Quito, 15 jun (EFE).- El hombre, ahora empeñado en proteger a las Islas Galápagos, lidera una lista de más de 1.400 especies foráneas que desde el siglo XVI han invadido este hábitat de reptiles, mamíferos, aves e insectos únicos, los verdaderos dueños de este paraíso.

La comunidad científica que cuida las Islas está decidida a erradicar las especies invasoras más peligrosas, aunque sólo puede controlar a la más nociva, el hombre, representado por una población de cerca de 20.000 habitantes permanentes y un flujo de 170.000 turistas al año, según datos de 2010.

Además del ser humano, en el archipiélago hay 1.432 especies foráneas, de las cuales 950 son plantas, 452 invertebrados y 30 vertebrados, según el Parque Nacional Galápagos (PNG), encargado del cuidado, protección y conservación del archipiélago.

El proceso de invasión empezó probablemente el 10 de marzo de 1535, cuando el cura Tomás de Berlanga descubrió las islas por casualidad en el océano Pacífico, a unos mil kilómetros al oeste de las costas continentales de lo que ahora es Ecuador.

Luego piratas y bucaneros hicieron de las Galápagos su guarida y dejaron en ellas cerdos, cabras, asnos, ratas, moscas y plantas, como la temible mora, que se ha convertido en una de las más nocivas para el ecosistema insular.

Desde su creación, hace unos 50 años, el PNG se ha esforzado por erradicar esas especies y por evitar que otras nuevas entren en el frágil mundo galapagueño.

El objetivo es impedir que perjudiquen o desplacen a las 560 especies de plantas nativas y 180 endémicas, 17 mamíferos, 152 aves, 22 reptiles y cerca de 2.000 invertebrados propios de las Galápagos.

Esas especies viven en una reserva terrestre de cerca de 800.000 hectáreas, el 97 por ciento protegidas al extremo, y situada en 7 islas mayores y 90 menores o islotes.

Víctor Carrión, responsable del departamento de Control y Erradicación de Especies Introducidas del PNG, señaló a Efe que la casi totalidad de éstas han alcanzado el archipiélago por causa del hombre, sobre todo a través de barcos y aviones.

Dejando de lado al ser humano, entre las especies invasoras que representan peligro inmediato figura la “mosca de la fruta” o “mediterránea”, descubierta en las islas en 2008 y que ha logrado migrar de las almendras en las que llegó a otras frutas como la naranja y el café.

Para eliminarlas, los científicos han generado en laboratorio machos estériles, lo que ha permitido que la población de ese tipo de moscas se reduzca a casi cero en las áreas intervenidas.

Las “hormigas cabezonas” son otra especie peligrosa en el archipiélago, porque pueden atacar huevos y polluelos de aves, y porque desplazan a otros insectos similares nativos.

Se encuentran en las islas San Cristóbal y Santa Cruz, donde se ubican los mayores centros poblados, y su eliminación se realiza con fumigaciones.

El “caracol africano”, un depredador temible que afectó hace pocos años a Venezuela y Brasil, también ha llegado a las Galápagos y ha desplazado a especies endémicas. Unas 23 personas trabajan en su erradicación en Santa Cruz, donde se le ha ubicado.

Las cabras, que habían ganado un amplio terreno a las tortugas gigantes o galápagos en algunas islas, están a punto de desaparecer como especie invasora, al igual que los asnos, exterminados mediante la caza.

A los roedores foráneos se los combate con un veneno especial elaborado especialmente para su uso en las Galápagos. El exterminio de ratas ha comenzado por islotes y zonas de playa con un resultado exitoso, aunque su erradicación completa depende de contar con los recursos para continuar el programa.

Para Carrión, si existiera la cantidad de dinero suficiente la desratización completa de las islas se podría dar en apenas cuatro años, pero si esta inversión no llega, el tiempo podría extenderse hasta los 25 años.

Y es que la falta de recursos es uno de los principales problemas para la comunidad científica galapagueña (nacional y extranjera), por lo que recientemente el Gobierno ecuatoriano creo un “Fondo fiduciario” para financiar los planes de erradicación de especies invasoras.

El fondo se nutrirá con 15,5 millones de dólares, un capital cuya rentabilidad de unos 700.000 dólares al año permitirá financiar estos programas, señaló Carrión, para quien el proceso no sólo se sitúa en el archipiélago, sino también en el continente, porque de allí vienen las especies invasoras.

Controles en puertos y aeropuertos y firmes restricciones al turismo forman parte, según él, de las acciones para evitar o minimizar los daños al maravilloso ecosistema de las Galápagos.