Roma, 6 mar (dpa) – Una asociación de víctimas de abusos sexuales pidió hoy retirar de la lista de “papables” a 12 cardenales, acusándolos de no haber actuado con suficiente decisión contra casos de pederastia, entre ellos el mexicano Norberto Rivera Carrera, el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y el argentino Leonardo Sandri.

En un comunicado emitido en Roma, la asociación estadounidense Red de Supervivientes de Víctimas de Abusos por parte de Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) consideró que dichos purpurados supondrían “la peor elección en términos de protección a la infancia, curación de las víctimas y lucha contra la corrupción”.

En lo que SNAP califica de “docena sucia” aparecen también los cardenales estadounidenses Timothy Dolan, Donald Wuerl y Sean O’Malley, el australiano George Pell, el checo Dominik Duka, el canadiense Mac Ouellet, así como el ghanés Peter Turkson y los italianos Angelo Scola y Tarcisio Bertone, cardenal secretario de Estado del Vaticano.

“Instamos al Colegio Cardenalicio a no elegir a ninguno de estos 12 como próximo papa”, afirmó el director de la asociación, David Clohessy, señalando que algunos cardenales aparecen en la lista por su actuación y otros por “comentarios públicos hirientes o engañosos” sobre los casos de abusos.

La respuesta del Vaticano a las declaraciones de la asociación no se hizo esperar. “No les corresponde a ellos decir quién va o no al cónclave”, afirmó el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, preguntado por periodistas.

En su comunicado, la asociación de víctimas consideró que lo peor en el escándalo de pederastia en la Iglesia católica “está todavía por llegar”, ya que, según SNAP, los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos sigue oculto en la mayoría de países, excepto en Estados Unidos y unos pocos países europeos.

“Escuchamos menos sobre crímenes sexuales del clero y encubrimientos en África, Asia y Suramérica porque allí tiende a haber menos dinero para la aplicación de la ley, sistemas judiciales menos vigorosos, un periodismo menos independente y una diferencia de poder y riqueza todavía mayor entre los líderes eclesiásticos y sus fieles”, afirmó Clohessy.

La asociación de víctimas estimó que todo ello hace “los abusos y los encubrimientos más difíciles de prevenir y denunciar”.