La Llanera Loquitaria: relatos que evocan la memoria colectiva de la CdMx ¬ RESEÑA

23/02/2026 - 10:00 am

Las memorias de Elvira Hernández se convierten en un ejercicio de memoria compartida donde ciudad, voz y evocación construyen una identidad que sigue viva en la palabra.

Ciudad de México, 23 de febrero (SinEmbargo).– La Llanera Loquitaria (Elementum) es, en palabras de Elvira Hernández, un libro nacido de la memoria y del impulso por recuperar una forma de vida que ya no existe del mismo modo. En conversación, la autora explicó que la Literatura fue el cauce para ordenar esas evocaciones: “La literatura nos puede ayudar a expresar muchas cosas”.

El origen del proyecto se encuentra en el taller Escribir para sanar, impartido por Beatriz Escalante. Ahí comenzaron a surgir los primeros textos: “En esos textos salió esta cuestión de la infancia y ella me empezó a convencer de que escribiera más sobre eso”. Aunque tuvo dudas, Escalante la persuadió de recuperar escenarios que “de pronto unas generaciones no lo conocieron”, instándole así a reconstruir una época con “una canción, un aroma de un espacio que te hace evocar ciertas cosas con cariño, con nostalgia, con melancolía”.

De esta manera, la memoria no aparece sólo como recuerdo íntimo, sino como puente colectivo. Hernández apuntó que quienes han leído el libro suelen responder con reconocimiento: “Sí, cierto, yo me acordaba de esto”, y comienzan a narrar su propia infancia. Ese efecto de alianza confirma que el pasado “nos va formando como las personas que somos en este momento”.

En la reconstrucción de esa forma de vida, Elvira Hernández no se limita a describir espacios físicos, sino prácticas cotidianas: programas de televisión, juegos, modos de viajar, maneras de convivir. “Tengo buena memoria”, afirma, aunque también interviene su “perfil de investigadora” que verificaba fechas, sitios y transformaciones urbanas. Esa tensión entre evocación y precisión se refuerza con el acompañamiento del taller, donde se le pedía “describir un poquito más esto, detallar más aquello”, pensando incluso en lectores jóvenes que “no le van a entender”.

Las memorias de Elvira Hernández se convierten en un ejercicio de memoria compartida donde ciudad, voz y evocación construyen una identidad que sigue viva en la palabra. Foto: Elementum

Uno de los desafíos más significativos fue el tono narrativo. Un presentador le comentó: “Es que yo te leo y oigo a la Elvira niña, ¿cómo le hiciste?”. Ella responde con humildad: “Ay, no, la verdad no sé”, aunque reconoce que “sí cuidaba las palabras y las escribía con mucho cariño”.

El estilo por lo tanto es resultado de una formación prolongada: maestros que la alentaron a seguir escribiendo, experiencias laborales que reforzaron su capacidad narrativa, y talleres con autores como Agustín Cadena que le enseñaron a pulir el texto. El libro, afirma, fue hecho “con tanto cariño” que quizá por eso “se va notando ese tono de la niña Elvira”.

De hecho, la Ciudad de México ocupa un lugar central como personaje. “La ciudad tiene vida, la ciudad tiene personalidad, te enojas con ella, eres aliada de ella”. Hernández contrapone la ciudad de su infancia —con calles donde aún se podía jugar fútbol y gritar “¡Aguas, es coche!”— con la actual, marcada por más edificios, más autos y un ritmo acelerado. Evoca el Bosque de Chapultepec y Los Dinamos como espacios de tranquilidad y asombro natural, cercanos a la urbe pero todavía serenos.

Sin embargo, la mirada no es meramente nostálgica. Aunque reconoce pérdidas —la transformación del transporte, de la convivencia escolar, del tiempo compartido— se declara optimista: “Sí, la ciudad ha cambiado, pero tiene historias que si podemos compartir le dan ese tonito y ese toque especial a cualquier escenario”. La memoria, entonces, no es clausura del pasado, sino posibilidad de diálogo.

Finalmente, al preguntarle cómo fue “escribirse” como personaje, respondió que lo disfrutó: “Fue un juego con muchas Elviras que viven en mí”. La niña, la investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la mujer adulta dialogan en el texto. La escritura implicó incluso reencontrarse con personas del pasado: “Hasta volví a buscar a mi primer novio”.

El resultado es un libro que, más que fijar una autobiografía, activa recuerdos en los demás. Como señala la autora, lo que más le gusta es que después de leerlo “le dan ganas de regresar a esa infancia y de recordarla”.

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Obed Rosas

Obed Rosas

Obed Rosas es editor de la Unidad de Investigación y encargado de la sección de Libros de SinEmbargo, en donde también se ha desempeñado como Jefe de Mesa y Editor de Redes. Es Co-conductor de Poderos@s junto con Muna Dora, y de Siete Días, junto a Álvaro Delgado, programas de SinEmbargo Al Aire. Ha trabajado en otros medios como Expansión, Newsweek en Español y Revista Zócalo. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM y estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

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