Habitantes de Asunción Ixtaltepec huyeron a un terreno de pastoreo para ganado para evitar que otros sismo arrebate más vidas. En este pueblo oaxaqueño al menos 10 personas fallecieron en los últimos temblores. Armados de palas, picos y machetes, durante horas, hombres y mujeres de distintas condiciones sociales rozaron la maleza y aplanaron el suelo para colocar las tiendas de campaña que les fueron donadas.

El temor es fundado. Florentina Cruz Guzmán y Juan Toledo Martínez sobrevivieron al sismo del 7 de septiembre, pero no al que sacudió su pueblo el pasado sábado.

“Esa vez estábamos en casa, cargué a mi mamá porque ella es discapacitada, y la jalé a la salida, pero nos caímos ahí me quedé, no nos pasó nada, pero la casa fue destruida. Después de eso nos fuimos a otro cuartito que pensaba que estaba mejor y fue el que ahora se desplomó y la mató a ella, mi papá está muy grave en el hospital”, dice María Antonieta Ríos Cruz.

Por Ignacio Carvajal

Asunción Ixtaltepec, Oaxaca/Ciudad de México, 25 de septiembre (BlogExpediente/SinEmbargo).–  Igual que fugitivos de la ley, sin apoyo de las autoridades, instalados en lo que antes era un terreno para el pastoreo del ganado, la familia de Francisca Cruz Valdivieso sobrelleva las últimas horas del fin de semana en el que se han presentado más de diez réplicas del sismo del siete de septiembre.

“Yo estaba ayer en mi casa, en Comitancillo, pero una de mis hija me trajo para acá, de por allá no dormía en la casa, lo hacíamos en el patio, pues es peligroso estar cerca de las paredes. Ahora acá nos prestaron este terreno, y acá pensamos pasar hasta que se acaben los temblores”, cuenta la mujer de 59 años, empleada de Petróleos Mexicanos (Pemex), quien siente que la angustia la está mermando física y emocionalmente. Sus ojos son tristes y sin esperanza. No sabe qué pasará con su trabajo y salud.

Estar cerca de los suyos, hijas y nietos, le da un poco de alivio a Francisca, reconoce mientras se tira en una hamaca multicolor a la cual le estira los hilos en señal de estrés. Cerca de ella una vaca recoge un poco de pastura y se espanta las moscas con la cola. Unos perros, sus mascotas, formaron una manada que vigila y juguetea mientras los hombres y adolescentes realizan labores para acondicionar casas de campaña y catres de costal de yute para pasar la noche que se avecina con una tormenta.

Como la de Francisca, docenas de familias de este municipio han salido de sus domicilios y construcciones provisionales para refugiarse en terrenos de cultivo, potreros o solares enmontados en donde volvieron a construir casitas y a montar campamentos. Casi todos muestran la misma mirada de Francisca, más con las últimas noticias, donde se dio a conocer la muerte de tres ciudadanos más a consecuencia de los temblores. Dos de ellos eran adultos mayores discapacitados. Ya con el primer y destructivo temblor, el panteón de Ixtaltepec reclamó diez cadáveres.

Las personas que han huido al monte dicen que cualquier lugar ahora es más seguro a estar cerca de las viviendas, después de las réplicas del sábado por la mañana, el temor corrió velozmente por las calles de los municipios del Istmo de Tehuantepec para instalarse en cientos de corazones acongojados porque la tierra y sus violentas sacudidas se tragan construcciones, derrumba puentes, aplasta y mata.

Al monte. Fotos: Ignacio Carvajal, BlogExpediente

El terreno escogido por Francisca y los suyos se ubica a unos metros del puente Ixtaltepec, sobre la carretera Antigua, a unos 100 metros del domicilio de su hija, a juzgar de su apariencia, con un nivel de vida más allá de la clase media. Su mansión lo confirma, es una gran construcción con una barda tipo cantera, de dos pisos, digna de cualquier fraccionamiento de lujo. Pero los acontecimientos de las últimas horas, hicieron que ella se trajera a su madre, al resto de sus hermanos, y organizara a los vecinos para acomodarse en este solar atestado de maleza para arrebatarlo a las vacas.

Armados de palas, picos y machetes, durante horas, hombres y mujeres de distintas condiciones sociales rozaron la maleza y aplanaron el suelo para colocar las tiendas de campaña que fueron donadas por religiosos.

“Hemos pasado los últimos días comiendo atún y lo que encontramos, en las tiendas hay poco”, dice otro integrante de la familia que se apresura a colocar lonas sobre las tiendas de campaña.

Las 20 personas que junto a Francisca ocupan este terreno, están concentrados en colocar lonas sobre las tiendas para atajar el próximo enemigo de este pueblo, la lluvia. “Ahora ya no queremos tanto alimento, ojalá nos regalen lonas, eso queremos”, dice otra hija de la mujer, quien se marcha a buscar los plásticos para librar del agua a los suyos.

Datos del Gobierno Federal indican que en los 40 municipios impactados en el Istmo de Tehuantepec hay unas 60 mil viviendas dañadas y al menos 120 mil damnificados que pernoctan en la vía pública por el temor a ser aplastados, como Guillermo Jerónimo Velázquez, de 39 años, ministro de culto, quien tuvo que rescatar a su familia de una muerte segura.
Cerca de la avenida Constitución, en la carretera vieja, también se metió a un terreno enmontado y colocó una gran casa de campaña en la que duermen los diez niños y la madre, ya adulta mayor. Él y los otros hermanos y sus esposas se colocaron bajo la sombra de un árbol, en catres.

Antes de montarse revisaron la zona para ahuyentar alimañas y culebras. Tomaron la decisión de meterse al monte, porque de por sí ya vivían en una construcción provisional de lámina de cartón y madera la cual levantaron debido a que el domicilio familiar se agrietó. “Ya dormíamos en la calle, pero entrábamos a casa a cocinar y a comer, pero con el último temblor fuerte decidimos clausurar todo, no queremos que alguien sea aplastado” aclara Jerónimo Velázquez.

“El sábado por la mañana, con esos dos temblores, sentimos cuando la barda donde se recargaba la casita se movía y las tablas se zangoloteaban y ya mejor nos venimos acá al terreno”, contó el pastor quien lamenta que por la misma situación, no haya trabajo, las personas han pasado los últimos días tratando de reconstruir sus pertenencias y sobreviviendo. “Ahora sí que estamos en manos de Dios”, agrega.​

NO PUDO SALIR…

El temblor del 7 de septiembre dejó más de diez muertos en este pueblo, Florentina la libró. Ella y su hija, María Antonieta, quedaron atrapadas bajo escombros de su casa en la primera sección de la cabecera. “Le dejamos todo a Dios cuando vi que ya no podíamos salir”, dice.

Las dos volvieron a pasar por el mismo trance la mañana del pasado sábado, pero Florentina ya no pudo salvarse. “Mi mamá quedó aplastada por las paredes, la sacaron viva pero murió en el hospital” dice María Antonieta Ríos Cruz mientras velaba a su madre en un terreno donde antes de alzaba una casa típica de Oaxaca, de tejas y barro y en el que ahora solo se ve escombro.

En un comunicado el gobierno de Oaxaca confirmó “el deceso de dos personas”, en distintos lugares, dentro del municipio de Asunción Ixtaltepec, los dos eran adultos mayores que usaban silla de ruedas.

Juan Toledo Martínez, de 73 años, jubilado, murió en su casa “luego de que un enjambre de abejas lo atacara durante el movimiento telúrico” y Florentina Cruz Guzmán, de 87 años, pereció “al caerle una barda en su domicilio”, cita el comunicado de la Coordinación Estatal de Protección Civil del estado de Oaxaca (CEPCO).

El mismo documento refiere la caída de un puente en Ixtaltepec que comunicaba a los municipios de Juchitán, Ixtepec y Salina Cruz, una importante región productora de energía eléctrica y de combustible en la refinería de Salina Cruz.

“Mi padre estaba muy contento y satisfecho de la vida porque en el pasado temblor, que dejó muchos muertos, nadie de sus hijos sufrió daños” dijo Miguel Ángel Toledo Enríquez, hijo de Juan Toledo, quien murió a consecuencia de “unos 300 piquetes de abejas africanas”.

Techos de plástico para evitar más tragedias. Foto: Ignacio Carvajal, BlogExpediente

El deudo comenta que su padre fue atacado “de manera salvaje por abejas que se sintieron atacadas por el temblor. Todas se le fueron encima cuando lo estábamos sacando en su silla de ruedas para que no lo aplastará su casa en medio del temblor. Eran muchas abejas y por más que quise evitar que lo picaran no pude” relata el afligido hombre en el lugar donde era velado su padre, en la Sexta sección de Ixtaltepec.

Los funerales de la otra víctima, Florentina Cruz Guzmán, se desarrollaron en medio del drama de la destrucción. En un austero ataúd, ataviada con su traje típico de istmeña, yace el cadáver de Florentina. María Antonieta Ríos Cruz, la única hija presente, pues los otros cuatro hermanos son migrantes y alistaban su camino al poblado.

“Esa vez estábamos en casa, cargué a mi mamá porque ella es discapacitada, y la jalé a la salida, pero nos caímos ahí me quedé, no nos pasó nada, pero la casa fue destruida. Después de eso nos fuimos a otro cuartito que pensaba que estaba mejor y fue el que ahora se desplomó y la mató a ella, mi papá está muy grave en el hospital” dice mientras otros deudos buscan lonas y cuerdas para armar un techado ya que la tormenta amenzaba.

El drama de la hija es aún mayor porque su padre, también de 80 años, resultó con importantes lesiones en ese hecho. Los dos viejitos eran su responsabilidad y el padre se debate entre la vida y la muerte en el hospital.