“Me falta un testículo, por eso tengo la tentación de tocar niños”, dijo como excusa el sacerdote José Luis de María y Campos López de la Diócesis de Guanajuato, a María, madre de un niño a quien violó varias veces bajo el argumento de que era “el elegido por Dios” y con la protección continuada del obispo José Guadalupe Martín Rábago.

En Guanajuato, tierra yunquista, las víctimas de pederastia clerical forman parte de manera silenciosa de la visita del Papa Benedicto XVI quien se ha negado a recibirlas durante su estancia del 23 al 26 de marzo.

En otros países que ha visitado, Joseph Ratzinger se entrevistó con víctimas de abuso sexual de sacerdotes; en cambio, en México la Santa Sede rechazó de manera frontal y despreció la posibilidad de un encuentro.

Las víctimas existen, aunque el Vaticano no quiera verlas, ni escucharlas. Sus testimonios son fiel reflejo del cisma que ha provocado los crímenes sexuales del clero en la Iglesia. Y también de la política de silencio y desprestigio impulsada por la jerarquía católica mexicana contra quienes tienen el valor de denunciar a los agresores sexuales con sotana.

 

GUANAJUATO Y LA PEDERASTIA

“No digas nada de lo que te hago, porque le puede pasar algo a tu mamá o a tu abuelita. No digas nada, porque le va a pasar algo a tu hermanita”, amenazó el padre José Luis de María y Campos López al niño de 10 años, acólito de la cuasiparroquia María Auxiliadora, ubicada en la calle Costas del Océano Pacífico número 401, en la colonia Santa María de los Cementos, al sur de la ciudad de León.

La hermanita del niño padece una discapacidad. Su madre que vende muebles por las calles es el sostén de la familia. El sacerdote había ido buscando acólitos casa por casa en esa colonia marginada hasta que logró reunir un grupo de 24 niños a quienes se llevaba a su casa para darles clases: “Íbamos entrando a la colonia, cuando escuché que dos señoras comentar que un niño había dicho que el padre les andaba bajando “los chones” a los monaguillos y que quién sabe qué más les estaba haciendo. Me preocupe… cuando llegué a casa cuestioné a mi hijo… hasta que aceptó lo que había pasado”.

Añade: “Me dijo que fueron varias veces. La última, el sacerdote le había quitado toda su ropa y él comenzó a llorar pero el padre le pidió que no llorara, le dijo que lo que le hacía no era malo, que era parte, pues, de consagrarse ante Dios…. Le decía que era el elegido por Dios y le repetía: ‘lo que te hago no es pecado. Te lo aseguro’”; luego, el padre de María y Campos López le daba la comunión.

María fue a reclamarle al sacerdote, pero este le dio sólo excusas de los abusos diciendo que tenía un “defecto físico”, concretamente que le faltaba un testículo y por eso “tocaba niños”. Le ofreció dinero intentando comprar su silencio, pero no aceptó. Luego lo fue a denunciar con el obispo de León, José Martín Rábago, ex presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), quien se negó a recibirla durante cuatro días, hasta que finalmente accedió y le dijo: “El sacerdote me dice que sólo “tocó” a su hijo. Es mejor que guarde silencio sobre este asunto, de lo contrario sería perjudicada porque la foto de su hijo saldría en los periódicos”. Después le ofreció dinero. Ella le contestó: “Yo lo que quiero es que este señor no siga siendo sacerdote. ¿Usted qué cree? ¿Qué yo ando vendiendo a mi hijo? El obispo tapó al sacerdote y lo justificó desde el principio”.

Comprobó que la jerarquía católica mexicana mantiene una política de silencio en torno a los abusos sexuales del clero. Y buscó justicia.

 

EL MEJOR ABOGADO

El obispo José Guadalupe Martín Rábago, principal anfitrión del Papa Benedicto XVI en Guanajuato, es un conocido protector de sacerdotes pederastas. Los casos han sido documentados y denunciados ante la justicia, el Tribunal Eclesiástico y las organizaciones de apoyo a las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes.

El testimonio de María y su hijo fue fundamental para llevar ante la justicia al sacerdote de María y Campos López en 2006. La jueza Séptimo de lo Penal, Nora Patricia Neri, lo sentenció a seis años de cárcel por los delitos de corrupción de menores y “abuso erótico sexual” contra tres monaguillos de entre 10 y 14 años. En realidad las víctimas fueron más, pero prefirieron no denunciarlo.

El cura pederasta recibió todo el apoyo del obispo Martín Rábago. Ante las denuncias de abuso sexual escapó y fue escondido en una casa de Guadalajara, Jalisco. La policía lo localizó y lo detuvo el 26 de marzo de 2005. Luego intentó ampararlo para que saliera libre, cosa que no se le permitió. Después destinó a costosos abogados para llevar su defensa. Dos de sus letrados, José María Toledo e Ismael Ahedo, exigieron un careo de los niños con su agresor, algo que lamentablemente permite la legislación mexicana, pese a vulnerar todos lo tratados internacionales de protección a menores. La experiencia lastimó aún más a las víctimas.

Sin embargo, la juez Neri dictó una sentencia sin precedentes en México. Condenó al cura a seis años de cárcel y a pagar 25 mil pesos para costear los tratamientos psicológicos de sus víctimas. El obispo Martín Rábago reaccionó inmediatamente señalando que los niños habían mentido: “… las declaraciones de quienes se dicen víctimas del delito, se encuentran plagadas de dudas, reticencias, son obscuras y lo que es más resultan falsas”.

El obispo continuó protegiendo al cura pederasta durante su internamiento en el penal de León, Guanajuato. El vocero del obispado, el sacerdote Jorge Raúl Villegas Chávez, encargado ahora de la asistencia en la visita del Papa Benedicto XVI, sostuvo siempre que el sacerdote era inocente y acuso y denostó a las víctimas, algo común entre la jerarquía católica mexicana: “Tienen intereses económicos y un interés de venganza”.

La defensa del obispo Martín Rábago no terminó allí. La Arquidiócesis de Guanajuato logró que el cura fuera “preliberado” por “buena conducta” y por alcanzar un “adecuado grado de readaptación social”. Solo purgó cuatro años y siete meses de cárcel. A pesar de los graves delitos por los que estuvo preso, nunca fue retirado del ministerio sacerdotal.

Al contrario, el cura fue recibido con bombo y platillo. Se le ofreció una misa en la parroquia Las Crucitas con más de 200 personas y el padre Raúl Villegas Chávez anunció: “Él puede volver al sacerdocio cuando lo decida. El delito que cometió y la pena que recibió no hacen que merezca o no lo hace capaz de recibir la ex comunión, si él quisiera, puede continuar su ministerio, el derecho no le prohíbe para nada ejercer su ministerio. Él es sacerdote y aún el peor de los pecadores merece la indulgencia, el perdón, Jesús mismo perdona a Judas, nosotros no somos jueces, es Dios el que debe juzgar, y al contrario, estamos para dar salvación como iglesia católica”.

Efectivamente. Protegido, arropado y apoyado por la Arquidiócesis de Guanajuato, el cura pederasta José Luis de María y Campos sentenciado por violar a niños sigue ejerciendo el sacerdocio en el estado de Guanajuato, cuna de la visita del Papa Benedicto XVI. El obispo desobedece incluso las propias instrucciones del pontífice.

Fue Joseph Ratzinger quien endureció en julio de 2010 las reglas contra la pederastia de los sacerdotes, un documento enmarcado en el Derecho Canónico que incluye la ampliación hasta 20 años del tiempo de prescripción de los delitos contra menores de edad, el uso de pornografía infantil como delito grave y la orden a los obispos de no encubrir a los agresores sexuales con sotana.

 

PASTORES DEVORADORES

¿Cuántos curas pederastas hay en México? Es difícil saberlo porque la jerarquía católica se niega a abrir sus archivos secretos que determinarían el paradero de cada agresor sexual y el camino que han seguido en el permanente cambio de parroquias, estados y países, que sus superiores ordenan para evadir la acción de la justicia y la reparación del daño ocasionado a las víctimas.

“Lo que sí sabemos es que hay miles de víctimas”, dice Joaquín Aguilar Méndez director de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes México, a quien le fue negada la posibilidad de entrevistarse con Benedicto XVI durante su estancia en Guanajuato.

Las víctimas agrupadas en esta asociación hicieron todo el procedimiento de petición de audiencia, pero nunca les dieron respuesta: “Lo hicieron público diciendo que no nos atendería, antes de contestarnos. Es la típica actitud de silencio del Vaticano, principalmente para dejar pasar los crímenes de Marcial Maciel en México. Como si el hecho de no recibir a las víctimas significará que no pasa nada. Es como si quisieran hacer el “borrón y cuenta nueva”.

Gracias a los archivos abiertos en Estados Unidos por orden judicial se ha podido comprobar –de acuerdo con estadísticas de esa asociación– la presencia de 65 curas pederastas que fueron trasladados a México. Todos ellos fueron encubiertos y trasladados por sus superiores u obispos de Estados Unidos luego de que las víctimas presentaran las denuncias.

Actualmente tienen más de 130 casos de abusos sexuales de sacerdotes: “Siguen llegando casos, hay muchos”. En el directorio eclesiástico de 2009 pudieron localizar a 16 curas en activo con denuncias interpuestas en Estados Unidos. Los curas pederastas, provenientes de diferentes países, fueron colocados por la jerarquía católica mexicana, para ejercer su ministerio, en las Arquidiócesis de Guadalajara, San Luis Potosí, Xalapa, Tlalnepantla, Yucatán, México, Querétaro y Tijuana, así como en las diócesis de Colima, Aguascalientes, Ciudad Guzmán, Ciudad Obregón, Cuernavaca y Culiacán, entre otras.

Ante la visita del Papa y la negativa de recibir a las víctimas de abuso sexual de sacerdotes, el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, minimizó los hechos: “En México tenemos un caso clamoroso, por desgracia, que fue el padre Maciel y algún otro abuso aislado, pero no es una situación gravísima; no se puede comparar a países como Estados Unidos o Inglaterra, donde el Papa ha recibido a víctimas. Aquí no es un gran problema, afortunadamente, como ha sucedido en otros países”.

México se ha convertido en un refugio para los curas pederastas debido a la impunidad que existe y a que policía, ministerios públicos, jueces y el propio Estado funcionan como tapaderas de los crímenes sexuales del clero, dice Aguilar Méndez de 31 años: “Se niegan a aceptar el problema. Creen que con la política del silencio se acabará la pederastia. Es una vergüenza que ni siquiera quieran hablar o pedir perdón”.

El agresor de Joaquín, es el cura pederasta Nicolás Aguilar quien lleva más de 30 años de carrera delictiva violando niños, protegido por el cardenal Norberto Rivera y las autoridades judiciales de México. Su extradición fue solicitada por el fiscal de Los Ángeles, William Hodgman por abusar de 28 niños en aquella ciudad. México nunca lo entregó.

En México violó a más de 60 niños de la Sierra Negra en Puebla. Las denuncias judiciales en su contra empezaron a llegar a los juzgados desde 1995. Fue aprehendido hace 11 años, pero solo estuvo 60 minutos en la cárcel gracias a la defensa del Arzobispado de Tehuacán.

El padre Nicolás Aguilar Rivera, un auténtico depredador sexual con sotana, continuó violando niños al ser reubicado en otras parroquias por su superiores. Las denuncias seguían llegando, pero en febrero de 2003 le fue otorgado el amparo federal 1389/2002: “Se deja sin efecto la resolución del año 2000 dictada por esta sala y se confirma en todos sus términos el auto de libertad por falta de méritos… en la comisión del delito de ‘corrupción de menores’”. La protección de las autoridades federales y de Puebla fue absoluta, a tal grado que el juez Guillermo Ramírez Rodríguez “desapareció” el expediente del cura pederasta con la ficha 491701.

El cura seguía oficiando misa y seguía siendo colocado por sus superiores a cargo de los monaguillos. La estela de dolor que dejo es aún interminable. En 1994 fue reubicado en la iglesia del Perpetuo Socorro en la colonia Torreblanca, ubicada en la calle Lago Ayarza número 35 y luego lo cambiaron a la iglesia de San Antonio de las Huertas ubicada en la calzada México-Tacuba número 70 en el Distrito Federal donde violó a Joaquín Aguilar cuando tenía 13 años y era monaguillo: “Estaba en la misa pero sentí ganas de ir al baño y baje del altar por la puerta trasera y cruce un pasillo. Era necesario pasar por su recámara, que estaba al lado de la sacristía. En ese momento me llamó para preguntarme si quería nuevos casetes de música. Fue allí donde aprovechó para agarrarme del cuello violentamente. Me bajó los pants, sacó su pene erecto, me tumbó en la cama y me violó. Sentí tanto dolor. Salí corriendo y alcancé a escuchar cómo me amenazaba: “Si dices algo, les pasará lo mismo a tus hermanitos”. Nunca más regresé a la iglesia. Recuerdo que mientras me violaba escuchaba al otro padre rezar el Padre Nuestro”.

Han pasado 18 años de aquel hecho terrible que le cambió la vida para siempre, pero la valentía y la entereza ayudaron a Joaquín a salir adelante. Estudió Derecho para ayudar a otras víctimas de abusos sexuales de sacerdotes y desde la organización que dirige brinda apoyo a quienes han sido agredidos por el clero.

Encontró la justicia en Estados Unidos donde ha interpuesto cuatro denuncias contra el cura pederasta Nicolás Aguilar y contra su protector el cardenal Norberto Rivera, un caso que todavía sigue en los tribunales estadounidenses. Y recibió una compensación económica. En México no encontró ni justicia ni reparación. Su agresor sigue libre, protegido por las autoridades y la jerarquía católica.

Se muestra triste, porque a pesar de toda su lucha, el Papa Benedicto XVI se negó a recibirlo: “Pareciera que hay categoría en las víctimas. Mientras las víctimas europeas y estadounidenses si han sido atendidas, las mexicanas no. Allá las autoridades presionó a la Iglesia para abrir sus archivos y compensar a las víctimas. Aquí obviamente la autoridad es cómplice de la institución”.

En México, la jerarquía católica siempre ha minimizado la pederastia clerical. No ha reconocido ningún caso, porque en ese momento tendría que empezar compensaciones económicas como en Estados Unidos donde la Iglesia católica ha pagado más de 2 mil millones de dólares a las miles de víctimas de abuso sexual de sacerdotes.

El obispo Marcelino Hernández dijo en su momento que los curas mexicanos no abusaban de niños, sólo los “manoseaban”: “En 20 años, algunos sacerdotes han tenido que pisar la cárcel por algún manoseo, que es lo que desgraciadamente ha habido, no casos mayores. Somos guadalupanos, y la Virgen María nos cuida de que no hagamos cosas así de graves”.

Joaquín se indigna: “Es una desfachatez viniendo de un obispo. Es no tener vergüenza. No quieren recibirnos, no quieren tocar el tema. Aquí tienen que hacerlo. Es la tierra de Marcial Maciel. Por tanto, el Papa es cómplice y encubridor de curas pederastas”.

En México la Iglesia tiene tres “clínicas” para “curar” la pederastia de sus curas. La Casa de la Arquidiócesis de México está dirigida precisamente por Marcelino Hernández Rodríguez, quien desde hace 25 años se dedica a la atención de “conductas impropias”; la “Casa Alberione” ubicada en Tlaquepaque, Jalisco, y dirigida por el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, la “Casa Rougier” ubicada en el kilómetro 31 de la carretera México-Pachuca, Hacienda Ojo de Agua, Estado de México y con domicilio fiscal en Moneda 85-A, Tlalpan.

La política de protección a los curas pederastas en México por parte de la jerarquía católica mexicana es tanta que ahora quieren hacer “invisibles” a las víctimas. Por eso, cuando Joaquín se enteró de que el Papa visitaría Guanajuato, sintió una esperanza, era el momento de demostrar que Ratzinger aplica en la práctica lo que proclama por el mundo con respecto a las víctimas de abuso sexual de sacerdotes: “Ahora es una decepción. Nos hicieron a un lado totalmente. Nos ignoraron.”

Y va más allá, afirma que en México no hay sacerdotes pederastas en la cárcel y si los hay, la Iglesia los defiende para liberarlos: “No hay sacerdotes en la cárcel, aquello que se logra encarcelar salen. Es parte de la misma política. Las autoridades eclesiásticas presionan a las autoridades civiles para que no se ejercite acción penal contra ellos. Son delincuentes, no son pecadores solamente, son delincuentes. Es parte de una política de silencio y protección que el Vaticano llevó durante años y en México no ha cambiado”.

Y dice: “Si tuviera al Papa enfrente le explicaría la situación de las víctimas en México. Y que se hiciera lo mismo que en Europa, donde van a entregar los archivos y a los sacerdotes agresores. Ojalá lo hicieran aquí, pero las víctimas de México no le importamos a Benedicto XVI. A pesar de eso, voy a seguir luchando contra viento y marea. No nos dejamos vencer”.

 

MACIEL, EL INVISIBLE

En la visita del Papa Benedicto XVI el gran ausente será la figura omnipresente del pederasta por antonomasia de la Iglesia católica, el sacerdote mexicano Marcial Maciel. El Vaticano se negó igualmente a que Ratzinger recibiera a sus víctimas.

En la misma línea, la jerarquía católica encabezada en este caso por el presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, Carlos Aguiar Retes, pretende desaparecer a las víctimas con el silencio cómplice. Peor aún, señalando que no conocen a las personas que fueron abusadas por Maciel y por tanto no fue posible organizar un encuentro con el Papa. “No, porque nosotros no podemos asumir el liderazgo de algo que no conocemos, mientras las víctimas no aparecen, no se conocen sus rostros, no sabemos quiénes son, cómo lo podríamos hacer. Son visibles para los medios. Una cosa es lo que puede parecer en una circunstancia, pero no son visibles en el sentido de una relación que se haya establecido”, dijo desde León, Guanajuato.

Aguiar Retes falta a la verdad, y para demostrarlo una de las víctimas de Marcial Maciel, Juan José Vaca, ofreció el correo electrónico que le envío al nuncio apostólico Christophe Pierre por Internet y a través de una persona directamente en su oficina:

“Mi nombre es Juan José Vaca, nacido en México hace 75 años y ciudadano estadounidense desde 1984. Vivo en Long Island, New York, y soy profesor de psicología y sociología en la universidad privada Mercy College. Fui Legionario de Cristo (1947-1976) y sacerdote incardinado a la diócesis de Rockville Centre, N.Y. hasta 1988. Recibí indulto de secularización en 1992 y fui una de las más significativas víctimas de abuso sexual por parte de Marcial Maciel, durante casi doce años (1950-1962).

“El favor especial que deseo solicitar a usted es el siguiente: Dado que el Papa ha efectuado reuniones con víctimas de abusos sexuales, perpetrados por clérigos católicos, en cada uno de los países que ha venido visitando, estimo que esta visita papal a México sería una extraordinaria oportunidad para que el Papa diera a conocer, de una forma significativa, cuánto la Iglesia Católica estima prestar atención a estas víctimas y mostrar su preocupación por los graves daños infligidos a ellas. Guardar silencio y dejar pasar esta oportunidad de acercarse a las víctimas de Maciel en su visita a México –país al que Maciel ofendió y causó tantos daños con su vida depravada y criminal– sería una afrenta más a estas víctimas y un inexcusable deservicio a la misma Iglesia. Los medios de información sin duda estarán muy atentos a éstas y otras señales de acercamiento y consideración por parte del Papa hacia las víctimas. Por lo expresado anteriormente, el favor que me permito solicitar de Usted es, que haga cuanto esté en sus manos por obtener que el Papa nos dedique unos minutos, en su apretada agenda, para recibirnos personalmente en cualquier punto de su inminente visita a México. De ser así, yo estoy dispuesto a volar oportunamente a México para esta reunión con el Papa.

Sé muy bien que una inclusión de nuestra deseada entrevista con el Papa conlleva pasos y procedimientos que toman tiempo e incluyen otras personas para coordinar su realización. De todas maneras, muchísimo le agradeceré me haga saber, a la mayor brevedad posible, si esta mi solicitud puede ser tomada en cuenta y materializarse”.

En entrevista, Juan José Vaca, señala que el vocero de la Radio Vaticana, Lombardi, dijo que los obispos mexicanos no habían hecho ninguna solicitud para que el Papa se entrevistara con las víctimas de abuso sexual de sacerdotes, ni de Maciel: “En las visitas que el Papa que ha hecho a diferentes países se entrevistó con las víctimas no porque los obispos hubieran hecho la solicitud, sino porque el Vaticano lo hizo para ver a las víctimas. En el caso de México el Vaticano no ha querido remover las aguas. Aquí nació y está enterrado el mayor criminal de la Iglesia católica. Y no le conviene al Papa remover nada”.

De 75 años, Vaca quien radica en Estados Unidos dice que es extraño que Benedicto XVI no hiciera su visita en el Distrito Federal: “Dicen que porque la altura le puede perjudicar. Eso es falso. Benedicto XVI es un atleta, un alpinista profesional. Todos los años escala montañas. Es una excusa, no va porque el cardenal Norberto Rivera era amigo intimísimo de Marcial Maciel y cuando Ratzinger comenzó a investigar a Maciel, el cardenal Rivera fue uno de sus defensores. Se puso en contra del actual Papa y quiere evitar llegar allí. Por eso se fue a León”.

La visita de Benedicto XVI no cumplirá con las expectativas. El hecho de que el Papa no reciba a las víctimas mexicanas es muy grave, dice: “Es una nueva afrenta, ignorarlas. Es no aprovechar esta oportunidad magnifica de pedir perdón. Es lo que ha hecho en otros países, se ponen a orar. Y no hacerlo en México es un “deservicio” de la Iglesia católica. Evita algo que para Ratzinger es doloroso. Se equivocó ocultando a Maciel por tantos años. Le dio una palmadita en la mano, pero no le aplicó toda la fuerza del Derecho Canónico”.

Y va más allá: “Benedicto XVI es culpable de haber encubierto a este criminal. Por eso no quiere recibir a las víctimas de Marcial Maciel. No quieren remover las aguas porque saben que tienen una cola larguísima que les pueden pisar. Están en una actitud de ocultamiento, de no aceptar en público su responsabilidad moral de haber metido la pata”.

Durante todos estos años, el Vaticano ha ignorado a las víctimas de Marcial Maciel y de manera evangélica, Vaca comenta: “El Papa no me ha extendido la mano, yo se la extiendo. No es cosa de que se digne a recibirnos. No es cosa de dignidad, sino de honestidad, transparencia y humanidad. La primera norma es de justicia y verdad. Por muy Papa que sea, de hombre a hombre, somos todos iguales”.

 

PORNÓGRAFO CON SOTANA

Entre los casos de curas pederastas mexicanos destaca el del sacerdote Carlos López Valdés de la parroquia de San Agustín de las Cuevas, en la Ciudad de México, denunciado por abuso sexual a menores y también por posesión de pornografía infantil.

El caso fue denunciado por Jesús Romero Colín en 2007. Fue abusado sexualmente durante 14 años desde los 11 años. Tiene 29 años y recuerda como fue la primera vez. La madre de Jesús permitió que el niño se quedara a dormir en casa del sacerdote porque este prometió ayudarle con sus estudios: “Estaba dormido y sentí como me tocaba los genitales. Pensé que era un sueño. Fue tremendo para mí. Desperté y pude darme cuenta que era la realidad, pero pensé: seguramente él está dormido y no sabe lo que está haciendo. Al día siguiente, él se levantó como si nada y todo transcurrió de manera normal… Con el paso del tiempo los acercamientos se intensificaban; ya no sólo me tocaba, comenzó a masturbarme, después a hacerme sexo oral, hasta llegar a la penetración”.

Cuando finalmente Jesús decidió interponer una demanda contra el cura que también abusó de otros niños, tenía un CD con las fotos de pornografía infantil que el sacerdote guardaba en su computadora. Era una prueba de otro delito más, que según el papa Benedicto XVI es actualmente considerado “grave”.

A pesar del proceso judicial en su contra, la Arquidiócesis de México y concretamente el cardenal Norberto Rivera Carrera no hizo nada para removerlo de su ministerio. Carlos López Valdés continuó ofreciendo misa y abusando de niños. Pasaron cuatro años más desde la denuncia y fue hasta febrero del año pasado que se le retiro del ministerio sacerdotal, aunque según víctimas y testigos, el cura sigue oficiando misa.

“Nunca pisó el juzgado, jamás se le detuvo, nunca se le requirió para que declarara. La policía dice que no lo encuentra. Qué raro, cuando yo fui a buscarlo allí estaba. Es obvio que lo siguen protegiendo, la justicia y la Iglesia. Llevo cinco años buscando justicia y mi caso lo siguen refutando a pesar de todas las pruebas”, dice Jesús Romero Colín.

Decepcionado por la negativa del Papa Benedicto XVI de recibir a las víctimas, señala que desde entonces ha seguido luchando por la justicia y la reparación: “Desgraciadamente lo más triste de esta situación es que el sacerdote que abusó de mi seguirá abusando de otros niños porque esta avalado y protegido por las autoridades, la Arquidiócesis de México y el mismo Papa”.

Lamenta el desprecio expresado por la Santa Sede al ignorarlos: “Benedicto XVI nos deja en el silencio total, no nos quiso dar ni cinco minutos de su tiempo para escuchar nuestras peticiones. Queríamos verlo para prevenir la pederastia clerical, proteger a la feligresía y sobre todo a los niños”.

Entre los puntos que pensaba abordar ante él, estaban el hecho de solicitar medidas eficientes para prevenir la pederastia clerical y transformar el silencio de los sacerdotes que protegen a los agresores con sotana, en acciones a favor de la detención de estos delincuentes. También iba a solicitarle abrir los expedientes secretos para beneficiar las investigaciones judiciales y facilitar que las víctimas obtengan más rápido justicia y reparación. Igualmente les hubiera gustado pedirle la implementación de programas de apoyo a las víctimas para acompañarlas psicológicamente y emocionalmente en sus traumas generados por el abuso sexual de un sacerdote.

Jesús finalmente pudo rehacer su vida. Estudió Psicología y le falta muy poco para graduarse. De esta manera piensa ayudar a otras víctimas de abusos sexuales de sacerdotes: “La falta de audiencia es una forma evidente de cómo ha actuado la Iglesia alrededor del mundo y en especial en México. Aquí está el pederasta ícono de la Iglesia: Marcial Maciel. Para ellos nosotros no contamos. El Papa no cumple su responsabilidad ante las víctimas. No nos viene a dar un mensaje para sentirnos mejor. Viene a hacer caso omiso de nosotros. Es verdaderamente triste. Terrible. Cuando les comenté a mis papás que no me iban a dar la cita se pusieron a llorar. De plano el Vaticano está mal. Confiábamos en el Papa, pero no nos hizo caso. Me da mucho coraje porque hay miles de casos de víctimas, hay tantos como en Estados Unidos o más, lo que pasa es que aquí la cultura de silencio esconde a las víctimas”.

 

DEMASIADAS VÍCTIMAS

El obispo Raúl Vera López que estará presente en la visita del Papa Benedicto XVI es el único miembro de la Iglesia católica de su jerarquía que se ha atrevido a criticar abiertamente la pederastia clerical considerando que los agresores son “sicópatas que crean en su mente cuadros seudomorales para justificar un conjunto de barbaridades. Por eso hay que reportarlos, aunque nos dé vergüenza: “No podemos encerrarnos para ignorar a las víctimas. El hecho de que no los reciba no quiere decir que la Iglesia abandona el tema, de ninguna manera. De ninguna manera no se puede. Además nos hacemos daño nosotros”.

No hay ninguna justificación para los superiores u obispos que protegen a los curas pederastas: “Tenemos una responsabilidad en la construcción de la sociedad y una responsabilidad con Cristo en la reconstrucción de un mundo”.

La existencia de víctimas de abuso sexual, dice el obispo Vera, es muy vergonzoso: “Es una situación de mucha vergüenza. Muy contradictoria y muy dolorosa. Creo que llegue el momento en que sí tendremos que revisarnos muy seriamente, sobre todo por las víctimas, no podemos hacernos partícipes de la falta de ética. La construcción del reino de Dios nos obliga, el papel de nosotros es construir una sociedad justa”.

Para el obispo, el Papa durante su corta visita no recibió a las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes porque en México actualmente hay muchas víctimas: de secuestro, asesinato, desaparición y violencia en general: “Los familiares de los desaparecidos no están menos indignados que ellos, ni las personas que han sido victimizadas por el Ejército mexicano no están menos indignadas”.

–El problema es que las víctimas de pederastia clerical, son las víctimas del Estado, no del narco o del Estado…

–Tu crees que si fuéramos buenos pastores habría tanto muerto en México. Si nosotros la Iglesia fuéramos lo que tenemos que ser. Yo no me lavo las manos en la victimización. ¿Cómo hemos evangelizado? ¿Cómo le exigimos al Estado honestidad y justicia? El tema de los asesinatos en México tiene que ver con la carencia de procuración de justicia. ¿Dónde está nuestra palabra profética allí? También nosotros tenemos una responsabilidad.

Y concluye: “Si nos vamos a fondo, somos tan responsables de que existan sacerdotes que hagan barbaridad y media. Y también, por supuesto, tenemos responsabilidad en lo otro, por nuestra falta de una evangelización seria. Claro que sí”.