarle mucho a las personas que aman antes la lectura que la escritura…

–      Es que para mí se dio primero la obsesión de leer y luego la de escribir. Cuando llegamos a vivir a México, en 1976, comencé a sentir la necesidad de contar o en todo caso contarme lo que estaba pasando, sobre todo para tratar de entenderlo. Como buena adolescente me hice poeta y ahí la escritura se volvió algo muy frustrante durante muchos años. Quería escribir, pero no me animaba. No sé si para algo la relación con la escritura sea fácil…

Foto: Especial

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–      Aunque lo difícil no impide el goce…

–      Por supuesto que no. Son dos cosas distintas. Creo que en gran medida la escritura aparece cuando le pierdes el miedo, lo que en cierto modo resulta de perderte el miedo. Uno tendría que ser tonto para no reconocer que lo que va a escribir no va a estar a la altura de las grandes obras de la literatura universal, pero ¿qué importa? ¿Realmente hay que estar a la altura de los grandes o a la altura de uno mismo? Lo que escribo no es Las olas (Virginia Woolf), no es el Ulises (James Joyce) y no es Rayuela (Julio Cortázar), pero es lo que puedo hacer.

–      De todas maneras cuando uno se vuelve juez de su obra, tiende a ser un poco soberbio…

–      …y severo, en general. Siempre me ha interesado mucho el proceso creativo y leía muchísimo entrevistas, biografías, testimonios, en torno al oficio de escribir. Casi como una voyeur, casi como espiando lo que hacen los demás. Me da todavía una gran curiosidad impresionante.

–      ¿Y cuándo la obsesión se convirtió en un libro?

–      Cuando me di cuenta, hablando con otros escritores, de que yo no era la única obsesionada y apasionada. Las miradas son muy disímiles, pero la pasión por ver qué fregados pasa cuando uno se pone a escribir es compartida. Ponerse a pensar sobre las pasiones y obsesiones en torno a la escritura puede resultar algo muy productivo para un autor. Y como es un libro que compilé, lo puedo presumir con gusto.

PARA LOS AMANTES DE LOS LIBROS DE ANAGRAMA

Entre las múltiples actividades que lleva a cabo Sandra Lorenzano en relación con el oficio de escribir, recientemente hizo de cicerón en la visita que hiciera el editor Jorge Herralde, en el marco de una conferencia pública llevada a cabo en la Universidad del Claustro Sor Juana.

“Fue un encuentro para amantes de los libros y los amantes de la literatura en español somos de cajón amantes de Anagrama”, dice Sandra.

–      No es la primera vez que hablo de Herralde ni la primera vez que hablo con él. Siempre me ha gustado mucho su trabajo. De hecho, cuando tuvimos un primer encuentro fue en la Feria de Guadalajara y mientras escribía el texto para aquella ocasión, miraba mi librero y veía la cantidad de libros de Anagrama que hay allí. Son libros que me han formado…Hay unas pocas editoriales insignia que ya son parte de nuestra tradición y sin las cuales seríamos mucho peores de lo que somos y mucho más ignorantes, sin duda. Me gusta escuchar la pasión con la que Herralde habla todavía de su trabajo de editor. Es un trabajo de mucho amor y de compromiso. Me encantó cuando se refirió a la biblioteca de autor, de cómo si estás publicando a un autor, éste de pronto hace un libro menor, tu compromiso te obliga a editarlo de todos modos. Ese compromiso solidario de editor-autor que en cierto modo se está perdiendo. El día en que un escritor encuentra a una editorial que lo cuida un poco hay que quedarse ahí. Esa es tu casa.

–      ¿Tusquets es tu casa?

–      Sí. Totalmente. Me siento en mi casa. Así como también el Fondo de Cultura Económica es mi hogar en lo que concierne a mis libros de ensayo y Pre-Textos con la poesía.

–      Fuga en Mí menor fue una novela que anduvo bien…

–      Afortunadamente sí. Fue un proyecto que me sirvió para plantear los nuevos proyectos desde otro lugar. Perderle, por ejemplo, el miedo a la narrativa pura, lo cual no quiere decir que pierda mi propio tono porque ahí está. Ahora estoy trabajando en una novela que es bastante diferente…

–      Y de la que no puedes decir casi nada, me imagino…

–      (risas).  Bueno, al revés de lo que piensan muchos escritores en el sentido de que si uno habla de su libro en proceso lo ceba, a mí en cambio contar el proyecto me permite aclararlo. La primera decisión en torno a la nueva novela es que transcurriera en un estilo profundamente narrativo, aunque siempre ese tono poético que es afín a mí, se cuela inevitablemente. La segunda decisión es que no tuviera nada que ver con Argentina, algo que es complicado en mi caso. El espacio va entre la primera mitad del Siglo XX en Europa, la ciudad de México y Tijuana. La verdad es que estoy contentísima, disfrutando el proceso, lo único que quiero es estar en mi casa escribiendo. También estoy escribiendo un libro de poesía en paralelo.

–      ¿Cómo viviste la circunstancia de que el reciente poemario de Javier Sicilia, Vestigios, se llamara igual que el tuyo?

–      En principio debo decir que me alegra mucho que Javier haya vuelto a publicar un libro de poesía. Soy absolutamente solidaria no sólo con él sino con las miles de víctimas recientes.

–      Y qué buen poeta es Sicilia…

–      Es un gran poeta. La verdad es que resulta una paradoja que mucha gente descubra su poesía luego del asesinato de su hijo, pero lo leo desde hace muchos años y siempre me gustó su trabajo. Ahora bien, el tema del título del poemario me dio mucha tristeza. Sobre todo después de saber que el título original era Los restos, lo que en su caso resultaba todavía más fuerte y atinado. Lo que propongo es hacer una presentación conjunta de ambos Vestigios o que cuando alguien compre el de Javier reciba el mío de regalo.

La autora prepara una novela y un poemario (Foto, Antonio Cruz, SinEmbargo)

La autora prepara una novela y un poemario (Foto, Antonio Cruz, SinEmbargo)

–      ¿En qué otros proyectos andas?

–      Bueno, feliz por la reciente creación de la Vicerrectoría de Proyectos Creativos, lo que quiere decir que en el Claustro me quedé a cargo de lo que más me gusta y que tiene que ver con los programas de escritura creativa, los comunitarios, la imagen de la Universidad para afuera, las publicaciones. Estoy muy contenta.

–      El programa de radio tiene ya tres años…

–      Es increíble porque se ha generado una linda comunidad alrededor del programa, formada por gente que escribe y manda sus cuentos a la radio. El programa se llama En busca del cuento perdido, se transmite todos los lunes a las 15 horas, en FM Horizonte, del IMER. Los podscats se pueden escuchar en mi blog sandralorenzano.blogspot.com