Eva Gabrielsson no es Salander. La viuda del escritor sueco Stieg Larsson fue despojada de la cuantiosa herencia que ha dejado la venta de 20 millones de ejemplares vendidos de la trilogía Millenium y los derechos correspondientes de esas películas. Pese a ser la compañera durante 30 años del creador de la novela Los hombres que odiaban a las mujeres, tras la muerte prematura de Larsson el padre y un hermano del autor la han combatido despiadadamente para quedarse en exclusiva con una fortuna que crece año con año. La ley sueca no reconoce derechos de herencia en el caso de parejas no casadas, como era el caso de Stieg y Eva, y designó al padre, Erland, y al hermano, Joakim , relativamente distantes del autor, sus herederos absolutos. Joakim incluso llegó a disputarle a la viuda la mitad del departamento en que vivía la pareja, que había sido comprado a medias por Stieg y Eva.

A diferencia de Salander, la aclamada antihéroe, la respuesta de Eva no ha sido violenta, pero a la postre podría ser más efectiva. La ex mujer de Larsson ha publicado un libro que seguramente se convertirá en un fenómeno de ventas, en el cual hace las paces con la turbulenta vida que le deparó la desaparición de su pareja y los odios desencadenados por la enorme fortuna póstuma que generaron las novelas. En Milleniumm, Stieg y yo (editorial Destino) describe en detalle la vida en común, la personalidad de Stieg, las fuentes de la escritura de la trilogía, la muerte del autor y el posterior vía crucis. La edición de julio de la revista Vanity Fair publica un buen resumen, preparado por la propia autora, sobre los últimos días de Stieg y sobre los paralelismos entre los personajes de la novela y sus propias biografías.

Lo mató un elevador

“Martes, noviembre 9: …Stieg tenía una cita en la tarde en Expo (la revista que había fundado), y llegó al edificio acompañado de Jim, un amigo que habíamos conocido en Granada en 1984. Antes de subir a la oficina de Expo, Jim advirtió que Stieg tenía mal semblante y su paso era vacilante. Cuando Jim le pidió que fueran al hospital de inmediato Stieg se rehusó porque quería subir antes a su oficina. Y como el elevador estaba descompuesto decidió subir por escaleras los siete pisos, sólo para desplomarse en una silla al llegar arriba. Per y Mónica, los contadores, notaron que su rostro estaba bañado en sudor y su respiración era accidentada; Stieg admitió que sentía dolores en el abdomen. Per lo llevó en una ambulancia al hospital a unas cuadras de distancia”.

“Stieg llegó en estado de gravedad y fue llevado a radiología de inmediato para tomarle placas al pecho, que resultaron inciertas. El cardiólogo decidió trasladarlo al quirófano para una intervención inmediata, pero Stieg perdió la conciencia y momentos más tarde su corazón dejó de latir. Durante 40 minutos un equipo médico trató de revivirlo. En vano. A las 4:22 de esa tarde fue declarado muerto”.

Larsson no pudo gozar del éxito que alcanzó su obra; el primer libro de la trilogía iba a ser publicado un mes después de su fallecimiento. Pero algo intuía, porque ya se había acercado un agente para intentar vender los derechos para la filmación de las novelas. En la víspera de su muerte Stieg había tenido una cita en la editorial y una fuerte discusión a propósito de la portada. Él se oponía a los cambios comerciales que la editorial quería introducir en la obra. Larsson no dejó que se cambiase el título de la primera novela Los hombres que odiaban a las mujeres, que la casa editorial consideraba poco afortunado. En las siguientes traducciones –incluida la castellana-  fue cambiado por Los hombres que no amaban a las mujeres. Y la versión inglesa, cuando el autor ya no podía defenderse, publicó bajo el título La muchacha con el tatuaje del dragón.

 

Una pareja de los sesentas

Eva y Stieg se conocieron en 1972 en una reunión de apoyo al Frente Nacional de Liberación de Vietnam, y nunca más se separaron. Stieg se convirtió en periodista, influido en parte por el padre de Eva, que lo era, pero sobre todo porque le permitía ser un profesional de las causas en las que creía. Durante su larga trayectoria participó en la fundación de revistas progresistas en las que investigó y escribió sobre el nazismo en suecia, los abusos de la gran empresa y la corrupción contra el gobierno, el machismo y la agresión contra las mujeres. Es decir, el telón de fondo que luego vertería en la trilogía Millenium.

Eva se dedicó a la arquitectura, pero en la práctica seguirían siendo almas gemelas. Participaron en movimientos de solidaridad, gozaban juntos de la lectura de  novela negra y de ciencia ficción (ella tradujo al sueco el texto de Philip Dick, El hombre en el Castillo). Durante varios años ambos trabajaron en la revista Expo. Al momento de quedarse viuda, Eva preparaba un libro sobre arquitectura.

Blomkvist no es Larsson

Steig era un hombre generoso, leal, cálido y fundamentalmente amable. Pero también podía ser lo opuesto, dice la autora. Si alguien lo trataba mal, a él o a uno de sus seres queridos, respondía con “ojo por ojo y diente por diente”. Nunca olvidaba tales ofensas y solía decir que desquitarse no sólo era un derecho sino un deber. “Staig siempre lo conseguía”, afirma Eva. Desde luego un rasgo que en cierta forma es el leit motiv de Salander y que cruza toda la trilogía: la venganza en contra de su padre.

“Me han señalado que, aparte de la hermana de Mikael, en Millennium no aparece ninguna madre clásica, ni siquiera una sola familia tradicional. No me parece en absoluto un rasgo azaroso. Stieg y yo crecimos sin madre, y ni siquiera la abuela más tierna y solícita, y las nuestras lo eran, puede sustituir a una madre.” Ambos, Eva y Stieg, crecieron con sus respectivos abuelos, no sus padres.

En las tres novelas aparecen algunos nombres reales porque Larsson quería honrar a algunas personas que admiraba o respetaba. Otros simplemente aportaron detalles para enriquecer a sus personajes. Erika Berger, la editora en jefe de Millenieum es totalmente ficticia. Pero algunos aspectos de Anita Vanger son extrapolados de mi hermana Britt, dice Eva.

Mikael Blomkvist el personaje central no es Stieg Larsson.  Como él, fuma y bebe constantemente café, pero la semejanza prácticamente termina allí, reconoce la autora. Para ella Blomkvist encarna la figura del periodista famoso y celebrado que Stieg habría querido ser y desde luego su personaje comparte las causas y opiniones del escritor. Ambos son luchadores por la justicia, incorregibles e incorruptibles.

En todo caso Eva encuentra más parangones ente Salander y Stieg, como si fuese una proyección femenina del autor. Comparten, dice su viuda, sus pésimos hábitos alimenticios, dada su adicción a las pizzas congeladas y los sándwiches. Stieg tenía, como su heroína, una prodigiosa memoria, pero en cambio carece de las habilidades de Salander en la computadora. El periodista llegó tarde al mundo digital y, en el mejor de los casos, hacía un uso rudimentario de su portátil. Desde luego Stieg no poseía las habilidades financieras de Salander. “No sólo era desorganizado y ensimismado, nunca parecía tener dinero. No tenía idea de cómo controlar o dar seguimiento a proyectos en marcha y siempre estaba cansado de resolver problemas de último momento y bajo presión”. Batallaba una y otra vez para conseguir que Expo llegara a fin de mes, añade Eva. Comenzó a perder la fe en la revista. Sus contenidos eran elogiados, pero cada vez resultaba más difícil financiarla.

Stieg se refugió en la escritura de las novelas; primero todas las tardes y hasta entrada la noche, y luego en ocasiones incluso en las oficinas de Expo. “Era como una terapia. Iba describiendo a Suecia como él la veía: los escándalos, la opresión de las mujeres, los amigos a los que deseaba honrar, Granada la isla que tanto amamos… Sin las cruzadas de Stieg el periodista, la trilogía Millenium nunca habría visto la luz.

 

La otra familia Larsson

Frente al encono de la familia Larsson la única defensa de Eva Gabrielsson ha sido la propiedad de la computadora portátil en la que Larsson escribió alrededor de 200 páginas del cuarto volumen de la zaga Millennium. Aunque los derechos de esa obra también serían del padre y el hermano del autor, Eva simplemente puede borrar o negarse a entregar el archivo. Inicialmente, le propusieron un trueque de la computadora por la mitad del departamento que compró con Stieg, pero ella lo rehusó indignada. Eventualmente la presión de la opinión pública obligó a los familiares a entregar a Eva la posesión de la vivienda. En algún momento llegaron a ofrecer 2 millones de euros para quitar de la escena a la viuda, pero las exigencias le parecieron a Eva excesivas. Y Joakim, el hermano de Stieg, le propuso que se casara con su padre, aunque sólo fuera formalmente, para que se hiciera legalmente de la mitad de la herencia.

Los familiares de Stieg se han defendido de la crítica popular argumentando la probable intención de Eva de regalar la mayor parte de la herencia a organizaciones sociales, como habría sido la voluntad del escritor. Un único testamento, una carta sin sello redactada en la juventud de Stieg nombraba a Eva heredera universal, pedía que se entregaran sus ahorros al partido socialista sueco, en el cual entonces militaba, y la colección de libros de ciencia ficción a su hermano Joakim. El documento fue rechazado por las autoridades.

Carta a mi amada

En el libro Eva incluye una carta que Stieg le escribió a manera de despedida a los 23 años de edad,  casi tres décadas antes, y logró ocultarle para que fuese encontrada después de su muerte. Sólo cuando escombró papeles de un viejo baúl, Eva pudo leer lo que ninguna trilogía le habría dicho.

Estocolmo, febrero 9, 1977

Eva, mi amor,

Terminó. De una manera u otra todo llega a su fin. Todo termina algún día. Esto es quizás una de las más fascinantes verdades que conocemos del universo. Las estrellas mueren, las galaxias mueren, los planetas mueren. Y las personas también mueren. Nunca he sido un creyente, pero el día en que me interesé en la astronomía creo que deje atrás el miedo a la muerte. Me convencí de que comparado con el universo un ser humano es infinitamente pequeño. Bueno, no escribo esta carta para entregar una enseñanza profunda religiosa o filosófica. La escribo para decirte adiós. Acabo de hablar contigo por teléfono. Aún escucho el sonido de tu voz. Te imagino ante mis ojos… una hermosa imagen, un amoroso recuerdo que conservaré hasta el final. En este mismo instante, al leer esta carta, sabes que estoy muerto.

Hay cosas que quisiera que supieras. Al partir hacia África sé lo que me espera. Sé incluso que este viaje podría ocasionarme la muerte, pero es algo que tengo que experimentar a pesar de todo. No nací para estar sentado en un sillón. No soy así. Corrección: no era así. No voy a África sólo como periodista, voy sobre todo en una misión política y por eso es que creo que este viaje podría conducir a mi muerte.

Esta es la primera vez que te escribo sabiendo exactamente que decirte: te amo, te amo, te amo, te amo. Quiero que lo sepas. Quiero que sepas que te quiero como no he querido a nadie. Quiero que sepas que lo digo con toda sinceridad. Quiero que me recuerdes pero que no sufras por mí. Si te signifiqué algo, y se que así es, probablemente sufrirás cuando sepas que he muerto. Pero si en verdad te signifiqué algo, no sufras, no quiero eso. No me olvides, pero continúa tu vida. Vive tu vida. El dolor se disolverá con el tiempo, aun cuando sea difícil de imaginar ahora mismo. Vive en paz mi amada; vive, ama, odia, y sigue luchando…

Tengo muchas faltas, lo se, pero también buenas cualidades, espero. Pero tu, Eva, me inspiraste tal amor que nunca fui capaz de expresártelo…

Enderézate, levanta tus hombros, sostén tu cabeza en alto. ¿Okey? Cuídate Eva. Ve a tomar una taza de café. Se terminó. Gracias por el precioso tiempo que compartimos. Me hiciste muy feliz.

Adieu.

Me despido con un beso, Eva

De Stieg, con amor.