La necesidad urgente de reducir el consumo de estas bebidas ha llevado a la recomendación e implementación de diversas políticas. Foto: Cuartoscuro.

La cantidad de azúcar contenida en las bebidas azucaradas es la fuente del 70 por ciento de los azúcares en la dieta de los mexicanos, que viven una de las peores epidemias de obesidad, diabetes y muertes por diabetes en el mundo. No es una coincidencia que las mayores ventas de la mayor productora de bebidas azucaradas en el mundo, se presente entre los mexicanos. No hay ningún lugar en el mundo donde se consuma una mayor cantidad de Coca Cola por persona que en México.

En la historia de la especie humana el consumo de azúcar añadida es un hecho muy reciente. Los azúcares añadidos se ingerían, principalmente, a través de un consumo limitado de miel. Hoy en día, el azúcar se ha añadido a la mayor parte de los alimentos ultraprocesados, pero de manera especial, en muy altas cantidades, en las bebidas. Las cantidades de azúcar añadida incorporadas a las bebidas son identificadas como una de las causas principales de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Cuando la población se enfrentó o se enfrenta a la información de que un refresco de 600 mililitros contiene 12 cucharadas de azúcar, le resulta difícil creerlo, nunca imaginó que una bebida pudiera contener tanta azúcar añadida.

La necesidad urgente de reducir el consumo de estas bebidas ha llevado a la recomendación e implementación de diversas políticas. Estas políticas resultan una amenaza a las grandes corporaciones refresqueras porque van encaminadas a reducir el consumo de parte de sus productos y esto significa reducir sus ganancias. Por lo tanto, estas empresas han destinado enormes sumas de dinero y han desarrollado una estrategia muy diversificada para oponerse a estas políticas, como en su momento lo hizo la industria tabacalera.

En uno de los documentos filtrados del interior de Coca Cola Europa se ve claramente cuál es la medida que esta industria considera como una de las peores amenazas: el impuesto a las bebidas azucaradas.

En la gráfica de Coca Cola Europa se ve claramente que la medida que más afecta a su negocio y que tiene mayor viabilidad de aplicarse, es la del impuesto a nivel de país (arriba a la derecha). La gráfica de riesgos es de Coca Cola Europa pero se aplica a todo el mundo. Puede verse también que en la parte superior aparece impuestos a las bebidas azucaradas a nivel de la Unión Europea, se establece como una de las peores amenazas a los negocios pero se califica como poco viable.

El impuesto a las bebidas azucaradas establecido en México es el primero a escala de un país y de un monto que se estimaba ya podría tener un impacto en reducir el consumo. Nuestro país se convirtió en el campo d ebatalla más importante para esta industria, para tratar de detener que el ejemplo se extendiera. Para ello, la industria refresquera ha argumentado que esta no es la solución y que el impuesto en México no ha reducido las ventas de sus bebidas. Si no reduce las ventas, ¿por qué entonces representa la peor amenaza a sus negocios?.

La estrategia contra el impuesto por parte de Coca Cola, de acuerdo a los documentos filtrados en DCLeaks, se elaboró a escala local, estatal, nacional e internacional y sus acciones se extendieron, al menos, a 14 países. Había que atacar los resultados del impuesto a las bebidas azucaradas en México.

“Por favor, vean los últimos materiales para usar en respuesta a las declaraciones de que el impuesto en México está siendo efectivo”.

Esta nota fue enviada por Michael Goltzman de Coca Cola al Global PAC Leadership Team de la refresquera el 7 de julio de 2015 al darse a conocer un avance de los resultados del estudio conducido por la Universidad de carolina del Norte y el Instituto Nacional de Salud Pública que serían publicados más tarde en la revista científica British Medical Journal. La refresquera repartió materiales alrededor del mundo a periodistas claves, sin mencionar que estos materiales habían sido financiados por la propia industria.

“Miren este editorial del economista canadiense Patrick Luciani….que concluye que el impuesto (en México) no es efectivo. El Consejo Internacionak de Asociaciones de bebidas le proveyó material para elaborar esta pieza”.

Escribió en un correo interno Jonathan Rief, Coca Cola, el 19 de junio de 2015 a sus compañeros.

En relación a un artículo publicado en el Wall Street Journal se comenta lo mismo, que le dieron los estudios pagados por la industria añadiendo:

“Él también recibió información de la American Beverage Associatioon de un estudio que ellos patrocinaron, que aún no han publicado, sobre el impuesto en México”.

Informó Kent J. Lander, de la empresa Coca Cola a sus colegas el 27 de abril de 2017.

En esa lógica, recientemente, de manera simultanea, dos columnistas que escriben de finanzas en nuestro país señalaron que nuestra asociación, El Poder del Consumidor, tiene vínculos a fundaciones ligadas a Donald Trump. En fin, la estrategia se permite de todo, hasta el absurdo. Ahora resulta que la ultraderecha estadounidense que se esfuerza por derruir todo tipo de regulaciones está ligada a una asociación que promueve las políticas y regulaciones contra la obesidad y la diabetes recomendadas por organismos como la Organización Mundial de la Salud.

No es la primera vez ni será la última de que, de manera coordinada, se lanzan los mismos argumentos, los mismos ataques absurdos contra quienes promovemos estas políticas, tenemos varios casos. En fin, las estrategias son muy diversas, por lo cual no sería de extrañar que las tres personas que fuimos víctimas el año pasado de la instalación de un sistema de espionaje altamente sofisticado, llamado Pegasus, lo hayamos sido justamente por tener en común promover este tipo de políticas.

“Percepción es realidad” es la máxima de políticos e industrias que pretenden generar una percepción que no corresponde a la realidad. Cuando la realidad afecta los intereses del poder, sea este político o económico, hay que cambiar la percepción de esa realidad. No cambia la realidad sólo la percepción y, seguramente, esa realidad tenderá a deteriorarse más.

A principios de 2015 la industria refresquera argumentó que en 2014, el primer año del impuesto a estas bebidas en México, la reducción en el consumo había sido mínima, insignificante. Para principio de 2016, la industria argumentó que en 2015 había aumentado el consumo, había que crear esa percepción. A ello habría que sumar a una serie de comentaristas y columnistas, incluso, de buenas intenciones. Primero fue generar la duda, después la percepción.

Como lo había hecho en el resto del mundo y ha sido demostrado por documentos internos, Coca Cola pagó estudios, que nunca han sido publicados en revistas científicas, para concluir que el impuesto no sirve; ha financiado a organizaciones que promueven la salud señalando que el problema está en la falta de actividad física, no en la dieta; ha dado recursos a asociaciones de profesionales de la salud para argumentar que la obesidad es multifactorial; ha financiado a asociaciones de diabetes para que públicamente digan que las bebidas azucaradas no se relacionan con la diabetes; y ha establecido una poderosa estrategia con comunicadores para crear la percepción de que el impuesto no sirve y que las políticas públicas deben estar encaminadas a poner la responsabilidad en las elecciones de las personas, no en las condiciones ambientales, no en combatir el ambiente obesogénico.

La investigación científica lleva tiempo y más cuando esta investigación pasa por la revisión de expertos y después, aún más, cuando pasa a ser publicada en una revista científica de prestigio en la que vuelve a revisarse la metodología por otros expertos. Por ello, hasta hace unos días fue publicada la investigación realizada por investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (UCN) y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) sobre el impacto del impuesto en el segundo año de aplicación, en el 2015.

A principio de 2016, la industria argumentó, de manera inmediata, que en 2015 había aumentado el consumo de bebidas azucaradas y que el impuesto ya no servía. La investigación de la UCN y el INSP considera variables como el crecimiento anual de la población, el cambio en la composición de edades de la población y la inflación. Toma en cuenta que existen mucho factores que pueden influir en las ventas de estas bebidas como puede ser una mayor consciencia sobre el daño a la salud que representan, su regulación en escuelas, la regulación parcial de su publicidad a niños, así como las propias estrategias de mercadeo de la industria para aumentar sus ventas.

El estudio recién publicado en la revista científica “Health Affairs” señala que “Hay una reducción en promedio de 5.5% en 2014 y una reducción promedio de 9.7% en 2015, resultado en una reducción promedio de 7.6% para el periodo total del estudio” (2014-2015). Las mayores reducciones en consumo en términos relativos y absolutos se dieron en los niveles socioeconómicos más bajos. Esta población es la que presenta la mayor vulnerabilidad a los daños generados por el consumo de estos productos, sin atención médica preventiva y muy baja calidad en la atención médica en general.

Se encontró, por lo tanto, una reducción mayor en las compras de bebidas con impuesto en 2015 en relación a 2014 (9.7% y 5.5%, respectivamente). Los datos para el periodo de los dos años son similares a los análisis de los datos de venta de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera que reporta una reducción de ventas de 7.3% de bebidas azucaradas dos años después de la implementación del impuesto, comparado con el periodo 2007-2013.

El estudio publicado en Health Affairs explica: “Los estudios económicos del uso del tabaco y de otros productos que generan fuertes hábitos  señalan que el impacto a largo plazo del cambio de precios va a ser mucho mayor que el impacto a corto plazo”. Por otro lado, el estudio señala que cayó mucho más la compra de bebidas azucaradas no carbonatas que las carbonatadas. Se considera que esto ocurrió por el mayor precio que tienen las bebidas no carbonatadas.

Es interesante ver la siguiente gráfica elaborada con datos de ventas de bebidas carbonatadas en México y Chile, cruzadas con la población. En América Latina, a consecuencia del impuesto, México pasó del primer lugar en consumo de bebidas azucaradas al tercer lugar, por debajo de Chile y Argentina.

Esta es la razón del combate férreo de la industria refresquera contra el impuesto a las bebidas azucaradas, de ahí la inversión tan fuerte en generar una percepción negativa contra el impuesto y todas las demás regulaciones.

El impuesto está funcionando, pero si queremos salir de esta emergencia epidemiológica de obesidad y diabetes necesitamos una política integral elaborada sin conflicto de interés, necesitamos etiquetados frontales muy claros en los productos y con criterios que protejan la salud, una prohibición total de todo tipo de publicidad y mercadeo a los niños de comida y bebidas no saludables, que se cumpla la regulación de alimentos y bebidas en las escuelas y que los recursos del impuesto vayan a la prevención y la introducción de bebederos de agua con sus sistemas de purificación en todas las escuelas del país y espacios públicos.