Benedicto XVI abandonó durante unos días el Vaticano para visitar a su hermano en Alemania, pero la Santa Sede llegó a temer que Benedicto no regresara y se instalara una especie de papado alternativo con su entorno de cardenales ultras.

Por Jesús Bastante

Alemania, 29 de junio (ElDiario.es) .- Este lunes, Joseph Ratzinger regresaba al Vaticano, después de un breve y sorpresivo viaje a Ratisbona para visitar y, tal vez, despedirse, de su hermano mayor, George (96 años), gravemente enfermo. Un viaje de ida y vuelta que, durante unas horas, puso en marcha todas las alertas en el Vaticano, ante la posibilidad de que Benedicto XVI no regresara.

La situación no era para menos. Se trataba de la primera ocasión, desde su renuncia al papado hace más de siete años, que Benedicto XVI salía de los muros vaticanos (salvo para ir al médico o, los primeros años, descansar en Castel Gandolfo) y, en plena pandemia mundial, viajaba a Alemania.

El deseo del Papa, consensuado con Francisco, supuso movilizar, en pocas horas, todos los dispositivos de seguridad de los gobiernos vaticano, italiano y alemán. Así, en la tarde del jueves pasado, un vuelo privado llevaba a Ratisbona a Ratzinger, a su médico personal y una de las religiosas que vive con él, a uno de los responsables de la seguridad vaticana y al secretario personal Georg Gänswein.

¿Cuánto durará el viaje? La Santa Sede no sabía qué contestar. “El tiempo que sea necesario”, subrayó el portavoz vaticano, Mateo Bruni, quien horas después habría indicado que Ratzinger no regresaría “hasta la muerte de su hermano”, que se preveía inminente.

El Papa emérito Benedicto XVI es subido en su silla de ruedas a un vehículo en Ratisbona, Alemania, Foto: AP.

¿UNA “CORTE EMÉRITA” EN RATISBONA?

Al riesgo cierto del fallecimiento de George se sumaba la frágil salud de Benedicto XVI, de 93, y que no había montado en un avión desde hacía ocho años. Las pocas imágenes que se difundieron mostraban a un Joseph Ratzinger visiblemente desmejorado, lo que hizo que la prensa germana destapara la hipótesis de un viaje de no retorno del Papa emérito a su hogar. ¿Y si Benedicto XVI no regresara?

La hipótesis no era nada peregrina, pues la salud de su hermano, muy frágil, no parecía ser de muerte inminente, como luego se demostró. George y Joseph celebraron misa todos los días y Benedicto, incluso, se permitió el lujo de visitar la casa de su infancia y la tumba de sus padres y hermanas. Además, un vuelo de ida y vuelta muy seguido podría ser fatal para un anciano como Ratzinger.

¿Podría morir Ratzinger en Alemania? Era una de las posibilidades que se planteaban, con una derivada que, si bien no era deseada en la Santa Sede, de algún modo “descomprimiría” la polémica sobre la cada vez más difícil convivencia de dos papas (especialmente, de sus entornos), en el Vaticano.

No obstante, una “corte emérita” en Ratisbona chocaba con la mayoría del Episcopado alemán, inmerso en un proceso de reformas para implementar la presencia de la mujer en la Iglesia, o los curas casados, que Ratzinger jamás hubiera permitido y que Francisco está dejando hacer. Un Papa en Alemania, además, atraería a personajes como Müller, Rouco, Burke o Sarah, líderes –más o menos oficiales– de la oposición interna a Bergoglio.

Del mismo modo, la muerte de Ratzinger en Alemania, unido a su deseo de ser enterrado en su país de origen, aliviaría las complicaciones que, en los próximos meses, tendría un “funeral de Estado” en la plaza de San Pedro. El coronavirus no facilita este tipo de eventos, presumiblemente multitudinarios, y que además podría convertirse en una ocasión para la movilización de los sectores antibergoglianos, algunos de los cuales podrían llegar a reivindicar la situación de ‘sede vacante’ tras la muerte del –para ellos– único Papa legítimo.

El Papa emérito Benedicto XVI es auxiliado en su silla de ruedas durante la visita a la tumba de sus padres y hermana en el cementerio Ziegetsdorf, Alemania. Foto: AP.

SU DESEO: SER ENTERRADO EN ALEMANIA

A ello se suma la íntima unión entre Joseph y Georg. Los hermanos Ratzinger son como aquellos matrimonios que llevan toda la vida juntos: muere uno y muere el otro. Benedicto XVI ha impuesto su voluntad para acompañar a su hermano en sus últimos días, pues no se perdonaría que volviera a ocurrir como en la muerte de su hermana, a la que no pudo visitar.

De hecho, algunas fuentes apuntan que, durante el encuentro de despedida Francisco–Benedicto, el pontífice alemán sólo le pidió una cosa al argentino: “Si muero en Alemania, que me entierren allí”. Un deseo que Bergoglio se habría comprometido a cumplir.

Sin embargo, poco después, se esfumó la posibilidad de una “corte emérita” en Ratisbona. En un breve comunicado, la diócesis de Regensburg anunciaba que Joseph Ratzinger regresaría a Roma este lunes. “El encuentro de los hermanos es una fuente de fortaleza para ambos”, apuntaban desde el Obispado.

“El Papa emérito está exhausto, pero lleno de alegría. El encuentro de los dos hermanos ha sido conmovedor, un consuelo para ambos”, señalaron fuentes de la diócesis de Ratisbona. Finalmente, el lunes al mediodía, Benedicto XVI llegaba al Vaticano. No se le ha vuelto a ver.

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