Los olvidados. En esta comunidad “6 de Enero” de Fresnillo, Zacatecas, las familias duran días sin comer. Foto: Alejandro Ortega Neri, Cuartoscuro

Ciudad de México, 25 de feb (SinEmbargo).– Hoy, miles de mexicanos pasarán hambre. En la búsqueda de alimentos para amainarla, no tendrán a dónde acudir. Alejados de las ciudades, con las tierras secas, sin ingreso, tendrán que encararla.

Este mes, la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) intensificará la Cruzada Nacional contra el Hambre, la estrategia de inclusión y bienestar social, anunciada por el Presidente Enrique Peña Nieto, en Las Margaritas, Chiapas, el 21 de enero.

Pero ninguno de estos miles de mexicanos logrará alivio para su situación de emergencia. El nuevo programa gubernamental excluyó a decenas de miles de individuos en pobreza extrema y sin acceso a la alimentación, según una revisión por número de personas de la lista de 400 municipios considerados en la Cruzada, así como el análisis de medición de pobreza por municipio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

En los mapas de la pobreza del organismo evaluador la presencia de este universo poblacional aparece en color marrón. Significa que su circunstancia es dramática y requiere ayuda emergente. Son parte de los más pobres entre los pobres. Los miserables, en términos de la Organización de las Naciones Unidas. Cumplen con la mayoría o con todos los indicadores de carencia social en los que se basa el Coneval para medir la pobreza extrema: rezago educativo y falta de acceso a los servicios de salud, la seguridad social, la vivienda, los servicios básicos y la alimentación.

LOS OLVIDADOS, OTRA VEZ

Batopilas –el segundo municipio más pobre de México de acuerdo con la SEDESOL- en Chihuahua, no está incluido en la Cruzada Nacional contra el Hambre. Ahí, viven siete mil 848 personas en pobreza extrema, el 55.4 por ciento de la población municipal. Tampoco está Carichí, en la Sierra Tarahumara de ese mismo estado, donde cuatro mil 279 hombres y mujeres padecen miseria. La población tarahumara de estas poblaciones llamó la atención nacional en 2011, cuando se despertó un rumor de un suicidio colectivo por hambruna.

La misma exclusión de la Cruzada ocurrió en Urique donde hay nueve mil 43 personas en la misma contingencia y representan el 43.1 por ciento poblacional. Y está Balleza, también en Chihuahua, con ocho mil 237, que son el 40.2 por ciento del territorio municipal.

Badiraguato, en Sinaloa – el municipio donde nació El “Chapo” Guzmán y otros narcos famosos-, es otro ejemplo. Tiene seis mil 646 personas con pobreza extrema. El Censo 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía arrojó que este municipio integra el grupo de 200 municipios con la miseria más alta de México. Ubicado en la geografía agrícola de maíz, en la que predomina la tecnología de punta, esta localidad no está integrada en esa cadena productiva y por el contrario, sus rancherías son escenario de crisis alimentaria.

El hambre también está encajada en Tamazula, Durango. Once mil 384 son reconocidas por el Coneval como personas en tal circunstancia. Y pese a que constituyen el 35.9 por ciento de la población municipal, la Cruzada, en esta primera etapa, no los alcanzará.

En el centro del país, en Pinal de los Amoles, Querétaro, 10 mil 104 personas no están en el padrón del hambre. Constituyen el 34 por ciento de la población municipal.

Pese a que San Andrés Duraznal, Chiapas es el séptimo municipio más pobre del país y tiene al 56.1 por ciento de su población en pobreza extrema, también quedó fuera de la selección de 400 municipios de la cruzada. De modo que ahí, los dos mil 912 individuos identificados en situación de emergencia permanecerán en la misma situación.

Los seis mil 488 personas en pobreza alimentaria de Mezquitic, Jalisco, el 40.7 por ciento de la población, tampoco fueron incluidos. Un caso similar es Chemax, Yucatán, donde los nueve mil 803 pobres extremos constituyen el 50.4 por ciento de la población.

De Amatán, Guerrero, en la Cruzada faltan 13 mil 338 personas que están marcadas con el color marrón del Coneval y representan el 54.2 por ciento de la población. Hay otros ejemplos.

NI ANTES NI AHORA

Las becas del Programa Nacional de Solidaridad de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) o el programa Oportunidades de Ernesto Zedillo y continuado por los presidentes de la alternancia, Vicente Fox y Felipe Calderón, no llegaron por falta de recursos para atravesar los montes, la terracería o los caminos sin trazar. No había personal que pudiera adentrarse. Uno de los requisitos de esos programas es que en las localidades hubiera un centro de salud. En el pasado no lo hubo, ahora tampoco. Los excluidos de la Cruzada Nacional contra el hambre habitan en esas mismas zonas. La dificultad para llegar a ellos es la misma.

Hay un contraste. El programa de Enrique Peña Nieto incluye a capitales de los estados como Aguascalientes, Culiacán y Querétaro. En la primera, la población con ingreso por debajo de la línea de bienestar representa el 1.5 por ciento, en la segunda es de 1.7, y en la tercera es de 1.8. Esos porcentajes, en los tres casos, significan que el acceso a los alimentos es más fácil aun cuando ahí también hay personas en pobreza extrema.

Al reaccionar ante la Cruzada, el Coneval justificó la consideración de las ciudades y refirió el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2012. En ese documento se indica: “El reto de abatir la miseria municipal es doble: reducir la pobreza rural de municipios pequeños y dispersos, así como disminuir la pobreza urbana, que tiene mayor peso en volumen poblacional”.

Pero Adolfo Sánchez Almanza, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, exclama que dejar fuera a individuos en las zonas más marginadas reducirá la efectividad de la Cruzada. “En las ciudades el acceso a la alimentación es más fácil que en el campo”, recalca.

El investigador, experto en Pobreza y Políticas Sociales, piensa que la exclusión de individuos es reflejo de la falta de un diagnóstico sólido para el diseño de la cruzada. “Las políticas focalizadas, se presume, son mejores. Pero si no hay precisión, no habrá efectividad. Se decide no atender a algunos. Y el riesgo de desnutrición para ellos es muy alto. Es un error de exclusión: se deja fuera a personas que deberían estar”.

Para Juan José Maldonado, economista por el Instituto Politécnico Nacional, resulta extraño que los miles de habitantes de regiones que por décadas han padecido condiciones de pobreza extrema no estén considerados en la Cruzada.

Por ahora, los números del hambre no cuadran. La meta de la Cruzada Nacional tiene en su primera etapa, una cobertura a 7.4 millones de mexicanos en pobreza extrema y sin acceso a la alimentación. Los otros miles fuera de ese padrón tienen las mismas características.