A diferencia de los países que realmente controlaron la epidemia, México reabre su economía en una etapa ascendente de contagios, exponiendo a la población de manera criminal. Foto: Graciela López, Cuartoscuro.

Resistir a la presión creciente de que se debe salir y exponer la vida será lo más difícil que tendremos que enfrentar en las siguientes semanas, querido lector. Sí, aunque parezca delirante, la presión social producida por las medidas gubernamentales de cambio de semáforo, cuando la epidemia no ha sido controlada, se encuentra en fase creciente, previsiblemente llevará a crear situaciones donde las personas se verán impelidas a descuidarse: la cita de trabajo, la reunión familiar, la visita de la hija, la comida con amigos, el uso de transporte público. No lo haga, si sus medios se lo permiten o vea la posibilidad de tramitar alguna defensa legal. Sobre todo, si usted pertenece al grupo de la población vulnerable. Si usted pertenece al grupo poblacional con menos riesgo, trate también de cuidarse al extremo: la cantidad de jóvenes hospitalizados en el mundo se ha elevado y en nuestro país, con enfermedades como la obesidad, el sobrepeso y la diabetes, el riesgo de muerte a corta edad es mucho más elevado. No solo eso: recientemente han descubierto que los casos “leves” de la enfermedad pueden dejar secuelas de salud severas que habían pasado inadvertidas, incluso en niños y adolescentes.

Recuerde que el contagio, una vez reabierta la economía, crecerá exponencialmente y que los contagiados de hoy, serán los enfermos intubados en siete o 14 días.

Recuerde (y esto es esencial) que una parte de esos contagios se deben a pacientes asintomáticos que transmiten la enfermedad sin saberlo. No tienen síntomas perceptibles para ellos mismos, menos los tendrán para usted. Es mejor asumir que cualquiera puede estar contagiado sin saberlo, aunque sean sus cercanos. La manera, sí, absolutamente odiosa y cruel, de cuidarnos y querernos en tiempo de COVID-19 es mantener el distanciamiento físico. Ya que el virus se contagia por aerosoles, la posibilidad de que un enfermo asintomático o presintomático, que se ve tan saludable como usted, lo contagie en un espacio cerrado es muy alta, sobre todo si el uso de cubrebocas no es obligatorio. Esto posibilita que otros puedan contagiarlo fácilmente. La “sana distancia” no lo protegerá, ni a los suyos: los contagios se dan, mayormente, en familias que cohabitan, tras el contagio de un miembro. Sea responsable con las personas que vive, y especialmente con las vulnerables: piense que sus actos repercutirán en las vidas de los otros y lo pueden hacer trágicamente. También debe saber que es imposible de predecir, con certeza, que alguien no enfermará severamente, porque es una enfermedad nueva: los médicos aún no conocen la razón por la cual personas previamente saludables han fallecido y poco a poco van documentando que el virus es capaz de producir distintos daños en el cuerpo como derrames cerebrales, daños en los riñones y en el cerebro.

La razón por la cual México ha reabierto la economía en algunos estados, pero especialmente en la Ciudad de México no tiene que ver con la salud, ni se han priorizado las vidas, sino a la economía. De ahí que no usen como indicadores de la epidemia el número de nuevos contagios, sino la ocupación hospitalaria. Esto quiere decir que para elevar el semáforo utilizarán la vida de las personas como si fueran medidores, conejillos de Indias, pues. Miles de mexicanos tendrán que enfermarse y previsiblemente morir para que los funcionarios tomen acciones cuando vuelva a aumentar la ocupación hospitalaria.

Mientras, usted y los suyos pueden ser esas personas que el Gobierno asumió que se contagiarán para averiguar si la economía es sostenible: los “costos” humanos de la política de salud que no intenta evitar el contagio y las muertes, sino dosificarlas.

La razón de esta irresponsabilidad es, también, económica y tiene que ver con que están ciegos: nuestro país decidió no gastar en pruebas de detección, seguimiento de contactos y aislamiento, ni cerrar fronteras. No solamente eso: se ha disminuido el número de pruebas que estaban haciendo, lo que resulta en una submedición, criminal, del real estado de la epidemia: los modelos que han aplicado sencillamente no han sido los adecuados.

Aunque la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, hará un programa de aplicación de pruebas y rastreo con una cantidad muy menor de pruebas, previsiblemente, será rebasado por el número y velocidad de contagios que la misma reapertura ocasionará. A la larga, sin una política de cierre de fronteras, como la de los países asiáticos y recientemente la Unión Europea, cualquier contención resultará inútil, lamentablemente. Es decir: mientras no se cambie la estrategia para contener al virus y bajar la tasa de contagios, y solo se mitigue, mexicanos seguirán muriendo.

Uno de los fenómenos observados en Estados Unidos e incipientemente en México, es que la gente comenzó a reunirse en fiestas de cumpleaños, bodas o sencillas reuniones familiares, lo que derivó en familias completas contagiadas: la falsa idea de que ha disminuido la epidemia, cuando en realidad ha aumentado, así como los mensajes gubernamentales en ambos países, han creado el coctel perfecto para dificultar la propia protección y la de los otros. Es importante enfatizar, pues, que hoy es más peligroso salir que hace tres meses porque la epidemia está más extendida y que es mejor, querido lector, conservar a la familia saludable y a la distancia, que compartir cama de hospital o lutos.

A diferencia de los países que realmente controlaron la epidemia, México reabre su economía en una etapa ascendente de contagios, exponiendo a la población de manera criminal. No, no ocurre como en Nueva York, España o Italia, lamentablemente.

Ante esta realidad adversa, no queda sino ser sensatos; no cerrar los ojos a la verdad, priorizar la vida ante todo, aceptar su nueva naturaleza y lejos de desesperarse, o deprimirse, ser todavía más pacientes y no salir, de eso dependerá, en muy buena medida, nuestra salud y la de las nuestros.