Ciudad de México, 26 de marzo (SinEmbargo).– En La Sombra del Fuego (VR Editoras), Alex García se adentra en la riqueza simbólica de la mitología china para construir la historia de Feiyu, un adolescente aparentemente común cuya vida cambia al descubrir que es el último heredero del Tianlong, el dragón celestial, responsable del equilibrio entre dos mundos.
La trama se desencadena cuando unos cazadores intentan impedir el cumplimiento de una profecía y el dragón comienza a despertar en su interior, por lo que se ve obligado a abandonar todo para asumir su destino; sin embargo, la aparición del amor lo enfrenta a una decisión imposible entre su vida personal y el deber, en una lucha donde desafiar al destino tiene consecuencias irreversibles.
En entrevista, el autor detalló el origen de su historia, la construcción de su protagonista y el peso del destino en una obra que, desde su concepción, tuvo claro su desenlace.
“Lo primero que llegó fue el final”, apuntó García. La imagen inicial no fue el mundo, ni los personajes, sino la conclusión misma de la historia, vista desde la perspectiva de Rose, una de las protagonistas. “Dije: ‘Ok, no sé cómo voy a hacer para llegar a este final’”, compartió.
A partir de ahí, el proceso creativo se volvió una reconstrucción inversa: primero el desenlace, luego los puntos intermedios y finalmente el inicio.
Para García, la elección de la mitología china no fue casual, sino una consecuencia natural del tono que buscaba: “La única cultura que quedaba bien para la historia de Feu era la cultura china”.

En ese universo encontró elementos narrativos como los mitos de creación, las figuras de los dragones y, especialmente, un tipo de romance recurrente: “Muchos relatos hablan sobre cómo el cazador se enamora de la presa y la presa del cazador, pero no saben quiénes son”.
El autor reconoce que trabajar con una tradición ajena implicó un reto importante. Por ello incluyó una nota aclaratoria al inicio del libro: “Muchos de los mitos están muy orientales… es complicado entenderlos desde nuestra parte del mundo como occidentales”. Aún así, asumió ciertas libertades creativas para hacer la historia más accesible, sin perder el respeto por la cultura original.
Uno de los ejes centrales de la novela es la idea del destino, abordada desde una perspectiva cercana a la literatura asiática.
Alex García subrayó en ese sentido que en Oriente el concepto está profundamente ligado al honor y la familia. “Tienes esta herencia, tienes que respetarla… no puedes hacer algo que vaya en contra porque es una deshonra”.
En la construcción de Feiyu, García se aleja deliberadamente del arquetipo clásico del héroe. Influenciado por figuras como Anakin Skywalker, de Star Wars, y Eren Jaeger, de Attack on Titan , opta por un protagonista atrapado en un destino inevitable:
“Por más que Feiyu intente cambiar las cosas, no puede rehuir de su destino… va a terminar siendo el dragón”. Esta tensión entre lo humano y lo mítico define el tono de la obra.
El dragón, figura central del relato, adquiere además un significado simbólico profundo. Más allá de su poder o majestuosidad, García lo vincula con una reflexión sobre la condición humana. “Si empezamos a recibir mucho de una cosa que nos desvía del propósito original, nos centramos por completo en eso”, señala. En la novela, incluso el dragón puede perder su esencia al dejarse llevar por la adoración, una metáfora sobre la distracción, el ego y la pérdida de rumbo.
La Sombra del Fuego es una historia cerrada —“inicia y termina en este libro”, afirma el autor—, aunque el universo que construye deja abiertas posibilidades. “En dado caso de que se necesite explorar más el universo, yo encantadísimo de regresar”.



