Con humor y ejemplos lúdicos, Eugenia Cheng, destacada columnista del Wall Street Journal, nos recuerda la importancia del sentido común y la intuición como brújula en un saturado universo de información adulterada, donde la reacción importa más que la verdad misma.

Pensar con claridad y actuar con inteligencia en los tiempos que corren es un desafío. La autora propone transformarnos en individuos lógicos, con argumentos consistentes, emociones identificadas y en constante disposición de entender al otro.

Por América Gutiérrez Espinosa

«La lógica se cuida de si misma; lo único que tenemos que hacer es mirar y ver cómo lo hace». Ludwig Wittgenstein

Ciudad de México, 1 de agosto (LibreríasElSótano).- No se sabe exactamente por quién ni en qué época fue empleada la palabra lógica en el sentido moderno, lo que si sabemos es que pensar es un complejo proceso que se inicia con la creación de imágenes mentales en nuestro cerebro, mismas que determinan nuestra capacidad para captar y producir ideas en momentos determinados.

Pensar es un esfuerzo reflexivo que no siempre alcanza la profundidad crítica necesaria, pues tendemos a hacerlo con intensidad y nos perdemos en nuestros propios pensamientos. Naturalmente, el curso de nuestros pensamientos se ve inevitablemente influido por nuestras emociones y por factores sociales que nos rodean, lo que significa que amoldan, modulan y evalúan nuestra forma de representar el mundo.

Por eso no basta pensar. De entre los tipos o las llamadas formas de pensamiento, hay una que casi siempre pasamos por alto: el pensamiento lógico. Pero ¿qué es lógico? Aquí es donde “a pan duro, diente agudo” y la intuición parece abandonarnos cuando más la necesitamos.

El arte de la lógica (en un mundo ilógico) es un libro inesperado, perteneciente a una serie de Grano de Sal que propone una interesante biblioteca científica del ciudadano, orientada a la divulgación de diversas ciencias sin perder el rigor. Su autora es Eugenia Cheng, una destacada columnista del Wall Street Journal, cuya especialidad son las matemáticas, precisamente la disciplina que posee una lógica perfecta y cuyo significado se traduce como: lo digno de ser aprendido.

Con humor, intertextualidad y ejemplos lúdicos, Cheng nos sacude los prejuicios para advertir que el razonamiento lógico y emocional, podrían evitar un naufragio más en la tan mencionada marea de la posverdad, donde el flujo de los pensamientos tiene que ver más con nuestra actitud hacia la verdad, en lugar de la verdad misma. En otras palabras: se trata de las formas en las que reaccionamos a la realidad que nos rodea, como por ejemplo el impacto racional o irracional que nos provocan los rumores mediáticos o las llamadas fake news.

Eugenia Cheng lanza una bengala para proyectar luz sobre conceptos que nos recuerdan la importancia del sentido común, de la intuición, pero sobre todo del funcionamiento interno y las limitaciones de la lógica. Analiza la importancia de las emociones para que todo esto funcione, pero también establece la importancia del razonamiento para no perder el rumbo en un saturado universo atestado con definiciones totales, fanatismo e información adulterada.

Este libro es sencillo, que no superficial, pues establece técnicas, procedimientos, reglas, métodos, principios o leyes usados para distinguir deducción correcta de la incorrecta; para discriminar la sospecha válida de la no válida en la vida diaria. Todo esto con entretenidos guiños literarios como en el capítulo 12, cuando se refiere a los acontecimientos que se encuentran en una escala gradual, y nos explica esto con una situación entre los personajes principales de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen: Elisabeth le pregunta al señor Darcy cómo y cuando se enamoró de ella. Él responde: “Soy incapaz de precisar el momento, el lugar y la mirada o las palabras que sentaron los cimientos. Ha pasado demasiado tiempo”.

De ahí se desprende un interesante análisis de las llamadas -delgadas líneas y zonas grises-que de acuerdo a Cheng “no se llevan muy bien con la lógica”, pues esta busca deshacerse de la ambigüedad. Fue en este capítulo donde descubrí mis deficiencias en cuanto a pensamiento lógico: el principio del tercero excluido que nos obliga a convertir toda zona gris en blanco o negro.

También encontré algo de consuelo, cuando apunta que lo importante es evitar pretender que una zona gris no existe. Podría afirmar que después de leer este ensayo, lidiar con las zonas grises y mejorar el manejo de matices se ha convertido en un objetivo personal.

Pensar con claridad es casi un deporte de resistencia, para el que hay que entrenar con disciplina y atención. Alejarnos del pensamiento extremo parece fácil, pero actuar con inteligencia y racionalidad en los tiempos que corren es un desafío, casi un duelo a muerte con uno mismo.

Eugenia Cheng propone no sólo aspirar a convertirnos en individuos lógicos, sino transformarnos en personas inteligentemente lógicas, con argumentos consistentes, emociones identificadas y en constante disposición de entender al otro.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LANat GeoA&E, IMER y Penguin Random House. Siempre se pregunta: ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.