María Rivera
Oscuridad
"En estas horas de locura y oscuridad, es menester cuidar el lenguaje, querido lector. No consentir con eufemismos, ni con la lengua fascista que está usando el poder para ocultar sus crímenes. Se llama ilegalidad, invasión militar, violación a la soberanía, secuestro, asesinato, robo, imperialismo".

Estamos frente al fin de una época, querido lector, adentrados ya en otra, muy peligrosa y que parece un abismo distópico. La grieta definitiva que le dio paso, se abrió en los últimos meses frente a nosotros, cuando dos países cometieron un genocidio frente a los ojos del mundo, de manera impune.
Si alguien se está preguntando de dónde viene este nuevo orden, barbárico, que está imponiendo Estados Unidos en América Latina y el mundo, y que en apenas cuatro días lo tiene en estado de shock tras la intervención militar en Venezuela y el secuestro del Presidente Maduro, no tiene que buscar muy lejos. Durante meses muchos advertimos que las violaciones flagrantes a la ley internacional que Estados Unidos e Israel estaban cometiendo en Gaza, destruían el orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial, que buscó salvaguardar la integridad territorial de los países y sus poblaciones.
Las legislaciones que surgieron el siglo pasado como una forma civilizatoria para evitar que se repitiera el horror nazi, fue demolida por los métodos, nazis, de Israel y Estados Unidos utilizados contra la población de Gaza. Las violaciones fueron de tal gravedad para ese orden legal que dinamitaron su razón de ser: evitar que un país pudiera invadir otro y cometer genocidio y limpieza étnica contra una población entera. Su colapso sucedió irremediablemente mientras el mundo entero permitió que corriera la sangre de miles de niños palestinos asesinados deliberada y cruelmente. Su abominable impunidad alimentó al monstruo de Trump y los Estados Unidos que descubrieron, en los hechos, que no necesitaban cumplir con la ley internacional porque no existen las consecuencias de infringirla, desapareciendo, de facto, bajo su poder.
Ahora, sus cómplices en ese genocidio, como Europa que no hizo nada para detenerlo, empiezan a darse cuenta de que la vulneración a la legislación internacional puede afectarlos directamente y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, ven a su aliado americano como una amenaza a su seguridad. No sería extraño que el resto del orden post guerra mundial y sus organismos, acaben de colapsar si se cumplen los apetitos cleptócratas de Trump y despoja a Dinamarca de Groenlandia, tal como Hitler hizo con Austria o Checoslovaquia.
Israel, por su parte, y como una cabeza más de la hidra criminal de Estados Unidos, previsiblemente continuará con sus guerras nazi-expansionistas, robándole la tierra que pueda a sus vecinos e Irán será su renovado blanco en una parte del mundo que no conoce sino la agresión sionista. El nuevo orden deja, por supuesto, más desprotegidos que nunca a Palestina y los palestinos.
Pero no solamente, querido lector, prácticamente todos los países del mundo que no sean potencias están en una nueva posición de debilidad en el orden mundial, si el derecho internacional desaparece, que es lo que ha ocurrido por la determinación imperial del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un tirano enloquecido y su corte de halcones.
Son horas críticas y terribles para Venezuela, América Latina y el mundo, y no debemos subestimar las consecuencias de la euforia imperialista y abusiva de nuestro vecino, que bien pueden chocar con las otras potencias mundiales que, previsiblemente, se repartirán el mundo, es decir, actuarán de la misma manera vandálica que Estados Unidos, pero en sus “áreas de influencia”.
Estos días de violaciones al derecho internacional, abusos y amenazas por parte de Estados Unidos, hemos podido constatar, con auténtico estupor e indignación, que no se trata de ocurrencias de un autócrata, sino de una política imperialista renovada, un retroceso del derecho internacional de más de un siglo, que abiertamente reclama todo el hemisferio norte como parte de Estados Unidos y por ello, y de manera completamente ilegal, se están arrogando el “derecho” a violentar soberanías, intervenir en los países que quieran, robarse los recursos naturales que les interesen, y asesinar ciudadanos extranjeros.
Así lo publicó la Casa Blanca, en su cuenta de X, con la foto de Donald Trump, en fondo negro y encima las palabras “Este es nuestro hemisferio”. Su “área de influencia” o su “patio trasero”, como institucionalmente llaman ahora Venezuela y a toda América Latina, está en un enorme riesgo de sucumbir si no se pliega a los deseos e intereses de Estados Unidos. Pero no solamente, Canadá ya discute qué hacer frente a la amenaza, tras la pretensión de Trump de anexarla como estado de la Unión Americana.
La incursión militar en Venezuela, que como ya todo el mundo lo sabe, no ha tenido nada que ver con la democracia, ni con el combate a las drogas, sino con el descarado robo del petróleo y los recursos naturales venezolanos, y el ataque a los intereses de China, Rusia e Irán, es una barbaridad que debiera ser inaceptable para el mundo entero. La violación a su soberanía y el robo que están cometiendo al obligarlos a entregar su petróleo, está sucediendo de manera abierta, escandalosa y denigrante, y nuevamente frente al mundo entero, en una exhibición de poder autoritario. Somos, en este momento, testigos del alzamiento del fascismo que creímos, ingenuamente, que se había extinguido.
Las formas de comunicación de la nueva cleptocracia trumpiana son una forma de propaganda que recuerda al régimen nazi, y que busca infundir terror en el mundo. Y el mundo haría bien en temer y actuar contra Trump ahora, un criminal narcisista e inescrupuloso.
Si el mundo cede ante la nueva política de Estados Unidos, si no lo frena incluso su propio pueblo y sucumbe a los llamados del nacionalismo imperialista, el futuro no podrá ser sino la barbarie.
Las amenazas sobre Colombia, Cuba, México y la política de robo, crudo y descarado, que Trump ha puesto en práctica al intentar convertir al continente americano en su “patio trasero”, es decir, en su propiedad, amerita una resistencia ejemplar de parte de los países.
El Gobierno de México ha firmado una firme defensa de la soberanía y el derecho internacional en conjunto con Chile, Brasil, Colombia, Uruguay y España. Asimismo, la Presidenta Sheinbaum ha dejado muy claro que México no se convertirá en colonia de Estados Unidos. Celebro y apoyo a la Presidenta y a su gobierno: enfrentamos una amenaza a nuestra soberanía que no admite más que el apoyo enérgico de parte de todos los mexicanos.
Aun así, la amenaza es de enormes proporciones para México y no basta con declaraciones para conjurarla, si es que esto es posible. Esencialmente, porque Trump ha demostrado que Estados Unidos no se sujetará a la ley internacional y al mismo tiempo ha dado todos los pasos necesarios para intentar justificar, dentro de su país, una intervención militar en México. Lo escribí en esta columna en varias ocasiones: la conversión de los cárteles del narcotráfico en grupos “terroristas”, la conversión del fentanilo como “arma de destrucción masiva”, y la declaración de que el gobierno mexicano es un “narcogobierno”, exponen con total crudeza los planes intervencionistas de Estados Unidos.
Quienes piensan que el Gobierno de México puede evitar una intervención estadounidense a través del combate al narcotráfico o incluso persiguiendo políticos asociados con éste, se equivocan garrafalmente, querido lector. No están leyendo correctamente lo que realmente está ocurriendo y que implica la imposición de otra racionalidad política.
Es una ingenuidad imperdonable, ahora más que nunca, pensar que a Trump le interesa combatir el narcotráfico en México, tanto como que secuestró a Maduro por el mismo motivo. No, lo que le interesa son los recursos de otros países que puedan alimentar sus propios negocios millonarios y los de su familia (como con la “reconstrucción” de Gaza entregada a su yerno), la apropiación de mercados y territorios terrestres y marítimos y el poder sin límites para llevar a cabo acciones espectaculares que le atraigan apoyo a su movimiento fascista, engrandezcan su imagen e impidan que sea destituido por fuerzas internas.
Estados Unidos atacará a México, téngalo por seguro, cuando le convenga hacer propaganda política para presentarse como el “poder supremo de América” no para combatir al narcotráfico. Esto independientemente de qué haga el gobierno de la Presidenta Sheinbaum, a la que menosprecia con sus lisonjas, mientras critica a su gobierno.
Tal vez, el gobierno mexicano pueda dificultárselo un poco, pero más vale que todos entendamos, incluida la oposición desleal, que si Estados Unidos lleva a cabo una intervención militar en México sin importar el pretexto que use, será un acto ilegal y criminal, producto de su política imperialista.
En estas horas de locura y oscuridad, es menester cuidar el lenguaje, querido lector. No consentir con eufemismos, ni con la lengua fascista que está usando el poder para ocultar sus crímenes. Se llama ilegalidad, invasión militar, violación a la soberanía, secuestro, asesinato, robo, imperialismo.
Ojalá que alguien en el gobierno mexicano esté ya pensando qué vamos a hacer cuando la hora oscura de la intervención en México llegue, en lugar de desestimar la amenazas con parsimoniosa incredulidad. El mundo ha cambiado y la oscuridad se cierne ya sobre nosotros: es mejor reconocerla para poder ver entre sus sombras.
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