El grupo, que es dibujado como excéntrico y peligroso, se llama NXIVM. Fue fundado en 1998 por Keith Raniere en el condado de Albany, Nueva York. Ofrecen Programas de Éxito Ejecutivo con una técnica llamada “investigación racional”. Carlos Emiliano Salinas Occeli, hijo del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, es parte del Excecutive Succes Program.

Ciudad de México, 17 de octubre (SinEmbargo).- El diario norteamericano The New York Times publica hoy un extenso reportaje sobre una presunta secta que utiliza a mujeres y ha llegado a marcarlas con hierros calientes, pero que se vende a sí misma como un programa de “entrenamiento” para empoderar a sus miembros.

El grupo, que es dibujado como excéntrico y peligroso, se llama NXIVM. Fue fundado en 1998 por Keith Raniere en el condado de Albany, Nueva York. Ofrecen Programas de Éxito Ejecutivo con una técnica llamada “investigación racional”. Raniere y Nancy Salzman son llamados “Vanguardia” y “Prefecta”, respectivamente. Opera en Canadá, Estados Unidos y México.

En México, Carlos Emiliano Salinas Occeli, hijo del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, es parte del Excecutive Succes Program (ESP) que es, a su vez, parte de NXIVM. El mismo da conferencias sobre temas de superación.

La relación de Raniere con Salinas Occeli es pública y al menos en los círculos políticos y empresariales no es un misterio. El mismo hijo del ex Presidente relaciona su organización Movimiento In Lak’ Ech por la Paz AC con NXIVM y sus postulados.

De acuerdo con el Times, que cita testimonios, mujeres han sido utilizadas y literalmente marcadas en la piel con un hierro caliente. Otros abusos son señalados.

Según el reportaje, desde su fundación, cerca de 16 mil personas se han inscrito a los cursos ofrecidos en NXIVM. Mujeres de entre 30 y 40 años fueron extorsionadas, les pidieron que entregaran fotografías desnudas o material comprometedor como “garantía”, en caso que quisieran develar la existencia del grupo.

Algunos de las personas que se han involucrado más al NXIVM han renunciado a todo: a sus carreras, familiares y amigos para convertirse en seguidores fieles de Keith Raniere.

La secta que tenía como fin un “empoderar a las personas” tenía estrictas reglas. Algunas de ellas sometían a las personas a dietas o les exigían tener relaciones sexuales con su líder. Esas condicionantes hicieron que sus miembros decidieran salir de ella.

El marido de Sarah Edmondson, una de las integrantes y que también era miembro, tomó la decisión de dejar el grupo al enterarse que habían marcado a su esposa y a otras mujeres. “Esto es criminal”, pensó Anthony Ames.