México, 13 jun (EFE).- El científico mexicano Dimas Jiménez busca popularizar los alimentos deshidratados que consumen los astronautas en el espacio exterior como una opción para hacer frente a la escasez que provocará el calentamiento global.

“Se espera que para el 2025 comience la carestía de alimentos, lo que dificultará el acceso a ellos”, dijo a Efe Jiménez, quien consideró “muy importante” abrir “plantas procesadoras de alimentos naturales del futuro”, con el fin de afrontar esta situación.

Este ingeniero bioquímico que estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) tiene una pequeña empresa donde procesa cerca de 2 toneladas mensuales de lo que llama el “Alimento del futuro”, un producto en polvo elaborado a base de avena, aguacate, mango y nopal.

Dicho polvo, que para ingerirlo debe ser mezclado con agua, contiene un alto valor nutritivo, además de que ayuda a niños y adultos a bajar de peso, explicó en entrevista el investigador.

En el futuro, afirmó, “prácticamente todos vamos a tener que comer polvos deshidratados o pastillas” porque el cambio climático causará un incremento del precio de los alimentos de “entre 180 y 300 % por el efecto de la oferta y demanda”, además de que bajará la calidad.

Habrá menor “acceso a los productos frescos”, señaló Jiménez, quien cuenta con ocho patentes otorgadas y cinco en trámite por la producción de aguacate en polvo y la transformación de diversos frutos, lo que le permite promover sus productos en México y otras partes del mundo.

El grupo minero Peñoles, principal productor de plata afinada y bismuto metálico en el mundo, ya hizo un importante pedido del “alimento del futuro” para que sus trabajadores puedan consumirlo en los refugios de las minas en los casos de emergencia.

Dentro de tres meses, cuando terminará el abasto en seis minas subterráneas, los trabajadores de esta empresa mexicana encontrarán en los refugios este alimento, al igual que oxígeno y agua.

Según el investigador, el consumo de 100 gramos de este producto proporciona a la persona 58 % de carbohidratos, 20 % de proteínas, 20 % de grasa vegetal monoinsaturada (omega 3 y 5) y 2 % de fibra cruda, nutrientes que al sumarse constituyen 270 kilocalorías.

“Es importante presentar productos naturales con alto valor proteínico, sin conservadores y que puedan mantenerse hasta por tres y cinco años bajo resguardo”, comentó el científico.

Otra de las bondades que ofrece este producto, según su creador, es que ayuda a una disminución de peso en forma paulatina y natural, sin riesgo para la salud, de la población infantil con problemas de obesidad y personas adultas.

“Para prepararlo basta con disolverlo en 200 mililitros de agua y agitarlo vigorosamente. Es recomendable que se ingiera un sobre 10 o 15 minutos antes del alimento principal, para que logre expandirse en el estómago y dar la sensación de saciedad”, indicó.

Además, abundó, “la avena impedirá una mayor absorción de grasas, con lo que reducirá gradualmente el tamaño del estómago”.

De acuerdo con el científico, el producto está garantizado y podría distribuirse en escuelas y hospitales de todo el país para afrontar el problema de la obesidad.

México ocupa el segundo lugar a escala mundial en sobrepeso y obesidad de adultos, sólo detrás de EE.UU., y el primero en menores, y tiene la tasa más alta de incremento de este problema, principalmente en niños.

Además de este alimento, Jiménez cuenta con una variedad de productos que exporta a Europa y Estados Unidos como el guacamole deshidratado, pastillas de mango que son enviadas al espacio para los astronautas de la NASA y chocolates bajos en calorías para quitar la ansiedad de comer.

Este tipo de alimentos pueden resguardarse en cualquier lugar y por hasta tres años en zonas vulnerables a desastres naturales o regiones desérticas, ya que, “además de que aguantan altas temperaturas, están herméticamente sellados”, destacó el investigador.