Fue Octavio Paz que con un discurso negativista dijo que Salvador Novo escribía con caca. El poeta y ensayista toma la frase de nuestro Nobel y la pone como algo positivo en un intento por rescatar la obra y la figura de un ser tan público.

Ciudad de México, 12 de agosto (SinEmbargo).- Salvador Novo (1900-1974) es sin duda una de las figuras más fascinantes y enigmáticas de la literatura mexicana contemporánea, al grado de que ha merecido la atención crítica de personajes de la altura de Octavio Paz, Carlos Monsiváis y Guillermo Sheridan, por mencionar sólo unos cuantos.

Fue precisamente nuestro Premio Nobel el que dijo que Novo “escribía con caca”, a través de su poesía y de sus sonetos escatológicos, mordaces, inmisericordes principalmente consigo mismo.

Salvador Novo, homosexual, combinó como nadie una prodigiosa sensibilidad con una originalidad transgresora, que lo llevó a incorporar a su obra elementos sucios, plenamente viscerales, que a través de su precisa escritura resuenan en lo más hondo de nuestros anhelos y miedos más soterrados.

El libro dice además mucho de su autor, que ya ensayó provocadoramente con Mario Santiago Papasquiaro, en una línea de investigación propia y desafiante.

–¿Cuánto hay de ti en estas biografías, en estos ensayos?

–Muy interesante la pregunta, pero de difícil respuestas. Nunca se sabe cuánto hay, uno lee con uno mismo, probablemente mucho de uno está proyectado allí, sobre todo en términos de un escritor tan empático como Salvador Novo. Si hay momentos en que uno más conscientemente me metía allí, es uno de los pocos ensayos donde me permito decir “yo”

–Vi de lo Mario Santiago Papasquiaro, donde me pareció una cosa más de postura, pero después conociéndote más y leyendo esto, digo, hay mucho de él…

–Creo que lo notas, hay una especie de continuación de Mario Santiago Papasquiaro, te acuerdas todo lo que generó ese libro y de hecho pensando en esta ilación, hay un libro de él que lo menciono en el ensayo sobre Salvador Novo que se titula “Alba clara sobre el cagadero”. Un título fascinante, que está de alguna manera en el nombre de este libro.

–¿Por qué Salvador Novo?

–Se presta porque él tenía algo de exhibicionista, creo que le gustaba gustar y le gustaba horrorizar. Me parece en esta sociedad tan pudorosa como la mexicana que le tocó vivir gozó siendo un impúdico. No hay quien se le compare en impudicia, pero incluso la literatura de la época pocas se le comparan en el grado de crudeza, en el poder decir determinadas cosas. Si uno lee la Estatua de sal, tiene poco de esteticista; si pienso en Cocteau, con el Libro Blanco, me parece bastante fresa en comparación con la Estatua de sal y con los poemas de Novo. Agrupados en el espacio de lo satírico, pero de un grado de crudeza, exhibicionismo, ¿autodegradación…? A veces Monsiváis decía que la supervivencia gay consistía en autodegradarse para evitar la degradación, será porque estamos en otra época, pero yo leo en Novo a un Narciso fascinado de mostrarse.

Escribir con caca, editó Sexto Piso. Foto: Especial

–¿También un reaccionario y un prostituido?

–Sí y que se asume como tal, no quiere aparentar ser otra cosa. Lo digo en un paréntesis pero a veces cuando leo a Salvador Novo no puedo dejar de pensar en Divine y en John Waters. La más desagradable del mundo, una lucha de antivalores, a veces noto eso en Novo, un gesto “divine”. En el aspecto político no se lo puede agarrar ni la izquierda, ni la derecha. En la derecha tiene algo disruptivo que no le permite ser tomado y en la izquierda ve su costado conservador y lo hace aparte. No puede ser tomado por ninguna bandera y eso lo convierte en algo totalmente desagradable, queda en un espacio así extrañísimo, donde probablemente quede solo, su única causa era él.

–Tú lo rescatas y lo haces interesante para las nuevas generaciones

­–Mira, ojalá lograra que se reedite su poesía satírica, que está desde los ’70 sin aparecer. Ahora se lee muy bien y se conecta con muchas cosas de ahora. Ojalá se pudiera leer Never ever, después de Galaxias, de Haroldo de Campos, que como se pudo haber leído en el momento. Ahora que a todos los poetas les gusta Galaxias, creo que es distinto como Monsiváis leía como “obra fallida” a Never ever.

–Hablas de Gorostiza, como la gran poesía institucional

–A mí Gorostiza me parece como Bellas Artes, este pastelazo de mármol, que a mucha gente le gusta, sienten el corazón latir de gozo estético y se emocionan con sus poemas. No niego de Gorostiza sea un muy buen poeta, el asunto es que esa estética que me parece mucho menos interesante, mucho menos radical, es la que acabó convirtiéndose en una especie de gran modelo para la poesía mexicana.

–Hablas mucho del ingreso de los poetas sudamericanos como el sacar el formalismo de la poesía mexicana, ¿en ese contexto es leído ahora Salvador Novo?

–Esa es mi formación, yo lo leo desde allí, yo lo leo después del cubano Severo Sarduy, sus poemas eróticos, mi lectura de Novo no es una lectura contemporánea a Novo, sino contemporánea mía. Desde ahí lo leo y probablemente lo que me interesa de él es totalmente distinto a sus contemporáneos como Octavio Paz o como analistas posteriores como Carlos Monsiváis, que estaba fascinando por Novo pero por motivos distintos a como yo estoy fascinado con él.

Salvador Novo fue un gran poeta. Foto: SinEmbargo

–Te preguntas por qué la gente dice que no publicó una gran obra; al contrario dices que publicó una gran obra

–Lo digo en un país de gente obsesionada con la gran obra, he escuchado a mucha gente tratando de ningunear a Monsiváis preguntando dónde está su gran obra, cuando lo más interesante es que está en ninguna parte y en todas partes, eso es lo más interesante de él; la ubicuidad de Monsiváis que aparecía en dos cenas, en tres cócteles y en una presentación, al mismo tiempo, pasa lo mismo con su obra. En el caso de Novo es distinto, porque tiene muchos libros, pero sucede un poco la recepción crítica, que frente a un poema tan grande como “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, aparece el poema pequeño “Epifanía”, de Salvador Novo, que me parece extraordinario, lo mejor que se ha escrito en México y queda empequeñecido frente a esa cosa grandota de la cultura. Novo es más moderno en ese sentido, desconfía mucho más de esa obra monolítica. A veces digo que la mayor competencia de Novo poeta es el Novo prosista. La gente suele verlo como el Novo cronista, que los poetas fueran otros. Y como la crónica es algo periodístico, pasó mucho con los caricaturistas en México, cuánto tiempo se tardaron en darles el valor real frente a la cultura. Hay una manera anticuada de querer valorar el arte.

–¿Por qué Escribir con caca?

­–Porque era el título que más trabajo me costaba y pensé que tenía que ser ese. Justamente caca me parece tan cacofónico, brutal, me parecía por punk y surge de la frase de Paz. Era una frase para descartar, para desechar a Novo, desde un juicio moral vestido de juicio literario; Paz no era nada tonto, describió algo a pesar de rechazarlo, su juicio era maravilloso. Lo tomé para “positivarlo”.

EPIFANIA

Un domingo

Epifania no volvió más a la casa.

Yo sorprendí conversaciones

en que contaban que un hombre se la había robado

y luego, interrogando a las criadas,

averigüé que se la había llevado a un cuarto.

No supe nunca dónde estaba ese cuarto

pero lo imaginé, frío, sin muebles,

con el piso de tierra húmeda

y una sola puerta a la calle.

Cuando yo pensaba en ese cuarto

no veía a nadie en él.

Epifania volvió una tarde

y yo la perseguí por el jardín

rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre

porque mi cuarto estaba vació

como una caja sin sorpresas.

Epifania reía y corría

y al fin abrió la puerta

y dejó que la calle entrara en el jardín.