Ciudad de México, 7 de abril (SinEmbargo).– Ya hay detalles. Lo que arrastró a Estados Unidos (EU) a una guerra infame contra Irán fueron los informes optimistas de Israel, presentados a las 11 de la mañana del 11 de febrero pasado por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu a Donald Trump, en la Casa Blanca.
Entre el 2 y el 5 de marzo, distintos medios de comunicación en todo el mundo –pero sobre todo en Washington y Nueva York– ofrecieron detalles de reuniones privadas entre Netanyahu y Trump, y dibujaron cómo el Presidente estadounidense abrazó la idea de irse contra los iraníes aunque había conversaciones muy avanzadas. Pero ahora The New York Times da los detalles finos.
Los periodistas Jonathan Swan y Maggie Haberman, corresponsales de la Casa Blanca para The New York Times y coautores de “Cambio de régimen: Dentro de la presidencia imperial de Donald Trump”, publican hoy un reportaje que costó decenas de entrevistas, con fuentes abiertas y cerradas. Su relato inicia con un episodio tenebroso de esta guerra, el encuentro de Trump con Benjamín Netanyahu, que ya no deja dudas.
Los periodistas dicen que para este trabajo tuvieron acceso a altos funcionarios y a reportes que “ponen de manifiesto la estrecha coincidencia entre la postura belicista de Trump y de Netanyahu durante muchos meses, incluso más de lo que reconocieron algunos de los principales asesores del Presidente”. Su trabajo periodístico, afirman, “demuestra cómo, al final, incluso los miembros más escépticos del gabinete de guerra de Trump —con la notable excepción de Vance, la figura dentro de la Casa Blanca más opuesta a una guerra a gran escala— se dejaron guiar por los instintos del Presidente, incluida su gran confianza en que la guerra sería rápida y decisiva”.
Lo que los aparatos de inteligencia de Israel mostraron a Trump era justamente para generar la idea de un triunfo fácil.

Netanyahu dijo que la misión conjunta entre Estados Unidos e Israel podría finalmente poner fin a la República Islámica y hasta le mostró a Trump un breve video que incluía un montaje de posibles nuevos líderes que podrían tomar el control del país si el gobierno de línea dura caía. “Entre ellos figuraba Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último Sha de Irán, ahora un disidente radicado en Washington que había intentado posicionarse como un líder laico capaz de guiar a Irán hacia un gobierno post-teocrático”.
“Netanyahu y su equipo describieron las condiciones que, según ellos, apuntaban a una victoria casi segura: el programa de misiles balísticos de Irán podría ser destruido en pocas semanas. El régimen estaría tan debilitado que no podría bloquear el Estrecho de Ormuz, y la probabilidad de que Irán atacara los intereses estadounidenses en los países vecinos se consideró mínima. Además, la inteligencia del Mossad indicaba que las protestas callejeras en Irán se reanudarían y que, con el apoyo de la agencia de espionaje israelí para fomentar disturbios y rebelión, una intensa campaña de bombardeos podría crear las condiciones para que la oposición iraní derrocara al régimen”, dicen los autores.
“Los israelíes también plantearon la posibilidad de que combatientes kurdos iraníes cruzaran la frontera desde Irak para abrir un frente terrestre en el noroeste, lo que extendería aún más las fuerzas del régimen y aceleraría su colapso. Netanyahu pronunció su discurso con un tono monótono y seguro. Al parecer, causó buena impresión en la persona más importante de la sala: el Presidente estadounidense.
–Me parece bien –le dijo Trump al Primer Ministro.

“Para Netanyahu, esto suponía una probable luz verde para una operación conjunta entre Estados Unidos e Israel. Netanyahu no fue el único que salió de la reunión con la impresión de que el señor Trump prácticamente había tomado una decisión. Los asesores del Presidente pudieron constatar que le había impresionado profundamente el potencial de los servicios militares y de inteligencia de Netanyahu, tal como le había sucedido cuando ambos hablaron antes de la guerra de 12 días con Irán en junio”.
El encuentro
“El SUV negro que transportaba al Primer Ministro Benjamín Netanyahu llegó a la Casa Blanca poco antes de las 11 de la mañana del 11 de febrero. El líder israelí, que llevaba meses presionando a Estados Unidos para que accediera a un ataque importante contra Irán, fue introducido rápidamente en el edificio sin mucha ceremonia, fuera de la vista de los periodistas, preparado para uno de los momentos más trascendentales de su larga carrera. Primero, funcionarios estadounidenses e israelíes se reunieron en la Sala del Gabinete, contigua al Despacho Oval. Luego, Netanyahu bajó para el evento principal: una presentación altamente clasificada sobre Irán para el Presidente Trump y su equipo en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca, que rara vez se utilizaba para reuniones presenciales con líderes extranjeros”, dicen.

Trump se sentó, pero no en su lugar habitual, a la cabecera de la mesa de conferencias de caoba. En cambio, el Presidente tomó asiento a un lado, frente a las grandes pantallas instaladas en la pared. Netanyahu se sentó al otro lado, justo enfrente del Presidente, relatan los dos periodistas. En la pantalla, detrás del Primer Ministro, aparecían David Barnea, director del Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, y oficiales militares israelíes. “Dispuestos visualmente detrás de Netanyahu, creaban la imagen de un líder en tiempos de guerra rodeado de su equipo”.
El texto del Times detalla cada lugar en esa mesa: Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, se sentó en el extremo opuesto; el Secretario de Estado, Marco Rubio, quien también ejercía como asesor de seguridad nacional, ocupó su lugar habitual. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, quienes generalmente se sentaban juntos en este tipo de reuniones, se ubicaron a un lado; junto a ellos estaba John Ratcliffe, director de la CIA. Jared Kushner, yerno del Presidente, y Steve Witkoff, enviado especial de Trump, quien había estado negociando con los iraníes, completaban el grupo principal.
“La presentación que Netanyahu realizaría en la siguiente hora sería crucial para encaminar a Estados Unidos e Israel hacia un conflicto armado de gran envergadura en una de las regiones más inestables del mundo. Además, daría lugar a una serie de debates en la Casa Blanca durante los días y semanas siguientes, cuyos detalles no se habían divulgado previamente, en los que Trump sopesó sus opciones y los riesgos antes de dar luz verde a la alianza con Israel para atacar a Irán”, agregan los periodistas de The New York Times.
“Ridículos”

Los dos periodistas dan detalles escalofriantes sobre el control de una potencia extranjera, Israel, sobre Washington. “Los oficiales de inteligencia tenían un profundo conocimiento de las capacidades militares estadounidenses, y conocían a la perfección el sistema iraní y a sus actores. Habían dividido la presentación de Netanyahu en cuatro partes. La primera era la decapitación: el asesinato del Ayatolá. La segunda, debilitar la capacidad de Irán para proyectar poder y amenazar a sus vecinos. La tercera, un levantamiento popular dentro de Irán. Y la cuarta, un cambio de régimen, con la instalación de un líder laico para gobernar el país”.
Los funcionarios estadounidenses consideraron que los dos primeros objetivos eran alcanzables con la inteligencia y el poder militar de Estados Unidos, dicen Jonathan Swan y Maggie Haberman. Creyeron que el tercer y cuarto punto de la propuesta de Netanyahu, que incluían la posibilidad de que los kurdos lanzaran una invasión terrestre de Irán, estaban alejados de la realidad.
Cuando Trump se sumó a la reunión, John Ratcliffe le informó sobre la evaluación. “El director de la CIA utilizó una sola palabra para describir los escenarios de cambio de régimen del Primer Ministro israelí: ‘ridículos’”.
Rubio intervino:
–En otras palabras, es una tontería –dijo.

“Ratcliffe añadió que, dada la imprevisibilidad de los acontecimientos en cualquier conflicto, un cambio de régimen podría producirse, pero no debería considerarse un objetivo alcanzable. Otros se sumaron a la conversación, entre ellos JD Vance, recién llegado de Azerbaiyán, quien también expresó un fuerte escepticismo sobre la posibilidad de un cambio de régimen”, se lee en el texto de The New York Times.
El Presidente se dirigió entonces al general Caine:
–General, ¿qué opina usted?
El general Caine respondió:
–Señor, en mi experiencia, este es el procedimiento habitual de los israelíes. Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en convencernos.
“Trump sopesó rápidamente la evaluación. El cambio de régimen, dijo, sería ‘su problema’. No quedó claro si se refería a los israelíes o al pueblo iraní. Pero, en definitiva, su decisión sobre si ir a la guerra contra Irán no dependería de si las partes 3 y 4 de la presentación de Netanyahu eran factibles. Trump parecía seguir muy interesado en lograr las partes 1 y 2: asesinar al ayatolá y a los principales líderes de Irán y desmantelar el ejército iraní”, detallan los periodistas.

El Vicepresidente Vance creía que una guerra para derrocar al régimen iraní sería un desastre. “Prefería que no hubiera ningún ataque. Pero sabiendo que era probable que Trump interviniera de alguna manera, intentó orientarlo hacia una acción más limitada. Más tarde, cuando parecía seguro que el Presidente estaba decidido a emprender una campaña a gran escala, Vance argumentó que debía hacerlo con una fuerza abrumadora, con la esperanza de lograr sus objetivos rápidamente”.
De alguna manera, Vance es tan culpable como Trump, se desprende del texto.



