Ciudad de México, 15 de junio (SinEmbargo).– Donald Trump afirmó a inicios de marzo que Estados Unidos (EU) lograría sus objetivos en Irán en tan sólo “cuatro o cinco semanas" e incluso comparó repetidamente la guerra en Oriente Medio con su rápida operación militar en Venezuela, en la que Nicolás Maduro fue secuestrado y llevado a la Unión Americana en cuestión de horas. Lo cierto es que la guerra se prolongó durante meses, cobrándose la vida de miles de civiles iraníes y 13 militares estadounidenses.
“En lugar de ceder ante Estados Unidos, el nuevo liderazgo iraní se ha envalentonado, resistiendo sistemáticamente la presión militar y diplomática para persistir en su objetivo de desarrollar un programa nuclear”, destaca The New York Times en un artículo en el que señala cómo Trump ha puesto fin a una guerra que él mismo inició con objetivos sin alcanzar, como fue el caso de “‘aniquilar’ las capacidades militares de Irán, acabar con sus ambiciones nucleares, derrocar a su liderazgo teocrático y liberar a su pueblo, al que alentó a tomar el control de su gobierno una vez que cesaran los combates”.
Nada de eso ocurrió. El Times sostiene en un artículo de Erica L. Green y Zolan Kanno-Youngs que la victoria se basa principalmente en la solución de un problema que él mismo había creado: “subestimar la capacidad de Irán para bloquear el Estrecho de Ormuz”. De hecho, destaca que Estados Unidos parecía estar pagando para reabrir el Estrecho de Ormuz mediante el posible levantamiento de las sanciones impuestas contra Irán.
The Economist ironiza cómo en aproximadamente 40 ocasiones desde marzo, Donald Trump afirmó estar cerca de un acuerdo con Irán. “Esta vez, por fin, tenía razón. La noche del domingo, tanto Estados Unidos como Irán anunciaron un acuerdo que, según afirman, pondrá fin a su guerra de casi cuatro meses y reabrirá el Estrecho de Ormuz. Esto brindará el alivio necesario a una región devastada y a los mercados energéticos mundiales. Sin embargo, no resolverá los problemas que llevaron a Estados Unidos e Irán a la guerra en primer lugar”.
“Si la guerra termina así, no habrá vencedores claros. Cuando comenzaron los bombardeos, Trump le dijo al pueblo iraní: ‘La hora de su libertad está cerca’. Ahora está negociando con el régimen que pretendía derrocar”, critica la revista inglesa. “El panorama se presenta aún más desfavorable para Israel, que desde hace tiempo insiste en que cualquier acuerdo debe abordar no solo el programa nuclear iraní, sino también su arsenal de misiles y su apoyo a las milicias regionales. Es improbable que ninguno de estos temas figure en un acuerdo final”.

Netanyahu y las tensiones que persisten
Patrick Wintour, editor diplomático de The Guardian, refiere que el acuerdo no incluye restricciones a los misiles balísticos iraníes, algo que el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, insistió en que formaría parte del pacto el 11 de junio. No existe tampoco ningún compromiso para liberar a los presos políticos en medio de las continuas redadas y ejecuciones. Tampoco se contempla un control sobre las fuerzas interpuestas de Irán. El apoyo a Hamás, los hutíes, las Unidades de Movilización Popular (PMU) iraquíes y Hezbolá seguirá formando parte de la estrategia de seguridad de Irán, pero ya no será su pilar fundamental.
“De hecho, Irán insistió en que un alto al fuego en el Líbano , que protegiera a Hezbolá, era fundamental para el acuerdo. Irán hizo caso omiso de los esfuerzos de última hora de Netanyahu por sabotear el acuerdo relanzando los ataques contra el sur de Beirut, dado que el acuerdo estaba muy cerca de concretarse y la resistencia de Netanyahu estaba obligando a Trump a hacer más concesiones. Pero la primera prueba del acuerdo será lo que haga Netanyahu en Líbano y lo que Irán espere de Trump si Netanyahu, acorralado políticamente como nunca antes en su carrera, insiste en su "derecho soberano" a proteger el norte de Israel persiguiendo a Hezbolá. Ningún memorándum puede reflejar con precisión las consecuencias de que Estados Unidos no logre controlar a su aliado”, destaca The Guardian.
The Washington Post destaca en ese sentido que el acuerdo fue recibido con rechazo y preocupación en Israel, donde tanto aliados como críticos del Primer Ministro Benjamin Netanyahu lo consideran una “catástrofe” y un “mal acuerdo” que otorga “un salvavidas al régimen asesino de Teherán”.
“Atrapado entre la presión pública de Trump y el descontento generalizado en su país, Netanyahu se enfrenta a un desafío sin precedentes sobre cómo afrontar los próximos dos meses, un periodo delicado en el que Washington y Teherán negociarán los detalles de cómo reabrir el Estrecho de Ormuz y retirar el material nuclear iraní a cambio de la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados, el levantamiento de las sanciones estadounidenses y el fin de las hostilidades en el Líbano”, apunta el Post.

Las concesiones de Washington
En lo que respecta a los términos de las negociaciones nucleares, señala el diario británico, Irán no realizó nuevas concesiones al aceptar la agenda. El entendimiento únicamente reafirma que Teherán no busca fabricar ni obtener armas nucleares, una postura a la que Donald Trump ha dado relevancia, aunque las autoridades iraníes la han sostenido desde hace décadas. La interrogante central, apunta el medio, es si ese compromiso puede ser sometido a mecanismos de verificación.
De igual forma, Estados Unidos parece haber dejado de lado su exigencia de que todas las reservas de uranio fueran trasladadas fuera del país y de prohibir cualquier enriquecimiento en territorio iraní. El acuerdo abre la puerta a que las conversaciones incluyan la reducción del enriquecimiento al 3.67 por ciento —nivel considerado apto únicamente para usos civiles— y plantea que, en el futuro, Irán pueda mantener esa actividad siempre que no rebase dicho límite.
En una entrevista publicada ayer por The New York Times, Trump sugirió además que estaría dispuesto a aceptar una moratoria de 15 años sobre el enriquecimiento de uranio. De acuerdo con el análisis, si Washington hubiera adoptado antes posiciones similares, es probable que el conflicto bélico se hubiera evitado.
The Washington Post critica en ese sentido que lo obtenido dista mucho de los objetivos originales de una guerra que comenzó con la promesa de ayudar a los manifestantes iraníes que habían salido a las calles de su país para denunciar a su régimen.
“Nunca se produjo ningún levantamiento. En los casi cuatro meses transcurridos desde entonces, los líderes iraníes demostraron su capacidad para resistir los devastadores ataques del ejército más poderoso de la historia, bloquear el Estrecho de Ormuz, paralizar los mercados energéticos mundiales y crear una brecha tan profunda entre Trump y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu que el líder estadounidense dedicó parte de su 80 cumpleaños, el domingo, a insultar a su homólogo israelí ante los periodistas”, ahonda el texto de Michael Birnbaum.

Ahora, al promover el acuerdo que detuvo los combates, Trump y sus principales colaboradores afirmaron que Irán había accedido a no desarrollar armas nucleares. Sin embargo, dice el Post, “los líderes iraníes, que han hecho promesas similares repetidamente durante décadas, sugirieron el domingo que las difíciles conversaciones sobre su programa nuclear aún estaban por llegar y que sólo se producirían una vez que se levantara el bloqueo naval estadounidense a sus puertos”.
“El régimen iraní sin duda proclamará la victoria, tras haber sobrevivido a la guerra y haber logrado un empate con dos adversarios superiores. Su nueva generación de líderes considera que su enfoque más agresivo le ha dado ventaja sobre Trump”, puntualiza The Economist.



